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Política

6 de enero de 2022

En busca del canciller perdido: continuas ausencias de Allamand detonan juicio crítico a su gestión

Andrés Allamand

A pesar de que su última aparición pública fue el 15 de Diciembre, el jefe de la diplomacia se ha mantenido ausente en temas propios de su cartera. Recién en el primer día hábil del año, el Minrel anunció que estaba en Estados Unidos con un test de Covid positivo. Desde la academia sugieren que el Canciller prioriza su agenda personal, quien en Marzo asume un cargo internacional en Madrid, España.

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En el primer día hábil del año, el Ministerio de Relaciones Exteriores publicó un comunicado oficial informando que su titular, Andrés Allamand, había contraído Covid. Pero no sólo eso, sino que el contagio lo había pillado en Estados Unidos, donde disfrutaba de vacaciones.

Para quienes han seguido de cerca la agenda reciente del Canciller, su ausencia del país no era una sorpresa. Hace ya varias semanas que en los círculos diplomáticos su gestión viene siendo cuestionada por una discreción que muchos califican como desidia.

Cuestionamientos que se ven reforzados por el hecho de que el ministro se encuentra en una cuenta regresiva al mando de la política exterior: en Marzo desembarcará en Madrid para asumir como el nuevo Secretario General Iberoamericano (Segib), organismo internacional nacido hace siete años de reconocida sensibilidad de centro derecha.

Es cierto que el gobierno ya va de salida y muchos de sus personeros pueden estar pensando más en lo que harán a partir del 12 de marzo que en sus responsabilidades presentes. Sin embargo, en el caso de Allamand su silencio en momentos clave -tal como sostienen expertos en relaciones internacionales- se arrastran desde hace un tiempo.

Shirley Götz, directora de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Alberto Hurtado, lo explica: “Se extraña la presencia del Canciller, porque abandonó la agenda con la que llegó a Cancillería, que era la de mejorar la imagen de Chile en el extranjero post Estallido”.

Y agrega: “este gobierno necesita, en algún momento, dar cuenta de ciertos éxitos de su conducción a nivel de política exterior, porque no tiene muchos. Creo que Allamand está preparando su ingreso a la Segib, porque ya no le queda mucho de gestión y estos silencios son extraños. Es muy probable que él pueda estar con su agenda propia, preocupado de lo que va a ser su próximo cargo: los ex cancilleres de centro izquierda tienen muchas mejores redes internacionales que la derecha y me parece que la Segib, en ese sentido, es una buena opción”.

Observaciones como ésta y más críticas abundan en los pasillos de la política exterior. Según comentan diversas fuentes consultadas, en el mundo diplomático no están conformes con la gestión de Allamand. Aseguran que no ha estado del todo presente ni ha impulsado una agenda contingente que realce la política exterior del país. Recalcan, una y otra vez, que el canciller tendría como prioridad su arribo a la Segib.

La última prueba de ello fue su notoria ausencia durante el episodio de la invitación que hizo Sebastián Piñera a Gabriel Boric para acompañarlo a una gira por Colombia. Este episodio no era banal, pues fue el primer acercamiento con contenido político entre ambas administraciones.

Tanto el equipo saliente como el entrante lo utilizarían para fijar agenda y tono. Es decir, fue la política exterior -y no otra área del gobierno- la elegida por Piñera para iniciar su relación institucional con el equipo del Presidente electo, en un contexto de alta atención internacional debido al intenso proceso político que derivó en la elección de un gobierno de izquierda liderado por un joven de 35 años llamado Gabriel Boric, en paralelo a una Convención Constitucional que redefinirá las bases institucionales que han operado a partir de la Constitución de 1980.

Así, el Presidente Piñera apeló a la Alianza del Pacífico y Prosur, instancias de enorme relevancia para el actual Minrel, para tender los primeros puentes con su sucesor en La Moneda. Sin embargo, contrario a lo esperable, el titular de la repartición no tuvo ningún rol público en el incidente que terminó con la negativa de Boric a la invitación del Mandatario saliente.

En Cancillería están conscientes de las críticas y se defienden. Aseguran que responden a una animadversión hacia Allamand, otrora rostro del Rechazo al Plebiscito del 25O, por haberse impuesto en la secretaría de la Segib, apacible espacio diplomático con un mandato de cuatro años, extendible a ocho.

En particular, fuentes del Minrel sostienen que sobre el fallido viaje a Colombia la ausencia de Allamand se debió a que aquella convocatoria surgió por exclusiva iniciativa de Piñera, fiel a su impronta de decisiones intempestivas y sin mucha socialización con sus colaboradores.

Añaden que en el diseño inicial, se había decidido que el ministerio sólo intervendría si Boric aceptaba la invitación, con la labor de coordinar la visita conjunta, lo que, a la sazón, no ocurrió.

Desde antes de la segunda vuelta

Para rastrear la última intervención pública de Allamand -más allá del anuncio del contagio de covid en Estados Unidos- hay que retroceder hasta el 15 de diciembre.

Ese día y junto a Piñera, anunció la presentación del informe de la Plataforma Continental Extendida de Chile ante la Naciones Unidas, luego de las intenciones de Argentina por extender la suya en la zona austral. Fue la oportunidad que el Canciller eligió para desdramatizar el apoyo de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los DD.HH., Michelle Bachelet, hacia el entonces candidato, Gabriel Boric.

