El collage muestra a Gabriela Mistral frente a una carta, el premio nobel y flores

Patricio Vera

A 65 años de su muerte: “Gabriela Mistral nunca fue una intelectual en la torre de marfil, porque era una patipelada, una mujer que vivió de su trabajo”

Un día como hoy, pero en 1957, fallecía una de las principales escritoras, diplomáticas e intelectuales de Chile. Pero su imagen y su historia, más que perderse a lo largo del tiempo, no ha hecho más que renacer. A propósito de esto, The Clinic conversó con la historiadora Alejandra Araya, directora del Archivo Central Andrés Bello y de la Sala Museo Gabriela Mistral. "Sólo hoy su disidencia en tanto vivir la vida por caminos propios y que se distancia de las doctrinas puede ser dicha", comenta.

Durante años su imagen fue la de una mujer con los labios apretados y el ceño fruncido, traje de dos piezas y el pelo recogido. La de una maestra, a quien le apasiona la enseñanza y le dedica los versos: “¡Señor! Tú que me enseñaste, perdona que yo enseñe (…) Dame el amor único de mi escuela (…) Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes” (La oración de la maestra).

Pero Lucila de María Godoy Alcayaga, alias Gabriela Mistral, sólo fue profesora hasta 1922 y aunque sí defendió el derecho a la educación y escribió sobre la infancia y el amor maternal, también fue mucho más que eso: fue una de las escritoras, diplomáticas e intelectuales más importantes de la historia de Chile, incluso antes de la entrega del Premio Nobel en 1945.

Lo cierto es que Gabriela Mistral fue una mujer mucho más compleja de lo que muestran sus primeras biografías, los bustos en las plazas o incluso el billete de 5.000 pesos. Lo cierto es que la misma mujer que escribió “Piececitos de niño, azulosos de frío, ¡cómo os ven y no os cubren, Dios mío!” (Piececitos), redactó “querida mía, tú conoces el cuerpo, pero no el alma entera de tu pobrecilla. Y así, no has adivinado el infierno puro que ha sido para mí tu silencio de siete o más días” a Doris Dana.

Y esa imagen compleja cada vez se destaca más. La mujer que la dictadura buscó reconocer como “la madre de Chile”, hoy aparece en murales con un pañuelo verde proaborto y ropa moderna. A 65 años de su fallecimiento, el 10 de enero de 1957, Gabriela Mistral no hace más que renacer una y otra y otra vez.

A raíz de este aniversario, The Clinic conversó con la historiadora Alejandra Araya, directora del Archivo Central Andrés Bello y de la Sala Museo Gabriela Mistral. “Siempre podemos caminar junto a Mistral, no podemos volver a dejarla sola”, comenta.

-A 65 años de su muerte, ¿cuáles diría que son los aspectos más positivos o negativos asociados a la Premio Nobel?

-Lo que se sabe de cualquier persona es lo que ella deja y deja ver, y creo que uno de los rasgos más relevantes de Lucila Godoy y de Gabriela Mistral fue su arrojo y valentía. En una mujer este rasgo puede ser positivo para algunos y para otros negativos. Desde sus primeros escritos en los diarios del Valle del Elqui, con solo 14 años, debió enfrentar las consecuencias de su valentía: escribir como joven mujer y responder a la crítica sin miramientos defendiendo su derecho a ser y ejercer sus oficios tanto el de poeta como el de maestra.

-Pareciera que desde su fallecimiento, tanto la obra como la figura de Gabriela Mistral no hizo más que crecer… ¿A qué se debe esto?

La complejidad tanto de la obra mistraliana como de su figura intelectual explica que siempre que quien no ha leído nada o no sabe nada de ella se impacte por la fuerza de su trabajo escrito, ya sea por los temas que aborda como el derecho a la educación de las mujeres, la propuesta de educación popular, de educación para todos en particular los excluidos, la denuncia de la violencia hacia la infancia y hacia las mujeres, hacia los pobres, hacia los pueblos indígenas, la honestidad de su pensamiento y acción sin quedarse al margen lo que le trajo problemas políticos, la autonomía, su libertad de opinión, sus estrategias de sobrevivencia en lo laboral y para llevar su vida amorosa en un mundo en que la disidencia sexual era delito.

-Es algo que se ha evidenciado en el último tiempo.

