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4 de enero de 2022

«10 episodios fundamentales en la vida de mi padre, Roberto Garretón»

Roberto Garretón, abogado clave en la defensa de los DD.HH. en Chile y el mundo, murió la semana pasada, a los 80 años. Su hija Magdalena lo recuerda en escenas importantes de su vida personal y laboral. “Si la dictadura chilena no hubiese sido de derecha y hubiese sido de izquierda, mi papá hubiese hecho exactamente lo mismo”, afirma. Aquí sus recuerdos en primera persona.

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Magdalena Garretón Soler (50) recuerda cuando su padre se encontraba con ex compañeros de colegio o universidad que colaboraban con la dictadura y no dudaba en enfrentarlos. No importaba si era a la salida de una misa, en un supermercado o una tienda. Roberto Garretón, destacado abogado defensor de los derechos humanos, nunca se calló frente a la impunidad, pese a las amenazas que constantemente recibían él y su familia.

Ganó el Premio Nacional de Derechos Humanos 2020, y su labor en esta materia comenzó en 1973, luego del Golpe de Estado. Ese año integró el equipo jurídico del Comité Pro Paz. En 1976 formó parte del equipo de abogados de la Vicaría de la Solidaridad, y desde 1981 fue jefe del Área Judicial. Tras el fin de la dictadura se desempeñó como funcionario de las Naciones Unidas con cargos como Relator Especial, vicepresidente de la Comisión de Derechos Humanos y Representante para América Latina y el Caribe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Roberto Garretón falleció el pasado 27 de diciembre, a los 80 años. En entrevista con The Clinic, su hija Magdalena lo recuerda como alguien cálido, empático, educado. A nivel familiar, cuenta que siempre estuvo muy involucrado en la vida de ella y su hermano Roberto. Fue presidente del Centro de Padres en su colegio mientras trabajaba en la Vicaría, se disfrazaba en los cumpleaños, hacía de mago e incluso iba a buscar a Magdalena y sus amigas a las fiestas. “Siempre procuró no llevar el horror que vivía en su trabajo a la casa. No nos mantenía en una burbuja, porque nosotros estábamos al tanto de lo que pasaba, pero no llevaba esa amargura a la casa. Trataba de ser siempre una persona alegre, de enseñarnos cosas, disfrutar de la comida”, señala.

“Siempre procuró no llevar el horror que vivía en su trabajo a la casa. No nos mantenía en una burbuja, porque nosotros estábamos al tanto de lo que pasaba, pero no llevaba esa amargura a la casa»

En esta conversación, Magdalena relata diez episodios clave en la vida de su padre. Estos son sus recuerdos en primera persona.

1. «Lo que más lo impactó fue el Caso de los 119»

«Estando en la Vicaría de la Solidaridad, a mi papá le tocó enterarse del descubrimiento de los Hornos de Lonquén, en 1978. Llegó la noticia, se hizo una reunión y se cerraron las puertas. Todos los que estaban ahí dijeron ‘no nos podemos comunicar con nadie’. Se fueron derecho para allá y fue impactante. Se presume que a algunas personas las tiraron vivas. La muerte de José Manuel Parada también lo marcó mucho, al igual que la indolencia del obispo de ese entonces. Lo indignaba también la participación de los civiles colaboracionistas de la dictadura. Por ejemplo, las declaraciones de Sergio Diez en las Naciones Unidas, donde se dedicó a mentir. Eso lo indignaba demasiado, pero a la vez era un motor para seguir trabajando».

«El caso que más lo impactó fue el Caso de los 119. La Operación Colombo es un caso de detenidos entre 1974 y 1975, la mayoría miristas. Lo marcó mucho por lo escandaloso de la prensa, cómo no fue capaz de hacer su trabajo y ser totalmente servil al régimen. El titular ‘Exterminados como ratas‘ lo impactó muchísimo. A su velatorio la semana pasada llegó Luz Encina, mamá de uno de los 119 que tiene más de 90 años y está casi ciega. Se paró e hizo la guardia de honor. Fue muy emocionante. Mi papá siempre trató de darle alegría a esas mujeres».

