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20 de enero de 2022

Josefina Araos, historiadora: “A Boric le toca liderar el trabajo de rehabilitación de la política”

Josefina Araos habla sobre Gabriel Boric

En su calidad de intelectual, Josefina Araos dibuja aquí las fronteras que deberá cruzar el nuevo gobierno. No augura un tránsito fácil. Cree que el tema del orden y la seguridad será la primera gran prueba de fuego para el futuro presidente y la izquierda. También pone el foco en esa derecha que emerge desde el Partido Republicano y el complicado rol que puede jugar en los próximos años.

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En el abanico de los jóvenes intelectuales, Josefina Araos tiene voz propia. Observa, investiga y escribe sobre el ajetreado pulso que ha venido bombeando al Chile de los últimos años. Lo hace desde el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) que tiene un pie en el pensamiento de derecha, aunque ella misma escabulle el bulto de las etiquetas.

Más que de derecha, se reconoce como una intelectual católica. Pero no es por ahí que ella camina. Su raíz, su territorio, está en el mundo de las ideas. Licenciada y magíster en Historia de la Universidad Católica, Josefina Araos publicó recientemente el libro “El Pueblo Olvidado”, poniendo la lupa en la ola populista que recorre el planeta y que no distingue derechas o izquierdas. 

Expectante de lo que será el nuevo gobierno liderado por Gabriel Boric, esta intelectual nacida en 1987 –misma generación que los que llegan a La Moneda- pone el foco en los desafíos que vienen.

-En la partida, ¿cómo ves a esta nueva izquierda que asumirá el poder?

-Primero, me hace sentido que asuma Gabriel Boric después de todo lo que hemos vivido como país en el último tiempo. La sensación de conflictividad que se instalaba si ganaba José Antonio Kast era mucho más fuerte. No significa que yo crea que todo va a salir bien, pero me parece que hay una sensación de cierto respiro que hace sentido con este nuevo ciclo que se gatilla desde el estallido social. 

-¿Qué es lo que te hace sentido? ¿Es más coherente con la demanda de cambios?

-Claro, me hace sentido que el gobierno lo asuman quiénes más representan la demanda de renovación y cambios que sabemos que es muy fuerte. Y que lo hacen con cierta experiencia política. Al menos la cabeza, que es Boric, tiene experiencia y también el haber jugado un rol singular en el acuerdo del 15 de noviembre del 2019. En ese sentido, Kast era muy inexplicable y generaba temores sobre qué se podía terminar gatillando finalmente. Pero todo está por verse…

-¿Cuáles son tus dudas?

-Que no sabemos si este nuevo gobierno será capaz de responder a todas las expectativas que ellos mismos han puesto, en un escenario económico muy difícil y en el contexto de una sociedad que combina una mezcla rara de expectativas en el proceso político, pero cansancio e incertidumbre por su situación material.

«Me hace sentido que el gobierno lo asuman quiénes más representan la demanda de renovación y cambios que sabemos que es muy fuerte. Y que lo hacen con cierta experiencia política».

-¿Dirías que hay una carga emotiva que cruza el momento político actual?

-Hay enojo, desprecio, mucha rabia con la política. También hay cansancio con el movimiento de octubre del 2019. Entonces, es un escenario difícil de manejar tanto por las enormes expectativas como por el estado anímico de la población y los desafíos que ellos mismos se plantearon. ¿Qué pasará con la violencia en distintos ámbitos? Eso también va a ser un asunto de primera importancia. 

-En la esfera de lo anímico, ha llamado la atención una cosa media emotiva en torno a Gabriel Boric. La gente le lleva regalos, los niños sus dibujos. Eso es bastante nuevo, ¿no?

-Creo que Michelle Bachelet generó algo así… Quizá es porque Chile es muy presidencialista. Si el Presidente no nos gusta, lo odiamos y lo despreciamos con furia, y si nos gusta nos volvemos totalmente devocionales de ese liderazgo. Uno como observador toma cierta distancia de eso. Creo que lo deberíamos mirar con un poco más de escepticismo, pero claro, algo pasa ahí y hay que observarlo. Tal vez tiene que ver con cómo fueron estos últimos años. 

-¿En qué sentido?

-Pareciera que ha habido una demanda por valorar alguna figura, alguna autoridad política. Y eso también indica un cierto respiro. Esa emoción en la gente, en los niños, me parece muy positiva, pero es una emoción que a veces embarga también a los analistas. A mí me genera el temor de cierta ingenuidad. Hay que tomar distancia crítica en los procesos. Me refiero a mantener una disposición muy lúcida para exigir a las autoridades que estén a la altura de las circunstancias. 