-Hoy podemos acceder a su archivo personal y darnos cuenta de que lo publicado es solo la punta del iceberg, y que, tal como los y las grandes pensadoras de la Historia, su obra es un legado sólido por la profundidad de sus análisis, por la ironía, por la escritura atenta, por el valor de vivir de su trabajo poniendo su pluma a disposición del día, y reservando especiales momentos para su obra más densa, más rumiada. Su archivo de escrituras va mostrando el incesante trabajo de su reflexión, sopesada en el tiempo, observadora de personas, lugares y tiempos, inmersa en sus presentes. Es muy notable, nunca fue una intelectual en la torre de marfil porque era una patipelada, una mujer que vivió de su trabajo y se dedicó a él. Me sorprende la enormidad de sus escritos, estoy bajando todos los cerca de 500 cuadernos que se encuentran en el Archivo del Escritor (de la Biblioteca Nacional) en digital y cuesta imaginar en qué momento descansaba.

Uno de los rasgos más relevantes de Lucila Godoy y de Gabriela Mistral fue su arrojo y valentía.

-¿Qué rol tiene el movimiento feminista en el destaque de Mistral, al contrario de lo que ocurre hoy con, por ejemplo, Pablo Neruda?

-Las feministas siempre han tenido un lugar en la vida de Mistral, tanto sus contemporáneas durante toda la primera mitad del siglo XX -como Amanda Labarca, Laura Rodig entre las más conocidas- como con las mujeres organizadas en movimientos de mujeres y las que se autoreconocen y autodenominaron feministas en las décadas de los 70, 80, 90 y los 2000. Los movimientos de los años 2017 y 2018 heredan las miradas críticas que las escritoras e intelectuales feministas de las dos últimas décadas del siglo XX lanzaron como una gran ventana para seguir abriendo y es que esa Mistral estaba siendo objeto de manipulaciones obscenas en dictadura, que había que leerla de nuevo. Raquel Olea, Soledad Fariña, Soledad Bianchi entre muchas otras señalaron cuestiones que hoy retomamos como feministas y que con su archivo hoy disponible se deben estudiar en serio porque otra gran deuda con Mistral son sus ediciones, se requieren ediciones críticas de su obra ahora que se tienen los manuscritos. Por ejemplo, los recados tan citados, se citan de una publicación editada por un religioso que dice sin tapujos que la “corrigió” porque ella no era latinista. Y ella ya era Nobel cuando se publican los recados.

Hoy podemos acceder a su archivo personal y darnos cuenta de que lo publicado es solo la punta del iceberg, y que, tal como los y las grandes pensadoras de la Historia, su obra es un legado sólido por la profundidad de sus análisis, por la ironía, por la escritura atenta, por el valor de vivir de su trabajo poniendo su pluma a disposición del día, y reservando especiales momentos para su obra más densa, más rumiada.

-A propósito del movimiento feminista más reciente, ¿cuál es el papel, por ejemplo, de esa icónica imagen de Gabriela sosteniendo una bandera y usando el pañuelo verde relacionado a la lucha por el aborto libre?

-La imagen que tú señalas sacó ronchas a muchas personas porque lo que más hiere, desde mi mirada, es subvertir la imagen asexuada de Mistral, esa de la mujer mayor, que al no tener hijos propios, dedicó toda la vida a las y los niños como profesora, cosa que por cierto ya no hizo desde 1922, nunca más dio clases en las escuelas y se dedicó a la vida pública y desde allí trabajó por los derechos de los niños desde que viera el drama que dejaba la Guerra Civil Española siendo ella cónsul, la primera mujer en tener dichos cargos en el país. Adoptó a un niño sin estar casada. Ese aporte del arte público, anónimo es el más notable del feminismo y creo que a ella le habría encantado. Y una imagen similar existe con anterioridad, es esa de 1919 en la cubierta del barco que la lleva a Punta Arenas junto a Laura Rodig, en la que Mistral viste a lo garçon, con pantalones deportivos y abrigo de piel. Causó molestias a quienes no son pro aborto pues aún es tan monstruoso para muchos el saber que una mujer puede abortar, pero creo que lo que molesta, más que la cosa literal de si ella era provida o no en el sentido conservador judeo-cristiano a la chilena, es que un pañuelo verde en la muñeca de una Mistral de pantalones ajustados es devolverle el deseo y la pasión.

