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21 de febrero de 2022

Cristián Monckeberg: “La izquierda es la llamada a conducir esta Convención; y hasta el minuto de conducción ha habido poco»

Andrés Aguayo

Tras una semana que la derecha preferiría olvidar, el convencional RN Cristián Monckeberg trata de mantenerse con la cabeza fría. En medio de “estados de reflexión” de algunos constituyentes de su sector, provocados por las primeras normas constitucionales aprobadas, él se queda con que el debate aún no termina y que las normas pueden ser perfeccionadas. “El pleno dio una señal a la Convención de moderar su propuesta”, dice. Consciente de que son minoría en este organismo, habla de la responsabilidad de la mayoría de izquierda: "Todo ese sueño de una nueva Constitución, la propia izquierda se lo está farreando si no lo conduce de buena manera”.

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Cristián Monckeberg mira el vaso medio lleno… por ahora. En esto, se distancia de otros convencionales de su sector, quienes tras una semana negra para la derecha en la Convención pusieron el grito en el cielo acusando que, con las normas constitucionales que han sido aprobadas en el pleno, el país irá directo al despeñadero.

“Con lo aprobado se termina el Poder Judicial como contrapeso del poder político. Y Chile se suma a Venezuela: dos países que tendrían ‘Sistemas de Justicia’ en vez de Poder Judicial”, tuiteó la convencional Marcela Cubillos luego de la primera jornada de votación en general, en donde el pleno deliberó sobre el primer informe de la comisión de Sistemas de Justicia.

Monckeberg, quien desde el inicio del proceso constituyente ha sido apuntado como uno de los convencionales más dialogantes de la derecha, ve con buenos ojos que se hayan aprobado artículos como el que establece la paridad de género en los tribunales, o la norma —que volvió a su comisión de origen— que vela por el pluralismo jurídico.

“El sistema justicia indígena, a mí me parece muy positivo que se produzca, pero hay que hacerlo bien”, afirma Monckeberg tras una semana en la que personeros de la derecha, como Pablo Longueira o el convencional UDI Eduardo Cretton, comenzaron a sugerir la idea de buscar una salida alternativa al proceso constituyente, al margen del Apruebo o Rechazo de salida. Lo cual podría materializarse en una tercera papeleta o una eventual conformación de otra Convención Constitucional.

Con todo, uno de los ejemplos que mejor grafica el presente de la derecha al interior del órgano, es el “estado de reflexión”, respecto a su permanencia en el proceso, en el que se declararon algunos convencionales del sector, como la convencional Carol Bown (UDI), quien señaló que el ánimo del resto de los convencionales “no es hacer una Constitución que nos una, sino que pasar máquina y dividir a los chilenos”.

En medio de esas aguas turbulentas, Cristián Monckeberg conversa con The Clinic.

-Y usted, ¿está en estado de reflexión?

-Yo estoy en un permanente estado de reflexión. Pero reflexión para que la propuesta de Constitución sea lo más razonable posible. Reflexionar, trabajar, pensar, acordar, dialogar. Para eso se nos eligió y nos queda poquito tiempo para poder entregar una propuesta de Constitución. Toda la energía nuestra debe estar puesta en ese sentido. Lo demás es música.

-¿Qué opina del otro estado de reflexión que trascendió de parte de algunos convencionales de Chile Vamos la semana pasada?

-Yo no me hago cargo de las conclusiones que vayan sacando diferentes constituyentes en torno al proceso. Lo que hay que hacer hoy día es concentrarnos en el trabajo en comisiones, en lograr que la propuesta de Constitución sea lo más razonable posible y entregarla en tiempo para que la ciudadanía evalúe.

“Nadie hizo campaña pensando en que íbamos a trabajar para que no tuviéramos Constitución, ni pensando en estados de reflexión. Todos hicimos campaña para sacar adelante una propuesta, para desplegar nuestros sueños y los anhelos ciudadanos, en esta nueva Constitución. Y, por lo tanto, concentrémonos en eso. Esa es mi opinión. No veo que sea muy eficiente distraernos de esa labor que ya es bastante cuesta arriba. Requiere de mucho estudio, preparación, mucha empatía, mucho diálogo, escuchar harto. Yo sigo concentrado en eso”.

«Nadie hizo campaña pensando en que íbamos a trabajar para que no tuviéramos Constitución».

-Ya están los primeros artículos que integrarán la propuesta de Nueva Constitución ¿Qué lectura hace de esta primera semana de votaciones en el pleno?

