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16 de enero de 2022

Director de Eurosocial: “La participación en el sistema democrático es muy importante, pero no ocurrirá si la ciudadanía no siente que su calidad de vida mejora”

Eurosocial

El especialista en cooperación internacional para el desarrollo Juan Manuel Santomé Calleja ahonda en conversación con The Clinic en los retos de la democracia, los derechos humanos y la importancia de contar con nuevos pactos sociales. Asimismo, sostiene que “frente a la fragmentación y al enfrentamiento permanente la respuesta es diálogo, diálogo y más diálogo”.

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Para Juan Manuel Santomé Calleja es hora de apostar por nuevos pactos sociales. “Las sociedades cohesionadas, en torno a derechos y a un contrato social muestran que las cosas se están haciendo bien, que se avanza por el buen camino para la mayoría. Entonces yo apostaría por la cohesión social como un gran indicador de la calidad de los nuevos pactos sociales que se están construyendo y que van a marcar las próximas décadas”, dice el director del programa de cooperación entre América Latina y la Unión Europea, Eurosocial, liderado por la FIIAPP.

Por eso, Santomé -quien estuvo en Chile en el marco del encuentro “Pactos políticos y sociales para una nueva América Latina”, que reunió a más de 100 voces de instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil– sostiene que uno de los indicadores de progreso no debiera ser únicamente el de la renta per cápita o el PIB, sino también el grado de cohesión social de los países, basado en los derechos que la sociedad va alcanzando.  

Y, si se habla de nuevos pactos sociales, no se puede dejar de lado el proceso constituyente en Chile. “Ojalá que el ejemplo de Chile se siga en otros países, no sólo en América Latina, sino también en Europa y el resto del mundo. Yo creo que hay una luz de esperanza, que se ha prendido en este país en Chile, y creo sinceramente que ya está iluminando al resto del mundo”, comenta Santomé.

En conversación con The Clinic, el especialista en cooperación internacional para el desarrollo ahonda en los desafíos de la democracia, los derechos humanos y la importancia del diálogo. “Frente a la fragmentación y al enfrentamiento permanente la respuesta es diálogo, diálogo y más diálogo”, sostiene.

–En los últimos años se ha manifestado la importancia de estar atentos a las demandas de la sociedad. ¿Cómo la ciudadanía puede participar activamente de la democracia, pero, a la vez, entender que los tiempos en política son distintos?

-Según el Latinobarómetro, la valoración de la democracia, así como sistema político de convivencia, no es alta en estos momentos. Muchas ciudadanas y ciudadanos latinoamericanos incluso llegan a decir que deberían cambiar este sistema democrático por otro más autoritario si de esta forma se podría se pudieran satisfacer sus requerimientos, sus demandas. Sin embargo, la participación en el sistema democrático, como se menciona en la pregunta, es muy importante, pero no ocurrirá si la ciudadanía no siente que su calidad de vida mejora, que su situación cotidiana mejora, que la calidad y el acceso a servicios públicos mejora, que las oportunidades de empleo e ingreso también mejoran.

“Entonces, para que la participación en la democracia sea más activa, se debe percibir desde la ciudadanía que hay medidas y avances hacia una mayor justicia social, una mayor inclusión, y también se deben de percibir progresos. Todo lo que tenga que ver con el buen gobierno, la lucha contra la corrupción, la mayor transparencia, facilitar el acceso a la justicia, son, como decimos desde EUROSOCIAL condiciones habilitantes para que un nuevo pacto social necesario nazca con estas condiciones”.

–Pienso, por ejemplo, en la participación política directa. Hoy vemos en Chile que hay muchas propuestas que postulan a la Convención Constituyente, pero que no logran el mínimo de firmas necesarios. ¿Qué nos dice esto? ¿Cómo hacer con que la ciudadanía sea más partícipe de las instancias de cambio?

-El caso chileno yo creo que ha sido y está siendo un ejemplo para el mundo realmente. Por lo menos esta es la percepción que se tiene desde Europa y viajando por otros países de América Latina. Yo creo que este proceso constituyente, como decía hace poco el embajador de la Unión Europea aquí en Chile, pasará a la historia del constitucionalismo por su carácter innovador e inclusivo. Entonces, no hay que minusvalorar las expresiones de descontento y protesta que saltaron ya en 2019 y no sólo en Chile, sino en otros países de América Latina. Esto es un síntoma de cansancio, un mensaje claro sobre la necesidad de un cambio. Las protestas son esto, este síntoma y parte de este cambio, efectivamente, tiene que ver con que se logren abrir nuevos y más espacios de participación a la ciudadanía. Para lograrlo es esencial hacer las cosas de manera diferente, centrarnos no solamente en estos momentos en el que hay que hacer, que yo creo que hay bastante consenso en general, sino también en el cómo se hace, no en el proceso de toma de decisiones, en los avances que se den hacia parlamentos más abiertos y transparentes y confiables.

