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28 de enero de 2022

Marialy Rivas: “Las directoras de cine debemos retratar también a los hombres e instalar nuevos puntos de vista sobre la masculinidad”

Marialy Rivas

La cineasta viajará en las próximas semanas a Estados Unidos para dirigir dos capítulos de la serie "Perry Mason" de HBO. Vivirá allá cuatro meses junto a su esposa, la productora argentina Sofía Castells. A diez años de "Joven y alocada", su primera y premiada película, Marialy Rivas hace un alto para hablar de su nueva madurez, la batalla de su mujer contra el cáncer y los futuros rumbos de su carrera. Analiza además el escenario político actual y los efectos del Me Too en el cine chileno.

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El año pasado fue turbulento y de desplazamientos internos para Marialy Rivas. Incluso en pandemia, otra ola parecía aún más difícil de sortear: a su esposa, la productora de cine argentina Sofía Castells, le detectaron un cáncer sincrónico de ovario y endometrio. Son pareja desde hace cuatro años y en 2019 celebraron su Acuerdo de Unión Civil, viven juntas, tienen dos gatos y comparten además el amor por el cine. La directora chilena acababa de terminar de grabar «La Jauría 2» y a contar de ese momento las vidas de ambas se volcaron al tratamiento y la posterior recuperación de Sofía. Recién hace unas semanas, el 21 de diciembre, se casaron en una ceremonia en Córdoba, Argentina.

“Hoy ella está súper bien, pero el proceso puede ser muy oscuro y uno se lo replantea todo”, dice la cineasta chilena a The Clinic. “Siempre sabes que vas a morir, pero cuando pasas más cerca de la muerte te das cuenta de que todos esos clichés que siempre oíste eran ciertos y que siempre debes estar aprovechando, agradeciendo y nunca olvidándote de que cada día es un regalo. Son clichés de los clichés pero encierran verdades, y hoy, después de todo lo que pasó, las dos estamos experimentando todo con mucho agradecimiento”, agrega.

Marialy cuenta que actualmente está escribiendo una trilogía de películas para una plataforma de streaming y, con menos apuro, un cuarto guion más autoral y de largo aliento. Cuenta también que, por primera vez en veinte años, desde noviembre pasado dejó de trabajar por el momento en publicidad, su principal fuente de ingresos. Se encargó de poner casi todo lo demás en pausa y de despejar la mesa de trabajo para enfocarse en su más próximo regreso al set tras dirigir «La Jauría 2» el año pasado.

“Siempre sabes que vas a morir, pero cuando pasas más cerca de la muerte te das cuenta de que todos esos clichés que siempre oíste eran ciertos y que siempre debes estar aprovechando, agradeciendo y nunca olvidándote de que cada día es un regalo«, dice la cineasta.

La directora de las películas «Joven y alocada» y «Princesita» acaba de ser anunciada, junto a otros tres directores, para dirigir dos episodios cada uno de la segunda temporada de «Perry Mason», el exitoso remake del drama de época y detectives que la CBS emitió entre 1957 y 1966. Reflotado hace dos años en una nueva producción a cargo de de HBO y el actor Robert Downey Jr., en las próximas semanas comenzarán en Estados Unidos los rodajes de los ocho nuevos episodios. Dos de ellos los dirigirá Marialy Rivas. 

El desafío es múltiple y acaso el mayor de su carrera. Le tocará no sólo meterse en la mente, el traje y hasta en los zapatos del célebre abogado criminalista que sacudió a la televisión gringa del siglo pasado, y que actualmente interpreta el actor Matthew Rhys («The Americans»). Será también su primer trabajo en Estados Unidos y su incursión en la principal industria internacional del streaming. A las ansias y vértigos propios de los regresos al set, dice la directora a The Clinic en videollamada desde su departamento en Santiago, esta vez se suman los de una nueva posibilidad de vida fuera de Chile.

“Nos vamos a vivir cuatro meses a Estados Unidos, que es lo que dura el trabajo allá. Y bueno, eventualmente si sale más trabajo, allá se verá, pero de momento son estos primeros cuatro meses y estoy muy expectante. Tengo la suerte de que mi esposa me puede acompañar, porque ella también trabaja remoto, y estamos las dos muy emocionadas por esta oportunidad de tener una nueva vida. Pienso en la expectación que provoca el gobierno de Gabriel Boric; lo vemos lleno de posibilidades y con mucho optimismo. Con esta oportunidad de trabajo tengo la misma sensación”, comenta.