2. «Nos amenazaban, pero su coraje era tan grande que daba fortaleza»

«Nosotros recibimos en nuestra casa muchas amenazas, desde chicos. Pero él no se aminoraba por eso. Nos tiraban, por ejemplo, bolsas con gatitos muertos dentro de la casa y llamaban para decir que así íbamos a quedar mi hermano y yo si es que él seguía trabajando. ¿Qué hacía él? Mandaba una carta al ministro del Interior con estos casos, la iba a dejar él mismo y se daban situaciones donde teníamos a dos carabineros vigilando nuestra casa del posible atentado que hacían ellos mismos, digamos. Y los pobres carabineros que estaban ahí no tenían nada que ver, entonces tomaban desayuno con nosotros, porque obviamente los hacíamos pasar. Mi papá no bajaba la cabeza ante ese tipo de cosas. Nos amenazaban en el colegio, nos perseguían. Pero su coraje era tan grande que eso nos daba fortaleza a nosotros. Cuando recibíamos amenazas, nos decían “pongan rejas, pongan púas”. Pero él siempre dijo que no, que no nos íbamos a enrejar».

«Nunca hicimos de esto un drama. Ahí el papel de mi mamá fue fundamental. Decía: ‘Bueno, esto es lo que es, tenemos que seguir viviendo”. Si a nosotros nos dominaba el miedo, estábamos perdidos. Ahí yo me refugié mucho en la fe. Participé en la Parroquia Los Castaños y ahí tuve bastante apoyo. De repente, claro que teníamos miedo. Un tiempo estuvo viviendo al lado de mi casa un tipo de la CNI que nos vigilaba día y noche. Salíamos, nos miraba. Volvíamos, nos miraba. Nos estaban tratando de amedrentar. Muchas veces iba en la micro, veía a alguien sospechoso y me bajaba. Yo trataba incluso de ni siquiera contar mucho en la casa eso, porque la idea era apoyar al papá».

3. «Nos dijo: ‘La próxima semana me voy preso’”

«Un día, en 1987, a él le llega una citación y lo comentamos en la casa. Él nos dijo: ‘Me llegó una citación. La próxima semana me voy preso‘. Me acuerdo que yo lloraba, le decía que cómo se iba a ir preso, que se fuera a Mendoza, que se escondiera. ‘No, me voy a ir preso, creo que es una gran oportunidad para mí, porque ahí voy a saber quiénes son mis verdaderos amigos, los que vayan a la cárcel a verme’, dijo. Él calculaba que no iba a estar más de un mes, porque ya estaba un poco más abierta la situación».

«Esa noche comimos, muy tristes. Yo trataba de no llorar en frente de él. En la mañana nos despedimos, pero con mi abuela nos confabulamos para ir a verlo. Hice la cimarra y me junté con mi abuela, que ya vivía en Chile. Entramos a la fiscalía y lo esperamos adentro. Ahí vimos el trato que tenían. El abuso de poder, impresionante. Cuando mi papá entró, no bajó nunca la cabeza. Estaba muy preocupado de salir en las fotos con la frente en alto. Entró y se lo llevaron, pero apareció el Colegio de Abogados. Hicieron una presión bastante grande que lo soltaron. Llegó en la noche, como a las 2 de la mañana a la casa. Finalmente, lo soltaron. Los amigos llegaron a verlo antes y no pasó a mayores. Pero él lo tomaba con una enorme entereza».

«Me acuerdo que yo lloraba, le decía que cómo se iba a ir preso, que se fuera a Mendoza, que se escondiera. ‘No, me voy a ir preso, creo que es una gran oportunidad para mí, porque ahí voy a saber quiénes son mis verdaderos amigos, los que vayan a la cárcel a verme'».

4. «Discutió mucho con las Madres de Plaza de Mayo»

«Como representante para América del Sur y el Caribe del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, estuvo muy involucrado en Guatemala, México y Colombia, que era un país al que quería mucho. Llegaba siempre muy impresionado, porque cada vez que volvía a ir, preguntaba por las personas por las que había trabajado anteriormente y estaban todas muertas. Le llamaba mucho la atención la impunidad y la falta de rigurosidad en el registro de los casos. En ese sentido, él transmitía con vehemencia lo que se había hecho en la Vicaría, de que los casos tenían que quedar registrados con total rigurosidad. Le llamaba mucho la atención que en otros países eso no ocurriera. Entonces, él destacaba mucho la labor de la Vicaría y que cada caso tenía un habeas corpus y su propia carpeta. Cada caso es cada persona. Discutió mucho en Argentina con las agrupaciones de derechos humanos, con las Madres de Plaza de Mayo, porque no tenían esa rigurosidad en el registro de cada caso».

