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Ciencia & Tec

15 de enero de 2022

El cuerpo es capaz de distinguir en milisegundos el azúcar real del edulcorante artificial y tiene una preferencia

El cuerpo es capaz de distinguir en milisegundos el azúcar real del edulcorante artificial y tiene una preferencia Pixabay

Los investigadores teorizan que este podría ser el motivo por el que los reemplazos del azúcar no te quitan el antojo dulces.

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Existe una célula en el intestino capaz de distinguir entre el azúcar natural y el edulcorante artificial, reveló un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke publicado por la revista Nature Neuroscience.

Además, los investigadores observaron que al procesar la información, la comparte en milisegundos con el cerebro.

El neurocientífico Diego Bohórquez explica que esta es la razón por la que el ser humano tiende a tener necesidad de comer dulce. El también cabecilla del equipo investigador asegura que el intestino es capaz de identificar el sabor y valor nutritivo de los alimentos.

«Ahora entendemos por qué tantas personas luchan contra el antojo de azúcar y por qué el edulcorante artificial no logra frenar este deseo», asegura Kelly Buchanan, coautora del estudio e interna de medicina del Hospital de Massachusetts.

Los científicos manifiestan que este descubrimiento es marca un precedente a la hora de tratar enfermedades intestinales.

«Pudimos cambiar el comportamiento de un ratón a través de su intestino. Eso nos da esperanza para pensar en futuras terapias dirigidas a este órgano», comenta Bohórquez.

El experimento del ratón

Hace poco más de 20 años un estudio reveló que existían receptores que captan sabor dulce.

Motivados por este descubrimiento, en 2008 los científicos intentaron eliminar esas papilas gustativas de un grupo de ratones. Tuvieron éxito, sin embargo, se sorprendieron al observar que los animales aún tenían preferencia por el azúcar real por sobre el edulcorante u otras sustancias.

Con estos antecedes, el equipo de la Universidad de Duke se planteó una nueva interrogante y desarrolló organoides de intestino delgado, una versión miniatura y simplificada de un órgano, a partir de células de ratón y humano.

Ya habían descubierto la existencia de las células neurópodas y detectaron que eran sensoriales como las papilas. El paso siguiente fue observar cómo se comportaban con el azúcar real y el edulcorante.

En presencia del endulzante natural liberaron glutamato y ante el sustituto artificial el neurotransmisor que se emitió fue uno diferente, el ATP. Con esto se confirmó que la reacción inmediata del cuerpo ante ambos estímulos es distinta.

Además, usaron la optogénetica para desactivar las células del intestino de un ratón vivo para confirmar que esta era la que impulsaba la preferencia.

Al «apagar» la unidad funcional, el roedor no mostró inclinación evidente hacia el azúcar real.

Ese es el hallazgo que ha marcado un precedente sobre el futuro del tratamiento de enfermedades intestinales.


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