-¿Cómo se te presentó esta oportunidad?

-Yo tengo agentes gringos de una empresa bastante reconocida en Estados Unidos, ACM. Llegué a ellos después de hacer «La Jauría 1». Ellos me contactaron y lo que hacen es buscar oportunidades de trabajo para ti. Me ofrecen como directora y las corporaciones y sus showrunners -los encargados de contenido- deciden si les interesa trabajar conmigo o no. En otros casos las pegas llegan directo y dicen que quieren que yo las dirija. Es una mezcla. Ellos movieron la posibilidad de hacer «Perry Mason». Pasé por un proceso de selección, un par de entrevistas y reuniones, fui avanzando y quedé. El proceso completo tomó unos dos meses.

-¿Tenías algún vínculo con la serie o el personaje?

-No, no la había visto. La miré cuando supe de esta posibilidad y cuando quedé entré de lleno en ella. Me gusta mucho estudiar y soy bien obsesiva. Cuando descubrí que se trataba del remake de la serie famosa de los 50 y 60, me di cuenta de que alguna vez había visto parte de la serie o al menos imágenes, porque el protagonista, que era muy famoso en esa época (el fallecido actor Raymond Burr), era gay y tuvo que vivir en el closet toda su vida para mantener su carrera a flote. Lo vi en un documental que se llama «The Celluloid Closet» («El cine prohibido», de 1995) y ahí hice la conexión, pero la serie no estaba en mi radar. Por eso estoy estudiando la época en que sucede, haciendo una rápida inmersión en todo lo que significaba la serie, y también en el género, que es el noir. He tenido una sobredosis de clásicos del género. Mi esposa además es una amante y una lectora ávida de Raymond Chandler, que es el gran escritor de novela negra, así que ella también se ha involucrado mucho en mi proceso de investigación.

«Estoy estudiando la época en que sucede, haciendo una rápida inmersión en todo lo que significaba la serie, y también en el género, que es el noir. He tenido una sobredosis de clásicos del género».

-Tus películas están protagonizadas y cuentan historias de mujeres, y aquí te enfrentas al retrato de un hombre de traje, corbata y sombrero. ¿Implica un cambio de mirada para ti en el proceso?

Es curioso. Hace años dirigí un corto que se llama «Blokes» (de 2010 y estrenado en Cannes) y era sobre un niño gay basado en un cuento de Pedro Lemebel. Cuando llegaba a los festivales me decían: «bah, creíamos que iba a ser un director hombre«. Yo me preguntaba por qué. Sentía que esa historia, a pesar de tratarse de un hombre, hablaba mucho de mí también. Ese niño viviendo en dictadura y que tenía que reprimir su homosexualidad, también era yo. Si bien las miradas y experiencias de un hombre y una mujer en el mundo son distintas, igual todos somos ante todo personas. Y, en algún punto, creo que logro comprender los arcos emocionales y lo que le pasa a Perry Mason. En la serie hay también otros personajes que me interesan mucho. Su secretaria es lesbiana y hay un policía que es afroamericano, y a los productores de la serie les interesaba que hubiera miradas diversas para contar esa historia. Siento que así como los directores hombres siguen, hasta hoy, contando historias de mujeres y poniendo sus puntos de vista, las directoras debemos retratar también a los hombres e instalar nuestros propios puntos de vista sobre la masculinidad. No hay problema en hacerlo, el problema es cuando los discursos se vuelven hegemónicos, pero la mirada distinta siempre es necesaria. Y las mujeres podemos contar también y abrir otras lecturas al universo de los hombres. Y sí, implica un cambio total, y definitivamente es una montaña rusa a la que me quiero subir. 

En términos profesionales, ¿qué significa para tu carrera enfrentarte a un desafío como éste?