5. «Fue un autodidacta en su formación en DD.HH.»

«Sobre derechos humanos, él se fue formando en el oficio, porque cuando empezó a trabajar no había textos en derechos humanos, no habían programas de estudios o cursos de la universidad. Eso no existía, él fue un autodidacta. Yo lo recuerdo siempre en su sillón verde en el living de la casa con hartos papeles, estudiando. Yo conocí y aprendí de Balmaceda, la Revolución de 1981 por mi padre. No lo aprendí en el colegio ni en la universidad, y eso que estudié Historia. Él estudiaba, buscaba antecedentes para fundamentar cada uno de los casos. Me acuerdo que cuando chica le decía: ‘Pero papá, nunca has ganado un caso. Estudias tanto y nunca has ganado un caso, ¿cómo?’ Se mataba de la risa. ‘Algún día vamos a ganar‘, me decía».

6. «Si pedimos cien cartas, llegaron mil»

«En 2020, el Premio Nacional de Derechos Humanos le llegó un poco tarde, tendríamos que haberlo postulado antes. Su memoria ya estaba fallando, entonces lo reconoció, pero esto de recibir un premio por Zoom no fue lo mismo. Él miraba y decía: “¿Dónde está el cóctel?”. A mi papá le encantaba compartir con la gente, era muy sociable. Creo que realmente no lo alcanzó a disfrutar, lamentablemente. Sí ocurrió con la Medalla Rectoral de la Universidad de Chile que fue en 2018 y el premio de B’nai B’rith, que es de la comunidad judía de Chile, a fines de 2019. Ahí sí, yo creo que los alcanzó a apreciar mucho. Sin embargo, fue una alegría enorme para nosotros como familia. Para postularlo, armé una página web para recopilar todo y tuvimos que llamar a todo el mundo para que nos enviara cartas. Fue impresionante, porque si pedimos cien cartas llegaron mil. Eso fue muy lindo. Se las íbamos leyendo todas y se emocionaba bastante, estaba muy agradecido».

7. «¡La bestia! ¡Apresaron a la bestia!«

«Cuando armamos su currículum para postularlo al Premio Nacional de Derechos Humanos, lo que él más destacaba fue la presentación del affidavit ante la Cámara de los Lores. Expuso para el juicio a Pinochet con un ‘Téngase presente’ y él creía que era de las cosas más importantes que había hecho en su vida: poder colaborar con la detención de Pinochet. Él viajó, se entrevistó primero con el juez García Castellón y luego trabajó con el juez Garzón. Estuvo mucho tiempo viajando a Madrid preparando el juicio».

«Un personaje clave en eso es Joan Garcés, un español que era asesor de Salvador Allende, quien cuando ocurrió el golpe le pidió que no lo acompañara a La Moneda para salvarlo. Se conocieron después con mi papá y juntos planificaron este juicio. Fue muy emocionante ese 16 de octubre, cuando nos enteramos de madrugada justamente por una llamada de Joan Garcés. Yo estaba en campaña para la FEUC, me había acostado tardísimo. Y sentía de mi pieza que mi papá decía: “¡La bestia! ¡Apresaron a la bestia!” Y yo me preguntaba: ¿Qué bestia? Desde ese día cambió la justicia acá en Chile. Los jueces se dieron cuenta de que sí podían hacer justicia y se pusieron a investigar. Fue muy importante la detención de Pinochet. Ahí volvimos a recibir amenazas. Pero ya habíamos vivido lo peor, entonces esas llamadas, aparte de molestar, daban un pelito de susto, pero no mucho más».