Cabe recordar que el gesto de la ex Mandataria indignó a varios personeros del oficialismo, quienes incluso pidieron una intervención más decidida del gobierno ante la ONU para quejarse por lo que interpretaban como una intolerable intromisión electoral de una persona con cargo internacional. Para enojo de los propios, Allamand echó por tierra esas pretensiones.

Pero eso no fue todo. A diferencia de la primera vuelta, en el balotaje, Allamand -figura insigne y fundacional de su sector- brilló por su ausencia. No estuvo presente para dar inicio a las votaciones en el extranjero, por lo que la responsabilidad en ese día clave recaló en la subsecretaria, Cristina Valdivia. En Cancillería, dicen que ello sólo respondió a darle más espacio a Valdivia.

Situación similar ocurrió tras la muerte de Valentina Orellana, la adolescente chilena de 14 años que falleció durante una balacera en Estados Unidos. A pesar de ser un caso inédito y de alta connotación pública -la defensa de la familia fue asumida, incluso, por Ben Crump, abogado que participó en el equipo de abogados del emblemático caso de George Floyd-, el Canciller no se pronunció. Todo el peso quedó en manos del consulado, algo que -aseguran en el ministerio-, no estaría fuera de lo habitual.

Y en un hecho más reciente, el 03 de enero, Piñera recibió las cartas credenciales de los nuevos embajadores de Ecuador, Francia, España, El Salvador y la República de Corea del Sur en Chile. ¿Dónde estaba el canciller? Nuevamente, en su reemplazo apareció Valdivia, tal como informó el sitio web del ministerio de RR.EE.

Sólo después de ese evento, Cancillería difundió un comunicado explicando la situación sanitaria de su titular y se informaba que la subsecretaria asumía como ministra subrogante. Eso, pese a que el ministro ya llevaba días haciendo uso de su feriado legal.

Luces y sombras

Bajo reserva, ex cancilleres comentan que desde que asumió Allamand, el Consejo de Ex Cancilleres -instancia consultiva convocada a discreción por el ministro- fue perdiendo relevancia, especialmente a partir de la Pandemia.

A ello hay que agregar un hecho que complejiza la gestión ministerial y que ya genera inquietud en el entorno del Presidente electo: las vacaciones también solicitadas por la Directora de Protocolo de Cancillería, Marta Chalhub, quien debiera ocupar un rol central en la etapa del traspaso de mando en la cartera.

Fuentes del ministerio, sin embargo, descartan estas preocupaciones y aseguran que esta labor la está ejerciendo José Jaliliye, mano derecha de Chalhub. Por lo tanto, afirman, el espacio será bien ocupado y con comunicación directa con las nuevas autoridades.

Pero las aprehensiones no se limitan a ex cancilleres o al equipo entrante. Al ser consultados, analistas coinciden en que la evaluación a la gestión de Allamand es dispar.

Marcelo Mella, politólogo y académico de la Licenciatura en Estudios Internacionales de la Universidad de Santiago, habla de “luces y sombras”.

De luces, por «desarrollar los contactos para implementar los contratos que permitieron que Chile tuviera un proceso de vacunación exitosa”, ofensiva que estuvo a cargo del subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, Rodrigo Yáñez.

En el caso de las “sombras”, Mella es tajante y apunta a “una debilidad importante en los temas de Estado que son temáticas de largo plazo”. El politólogo pone como ejemplo la “falta de capacidad de resolución ante el conflicto emergente con la protección de la Plataforma Continental de Chile y Argentina”.

Respecto de temas más puntuales como la fallida invitación a Boric o el fallecimiento de Valentina Orellana en EE.UU., Mella no duda que “ha fallado una apropiación del ministerio respectivo de aquellos temas que deben tener un tratamiento como temas de Estado”.

Además, recuerda la cuestionada gestión de Cancillería respecto de la licitación que casi le otorga los pasaportes chilenos a la empresa chino-alemana Alsino y que derivó en tensiones diplomáticas tanto con Beijing como con Washington -precisamente las potencias que se disputan la hegemonía mundial-, donde una afinada gestión diplomático pudo haberlo prevenido, acusan.

“Me parece que es un grave error. Porque se deja sin efecto una licitación, se adjudica, y finalmente esto entra a un carril judicial. El costo no es sólo una eventual derrota ante la justicia, sino también de imagen país. En este momento, resulta fundamental recuperar credibilidad y certidumbre jurídica frente a inversionistas extranjeros”, advierte Orellana.

Otros expertos apuntan a que el análisis trasciende la gestión de Allamand, por lo que el diagnóstico global de la política exterior de la segunda administración de Piñera es crítico. Para ello, las fuentes bajo reserva coinciden, por ejemplo, en la influencia que en su minuto ejerció Benjamín Salas, ex asesor del Segundo Piso de La Moneda, a quien responsabilizan como el gatillante del viaje a Cúcuta -localidad colombiana, frontera con Venezuela- del Presidente en el 2019, cuando Piñera apostó a asumir un liderazgo regional que, finalmente, no pudo capitalizar.

“Sin duda hubo cambios gruesos que los tres cancilleres (Roberto Ampuero, Teodoro Ribera y el propio Allamand) siguieron en la misma línea de continuidad. Llama la atención el giro que tuvo Chile en temas medioambientales, respecto al papel multilateral, o en lo migratorio. Todo lo que el país había hecho, como el tratado de Escazú, se echó para atrás. Lo mismo ocurrió con el pacto global para una nueva migración de Marrakech”, explica el especialista del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Gilberto Aranda.

Hasta el cierre de este artículo, no fue posible obtener una respuesta oficial respecto del inicio y término del feriado legal del Canciller.


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