Todavía no lo sé, porque va a depender de muchos factores. Si todo sale bien, se podría abrir una puerta a la televisión premium y a producciones más ambiciosas, y de mucha calidad factura además. Tengo la suerte de que mi primer trabajo en Estados Unidos y en esa industria sea por la puerta ancha, y viene el desafío de hacer bien la pega. Ha sido mi ética siempre: creo mucho en el trabajo, soy muy trabajadora y trabajólica incluso. Lo traigo de familia. Yo nací en Talcahuano, mis papás fueron los primeros en ir a la universidad de sus familias, porque la universidad era gratis, y siempre supe que uno tiene que trabajar porque se puede acabar la pega. Le tengo un terror profundo a la pobreza, y por eso trabajo como trabajo. Y además, porque tu actual pega es la puerta a las siguientes. No puedes parar. Tengo la suerte de trabajar y hacer lo que amo profundamente, porque si no sería una tragedia (ríe). Yo he grabado antes publicidad en Estados Unidos y en general los equipos trabajan más lento, pero yo soy precavida y dos semanas antes voy a estar allá mirando cómo sucede todo en el set. Voy a prepararme lo que más pueda, porque en los rodajes muchas cosas pueden salir mal y hay que estar alerta. Me siento como una deportista que se prepara para ir a las olimpiadas. Estoy entrenando a full para dar lo mejor de mí sin pensar en qué lugar voy a llegar.

«Yo nací en Talcahuano, mis papás fueron los primeros en ir a la universidad de sus familias, porque la universidad era gratis, y siempre supe que uno tiene que trabajar porque se puede acabar la pega. Le tengo un terror profundo a la pobreza, y por eso trabajo como trabajo»

Reconciliada con Chile

Las redes sociales le parecen agobiantes y un lugar extraño e incómodo, asegura. “A veces twitteo algo que prende y es muy estresante. Ahí me frikeo y alejo de las redes, porque no las entiendo. Siento que no pertenezco ahí. Sí las uso mucho para informarme, pero la pienso dos veces antes de publicar algo, sobre todo si es un comentario político”, dice Marialy Rivas.

-¿Qué lectura haces de los últimos años, desde el estallido social hasta la elección de Gabriel Boric?

-Voy a hacer una comparación con el cine. Durante el estallido reviví mucho lo que vi en «La batalla de Chile»; una sociedad involucrada políticamente y consciente de las herramientas democráticas para llevar el destino de Chile hacia adonde queramos. Es el momento exacto en que nos encontramos y me da mucha esperanza este aire nuevo. Pero también, y como buena hija de la dictadura, temo siempre que los poderes fácticos de este país, que mal se hacen llamar patriotas, no dejen avanzar al nuevo gobierno. Este país es muy pequeño y las fortunas están en manos de muy pocas familias, siempre de derecha, y si quieren frenar al país pueden hacerlo. Ya lo han hecho antes y espero que no vuelva a suceder. Aún nos gobiernan los más ricos y siempre tengo eso muy presente. Aun así siento mucha esperanza en lo que viene. Va a ser lindo y distinto ver a un profesor en el Ministerio de Educación, o a una climatóloga en el de Medio Ambiente. Que haya más nombramientos en base a los méritos y competencias de cada ministra o ministro en lugar de amiguismos o cuoteos políticos, eso ya es radical y habla de un nuevo orden que se abre con este nuevo gobierno. Lo mismo las 14 ministras. Habrá que defender mucho a este gobierno. Aún somos una masa que vota al 60-40 y Boric tendrá que gobernar para todos. Es como si Chile tuviera dos almas y eso complejiza todo. Si no eres capaz de dialogar y hacer acuerdos, hay ingobernabilidad, pero confío en que el nuevo presidente tiene y hará uso de esa capacidad.

«Este país es muy pequeño y las fortunas están en manos de muy pocas familias, siempre de derecha, y si quieren frenar al país pueden hacerlo. Ya lo han hecho antes y espero que no vuelva a suceder. Aún nos gobiernan los más ricos y siempre tengo eso muy presente. Aun así siento mucha esperanza en lo que viene»

-Años atrás dijiste que tenías una relación de amor-odio con Chile. ¿Reconciliaste esa relación?