«Y sentía de mi pieza que mi papá decía: “¡La bestia! ¡Apresaron a la bestia!” Y yo me preguntaba: ¿Qué bestia? Desde ese día cambió la justicia acá en Chile. Los jueces se dieron cuenta de que sí podían hacer justicia y se pusieron a investigar. Fue muy importante la detención de Pinochet»

8. «Decía que necesitamos una educación inclusiva»

«En mis decisiones profesionales mi papá influyó mucho. Siempre que me ha tocado dirigir equipos, tengo muy presente su legado. Empoderar a las personas, tratar de ser empática y valorar a la gente. Todas las personas son valiosas, tienen algo que aportar. Eso viene de él. Cuando me tocó liderar en el Ministerio de Educación el Programa de Sexualidad, Afectividad y Género, me tocó vivir en carne propia la hostilidad del Monseñor Ezzatti, quien estaba absolutamente en contra el programa que yo dirigía. Le pedí consejos a mi padre y me dio todo el apoyo del mundo, porque la sociedad se construye con todos, todas y todes. Y bueno, él valoraba mucho que yo estuviese a cargo del programa, que se acabó conmigo después de tantas presiones por sacarlo. Él estaba muy de acuerdo con esto, decía que necesitamos una educación inclusiva, que promueva ponerse en el lugar del otro, comprender las posturas, las decisiones y la naturaleza de las otras personas».

9. «A él se le ocurrió que marcáramos el voto»

«Mi papá, el día en que Patricio Aylwin dio su primer discurso, que él finalmente considera que es el gobierno que más hizo por los derechos humanos, dijo que ahí debería haber dicho que se iba a iniciar un proceso de cambio de Constitución. Pasa el tiempo y se empieza a dedicar a otras cosas, como tratar de integrar a Chile en los organismos internacionales de derechos humanos. Ya llegados los 2000, después de integrar la Mesa de Diálogo, que para él fue una de las decisiones más difíciles de su vida, empieza a escribir artículos diciendo que tenemos que cambiar la Constitución. Para las elecciones municipales de 2008, inició un movimiento para marcar el voto, inspirado en el movimiento de los estudiantes y la séptima papeleta colombiana de los años 90. En Chile, como somos de ordenados, era imposible meter un papel anexo a la urna, entonces a él se le ocurrió que marcáramos el voto. Ya para las municipales de 2008 debemos haber marcado mil personas el voto, era algo muy incipiente».

«Mi papá, el día en que Patricio Aylwin dio su primer discurso, que él finalmente considera que es el gobierno que más hizo por los derechos humanos, dijo que ahí debería haber dicho que se iba a iniciar un proceso de cambio de Constitución«

«Después siguió y, a finales de 2012, estaba muy triste. ‘Es que tenemos que cambiar la Constitución’, me dijo. Y ahí decidí ayudarlo. Empezamos a buscar gente y armamos el movimiento ‘Marca Tu Voto‘. Muchas veces yo le decía ‘pero papá, ¿por qué no estás tú al frente, de protagonista?’ Y él me decía: ‘No, tiene que ser horizontal. La gente tiene que creer que es su campaña, que es su movimiento’. Mi papá era el motor, promotor y creador de la campaña. Él se consiguió la sede, hizo todas las conversaciones con las organizaciones internacionales que nos apoyaron. A él no le importaba que alguien se estuviera apropiando de la campaña, era muy generoso. ‘Esto tiene que ser algo popular, sino no va a resultar”, decía. Cuando me llaman y me dicen que la Convención debería llevar el nombre de Roberto Garretón yo les digo que no, él no lo querría jamás. Si la nueva Constitución no es algo que sea tomado como propio, no va a resultar. Él abogó siempre por que este movimiento fuera muy transversal«.

10. «Ese fue el trabajo inconcluso que le quedó»

«En 2016 nos pusimos a trabajar, pero la verdad es que no pudimos prosperar porque justo le salieron unos trabajos fuera de Chile. Ya en 2017, comenzamos a trabajar para poder tener un acervo documental importante, porque él quería iniciar una campaña para terminar con las Fuerzas Armadas de Chile. Alcanzamos a tener algunas reuniones, empezamos a hacer ese trabajo. Yo lo ayudé como su secretaria, porque consideraba seguir el ejemplo del país que no tiene Fuerzas Armadas: Costa Rica. Ese fue el trabajo inconcluso que le quedó».

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