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3 de enero de 2022

¿Qué tan preocupados debemos estar los chilenos con Ómicron? Responde la infectóloga Claudia Cortés

Crédito: Archivo personal.

Para la académica de la Universidad de Chile, debemos estar “preocupados” ante el alza de casos, pero sobre todo por los casi un millón de chilenos que todavía no están vacunados: ellos se encuentran más “expuestos a enfermarse” y “terminar hospitalizados”. La experta también proyecta que viviremos un nuevo peak de contagios a fines de enero, y advierte en contra de relajarse con las medidas de protección, como el uso de mascarilla.

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Finales de 2019. En Wuhan, una ciudad de la zona central de China, se detecta por primera vez la presencia del virus SARS-CoV-2 en un ser humano, el patógeno que desataría la pandemia global de covid-19.

La transmisión desenfrenada facilita que el virus mute. Nacen las variantes, bautizadas con letras del alfabeto griego. Primero se habla de Alpha, originaria de Reino Unido. Aparece también Gamma, en Brasil. Y cuando los indicadores parecían mejorar, brota Delta, más contagiosa que sus predecesoras.

Ahora, el mundo se enfrenta a Ómicron, oriunda de Sudáfrica y que, según la infectóloga y académica de la Universidad de Chile, Claudia Cortés, “es uno de los virus de mayor transmisibilidad que se ha conocido”, con tasas de contagio similares al sarampión, el “virus más contagioso” del que se tiene registro. “Ómicron es dos a tres veces más contagioso que la variante Wuhan, que es la variante original. Por eso hay tanta alerta, y por eso los casos han aumentado tan rápidamente en el mundo”, dice Cortés.

El escenario es particularmente crítico en el hemisferio norte. En Francia, por ejemplo, se contabilizaron más de 230.000 nuevos casos el 31 de diciembre, una cifra récord para el país europeo. EE.UU., en tanto, marcó sobre 400.000 nuevos positivos el 2 de enero, de acuerdo con The New York Times. Ese mismo día, Anthony Fauci, el principal asesor epidemiológico de la Casa Blanca, afirmó que el veloz aumento de contagios de Ómicron era “realmente sin precedentes”.  

En Chile, el Ministerio de Salud (MINSAL) informó el 1 de enero que Ómicron ya es la segunda variante con mayor circulación en el país, sólo detrás de Delta. Un día después, el jefe de la cartera, Enrique Paris, calificó de “inevitable” el incremento de los contagios, recalcando que, en la semana anterior, las infecciones a nivel nacional habían crecido en un 19% y, en la Región Metropolitana, un 51%. Al 3 de enero, se sabía de casi 700 portadores de Ómicron en Chile, en su mayoría viajeros provenientes de EE.UU.

El rol de la tercera dosis

No todo son malas noticias: la mortalidad de Ómicron es menor a la de otras variantes. Y una de las razones detrás de esto es la efectividad de las vacunas, asegura Claudia Cortés. Sin embargo, la experta destaca que “con dos dosis, la protección contra Ómicron es más o menos no más. Al agregar una tercera dosis de refuerzo, esa protección mejora bastante. Por eso es tan importante que las personas se vacunen con esta tercera dosis”.

En plena temporada estival, la doctora Cortés conversa con The Clinic acerca del panorama que plantea Ómicron para Chile, en términos sanitarios. Asegura que hay que estar “preocupados” pero, sobre todo, por quienes aún no se vacunan. Asimismo, proyecta que “a fines de enero” viviremos un nuevo peak de contagios; advierte que no hay que relajarse con las medidas de precaución -como el uso de la mascarilla y el respeto a los aforos-; y entrega su opinión acerca de la inoculación con una cuarta dosis de la vacuna, proceso que el MINSAL adelantó comenzará en enero. 

-En vistas de esta gran ola de contagios que estamos observando en Europa y EE.UU., y también el aumento de casos a nivel local en los últimos días, ¿qué tan preocupados debemos estar los chilenos con la variante Ómicron?

