Patricio Vera

Feminismo de la diferencia y liderazgos femeninos: Una invitación a resaltar las distinciones entre hombres y mujeres

En "Liderar desde lo femenino", la ingeniera y consultora organizacional Tatiana Camps ahonda en seis ámbitos de gestión que tendrían características femeninas: la empatía, la mirada sistémica, la colaboración, la sensibilidad social, la innovación y la comunicación directa. Detenernos a pensar en el liderazgo femenino, sostiene a The Clinic, "nos permite reconocer las diferencias y valorarlas".

Corría el 2016. Fue el año en que nació Women in Management Chile, una empresa que busca impulsar la igualdad de género en las organizaciones. Sus fundadoras, Valentina Suárez y Priscilla Zamora, organizaron un seminario de lanzamiento e invitaron a la ingeniera civil Tatiana Camps a impartir un taller con 130 mujeres profesionales.

“Recuerdo que preparé una intervención muy entusiasta: la idea era que las mujeres partieran con un saludo formal. Pero no me resultó”, recuerda la también consultora. Sorprendida, Tatiana Camps vio cómo las mujeres se saludaban afectuosamente, con besos, abrazos y sonrisas. Muy distinto a lo que había visto en grupos mixtos o de mayoría masculina con los que había trabajado.

¿Sería aquella la manera en que se comportaban las mujeres cuando nadie les decía qué podrían o no hacer? ¿Las mujeres poseen cualidades particulares que puedan ser destacadas en las organizaciones? Esas fueron dos preguntas que no salieron de su cabeza. A pesar de que estaba acostumbrada a trabajar en espacios masculinizados y de que es mujer, nunca se había planteado algo semejante.

Se puso a investigar. Entrevistó a 40 mujeres. Buscó comprender e identificar lo rasgos que definen su estilo de liderazgo. Lo hizo cuando el debate sobre equidad de género no estaba tan instalado en la sociedad como está hoy.

Sorprendida, Tatiana Camps vio cómo las mujeres se saludaban afectuosamente, con besos, abrazos y sonrisas. Muy distinto a lo que había visto en grupos mixtos o de mayoría masculina con los que había trabajado.

“Yo partí con una hoja en blanco. No tenía una idea de que si existía o no existía un liderazgo femenino. Fui a investigar eso y me encontré con que sí lo había y que nos era bastante invisible a las propias mujeres… Creo que cuando lo que defendemos es la igualdad, si bien hace referencia a la igualdad de derechos y oportunidades, la palabra que se instala es esa y uno se tiene que igualar a lo que está anterior, a lo que está instalado. Y lo que está anterior y lo que está instalado es un estilo de hacer las cosas construido por una mayoría casi absoluta de hombres… Por eso me pareció interesante detenernos a mirar el liderazgo desde lo femenino porque nos permite reconocer las diferencias y valorarlas”, cuenta Tatiana Camps.

Pero en ese proceso, muchas de las mujeres con las que habló se mostraron bastante incómodas ante la posibilidad de ser mencionadas en algo relacionado con lo femenino. Además de preocuparse por eso, la ingeniera se empezó a cuestionar por qué las propias mujeres no querían ser percibidas como distintas a los hombres o no veían en las diferencias un valor.

Decidió investigar no solo con mujeres que conocía. Buscó libros, autores, y se encontró con la definición de patriarcado y cómo esta construcción histórico-social de predominancia masculina en la que los referentes son masculinos crean, finalmente, estructuras sociales que responden a lo masculino y en las que lo que se valora es lo masculino.

Sin embargo, a diferencia de otros pensamientos feministas, buscó enfocarse en una investigación que, lejos de disminuir las diferencias entre los hombres y las mujeres, las resaltaba. “Llegué al convencimiento de que reconocer, valorar e integrar lo femenino en todos los ámbitos del hacer humano es fundamental para alcanzar la sostenibilidad. He evolucionado desde una agradecida de las feministas hacia una simpatizante del feminismo de la diferencia”, afirma.