-Desde el punto de vista administrativo y formal: diez puntos. Porque realmente esta semana empezó a tomar forma la Convención en lo que dice relación con sacar adelante la pega, tener una nueva Constitución. Todo lo demás fue preparación, trabajo, comisiones, pero ahora ya se empieza a cortar el queque. Ha habido una participación altísima en el debate, creo que es muy bueno, y en eso no coincido con algunos como Agustín Squella, que dice que hay que acotar el debate. Yo creo que al debate hay que darle rienda suelta. Hay que tomarse el tiempo que sea necesario.

“Ahora, desde el punto de vista de las decisiones, hay unas que comparto y otras que no. Pero esa es la democracia y cada uno tiene el número de votos para poder influir en ese proyecto de Constitución que se está elaborando. Y finalmente va a ser la ciudadanía la que va a decidir”.

-¿Qué opina del sistema de justicia que se empezó a dibujar esta semana?

-Mira, lo que pasa es que el sistema de justicia que se está dibujando, a mi juicio, tiene que cumplir con un par de objetivos fundamentales. Uno: que sea autónomo, independiente, y que no dependa de otros poderes políticos, más allá de sus nombramientos o de la generación de los jueces. Que la toma de decisión de los jueces y la administración de justicia sean autónomos e independientes, es clave para un sistema democrático. En alguna medida, al principio yo vi amenazada esa independencia y esa autonomía.

-¿Ahora no?

-Ahora menos. No está resuelto, pero con las votaciones que hemos tenido, muchos de esos artículos que atentaban contra la autonomía y la independencia se han visto disminuidos, como el hecho de que un juez dure un plazo determinado en sus funciones. Todavía hay normas que hay que resolver, como por ejemplo esa comisión que va a evaluar a los jueces con el próximo presidente de la República en su funcionamiento para ver si siguen o no siguen. No hay nada más antidemocrático que una decisión de ese tipo.

«Yo estoy en un permanente estado de reflexión».

-Habló de un par de objetivos fundamentales que debe cumplir el sistema de justicia. ¿Cuál sería el otro?

-Lo otro que para mi juicio es importante es que la justicia responda al clamor ciudadano de que cuando vaya a un tribunal vea que se está haciendo justicia respecto de su inquietud y del planteamiento que está haciendo. Y eso hay que trabajarlo mucho más todavía. La gratuidad apunta en esa línea. Creo que la paridad es novedosa para el Poder Judicial, pero es muy necesaria, y hay que partir de la base de algo muy claro: el Poder Judicial es de aquellas instituciones que menos se ha reformado en nuestros más de doscientos años de vida independiente. Por lo tanto, requería una revisión importante y hoy está siendo objeto de esa revisión.

“Y termino con un punto: el sistema justicia indígena, a mí me parece muy positivo que se produzca, pero hay que hacerlo bien y eso es importante, porque no quiero quedarme con la primera frase. El hacerlo bien significa que tiene que estar dentro de la estructura del Poder Judicial. Vale decir, así como hay justicia laboral y de familia, también puede haber justicia indígena con los requisitos que se establezcan”.

¿Y cómo se concilia eso con el proyecto actual que se va a revisar? ¿De qué forma estaría usted dispuesto a aprobar la coexistencia de dos sistemas de justicia: uno nacional, el otro indígena?

-El proyecto actual, que se rechazó en particular, tiene un problema que es complejo: pone en un mismo pie de igualdad y en paralelo la justicia indígena versus la justicia del resto de los chilenos. Y eso atenta contra la eficiencia y contra un sistema jerarquizado y uniforme dentro del país. Lo que yo creo que debería ocurrir es que dentro de la estructura del poder judicial haya un área para los pueblos indígenas. Me parece muy razonable, pero dentro de la jerarquía del Poder Judicial.

“Vale decir, si el tribunal indígena, o como quiera llamársele, resuelve una materia en un determinado sentido, quienes están ahí puedan apelar, y que finalmente sea una sola corte, la Corte Suprema, en la conformación que decidiremos en su minuto, la que decida y tome la palabra final. Tal como ocurre en los demás tipos de justicia que se administran en nuestro país”.

«El sistema justicia indígena, a mí me parece muy positivo que se produzca, pero hay que hacerlo bien».

-A la luz de las votaciones de esta semana, ¿Cree que está empezando a haber mayor moderación en la Convención?