“Se trata de refundar el contrato social, de la búsqueda de esos nuevos pactos sociales, sabiendo que la asunción de obligaciones siempre debe ir acompañada por la certeza de la cobertura y acceso a derechos. Minar la confianza interpersonal también nos conduce a sociedades fragmentadas y con baja cohesión social. Se desconfía de las instituciones, se desconfía de la democracia… En el caso de Chile, como se decía en la pregunta, creo que se está dotando de unas nuevas reglas del juego y me parece que se está haciendo de forma paritaria, por lo que sabemos de forma representativa de toda la sociedad. El fruto de este proceso constituyente yo creo que permite augurar un resultado esperanzador y un nuevo marco que permita y fomente una democracia más fuerte y más participativa”.

Yo creo que este proceso constituyente, como decía hace poco el embajador de la Unión Europea aquí en Chile, pasará a la historia del constitucionalismo por su carácter innovador e inclusivo.

-Un concepto que viene dando vuelta desde hace tiempo es el de “intolerancia”. Al cambio, al status quo, a quien piensa distinto. ¿Cómo podemos retomar el diálogo y reconstruir pactos sociales en sociedades que están tan fragmentadas?

-Es bien sabido tanto aquí en América Latina como en Europa y el resto del mundo, que los populismos de toda índole proliferan cuando la población percibe que la economía es intocable y que sigue unos designios que marcan mercado. Por lo tanto, el espacio que les queda, así como electores, es a veces posicionarse en el miedo al diferente, al otro, al extranjero… Esto está marcado muchas veces por los nacionalismos también, que nutren un sentido de pertenencia que debería estar fundado en derechos y no en banderas, por decirlo así, de manera resumida.

“Frente a la fragmentación y al enfrentamiento permanente la respuesta es diálogo, diálogo y más diálogo, sentando más actores en la mesa, sentando la sociedad civil, sentando grupos étnicos diferentes, sentando de manera paritaria mujeres y hombres. No olvidemos que EUROSOCIAL es un programa de cooperación internacional, y a nivel internacional, es muy importante también que desde el multilateralismo se apoyen estos procesos de diálogo. No tiene sentido que desde el multilateralismo al final se minen justamente estos procesos, sino que se debe de apoyar con un multilateralismo basado en derechos y en la búsqueda del fortalecimiento de la democracia como sistema”.

–En los últimos años se ha hablado mucho de los “choques de derechos” en Latinoamérica y en Chile. Por ejemplo, el derecho a la protesta versus el derecho a la seguridad, y así tantos otros. ¿Esto tiene una solución? ¿Podemos hablar de derechos que están por sobre otros?

-Además de la desigualdad, otro de los problemas percibidos por los latinoamericanos como los principales problemas es la inseguridad. Lógicamente es un problema, pues alimenta al otro y así hasta las expresiones sociales que estamos viendo. En mi opinión, el gran problema a atajar es la desigualdad. Avanzar por esa senda de reducir la desigualdad genera, y esto se ha probado en muchos países, en muchos lugares, un proceso casi virtuoso que reduce la tensión social, que aumenta la seguridad.

“Ahora bien, en cuanto a los derechos, es muy importante, por ejemplo, yo diría primar el derecho al acceso a una justicia de calidad. Si hubiera que priorizar derechos, este sería el derecho a tener derechos, es el derecho llave que facilita el acceso al derecho a la salud, la educación, la vivienda digna. Tener un sistema de justicia que facilita un acceso equitativo, independientemente de la renta, de la procedencia, etc. que se haga justicia. Entonces este derecho es absolutamente prioritario”.

El fruto de este proceso constituyente yo creo que permite augurar un resultado esperanzador y un nuevo marco que permita y fomente una democracia más fuerte y más participativa”.

–En términos de democracia, como usted mismo ha dicho, vemos que en los últimos años en Latinoamérica ha habido una baja en el apoyo a esta, mientras que las protestas sociales (en muchos casos causadas por un descontento) han crecido. ¿Cómo podemos entender esto, sabiendo que el derecho a la protesta es un derecho que solo existe realmente en democracia?