-Sí. Igual eso que dije tuvo mucho que ver también con mi homosexualidad. A mí no me gustaba toda esa opresión y el peso de la homofobia que había acá, y me los saqué cuando viví en Estados Unidos y después en España. Fue el trabajo el que me trajo de vuelta a Chile cuando me vine a Fábula, pero nunca pensé en hacer hogar aquí. Nunca me compré un departamento ni ahorré en las AFP. Siempre pensé que me iba a volver a ir. Yo vivo en este mismo departamento en Santiago que arriendo hace 18 años, y siempre pensé: ¿Por qué no puede uno vivir en un hotel o en un lugar distinto siempre?, ¿por qué hay que tener casa? Todo me era muy incómodo. Ahora es al revés: cuando estoy afuera, siempre quiero estar en casa. Hoy estoy más consciente de cuán unido está uno a su país. Tu país es tú mismo, en cierta manera, y cuando resuelves cosas con tu país de origen, resuelves cosas contigo mismo y creces. Y ahora, que se está abriendo de nuevo para mí la posibilidad de volver a salir por tiempos largos a Estados Unidos y México, con mi mujer nos interesa tener una residencia de base acá. Yo soy muy apegada a mi familia y no me imagino estar lejos de ellos. Antes no tenía esta sensación. Es cierto que antes arranqué y estaba en contra de Chile, de todas sus represiones y conservadurismos, pero ya no lo siento así. Lo siento como un espacio conocido, seguro y donde me gusta estar. Me interesa mucho también su destino y formar parte de él.

¿Cómo defines este momento de tu vida en el plano personal?

-Como uno excelente. Estoy con una persona que amo profundamente y con la que entendí el sentido de familia que no fuera mi familia nuclear. Para mí la familia siempre fueron sólo mis papás, mis hermanos, mis sobrinos. Yo fui bien polola y de relaciones largas, pero sólo desde que estoy con la Sofi supe que esto sienten otros cuando empiezan a hacer sus propias vidas con alguien y sus propias familias. Ella es mi familia también ahora y es un espacio de contención absoluto y lleno de cosas hermosas. Tengo toda la suerte de que toda mi familia está sana, de que mi mujer está sana de su cáncer; más agradecida no puedo estar.

-¿Les gustaría tener hijos?

-Yo siempre quise y pensé que los iba a tener. Vengo de una familia grande y de padres hippies que tuvieron seis hijos de puro hippies que son, hoy tengo cinco sobrinos y siempre he sentido el peso de esta cultura familiar dedicada a los niños y a la familia. Tuve una novia en Perú que tuvo un hijo, yo me enamoré de ese niño y él decía que yo era su mamá chilena. Siempre me han gustado mucho los niños y los sé tratar, a veces mucho mejor que a las personas adultas. Y cuando conocí a Sofi, yo le dije que quería tener un hijo y ella contestó: pero bueno, tenlo tú. Recién ahí me di cuenta de que yo en mi cabeza había estructurado muy patriarcalmente la pareja siempre.

-No querías embarazarte.

-Yo contaba con tener a mi lado a una mujer que tuviera a nuestro hijo, y nunca me lo cuestioné mucho más. Incluso decía: obvio, yo puedo seguir trabajando durante el embarazo, porque claro, no quería embarazarme. Nunca fue opción. Y cuando Sofi me confrontó por esto, vi que yo tenía una expectativa súper fuera de lugar. Renuncié a tener hijos cuando derribé esa imagen patriarcal que yo misma tenía de las parejas, y así resolvimos ser siempre las tías favoritas (ríe). Hoy tengo 45 años y tener guagua no sería poca cosa. Estoy en otra y tendría que darle más vueltas.

«Renuncié a tener hijos cuando derribé esa imagen patriarcal que yo misma tenía de las parejas, y así resolvimos ser siempre las tías favoritas (ríe). Hoy tengo 45 años y tener guagua no sería poca cosa. Estoy en otra y le tendría que darle más vueltas»

“Esta película ya no me pertenece”

Estrenada en 2012 y basada en el blog de la escritora Camila Gutiérrez, «Joven y alocada» trajo viento fresco al cine chileno de la época al contar historias y retratar personajes LGBT en búsqueda de su identidad y sus propias definiciones. Fue su primera película, y puso a Marialy Rivas en el mapa del cine internacional al recibir premios en los festivales de Sundance, San Sebastián y Toulouse, y al centro de una virtuosa generación de creadores chilenos encabezada, entre otros, por Sebastián Lelio y Pablo Larraín.