EL NUEVO ELENCO

-Por edad, eres parte de esa generación que ahora llega al gobierno.  ¿Cómo ves la configuración de este nuevo elenco político?

-Los cambios son una oportunidad y quizá puedan gatillar procesos de renovación más amplios. No sólo a nivel de esta izquierda, sino en todo el espectro político. Pero esos cambios no están asegurados. Ese es mi temor. 

-¿Cuál?

-Que a veces se asume que el mero cambio es la mejora, o que la juventud es la mejora, y no son virtudes en sí mismas. Sólo se van a probar en la medida en que empiecen a gobernar y demuestran que son capaces de dirigir el destino del país. Por eso, vuelvo al punto, hay que tener una confianza lúcida frente a lo que va a empezar ahora. Todo está por verse. 

-En ese cambio generacional, la figura de Izkia Siches descolla por lo que hizo en la segunda vuelta y en cómo dio vuelta la votación. ¿Cómo ves su ingreso a este nuevo mapa de la izquierda?

-Es una figura interesante. Fue fundamental en la segunda vuelta, pero ella ya venía con un capital político muy alto. Tiene a su favor que es una figura libre de los partidos, más autónoma. Y eso es algo que conecta mucho con una ciudadanía que mira la política con cierta distancia. Izkia es pura empatía ciudadana. Y algo más: ella entendió muy rápido lo que había pasado en la derrota de Boric en primera vuelta.

«A veces se asume que el mero cambio es la mejora, o que la juventud es la mejora, y no son virtudes en sí mismas. Sólo se van a probar en la medida en que empiecen a gobernar y demuestran que son capaces de dirigir el destino del país».

-¿Leyó mejor que otros?

-Es la primera que empieza a echar a andar el cambio de discurso de Boric. Detectó primero que nadie de ese mundo que algo se le estaba escapando a esta nueva izquierda que supuestamente era la dueña de la sensibilidad post-estallido. 

-¿A Boric le suma tenerla cerca para afianzar más la conexión con la ciudadanía? 

-Es evidente que Izkia tiene un arrastre que es imposible no aprovechar políticamente para empezar este gobierno. Eso es muy importante porque, como decía, hay mucho enojo, recelo y distancia con la política. Es esa paciencia colmada de la que se habla y que se centra en todas las instituciones y figuras tradicionales. Entonces, obviamente, hay que aprovechar esos liderazgos con carisma que permiten ir relegitimando la política. 

EL EJE ORDEN Y SEGURIDAD

-¿Cuáles son las pruebas de fuego para Boric? Él ha dicho que la seguridad será prioridad, pero ese tema siempre ha sido incómodo para la izquierda. Sobre todo para una generación que se constituyó en la calle, ¿no? 

-Esa va ser una primera prueba de fuego muy importante. El problema del orden y la seguridad tomó gran protagonismo en su campaña de segunda vuelta. De hecho, yo creo que explica bastante la subida que tuvo Boric. No es la única variable, pero obviamente influyó en su triunfo. El eje de seguridad era una fuga de votos para él y lo incorporó a último minuto. Hay que ver cómo logra traducirlo ahora en su apuesta política. Eso va a mostrarse en el nombramiento que haga en el ministerio del Interior y en las subsecretaría.

-¿Esa es la señal?

-Claro, porque eso tiene directa relación con Carabineros, que para ningún gobierno es una tarea fácil. Y para el gobierno de Boric no lo será tampoco. ¿Cómo limas asperezas, cómo generas confianza? Él necesita estrechar esa relación. Es un brazo fundamental del Estado y cualquier esfuerzo de reforma, pasa por generar confianza. 

Josefina Araos en conversación con The Clinic

-Tema clave, entonces…

-Muy clave. El manejo de la violencia tiene miles de variantes. Nosotros la relacionamos con la vinculada a lo que queda del estallido, de las protestas de los viernes. Pero tiene que ver con narcotráfico, que ya sabemos es una inquietud muy fuerte en las personas. Tiene que ver con el tema migratorio, que es un conflicto que ha ido en aumento. Y sobre todo, tiene muchísimo que ver con la Araucanía. Todo eso requiere una agenda muy concreta.

-¿El manejo de esos temas podría abrir una fisura en la misma izquierda? Me refiero  a cómo generas orden para combatir la violencia sin que los tuyos lo vean como una traición…

-… Y en que además tienes que tomar en tus manos el poder represivo del Estado. Eso es muy difícil siempre. Por eso pienso que es una tarea delicadísima. Y el mundo de Boric en particular, tiene muchas dificultades con esta dimensión… Hay dificultades para hablar de la represión, que es terrible, es brutal, a nadie le gusta, pero es un brazo fundamental del Estado que si no es capaz de ejercerlo con eficacia y legitimidad, no podrá ser capaz de fijar las condiciones mínimas para que opere el Estado de Derecho.

