Diego “Mono” Sánchez, futbolista: “Los arqueros somos súper raros”

Se cumplió un mes desde que fue despedido por la Unión Española, su histórico club. Pero, por otro lado, hace días se cumplió un año desde que está emparejado con Yamila Reyna. Aquí el mítico Mono habla de fútbol, de ser arquero, de la desigualdad en el deporte, del amor, del stand up, de política, de Boric y de paternidad.

El Mono es un señor gigantesco que está buscando un arco. El Mono es, en la actualidad, un arquero sin pasto, se llama Diego Sánchez y ha perdido el trabajo. 

-Es difícil.

-¿Qué quiere?

-Estar en la cancha.

Al Mono le gusta gritar y tirarse voladas. Le gusta enfrentar al delantero, enfrentar a la prensa, a los dirigentes. Este Mono es la mixtura entre la destreza y el coraje. Y ante la consulta filosófica, “¿Cómo es usted, Mono?”, él dice, a secas:  

-Yo soy como soy.

-¿Cómo es ser así?

-Voy de frente. Pero no me meto en los rollos de los demás.

-¿En qué se mete?

-¿Ah?

-¿Qué le interesa?

-Vivir el día a día. 

-¿Qué más?

-Estar con los que me quieren.

Un mes atrás era un emotivo crack de Unión Española, un arquero con hombría, compuesto de 184 centímetros, dos bíceps de piedra y con el cuerpo cosido con setenta tatuajes. El Mono, informamos con admiración, tiene tatuado un gorila con la bandera de Unión. El Mono tiene tatuado un guante con una pelota de fútbol. En fin, el Mono Sánchez un mes atrás era (y lo sigue siendo) uno de esos locos que están aromatizados con adrenalina, que se lanzan a los pies del delantero para salvar a la institución. El Mono salvó torneos. El Mono…

Yo soy como soy.

-Antes de continuar…¿por qué le dicen Mono? ¿Cree que sus rasgos son semejantes a los de ese animal?

-No tanto. Me apodan Mono porque yo admiro al Mono Burgos, el ex arquero argentino. Y, bueno, en mi adolescencia yo me parecía mucho a un mono.

Y bueno, un mes atrás, hasta ese diez de diciembre, Diego Sánchez, alias el Mono por el Mono Burgos, era el que increpaba al rústico compañero que lucía la número 3. Enderezaba con vocabulario áspero a su defensa. Era el choro, el duro que traía consigo ráfagas de la población, el capitán solidario, el que sacó campeón a un equipo que se conformaba con estar a punto de ser campeón. En la Unión un cuarto lugar ameritaba abrazos y un elogio del presidente, del enigmático Segovia, el español que, en la ANFP, paradojalmente, años atrás produjo la desunión. 

-Me despidieron por teléfono.

-¿El presidente?

-Así es. En ocho años que estuve en el club lo vi tres veces. En ocho años hablé con él cinco veces por WhatsApp. Y una vez por teléfono.

Se cumple el primer mes cesante y el Mono se atraganta. Se molesta. Carajo, ocho años de liderazgo y un escueto final. Ocho años en la Unión Española, títulos, jineta anudada en el brazo izquierdo, y con dos frases y un argumento monetario se desprenden del ídolo. Y los ídolos no están sujetos a contratos, solamente están sujetos a la épica. Los ídolos, dicen en Argentina, son poemas calzando estoperoles. No se puede echar a un poema. Los poemas quedan para siempre dibujados en la bandera. 

Voy de frente. Pero no me meto en los rollos de los demás.

-Pero bueno…ya está- suspira el Mono Sánchez, sutilmente resignado. Es que él, este atleta de 34 años y un cuero cabelludo de excelente calidad, es un hombre que rebasa el fútbol. Hay vida sin la pelota. Hay dos hijos y una novia que sale en televisión. Yamila, la actriz y comediante. Yamila, la reina.

-¿Y Yamila Reyna qué dice?

-La Negra -dice el Mono- es lo máximo. Y me da rabia…

-¿Qué pasa, capo? -el reportero de pronto, futbolizado, empieza a hablar en argentino.

-Mira, antes de la Yamila, yo me comía mil goles y los hinchas me puteaban y me decían: Huevón malo. Desde que estoy con la Yamila, si me mando un cagazo, si me como un solo gol, los hinchas dicen: se puso malo porque se metió en la farándula.

-…como una Yoko Ono que lo distrae del objetivo, Diego- aventura el reportero, pensativo.

-No…todo eso no tiene ninguna lógica…

-No lo dudo: ella es lo contrario…

-Claro.

-Es un soporte…

-La Negra es mi complemento- anuncia con emoción el crack.

Me despidieron por teléfono.

Y se expande, amorosamente:

-La Negra es mi yo- dice.