-Tenemos que estar bastante preocupados, porque todavía hay cerca de poco más de un millón de personas que no se ha vacunado con ninguna dosis. Eso significa que son personas altamente expuestas a enfermarse con Ómicron y a terminar hospitalizados, y eventualmente morir. Además, sabemos que hoy las capacidades de los hospitales están llenas de otros pacientes. Si bien Ómicron en los vacunados es bastante leve, cuando se enferma mucha gente hay quienes necesitarán hospitalizarse, pero los hospitales están llenos. Entonces, se va a desplazar de nuevo la prioridad hacia los pacientes con Ómicron, ocupando camas que ya no van a poder utilizar gente que se tiene que operar, que llega con un infarto, o con otras enfermedades. Ése es el gran problema.

-¿Es probable que en Chile lleguemos a una situación similar, en cuanto a Ómicron, a la que están viviendo diversos países del hemisferio norte?

-Nosotros tenemos una tasa de vacunación que es bastante superior a muchos otros países. Por lo tanto, esperamos -pero no podemos tener certezas hasta que lo veamos- tener menor número de casos. Aún así, están este millón de personas que no recibió ninguna dosis, y estos están totalmente “piluchos” para que les pegue Ómicron. Y hay como dos o tres millones de personas que todavía no se colocan la dosis de refuerzo. Ahora se están apurando, porque a partir del 1 de enero el pase de movilidad pierde vigencia. Esa gente todavía no está protegida. Hay que vacunarse y hay que dejar pasar 15 días. Lo que sí esperamos es que aumenten los (nuevos) casos. Lo que no sabemos todavía es cuántos de esos casos van a ser graves y van a necesitar hospitalizarse, que es lo realmente relevante.

Claudia Cortés sobre Ómicron: «Sumamente contagiosa»

-¿Para cuándo se espera que tengamos el peak de contagios de Ómicron en Chile? ¿Qué características se proyecta que tendrá este peak?

-Si vemos la velocidad con que esto se empezó a propagar en Sudáfrica, y después en EE.UU. y en varios países europeos, es bastante rápido, porque es sumamente contagiosa. O sea, de una persona enferma, se contagian entre tres y cuatro. Ya estamos viendo que, en Antofagasta, tenemos un índice de transmisión bastante alto. Probablemente en un mes más, a fines de enero, debiéramos estar con números bastante más grandes de los que tenemos ahora.

«Tenemos que estar bastante preocupados, porque todavía hay cerca de poco más de un millón de personas que no se ha vacunado con ninguna dosis. Eso significa que son personas altamente expuestas a enfermarse con Ómicron y a terminar hospitalizados, y eventualmente morir«.

-¿Cree que con Ómicron podamos llegar a un punto, a nivel epidemiológico, que dé pie a nuevos confinamientos?

-Esa es una decisión que, hasta ahora, ha sido más bien política, tomada por los encargados de los ministerios. Ahí yo tengo cero participación. Pero, en general, si es que nos vacunamos, si es que la gente se pone la dosis de refuerzo, van a ser cuadros leves. Entonces, no se requeriría, eventualmente, mayores niveles de cuarentenas masivas. Pero lo que sí se requiere, que es súper importante, aunque el cuadro sea leve, es que la persona que está diagnosticada haga su cuarentena, y los contactos de esa persona hagan la cuarentena. Porque, si no, ahí sí que se nos va a escapar de las manos.

-Comparando con las imágenes que llegan de Europa, pareciera que en Chile estamos bastante más acostumbrados a usar mascarilla en el espacio público. ¿Existe algo así como una cultura del uso de mascarilla en Chile? ¿Qué tan importante es esa medida para frenar el alza de contagios?

-Sí. Hoy después de casi dos años, ya sabemos bastante bien lo que sirve más y lo que sirve menos para prevenir el Covid-19, en cualquiera de sus variantes. Hoy sabemos que las mascarillas bien usadas  -tapando nariz y boca, bastante ajustadas, y ojalá mascarillas de buena eficacia, no de género-, son altamente eficientes. Chile, afortunadamente, en ningún momento, como sí lo han hecho otros países, ha levantado la recomendación del uso de la mascarilla en ambientes públicos y privados. Otros países, que lo han hecho, han tenido que retroceder. Y es difícil volver a instalar una medida cuando tú ya ganaste algún grado de “libertad”. Nosotros en Chile hemos seguido de forma bien obediente el uso de mascarilla, y eso tiene que seguir así. Hoy, las mascarillas y la ventilación de los espacios son los dos puntos, junto con la vacunación, más relevantes para la prevención de la transmisión de Covid-19.