Con esa convicción nació su primer libro: “Liderar desde lo femenino: Estilos horizontales y disruptivos que cambian al mundo” (Urano, 2021).

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En la primera parte de la investigación, Tatiana Camps muestra un marco teórico diverso, influenciado por la Biología-Cultural de Humberto Maturana y Ximena Dávila; la neurobiología propuesta por Carmen Cordero en su Modelo de Integración Cognitivo Corporal; la ética del cuidado de Carol Gilligan y en ideas de la antropología, la sociología, la historia, el feminismo y el management. “Su objetivo es generar un entendimiento sistémico sobre las cualidades de liderazgo de las mujeres con dos objetivos: reconocerlas y ponerlas en valor”, cuenta.

Crédito: Tatiana Camps.

Esto es lo que hace en la segunda parte del libro, donde intenta organizar las habilidades que caracterizarían el estilo de liderazgo femenino.

La primera de ellas es la empatía, el genuino valor de las personas. Menciona como ejemplo Jacinda Ardern. “Pudimos observar su empatía en la manera como manejó el atentado terrorista del 15 de marzo de 2019 a dos mezquitas, en el que murieron 50 personas”, comenta Tatiana Camps. En esa ocasión, la primera ministra de Nueva Zelanda se focalizó en el duelo y en consolar a la comunidad afectada, visitó inmediatamente a las familias de las víctimas y, con la cabeza cubierta por un pañuelo negro, las abrazó, lloró y caminó tomadas de las manos.

Decidió investigar no solo con mujeres que conocía. Buscó libros, autores, y se encontró con la definición de patriarcado y cómo esta construcción histórico-social de predominancia masculina en la que los referentes son masculinos crean, finalmente, estructuras sociales que responden a lo masculino y en las que lo que se valora es lo masculino.

Dentro de la empatía, de acuerdo con la investigadora, también destacan actitudes como abrir espacio para lo personal en los ambientes de trabajo, la generación de confianza, el reconocimiento del talento y el poder del vínculo con las personas. “Las relaciones no se instrumentalizan al servicio de un propósito, sino que son un propósito en sí mismas”, comenta Tatiana Camps.

El segundo rasgo propio del liderazgo femenino sería una mirada sistémica. “Se trata de una característica diferencial, puesto que se aleja del pensamiento cartesiano imperante en nuestros días, y que compartimenta el mundo y lo estructura para que esté ordenado y sea comprensible, para que sea eficiente y confiable”, relata la autora. Sin embargo, destaca, cuando el liderazgo se produce de esa manera que considera tradicionalmente masculina, se tiende a describir los fenómenos de manera lineal, y no todo lo que ocurre en espacios de poder se produce así.

Por eso, Tatiana Camps hace hincapié en que la mirada sistémica de las mujeres va asociada a una serie de capacidades que tienden a ser ignoradas por el sistema patriarcal, como la intuición y la atención divergente femenina, que puede distinguir varios focos a la vez y permite reconocer las relaciones que unen esos focos como parte de un sistema mayor.

Otra característica del liderazgo femenino sería la colaboración, la cual se evidencia en la necesidad de generar instancias de conversación y de celebración en los equipos para cultivar una cultura organizacional de cuidado. Esto, va relacionado con la capacidad de las mujeres de crear acuerdos y en un mayor rechazo a la competencia entre pares.

Crédito: Patricio Vera.

A estas, se suma la sensibilidad social, que se puede ver en la búsqueda de las mujeres por impactar positivamente a las comunidades.

Tatiana Camps también destaca la innovación, que se vincula a la confianza para hacer las cosas de una manera distinta y pensar fuera de la caja. En ese sentido, comenta, por ejemplo, la audacia para tomar decisiones tempranas y drásticas, poniendo a las personas en el centro, que tomaron líderes como Angela Merkel al inicio de la pandemia.