LA SEÑAL DE MODERACIÓN

-O sea, ¿Gabriel Boric tendrá que consolidar la línea de la moderación que desplegó en la segunda vuelta de la carrera presidencial?

-Yo creo que sí… Aunque tanto él como su entorno han dicho que no hay dos Boric. Pero es evidente que sí hubo un cambio al menos en su relato, en su disposición, en su lenguaje, en los símbolos que aparecieron. Empezó a hablar de seguridad, mostró la bandera chilena. Se tuvo que juntar con esa madre que pierde a su hijo por una bala loca. Tuvo que incorporar esos términos y es una buena noticia, pero ahora hay que ver cómo se traduce en el gobierno.  

-¿Será que la palabra moderación resulta incómoda para un sector?

-Puede ser, pero al menos mi demanda de moderación y de gradualidad en Boric se la haría a cualquiera que hubiera asumido el poder. No tiene que ver con pedirle que renuncie a su ideario, sino a una disposición por tener mucho cuidado y construir grandes acuerdos. Aquí nadie ha terminado de leer lo que quiere esta ciudadanía. Ni siquiera los que se suponían eran los «receptores naturales» de este nuevo ciclo político. De hecho, ellos mismos tuvieron que cambiar muchas cosas en dos semanas para poder ganar como ganaron. 

-¿Tu recomendación es que Boric debe gobernar con cuidado?

-Sí. Creo que hay que ir con mucho cuidado y construir grandes acuerdos que le den a las personas certezas, calma, tranquilidad y no aumentar la vulnerabilidad, la precariedad en tiempos difíciles, como los que se vienen. Esa es la forma de asegurar el apoyo de grandes mayorías que parecen ser tan cambiantes, porque no sabemos bien qué las está movilizando. Eso es lo que exige ir con mucho cuidado. 

-Probablemente, Boric tendrá tormentas con su propia coalición política. ¿Cómo crees que va a ser ese empalme con el PC y otros sectores de izquierda?

-Es otro de los desafíos del nuevo gobierno. Siempre se dice que va a depender de cuánta fuerza le dé al PC. Ese puede ser un eje importante, pero yo creo que no es sólo cuánto espacio le dé al PC, sino a qué personas concretas de ese mundo.

«Nadie ha terminado de leer lo que quiere esta ciudadanía. Ni siquiera los que se suponían eran los «receptores naturales» de este nuevo ciclo político. De hecho, ellos mismos tuvieron que cambiar muchas cosas en dos semanas para poder ganar como ganaron».

-¿Camila Vallejos no es lo mismo que Juan Andrés Lagos, por ejemplo? 

-…Ni es Daniel Jadue. Entonces, dependerá de los nombres concretos, pero efectivamente Gabriel Boric tiene dificultades en su entorno. Eso se prueba cuando él firma solo el acuerdo de noviembre del 2019. Además, tiene un mundo que trata de cocina cualquier esfuerzo de negociación o de conversación hacia otros sectores. Y aquí se requieren acuerdos transversales. Otra de las dificultades de Boric es la relación con los movimientos sociales y con las versiones más vociferantes. 

-¿En qué sentido?

-En que no puedes tener la misma relación cuando eres líder de un movimiento en la universidad a cuando estás en el poder. Ahora también tiene que escuchar a esa ciudadanía que no está en las calles y que también tiene demandas o que está cansada de la violencia. En fin, hay todo un elenco de cosas que ahora que asumen el gobierno van a ser difíciles de administrar.

¿Y LA DERECHA?

-La contratapa de esta historia es lo que pase en la derecha. ¿Qué tipo de oposición debieran ser? 

-Bueno, es que también en la derecha, todo está por verse. Más allá de los vaivenes electorales, en que la derecha partió muy mal el año con la Convención Constitucional, lo termina harto mejor con la elección parlamentaria. Parece que no estaba tan muerta, pero es evidente que la derecha queda en una posición difícil después del estallido social. 

-El tránsito de la derecha post-estallido, termina por hacer aterrizar a Kast. ¿Qué habría que leer ahí? 

-Creo que Kast termina imponiéndose por dos razones. Una, porque esa derecha post estallido no termina de articularse. Pero también por el abandono general de la política a esta demanda que agarra fuertemente Kast, y que tiene que ver con el orden y la seguridad. Kast la agarra, pero de ahí en adelante no logra un proyecto político sólido. Pero conecta, claramente, con la gente y eso le permite un chispazo. 

-¿Y qué dirías que representa Kast para la derecha?