Disminuyendo el riesgo de contagio

-Con el verano, las vacaciones y la playa, mucha gente termina relajándose con las medidas de prevención. ¿Cuál es el llamado para quienes estarán veraneando estos meses?

-Si no queremos volver a caer en medidas masivas, como las cuarentenas obligatorias de grandes áreas geográficas, tenemos que hacernos cargo del autocuidado. Eso significa usar la mascarilla la mayor cantidad de tiempo posible. Usarla correctamente, vacunarnos y ventilar. Es súper importante. Porque podemos mantenernos, así como estamos, en una suerte de libertad relativa bastante cómoda, que nos permite hacer casi de todo, pero debemos tener esas precauciones. También cumplir los aforos y mantener las reuniones masivas al aire libre. Con eso disminuye bastante la posibilidad de contagio.

«Chile, afortunadamente, en ningún momento, como sí lo han hecho otros países, ha levantado la recomendación del uso de la mascarilla en ambientes públicos y privados. Otros países, que lo han hecho, han tenido que retroceder. Y es difícil volver a instalar una medida cuando tú ya ganaste algún grado de ‘libertad‘».

-En la misma línea, ¿qué podemos agregar?

-Ninguna medida funciona si es que no hay fiscalización adecuada. Y hasta ahora, la fiscalización se ha visto bastante pobre. El pase de movilidad, actualizado el 1 de enero con tres dosis, es una excelente idea, pero que no tiene ninguna utilidad si es que no hay fiscalización adecuada. Si es que cada vez que yo tengo que ingresar a un lugar, como un restorán, una sala de cine, o hacer cualquier trámite en un centro cerrado… si es que no me piden el pase de movilidad, nadie lo va a cumplir. Necesitamos que sea correctamente fiscalizado. No sólo que me pidan el pase, sino que veamos que se fiscalice que esté vigente, y que corresponde a la persona que lo está mostrando. Porque igual, en Chile, hay harto pillo, digamos.

-En todo este contexto, ¿qué opina acerca de la aplicación de una cuarta dosis de la vacuna?

-Hoy, Israel es el único país que la está utilizando. Yo entiendo que el MINSAL lo anunció, y partiría ahora en enero. Hay que considerar que hay muchas vacunas, de otras enfermedades, que requieren dosis sucesivas. Lo que sabemos es que, a lo largo de los seis meses después de la segunda dosis (de la vacuna contra el Covid-19), decaen los anticuerpos, y se necesita una tercera. Todavía no hay estudios publicados que muestren que, después de seis meses de una tercera dosis, hayan decaído nuevamente los anticuerpos. En general, yo como médico que me dedico a hacer investigación, me gusta tener medidas en base a la evidencia científica. Yo no conozco, ni tengo entendido que haya publicaciones que demuestren la necesidad de una cuarta dosis. La necesidad teórica, sí. Pero me gustaría primero que se demostrara la caída de los anticuerpos, y la necesidad de colocar una cuarta dosis.

«Si no queremos volver a caer en medidas masivas, como las cuarentenas obligatorias de grandes áreas geográficas, tenemos que hacernos cargo del autocuidado. Eso significa usar la mascarilla la mayor cantidad de tiempo posible».

-Entonces, ¿está a favor de que se aplique como se ha planteado en Chile?

-Entiendo que eso partiría ahora, y me parece bien que al menos se enfoque en los grupos de mayor riesgo, que son los inmunodeprimidos, que siempre tienen anticuerpos más bajos, porque sus sistemas inmunológicos están más débiles y, por lo tanto, siempre tienen una respuesta que es más pobre a las vacunas. Y también en las personas que están más expuestas, que es el personal de salud.

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