En 2018, el filme -que hoy cumple diez años- fue programado en una retrospectiva de cine queer de un festival en Nueva York y tuvo una concurrida función en una sala de cine a la que asistió también su directora

«Joven y alocada» (2012)

“Yo tengo muy, pero muy mala memoria y hacía años que no la veía. Me gustó, y ese día, mientras la estaba viendo, sentí como si no la hubiera dirigido yo y cuestioné incluso varias decisiones formales que probablemente hoy no tomaría. Pensé: esta película ya no me pertenece, está muy fuera de mí. Yo soy otra también hoy”, comenta. “Hace poco se reestrenó también en México y mucha gente me ha escrito agradeciéndome por la película. Veo que aún sigue ayudando a personas de la comunidad, que es lo que más sucedió cuando se estrenó aquí hace diez años y me llegaban cientos de mensajes por Facebook. Para mí, eso es lo más bonito que puede suceder con una película tuya: sentir que ayuda a otros”.

¿Cómo crees que ha pasado el tiempo sobre la película, sigue igual de fresca para ti?

-Siento que ha resistido muy bien frente al paso del tiempo. Hay decisiones estilísticas que tomé que aún se ven muy actuales y osadas incluso. Lo que hice fue darle forma al blog y podíamos ver, por ejemplo, a los posteadores como hoy vemos las pantallas de Zoom. Eso no existía o no se había visto. Tuve la suerte de colaborar con gente con mucho talento para ir encontrando un lenguaje que logró ver hacia el futuro. «Joven y alocada» fue arriesgada y controvertida en varios aspectos hace diez años, y considero que todavía se siente fresca y que pertenece a esta época, a pesar de cómo han ido cambiando tan radicalmente las formas de pensar y de comunicarnos. Este era otro país, y diez años es mucho tiempo.

«‘Joven y alocada’ fue arriesgada y controvertida en varios aspectos hace diez años, y considero que todavía se siente fresca y que pertenece a esta época, a pesar de cómo han ido cambiando tan radicalmente las formas de pensar y de comunicarnos»

-¿Han cambiado desde entonces los retratos de mujeres en el cine?

-Ese tipo de mujer que es el personaje de Alicia, la protagonista de «Joven y alocada», todavía sigue siendo cuestionado socialmente. Es una mujer a la que le gusta tirar, básicamente, muy práctica, independiente y que tiene sus oscuridades también. Todavía no se retrata mucho a las mujeres así. Con la ola del feminismo vino un tipo de películas en que las mujeres eran perfectas, muy empoderadas y arquetípicas, más que duales y contradictorias. Y siento que eso sigue sosteniendo también esa película, que amo. Fue mi primer largo y lo pasé muy bien haciéndolo. Todo fue un hermoso viaje y lo sigue siendo.

-Con esa película tomaste inmediatamente la bandera de la diversidad como una directora abiertamente lesbiana. Hablábamos antes del actor de «Perry Mason», que se pasó la vida en el closet intentando no sacrificar su carrera. ¿Tuvo costos para ti estar tan afuera del closet en este medio?

-Cuando empecé a trabajar pasaba por heterosexual. Encima soy rubia y de ojitos claros, más piola pasaba. Yo partí dirigiendo publicidad en el 2000, cuando no había mujeres directoras, y nunca tuve problemas hasta cuando me hice un poco más conocida y sabían quién era. Algunos siguieron trabajando conmigo y otros no. Decían que yo era “rara” porque no se atrevían a decir lesbiana. En el cine, en cambio, sí hay mucha más diversidad y apertura aunque igual me ha pasado que algunos hombres me han dicho: «ya po, si igual le daríai un beso o te acostaríai con un loco». Y yo: obvio que no, no me gustan. Pasa que los hombres no se sienten violentados ni cuestionados con las lesbianas cuya expresión de género es femenina, como en mi caso, porque caes justamente dentro del espacio de la fantasía. Eso puede ser tan desagradable como que dejen de trabajar contigo por ser quien eres. Yo sé que soy lesbiana desde que tenía 5 años y crecí en dictadura, cuando todo lo que se escuchaba era homofóbico. Me acuerdo que un día estaba sonando una canción en la radio y que mi mamá dijo que Sandra Mihanovic y Celeste Carballo eran pololas. Yo era chica y te juro que sentí que se me movía el piso. Por primera vez supe que esto que sentía existía fuera de mí y que yo no era un marciano. Fue muy significativo para mí.

