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Opinión

29 de diciembre de 2021

Columna de Pierre Lebret: Construir una política exterior diferente

La imagen muestra a Pierre Lebret frente a banderas de todo el mundo

Chile debe recuperar su posición en el ámbito regional y multilateral tras cuatro años de desastres diplomáticos.

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La esperanza dio vuelta al mundo. Tras el estallido social, con la Convención Constituyente, y ahora con la elección del presidente Gabriel Boric, el mundo tiene los ojos puesto en Chile. Desde ese nuevo contexto, ¿qué política exterior construir en los próximos años? Si con la elección presidencial podemos hablar de un cambio de ciclo, es importante empezar a expresar algo similar en materia de política exterior e impulsar una renovada acción diplomática.

Algunos empezaron a pautear el Presidente electo al aconsejarle responder positivamente a la invitación de Sebastián Piñera para acompañarlo en su gira a Colombia, y así dar señales de una sana transición republicana. Pero es momento de tomar conciencia de una vez por todas que estamos en momentos distintos. Cuando un antecesor es cuestionado por violación a los derechos humanos, lo más sano para la democracia es que se entregue señales diferentes tanto a la sociedad chilena como a los pueblos hermanos de Latinoamérica y El Caribe.

Chile debe recuperar su posición en el ámbito regional y multilateral tras cuatro años de desastres diplomáticos. Con el gobierno de Sebastián Piñera, el país tocó fondo al tener cero compromiso con los derechos humanos, cero compromiso con el medioambiente, siendo la muestra más clara el restarse del Acuerdo de Escazú. Tocó fondo cuando Macri, Bolsonaro y Duque eran los socios privilegiados, siendo Prosur el ejemplo de lo que no hay que hacer en materia de integración regional. Tocó fondo con el show de Cúcuta, arriesgando la paz del continente. En fin, se requiere de una nueva diplomacia. Para reconstruir, las nuevas autoridades deben pensar diferente, ir más allá de lo ya hecho, pensar los desafíos y las oportunidades desde una vocación latinoamericanista, tanto en el ámbito de lucha contra el cambio climático, la crisis migratoria, la gestión de la pandemia, la igualdad de género, la cultura.

Cuando un antecesor es cuestionado por violación a los derechos humanos, lo más sano para la democracia es que se entregue señales diferentes tanto a la sociedad chilena como a los pueblos hermanos de Latinoamérica y El Caribe.

Se requiere de una mirada más enfocada a Latinoamérica, que acate los desafíos regionales como propios, pero que vaya más allá de la integración meramente comercial defendida por las elites conservadoras, donde el dialogo político, la cooperación internacional y la construcción – o fortalecimiento – de entidades colectivas deben conformar los cimientos de una integración renovada. Chile puede transformarse en uno de los arquitectos de una integración regional sostenible. Pensemos Latinoamérica, atrevámonos a pensar como región desde Chile.

Una diplomacia feminista, sí, donde la presencia de mujeres diplomáticas debe ser un imperativo de la política exterior del país, así como la igualdad de genero un eje de acción prioritario de Teatinos 180. No solo bastarán los buenos discursos, las alianzas lógicas, hay que reconstruir y se debe hacer desde dimensiones novedosas, encontrando sinergias entre los diferentes organismos regionales.

Se requiere de una nueva diplomacia. Para reconstruir, las nuevas autoridades deben pensar diferente, ir más allá de lo ya hecho, pensar los desafíos y las oportunidades desde una vocación latinoamericanista, tanto en el ámbito de lucha contra el cambio climático, la crisis migratoria, la  gestión de la pandemia, la igualdad de genero, la cultura.

¿Qué hará la región cuando la escasez de agua – actualmente un problema de muchos –se transforme en una situación generalizada? ¿Qué hace la región cuando la deforestación de áreas protegidas de Brasil crece en un 79% en los últimos tres años? Es vital reintegrarse promoviendo medidas institucionales para que lo que se haga, se mantenga y pueda fortalecerse en el tiempo, evitando retrocesos conservadores que hemos vivido respecto de la integración latinoamericana estos últimos años.

Esto pasa por reimpulsar las iniciativas regionales, con fuerza política e iniciativas colectivas, sin olvidar reforzar las instancias de intercambio con la sociedad civil para que esta pueda empoderarse e identificarse con los procesos de integración. El momento político es propicio para retomar agendas regionales constructivas. México lo ha logrado al reimpulsar la Celac. La convergencia de gobiernos progresistas es una oportunidad para construir mejor, para vivir mejor.

*Pierre Lebret es cientista político, experto en asuntos latinoamericanos, Magíster en cooperación y relaciones internacionales (Paris III), ex funcionario de la Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo y ex consultor de la Cepal. Actualmente trabaja en una ONG para asuntos humanitarios.

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