-La cuestión no es la dialéctica democracia versus autoritarismo o su correlato entre libertad-represión. La cuestión es que muchas veces la democracia ha quedado adelgazada o reducida únicamente a un protocolo electoral, sin que la ciudadanía sienta que sus condiciones de vida y expectativas mejoran, al contrario, en realidad lo que ven o van viendo con claridad es esa desigualdad latinoamericana que es la mayor del mundo. Es estructural y se reduce muy, muy poquito en los tiempos de bonanza y se ensancha mucho los tiempos de crisis. El tema de la enorme informalidad, la baja protección social que tienen. Entonces, en este sentido es importante hacer un llamado a los decisores de políticas para que hagan política y legisle desde y para los jóvenes también. Este es otro tema también, el relato que se cuenta a los jóvenes, este colectivo son el futuro, son los que están llamados a apagar en realidad la factura de la recuperación post COVID, que va a ser millonaria.

–Asociado a lo anterior, hemos visto que en muchos países (Chile incluido) el propio régimen democrático permite la llegada al poder (o al menos a las elecciones) de líderes políticos que claramente van en contra de varios principios democráticos. ¿Cómo podemos contener este avance? ¿Cómo neutralizar sus posturas?

La democracia en sí implica abrir el ágora, la arena a todas las opiniones, a todas las opiniones y posturas. Y la respuesta, en mi opinión de nuevo, es que el actual contrato social no está funcionando como debiera, pues muchas veces las mayorías quedan excluidas de las oportunidades y la gente siente que no tiene una vida digna.

Frente a la fragmentación y al enfrentamiento permanente la respuesta es diálogo, diálogo y más diálogo, sentando más actores en la mesa, sentando la sociedad civil, sentando grupos étnicos diferentes, sentando de manera paritaria mujeres y hombres.

–Ustedes en EUROSOCIAL suelen hablar de cuatro pivotes en los que se cimenta la gobernanza (derechos, rendición de cuentas, territorio y fiscalidad). ¿Cómo se relacionan entre sí y qué importancia tienen para alcanzar una democracia con equidad y derechos humanos?

El buen gobierno, la transparencia y la lucha contra la corrupción, la mayor y mejor rendición de cuentas y el acceso a la justicia son lo que podríamos denominar condiciones habilitantes para avanzar hacia la construcción de nuevos pactos sociales, es el núcleo duro. Son condiciones necesarias para restaurar la confianza y para sentarse a hablar y a dialogar sobre otra senda de desarrollo más equitativa e inclusiva. Además, un vector transversal de los nuevos pactos sociales debe ser la cuestión territorial, que lejos de ser periférica, está llamada a jugar un papel central en estos nuevos pactos sociales. Las políticas tomadas en las capitales a nivel central y que gotean a los territorios no funcionan y debilitan la democracia porque la gente no se siente reconocida y, sin embargo, al contrario, las decisiones que van desde abajo, desde los territorios hacia el centro, son más inclusivas, son estrategias de desarrollo más eficaces incluso y dan más resultados.

“En relación al tema de la fiscalidad, está en el corazón de los nuevos pactos sociales.  En el corazón de los nuevos pactos sociales está sin duda se encuentran los pactos fiscales y un pacto fiscal en América Latina es muy, muy necesario. Requiere un consenso amplio, pero es (por lo menos desde el lado europeo y por aprendizaje que hemos tenido en Europa), se ve clara la necesidad de implantar sistemas más progresivos que permitan la generación de recursos domésticos para financiar políticas públicas de educación de más calidad de salud. La agenda verde y digital, que es tan necesaria en estos momentos, etcétera. Y además, justamente corregir por la vía de la política fiscal también la desigualdad tan enorme que hay en estos países”.

-¿Cómo evalúa hoy la democracia en Chile? ¿Cuáles son los mayores desafíos y oportunidades del próximo gobierno y de la Convención Constituyente? Mucho se ha hablado, en el último tiempo, de “esperanza”.

-Chile es uno de los países con mejor desempeño en América Latina en cuanto a los indicadores clásicos del PIB y la renta per cápita. Sin embargo, yo creo que el desafío es reducir la desigualdad y avanzar en garantizar iguales oportunidades para todos. Yo creo que Chile, ya con su nueva Constitución, esta Constitución flamante que están haciendo, está sentando las bases para un futuro prometedor y que sitúe los cuidados del planeta y las personas en el centro, y que efectivamente se puede hablar de proceso esperanzador.

Avanzar por esa senda de reducir la desigualdad genera, y esto se ha probado en muchos países, en muchos lugares, un proceso casi virtuoso que reduce la tensión social, que aumenta la seguridad.

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