-Durante mucho tiempo hubo una separación entre la poetisa y la mujer que era. Pero en los últimos años, se ha hecho muy difícil ver a Mistral poetisa sin pensar a Mistral mujer. Un ejemplo es el libro “Doris, vida mía”. ¿Es posible separar ambas?

-Creo que en las respuestas anteriores me refiero en parte a esto. Mi lectura y acercamiento a Mistral no es desde lo literario como primera imagen, estudié en el Liceo del cual ella fue primera directora y fundadora de un proyecto educativo para mujeres populares en el barrio Franklin, el liceo 7 de Santiago, ferozmente profanado durante el estallido social por el Alcalde Alessandri y por la directora actual del Liceo, quienes autorizaron el ingreso de Carabineros al recinto en medio de las movilizaciones de sus estudiantes y dos de ellas resultaron heridas con balines dentro del establecimiento. Aún no hay justicia en dichos casos. Yo estudié en dictadura en dicho Liceo, mis profesoras eran mistralianas y mi defensa de mis derechos como mujer y mi sentido de la justicia social se lo debo a Mistral. Su poesía la cantábamos todo el tiempo, nuestro himno canta a su legado.

Un pañuelo verde en la muñeca de una Mistral de pantalones ajustados es devolverle el deseo y la pasión.

“Dicho esto, la cuestión de la separación entre una Mistral poeta y otra mujer si por esto se dice una mujer que tiene vida propia y ama, casi como un imposible para una mujer soltera que se ha dedicado a enseñar, se da fundamentalmente porque amar a otra mujer sigue siendo tabú y recibe una condena social infinitamente mayor que la de un hombre que ama a otro hombre. No podía decirse, en el tiempo que ella vivió eran amores clandestinos. Solo hoy su disidencia en tanto vivir la vida por caminos propios y que se distancias de las doctrinas puede ser dicha y allí entonces su puesta en escena en el presente nuevamente, porque te permite verla con honestidad en todas sus dimensiones y con todas las complejidades del amor que se vive en clave, cifrado, travestidos. Y sus cartas a Doris y otras muchas a sus otros amores son más subversivas que el pañuelo verde en su muñeca”.

-Hace un tiempo, Karen Vergara, creadora del proyecto “Mistralianas” dijo que “sus lecturas han resultado atemporales”. ¿Coincide? ¿Por qué?

-Más que atemporales son siempre actuales y contingentes porque supo leer sus presentes y los nodos de dicho presente siguen vigentes en gran parte del mundo, como también fue una pensadora de lo humano, de nuestras bellezas y de nuestra fealdad como especie. Lo atemporal me remite más bien a un pensamiento no situado, a un comodín, y creo que su trabajo tiende más bien todo lo contrario a pensar la radicalidad de lo humano desde su absoluta conciencia del tiempo presente, trasciende por radicalmente humana.

-Para finalizar: ¿qué poesía o textos de Mistral diría que son imprescindibles, para recomendar a nuestros lectores?

-Bueno, como historiadora recomiendo navegar en el Archivo del Escritor y encontrar las maravillas de su legado en originales, ver sus borraduras, tachaduras, su escritura en lápiz grafito, los comentarios a sus textos. Perderse un poco en ella. Desolación creo que debe leerse, se cumplen cien años de su primera edición en Nueva York y en 2023 cien de su primera edición en Chile. Allí están los poemas más conocidos, como los Sonetos de la Muerte los que, como mujer oscura, hasta los he cantado, pero también los poemas de las madres, justamente por su visión realista de la maternidad fueron poemas escandalosos, osados y ella lo sabía, aun así los quiso volver a publicar en 1950 en Chile y nuevamente provocó escozor pues aborda la maternidad desde su origen y en defensa de las madres solteras: hacer de la relación sexual un poema, la transformación del cuerpo, la condena social, el abandono, la experiencia compartida entre mujeres y en particular en el reconocimiento de una mujer en otra en la preñez y en el parto, una lectura feminista de la santidad: esta empieza en la maternidad. Tal como ella dijo, esta experiencia vital sólo puede ser comprendida por otra de la misma especie, esta es la radicalidad de su humanidad enraizada en un cuerpo. Siempre podemos caminar junto a Mistral, no podemos volver a dejarla sola.

Sus cartas a Doris y otras muchas a sus otros amores son más subversivas que el pañuelo verde en su muñeca.

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