-La Negra y yo nos matamos de la risa- dice.

-La Negra y yo somos muy apegados a la familia- dice.

Y confiesa:

-Mis papás la adoran.

Y agrega, explosivo, enamorado:

-El próximo año nos casamos.

La Reyna y el Mono (por el Mono Burgos, insistimos, y, en todo caso, todos nos parecemos a los monos, somos una infinidad de dobles de monos) copan innegablemente las páginas del espectáculo. La pareja del momento. Dos cuerpos esbeltos alimentados con humor. Ahora, por ejemplo, la Reyna y el Mono acaban de volver de un viaje por el Caribe. Pasaron unos días en Aruba, sumidos en el mar, tostándose entre carcajadas. Ambos ennegrecidos, dichosos. En pleno viaje (celebraban su primer año como pareja), animado y en tecla de sarcasmo, el Mono se sacó una foto al lado del cuadro de un mono. Y escribió:

-Yo no me parezco tanto a un mono.

Antes de la Yamila, yo me comía mil goles y los hinchas me puteaban y me decían: Huevón malo. Desde que estoy con la Yamila, si me mando un cagazo, si me como un solo gol, los hinchas dicen: se puso malo porque se metió en la farándula.

El número uno

La verdad es que el Mono se parece a Germán Burgos, su ídolo. El Mono se parece al Loco Araya, otro arquero, un estrafalario que se paseaba arriba del travesaño. El Mono se parece a su papá, Gustavo Sánchez, otro arquero, el digno suplente del Loco Araya en Palestino. El Mono contiene, entonces, a tres leyendas en sus noventa kilos.

-Puta, los arqueros somos súper raros- declara en un momento.

-¿Es verdad que los arqueros son los filósofos, o bien los intelectuales, de los equipos?

-¿Qué?

-Se dice eso en el mundo futbolizado -simula el reportero.

Lo cierto es que Albert Camus fue un arquero reputado. Lo cierto es que Arthur Conan Doyle, el inventor de Sherlock Holmes, fue un arquero empeñoso. Lo cierto es que León Cohen, el psicoanalista, fue arquero titular en la Universidad de Chile. Y el luminoso Patricio Manns también fue arquero de la U. Los arqueros son originales, responden a momentos eléctricos:  un garrotazo activado de forma refleja y se salva el equipo. Pero el resto del tiempo los arqueros están encadenados al juego sólo con la vista. Ocurre, por ende, que los arqueros suelen ser un enigma: son los artistas que se visten de forma distinta a los compañeros, pero que lucen el Número Uno. Son los que entrenan aparte. Los que toman la pelota con la mano. Los que nunca meten un gol.

-No sé si los arqueros son tan filósofos. Sólo sé que siempre estamos solos- retruca el Mono.

-¿Es verdad que los arqueros, a causa de su participación intermitente en el juego, tienen más tiempo para pensar?

Y el Mono desdibuja el mito:

-¡Qué vas a pensar, huevón, cuando se te viene un delantero encima con cara de asesino y que te va a tirar un misil! 

Qué vas a pensar, añade, cuando se te viene encima el Tanque Paredes, ese dotado que juega con la cabeza helada y pone la pelota justo donde lo propone su mente. Qué vas a pensar, insiste, cuando se te viene encima Gustavo Canales, el mejor delantero al que se ha enfrentado el Mono. O cuando se te viene el camión cruzado, Zampedri, un 9 más elemental, pero de fuerza bruta.

-Uno se tira no más. Uno no piensa- confiesa.

No sé si los arqueros son tan filósofos. Sólo sé que siempre estamos solos

-¿Le pagan bien a los arqueros?

-Hay sueldos y sueldos. En el fútbol hay mucha desigualdad.

El Mono relata que él, en los inicios, jugó en Tercera División. Y en Tercera División no hay portadas; En Tercera División el fútbol es anónimo, mezquino, en penumbras. “Yo jugué en Temuco, y jugué siempre con la ropa húmeda”, comenta. “Y mi ropa siempre tenía olor a humo”, recuerda. Y le pagaban 500 mil pesos, y él ya tenía un hijo. Y a otros les pagaban menos. No todos llevan la vida majestuosa de Alexis Sánchez. En Tercera División no hay mansiones, tan sólo un plato de tallarines y una camiseta mohosa.

-En el fútbol hay sueldos vergonzosos. Tengo compañeros que, por la situación del último tiempo, han tenido que irse a trabajar en la construcción.

Sube la voz:

-¡Puta que da rabia!

El Mono no filtra sus emociones. Dice que él proviene de una población y allí se enseña a ir de frente. 

-¿Hay mafia en el fútbol?

-Creo que eso es sabido. Está todo eso de las apuestas.