-De alguna manera, representaba una derecha que creía que lo que había pasado en octubre era más una renuncia al modelo, al ideario tradicional de derecha. Pero no veían la crítica de una sociedad que dejaron de interpretar y de estudiar. Eso resume lo que le pasó a la derecha con el estallido. Los sorprende, pero hace mucho rato que había dejado de entender a esta sociedad.

-¿Esa derecha todavía no quiere ver?  

-Sí hay voces que están haciendo el esfuerzo de entender qué pasó en la sociedad. Pero ciertamente la derecha tiene que hacer un proceso de revisión, de crítica, de renovación que les permita tener algo para ofrecerle a Chile. Esa es la gran pregunta: ¿qué tiene la derecha para ofrecer al país post-estallido? 

-¿Y qué podría ofrecer?

-No lo sé. Ojalá tenga algo por el bien del país. Creo que es importante que las sociedades tengan todas las miradas y propuestas posibles. 

-El sociólogo Carlos Ruiz advertía que era importante saber con qué oposición va a gobernar Boric. A su juicio, apareció una derecha cavernaria que podría complicar su gestión…

-No me gusta el concepto de cavernario. En alguna medida, Kast representó ese mundo desgastado y reivindicador de la herencia de la dictadura. Pero yo creo que ese mundo del Partido Republicano es una nueva derecha.

«Ciertamente la derecha tiene que hacer un proceso de revisión, de crítica, de renovación que les permita tener algo para ofrecerle a Chile. Esa es la gran pregunta: ¿qué tiene la derecha para ofrecer al país post-estallido?».

-¿ Y que ya no tiene pie en el pasado?

-Más que el pasado, mi impresión es que ese mundo republicano es una nueva derecha y que puede ser muy difícil. Es un sector que trata de imitar las lógicas de cierta derecha en Estados Unidos. Es una derecha muy identitaria y que aparece como un espejo de cierta izquierda. Es una derecha que reacciona de manera incorrecta, provocativa y da la sensación que sólo quiere radicalizar los términos de estos conflictos. No es demasiado positiva. Pero es una nueva lógica. Probablemente, se va a sumar al movimiento antidelincuencia, que está aumentando. O va a jugar con el tema migratorio. Es una derecha que va leyendo los conflictos que están presentes en la sociedad y que, en general, son desoídos, desatendidos… 

-¿Y eso podría hacerle difícil la vida al nuevo gobierno? 

-Creo que sí. Y la clave se juega en mirar los propios puntos ciegos. O sea, tomarse muy en serio el aumento de las percepciones de conflicto, el tema de seguridad, del narcotráfico, de las demandas por medidas radicales para la migración, en fin… Ahí hay una clave para contener esta derecha que le preocupa tanto a Carlos Ruiz y que vimos con Trump. No hay que denunciar que esa derecha existe, sino poner en evidencia a esos grupos, pero insisto: esto pasa por tomarse en serio las demandas que esos grupos más radicales, que no nos gustan, logran captar. En general, son demandas desoídas y que las elites dejan de lado. 

-¿Quién crees que va a ser la real oposición de Boric: el mundo empresarial, el Congreso, la ciudadanía o la misma izquierda?

-El mundo empresarial es pragmático. En la medida que les den señales de certidumbre, va a haber disposición para colaborar. Hoy las cosas se juegan más en lo que pasa en la relación con el Congreso y con los distintos poderes. Por ejemplo, con una Convención Constitucional que tiene que cuidar mucho su autonomía y cuidarse de que el plebiscito no sea una ocasión para aprobar o desaprobar el nuevo gobierno. Boric también tendrá que lidiar con su propio mundo. Puede tener una oposición muy difícil en su propia coalición y, por cierto, con la gente. Hoy la ciudadanía es muy activa, está enojada, cambiante. Kathya Araujo decía en la presentación de un estudio del COES que es «una ciudadanía infiel». Yo pienso que la ciudadanía exige ahora que los políticos no se vuelvan a volcar sobre sí mismos. No quiere una política ensimismada.

-En ese sentido, ¿qué cristaliza Boric? 

-Es el primer gobierno post estallido. A Boric le toca liderar, junto con la Convención, el trabajo de rehabilitación de la política. También de dejar fuera a la violencia como una herramienta necesaria o legítima para resolver nuestros conflictos. Es un trabajo de joyería, que le exige mucha humildad. Debe entenderse como un gobierno de transición, como un gobierno que inicia cosas, pero que sabe que necesita asentar las bases y los acuerdos para que, ojalá, los que vengan estén dispuestos a seguir echando a andar los procesos que él inicie. Eso exige ir con mucho cuidado. En el fondo, a Boric le toca sumarse a este proceso mayor de rehabilitación de nuestra política.

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