Continúa Marialy: «Tengo la suerte de venir de una familia bastante progresista y no homofóbica también, pero sé que no a todos les toca esa vida. Yo siento una responsabilidad con todes les niñes de la comunidad LGBT, porque sé cuánto se sufre y el alivio que da ver a alguien que sabes que es como tú y que se casó y es feliz y le va bien en su trabajo. Hace cinco años soy embajadora de una ONG que se llama Free The Work, que busca abrir espacios para mujeres y disidencias en el cine. Es necesario abrir cada vez más esos espacios, y si puedo contribuir a eso, no me voy a restar aunque haya gente que no quiera trabajar más conmigo. Es cosa de ellos».

«Joven y alocada» (2012)

-Después del movimiento Me Too y la ola feminista, ¿percibiste cambios en los set de rodaje y las prácticas de trabajo al interior del cine?

-Sí, ha habido un cambio grande y hermoso. Yo partí haciendo publicidad en el año 2002 y te diría que los equipos eran 87% hombres y el resto mujeres, y en el cine no era muy distinto. En el set te topabas a mujeres a veces como directoras de arte, asistentes de dirección, maquilladoras o vestuaristas. Esos eran los únicos cargos que teníamos y a los que podíamos aspirar. Veinte años después, los equipos son casi todos paritarios y hay mujeres en todos los equipos; eléctricas, camarógrafas, foquistas, sonidistas y muchas directoras también. Llevo 20 años dirigiendo publicidad y en mis equipos siempre ha habido mujeres en los cargos de dirección. A veces llegábamos a reuniones con clientes, casi todos hombres por cierto, y todos sorprendidos de que fuéramos sólo mujeres. Y es que en realidad era raro, porque no las había. Hace cinco años soy embajadora en Chile de Free The Work, y en ese tiempo aún había muchas menos directoras. No ha pasado tanto tiempo aún y hoy afortunadamente somos más. Estar hoy en sets y que la mitad de las personas que hay allí sean mujeres, es otra manera de habitar el trabajo.

-¿Qué une, a tu parecer, a la generación de cineastas a la que perteneces?

-Nosotros tuvimos grandes cineastas en los 60, los cuales en su mayoría fueron asesinados o exiliados. Se cerraron las escuelas de cine incluso. La dictadura trató de hundir al cine y a otras artes con mucho ahínco. Fue cuando apareció mi generación, donde están (Sebastián) Lelio, Pablo (Larraín), (Cristián) Jiménez, Alicia Scherson, el AFA (Alejandro Fernández Almendras) cuando se pudo reconectar toda esa red subterránea. La dictadura mató y exilió a quienes deberían haber sido nuestros maestros y quienes debieron mostrarnos un camino del cine. Nos dejaron sin referentes, pero no lograron exterminarnos. Algunos productores extranjeros me han dicho que el cine chileno es darky y nostálgico, y es difícil verlo cuando estás adentro. Yo pienso que más bien somos muy diversos, y aunque eso parezca contradictorio, nos une. Ves cine argentino, por ejemplo, y más allá de si bueno o malo a mí me pasa que veo siempre más de lo mismo. Todos filman parecido, las historias y tonos son similares. En cambio acá es súper amplio el registro. Para ser un país tan chiquito y con tan bajo apoyo gubernamental para el cine, es súper interesante que cohabitemos aquí tantas voces y miradas. Yo soy muy optimista; quiero ver el cine de la generación que ahora tiene 30, el de las disidencias. Cada uno crea su propia caligrafía, su propio universo, y eso instala a Chile como un país interesante y diverso, porque así somos: un pedazo de tierra cada vez más diverso.

«La dictadura mató y exilió a quienes deberían haber sido nuestros maestros y quienes debieron mostrarnos un camino del cine. Nos dejaron sin referentes, pero no lograron exterminarnos. Algunos productores extranjeros me han dicho que el cine chileno es darky y nostálgico, y es difícil verlo cuando estás adentro»

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