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Columna de Yenny Cáceres: Alicia en el país del cine

La exposición “30 años del Taller de Cine para niños de Alicia Vega” comienza en el Bellas Artes. La elección no es casual. Alicia Vega es un patrimonio vivo del cine chileno y su llegada a esta institución sólo refuerza que su trabajo trasciende el ámbito educativo y la convierte en una creadora.

Siempre hay que volver a Alicia Vega. En el año 1985, en plena dictadura, la investigadora y profesora de cine fue capaz de abrir una ventana de luz con su taller de cine en una parroquia de la población Huamachuco, en Renca. Un viejo proyector de 16 mm y su entusiasmo fueron sus herramientas para enseñarles a sus pequeños alumnos alguna nociones básicas sobre el lenguaje del cine y abrirles un mundo, lejos de la miseria y la violencia de esos días. Fue una experiencia tan inspiradora, que se fue repitiendo, año a año, en otras poblaciones de comunas pobres. Fueron 35 talleres, para niños y niñas de entre cinco y once años, que sumaron 6.482 participantes.

Alicia Vega, con el rigor del trabajo bien hecho, atesoró y guardó los materiales de esos talleres. Fotografías, los testimonios de los alumnos y sus padres, y los diseños de los juegos con que estimulaba a los pequeños a descubrir la magia del cine al crear sus propios dispositivos ópticos, usando objetos tan cotidianos como papeles, cordeles, cajas de fósforos, clavos, cartones y tijeras. Así, esos talleres no sólo eran una invitación a ver películas, sino que también eran un viaje para experimentar la misma emoción que vivieron los contemporáneos de Lumière, Méliès y Alice Guy, a fines del siglo XIX, al ver las primeras imágenes en movimiento.  

Como parte de la 15ª Bienal de Artes Mediales, Umbral, que se inaugura este 26 de noviembre, el Museo Nacional de Bellas Artes exhibirá parte de esos materiales en la exposición “30 años del Taller de Cine para niños de Alicia Vega” (1985-2015). La elección no es casual. Alicia Vega es un patrimonio vivo del cine chileno y su llegada a una institución como el Bellas Artes sólo refuerza que su trabajo trasciende el ámbito educativo y la convierte en una creadora.

Esos talleres no sólo eran una invitación a ver películas, sino que también eran un viaje para experimentar la misma emoción que vivieron los contemporáneos de Lumière, Méliès y Alice Guy, a fines del siglo XIX, al ver las primeras imágenes en movimiento.  

Hay que volver a Alicia Vega, como hay que volver también a Ignacio Agüero y su documental Cien niños esperando un tren (1988, disponible en Ondamedia.cl), que registró uno de los talleres de Vega en la población Lo Hermida. Agüero fue su alumno y ayudante en la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica, y con esa mirada única, puesta en los espacios y en los detalles domésticos, filmó un documental que es un homenaje y, a la vez, una crónica conmovedora de esa época.

Este año, justo cuando la investigadora cumplió 90 años, la Fundación Cultural Alicia Vega y Ocho Libros publicaron los Cuadernos de Alicia, una cuidadosa edición que reúne la metodología creada por Alicia Vega para sus talleres. Emociona ver estos cuadernos, escritos a mano durante la cuarentena, como un compendio de lo que han sido sus talleres. Emociona, dan ganas de abrazarla y darle las gracias. Son tres cuadernos, con espiral y cuadriculados, que se asemejan a los que uno llevaba al colegio, dedicados a distintos temas: el lenguaje del cine, las películas seleccionadas para los talleres y los juegos.  

Es el legado de Alicia Vega, pensado para educadores o cualquiera que esté dispuesto a seguir su camino. Como advierte Diamela Elit en el prólogo de esta edición, este material debería ser parte de los planes de estudio del Ministerio de Educación. “Alicia Vega creó una poética social fundada en un cuidadoso encuentro entre cine e infancia”, escribe Eltit, quien no duda en calificar a estos talleres como “una experiencia estética inédita en la historia cultural chilena”.

Emociona ver estos cuadernos, escritos a mano durante la cuarentena, como un compendio de lo que han sido sus talleres. Emociona, dan ganas de abrazarla y darle las gracias. Son tres cuadernos, con espiral y cuadriculados, que se asemejan a los que uno llevaba al colegio.

“Esto no un documento de memoria, es un libro para el futuro”, decía Eltit cuando presentó Cuadernos de Alicia hace unos meses. Ahora, más que nunca, necesitamos volver a Alicia Vega, como un relato de esperanza y de que otro Chile es posible.

*Yenny Cáceres es periodista y autora del libro “Los años chilenos de Raúl Ruiz” (Catalonia-Periodismo UDP), ganador del Premio Escrituras de la Memoria 2020.

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