Secciones

The Clinic Newsletters

Más en The Clinic

The Clinic Newsletters
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Cine & Series

28 de enero de 2022

Columna de Yenny Cáceres: Fragmentos de una mujer

Leda, la protagonista de "The Lost Daughter", no es esa mujer sola y sin amarras que se nos presenta al inicio. Con flashbacks, se muestra que es madre de dos hijas, a las que tuvo cuando era una veinteañera y recién comenzaba su carrera académica: una mujer sobrepasada por la crianza de sus pequeñas.

Por

Días atrás conocí a una mujer, socióloga, con un importante cargo en una universidad, que estuvo durante cinco años haciendo su doctorado en París. Tuvo a su hija allá y, después de los atentados a Charlie Hebdo, con su marido, que también estaba cursando un doctorado, decidieron volver a Chile. Me contó que aún no  terminaba su doctorado, porque a su regreso encontró inmediatamente trabajo y no había parado. Su marido, ahora exmarido, en cambio, sí terminó su doctorado.

A mí me pareció una mujer admirable que, con una hija pequeña y separada, había conseguido alcanzar un alto puesto en el competitivo mundo universitario. Pero ella me contó su historia con mucha vergüenza, con esa culpa que arrastramos las mujeres al equilibrar el cuidado de los hijos con el desarrollo de una carrera profesional. De todo eso habla The Lost Daughter, la película de Maggie Gyllenhaal que, pese a que se estrenó a fines del 2021 en Netflix, se convirtió en una de las películas más comentadas de este verano.

Me contó su historia con mucha vergüenza, con esa culpa que arrastramos las mujeres al equilibrar el cuidado de los hijos con el desarrollo de una carrera profesional. De todo eso habla The Lost Daughter, la película de Maggie Gyllenhaal.

En la cinta, Olivia Colman interpreta a Leda, una profesora de Literatura, ya cerca de los 50 años, que llega sola a pasar sus vacaciones a una isla en Grecia. Eso, que parecía el relato de unas vacaciones ideales, poco a poco se empieza a resquebrajar cuando se cruza en la playa con una joven madre, Nina (Dakota Johnson), junto a su pequeña hija y un familión entrometido y bullicioso, que parece inquietar y obsesionar a Leda más allá de lo razonable.

Luego, el relato se volverá más explítico, con una serie de flashbacks que nos muestran que Leda no es esa mujer sola y sin amarras que se nos presentó al inicio. Leda es madre de dos hijas, a las que tuvo cuando era una veinteañera y recién comenzaba con su carrera académica. Esa Leda joven (Jessie Buckley) se ve sobrepasada por la crianza de sus hijas pequeñas, y en un momento decide dejar a su marido y a sus hijas.

Maggie Gyllenhaal es parte de mi altar de actrices favoritas. Fue capaz de rozar la perversidad en La secretaria (2002) –el rol que la hizo conocida–, demostró que se puede ser más que una cara bonita incluso en una película de superhéroes, como The Dark Knight (2008) –el mejor Batman que se ha filmado–, y tuvo el arrojo de participar en la serie The Deuce (2017-2019), en el papel de una madre soltera, que de prostituta se lanzaba a dirigir películas porno en un decadente Nueva York de los años 70. Este papel justamente la animó a dar el salto para ponerse tras las cámaras.

Gyllenhaal, que viene de una familia de artistas, siempre estiró los límites. Así como The Deuce, en que además fue productora, era una serie sobre el rol de las mujeres en un mundo misógino y patriarcal, en su debut como directora eligió adaptar la novela homónima de Elena Ferrante, con una mujer nuevamente como el motor de toda la historia. En The Lost Daughter, Gyllenhaal filma con sutileza el descenso de Leda hacia ese pasado que la incomoda, y retrata sin anestesia las complejidades que encierra la maternidad.

En su debut como directora eligió adaptar la novela homónima de Elena Ferrante, con una mujer nuevamente como el motor de toda la historia. En The Lost Daughter, Gyllenhaal filma con sutileza el descenso de Leda hacia ese pasado que la incomoda, y retrata sin anestesia las complejidades que encierra la maternidad.

Esa pasión que desató la película en las redes sociales es porque todas hemos sido alguna vez Olivia Colman. Porque, ¿qué es eso de una mujer qué se toma vacaciones sola? ¿O que va al cine sola? Eso siempre genera sospecha. Al ser mujer siempre estamos sometidas al escrutinio público. Justo hace un año, otra película, Fragmentos de una mujer (2020), mostraba con valentía a lo que se enfrenta una mujer que perdía a su hijo en el parto. Y qué decir del agobio de la maternidad.

Todas hemos querido huir alguna vez. Escapar, dejar todo atrás, porque la maternidad es una carrera contra el tiempo, sin respiro.

Aunque el final de la película no me convence del todo –tiene un tufillo a Netflix, a final feliz con respuestas para todo–, The Lost Daughter nos remece porque llega justo después de dos años de pandemia en que las mujeres hemos visto con horror la desigual distribución de los cuidados de niños y personas mayores. Debo confesar: siento envidia y rabia por cada uno de los libros escritos y publicados en pandemia por hombres. O de los afortunados que terminaron sus doctorados o de los que consiguieron ascender en su trabajo. En muchos casos, detrás de cada doctorado, de cada libro, de cada ascenso, hay una mujer que postergó su carrera. O, en el caso contrario, hay una mujer que, pese a sus éxitos, vive calladamente con su culpa.

Todas hemos querido huir alguna vez. Escapar, dejar todo atrás, porque la maternidad es una carrera contra el tiempo, sin respiro.

*Yenny Cáceres. Periodista y autora del libro Los años chilenos de Raúl Ruiz (Catalonia-Periodismo UDP), ganador del Premio Escrituras de la Memoria 2020.

Notas relacionadas

Deja tu comentario