Dentro de la empatía, de acuerdo con la investigadora, también destacan actitudes como abrir espacio para lo personal en los ambientes de trabajo, la generación de confianza, el reconocimiento del talento y el poder del vínculo con las personas. “Las relaciones no se instrumentalizan al servicio de un propósito, sino que son un propósito en sí mismas”, comenta Tatiana Camps.

Finalmente, la autora comenta que el liderazgo femenino tiende a resaltar la comunicación directa y las organizaciones horizontales. Esto implica un desafío a las jerarquías: “las mujeres coinciden en reconocer algo disruptivo en su forma de relacionarse, que al ser más horizontal y espontánea tiene menos apego a las formalidades y a las estructuras jerárquicas tradicionales”, dice Tatiana Camps.

¿Cuál diría que es la importancia de que las mujeres identifiquen estas diferencias con los hombres?

-Sí, primero yo creo que no es que las mujeres cuando llegan a posiciones de poder lideren de manera más patriarcal, jerárquica, autoritaria, sino que lo que tiende a pasar es que llegan a esa posición porque lideran de esa manera porque ha habido una valoración de estilos de liderazgo, jerárquicos y autoritarios. Pero cuando hacen eso, muchas de ellas se enferman. Pero cuando se conectan con este estilo de liderazgo femenino, que es genuino, se expanden. Las cosas les resultan mucho mejor que antes, los equipos están más conectados, ellas están bien.

-¿Es urgente un liderazgo femenino?

-Sí, y eso se ha notado, por ejemplo, durante la pandemia y en la búsqueda de soluciones al cambio climático. Porque son dos situaciones donde ya tenemos absoluta claridad, todos y todas de que seguir haciendo más de lo mismo no nos va a permitir salir del problema. Hay que hacer las cosas de una manera distinta y la ONU, en particular, hizo una investigación para ver cuáles son las habilidades desde donde podemos hacer algo distinto y esas habilidades son habilidades que relacionamos con lo femenino, que están más disponibles en las mujeres y en las organizaciones donde hay mayoría de mujeres. Entonces, como las mujeres y las niñas somos las que estamos en mayor situación de vulnerabilidad en la pandemia y el cambio climático, el tener consideraciones con las mujeres permite un punto de inflexión rápido.

-¿A qué desafíos se enfrentan las mujeres para llegar a una posición de liderazgo y liderar desde lo femenino?

-Una cultura que yo llamo la cultura del maltrato en las organizaciones, que valora estilos rígidos y autoritarios y a la que le cuesta darle valides a otros estilos de liderazgo. Yo creo que eso es lo más difícil: la resistencia que tienen las organizaciones a validar otras maneras de hacer las cosas.

-¿El liderazgo femenino es algo exclusivamente posible en las mujeres?

-No. Yo identifiqué esas características que explican lo que es el liderazgo femenino o el liderar desde lo femenino. Pero, aunque hasta ahora es difícil o poco visible, es posible encontrar a hombres que lideran desde ahí. Así como también, durante mucho tiempo, hemos visto mujeres que lideran desde lo masculino, como (la exprimera ministra de Reino Unido) Margaret Thatcher.

-Finalmente, ¿a qué conclusiones llegó dándose cuenta de todo esto?

-Yo ya veía desde antes del libro que la equidad de género es un espacio de bienestar para hombres y para mujeres porque el patriarcado no sólo define a las mujeres como se espera que sean, también define a los hombres como se espera que sean y se comporten. La equidad de género les da mayor libertad a todas las personas de comportarse de acuerdo con lo que le es genuino y lo que valoran. Ahora con el libro me ha ido pasando que algunos primeros lectores hombres me han dicho: “oye, yo veo este liderazgo también en hombres, pero como más privadamente”. Entonces al final lo que hago es una invitación a la empatía, a la diversidad que trae bienestar para todos y, además, es una urgencia para seguir avanzando. Sin esto no habrá sostenibilidad.

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