Al Mono en dos oportunidades le han ofrecido un estímulo en dinero para acomodar un resultado. Dijo dos veces que no. 

-¿Qué le parece el fútbol femenino?

-Me encanta.

¡Qué vas a pensar, huevón, cuando se te viene un delantero encima con cara de asesino y que te va a tirar un misil! 

-¿Christiane Endler podría jugar con hombres?

-No creo. Hay mucha diferencia entre la fuerza de un hombre y la de una mujer. No es lo mismo la patada de un hombre que la de una mujer.

-¿Hay homosexualidad en el fútbol?

-No lo he visto. Pero eso no generaría ningún problema.

Y repasa destellos de su gloria. Y dice que una vez estuvo en la Roja y que el camarín era agradable. Y opina que Charles Aránguiz es un genio. Que Arturo Vidal hace muchos chistes. Confiesa que no admira a muchos periodistas deportivos, tan sólo al Negro Palma, enfatiza, por su destreza oral. No tiene afinidad con Solabarrieta. Sí la tenía con Bonvallet. 

-¿Y usted, Diego, es el mejor?

El Mono adopta una súbita seriedad.

-Yo siempre siento que soy el mejor. Todos los días me levanto pensando que soy el mejor.

Y se palpa un músculo, impávido.

No todos llevan la vida majestuosa de Alexis Sánchez

Al escenario

Ahora el Mono se torna un ciudadano.

-¿Cómo ve a Chile?

-Creo que el pueblo se está uniendo de a poco.

-¿El lunes 20 de diciembre del 2021, tras las elecciones, su marraqueta estaba crujiente?

-Ese día estaban muy ricas las tostadas.

Diego sonríe.

-¿Confía en Boric?

Y el Mono, tras admitir que fue criado en una familia vinculada al comunismo, a una izquierda contundente, resalta algo mucho más simple en la nueva autoridad:

-Boric me cae bien.

Hace una pausa y comenta:

-Boric se ve con unos huevos tremendos. 

-¿En qué sentido?

-¡O sea…yo ni cagando me hago cargo de un país!

Y ríe con un matiz de nerviosismo. 

-¿Y cómo se ha llevado con los amigos de la Yamila? ¿Cómo se ha vinculado con el mundo de la televisión?

-Me caen la raja los actores.

Boric se ve con unos huevos tremendos

-¿Por qué?

-Son muy humanos. Y tienen mucha cabeza.

A veces, por citar un caso, el Mono juega tenis con el standapero Juan Pablo López. Y Yamila se impacta y le dice:

-¡Juan Pablo López es MI amigo!

Y el Mono Sánchez le responde:

-¡No, Juan Pablo López es MI amigo!

De manera que el Mono disfruta con el espectáculo y eso llega a tal punto que, inesperadamente, el arquero lo confiesa:

-Quiero hacer stand up.

-¿Cómo dice?

-Me interesa. Ese ambiente me encanta.

-¿En qué se va a meter, Mono? 

-Quiero contar la vida del fútbol. Todos los chascarros.

-¿Cómo cuáles?

-Chis…eso lo voy a contar en el Festival de Viña

Y el Mono no ríe porque lo está diciendo con realismo. Quiere, en el futuro, dedicarse al stand up. Otros le aconsejan que trabaje en televisión. Tiene la prestancia y el dominio de la oralidad. Tiene la asesoría de su reina.

-¿Y usted es celoso?

-Antes era celoso. Pero estoy al lado de una mujer que me da toda la confianza.

-El mundo del fútbol es muy machista… ¿Se incomoda cuando ella se saca fotos en traje de baño?

-Me encanta que se muestre.

Y luego al Mono se le abren los ojos, le brota amor y pasión y da un grito tarzanesco:

-¡Si yo tuviera el cuerpo de la Yamila me pasearía en pelota por la Alameda!

Le salta una risa musical.

-¿Y ya decidieron si tendrán hijos?

Quiero hacer stand up

El Mono no lo evade:

-No tendremos hijos. Lo decidimos. Ahí en Aruba mirábamos a familias con hijos, todos histéricos, mientras nosotros estábamos tirados al sol. Y, claro, estamos bien así…

Y sonríe el guardametas. Y luego Diego Sánchez, alias el Mono por el Mono Burgos, retorna a su posición de arquero. Y medita su futuro con paz interior. Deduce que ya tendrá otro equipo, ya se vendrá un arco, es inminente que el héroe pronto va a retornar a las voladas. Y seguirá siendo el jugador real y el jugador de Playstation con que juega su propio hijo actualmente.

-Necesito volver…- susurra el ídolo, el Rojo, el que fue despedido pero lleva tatuada a la Unión. Y queda claro que muy pronto, otra vez, el Mono volverá a trepar un travesaño. Y desde ahí se pondrá a pensar.

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