-Sí, lo que pasa es que en materia de Justicia y Poder Judicial, las buenas decisiones cruzan lo político. Y por eso se ven votaciones donde votos nuestros coinciden con los del Partido Comunista. Porque la justicia, para que sea objetiva, eficiente y autónoma, tiene que cumplir con ciertos principios, y yo creo que eso es lo que se está viendo en las últimas votaciones: moderar la propuesta inicial, que atentaba contra esa necesaria autonomía del Poder Judicial.

“El pleno, hasta el minuto, dio una señal a la Convención de moderar su propuesta y de mejorarla sustancialmente en temas que son relevantes. Sobre todo en aquellos que atentaban contra la autonomía de las decisiones de los jueces y contra la autonomía del Poder Judicial. Hay otros temas que para mí son súper novedosos y muy necesarios, como la paridad en el Poder Judicial. Le van a hacer muy bien al Poder Judicial los cambios institucionales que no se produjeron y que se deberían haber producido y que se resistieron”.

-¿No comparte las alarmas de otros convencionales de derecha que miraron preocupados las votaciones porque, según ellos, se estaría buscando refundar Chile?

-No. Lo que pasa es que la primera jornada de votación era en general, entonces muchos votaron en la lógica de “yo estoy dispuesto a debatir esa materia, pero no me gusta cómo está en detalle”. Y el jueves, en la segunda tanda de votaciones, cuando ya entramos en la discusión en particular, uno empieza a ver cierta moderación en las indicaciones y en el rechazo de muchas normas que volvieron a la comisión.

“No está todo zanjado, a lo mejor en tres semanas más te voy a decir que la Convención volvió a insistir en los mismos errores. Pero hasta el minuto creo que fue una señal de moderación del pleno. Evidentemente hay cosas novedosas, pero, creo que el pleno dio cuenta de señales de moderación a la comisión para que corrija lo que enviaron en su primer informe”.

«El pleno, hasta el minuto, dio una señal a la Convención de moderar su propuesta y de mejorarla sustancialmente».

-¿En qué pie queda Chile Vamos después de esa primera semana de votaciones, donde sólo fue aprobada una de las indicaciones que ustedes hicieron?

-No tiene mucha diferencia de lo que ha ocurrido permanentemente. Nosotros somos minoría… minoría en la Convención. Hago expresa mención a eso porque si vamos al Congreso o a las votaciones a nivel nacional, representamos a más del 40%. Y eso lo digo porque muchos de la izquierda de los que están en la Convención piensan que van a gobernar con mayoría por los próximos treinta o cuarenta años y se equivocan radicalmente. Y ahí surgen errores que llevan a que en la Convención se tomen decisiones que lo único que van a hacer es postergar el debate constitucional más allá del plebiscito si es que siguen en actitudes de ese tipo.

“Pero en cuanto a nuestro sector, mira, cuando uno es minoría hay que hacer lo que buenamente uno puede desde el punto de vista conceptual, del trabajo en las comisiones y también desde el punto de vista comunicacional. Pero no veo nada muy distinto a lo que ha ocurrido toda la Convención: una izquierda imponiendo sus términos, ninguneándonos, que le ha costado generar liderazgos internos para conducir la Convención de buena manera; y un sector nuestro en un inicio abatido, golpeado por el resultado de las elecciones y tratando de hacer de la mejor manera posible un trabajo que para nosotros es complejo porque somos una minoría y nos tratan como tal y se nos hace cuesta arriba”.

-¿Qué opciones le quedan a la derecha? ¿Se puede comenzar a incidir en el debate a estas alturas, o están resignados a quedar relegados fuera de éste?

-A nosotros nos encantaría incidir mucho más en el debate, porque creo que en materia constitucional hay muchos argumentos que exceden y que cruzan lo político, pero lamentablemente hay una suerte de permanente ninguneo y rechazo a nuestras propuestas. Todo lo que venga de nuestro lado o no se mira o se mira con ojos de desconfianza. Entonces eso complejiza mucho el debate. Vamos a tratar de seguir incidiendo en el debate, pero la minoría nuestra no da ni siquiera para alcanzar el tercio. Eso hace bien difícil tener alguna incidencia.

“Por eso, lo he dicho permanentemente: la izquierda es la llamada a conducir esta Convención, y hasta el minuto, creo que de conducción ha habido poco. Y todo ese sueño de una nueva Constitución la propia izquierda se lo está farreando si es que no lo conduce de buena manera”.

«Le van a hacer muy bien al Poder Judicial los cambios institucionales que no se produjerony que se deberían haber producido».

-¿Y no cree que la semana de votación mostró más coordinación entre las izquierdas de la Convención?

-No sé si coordinación. Yo creo que sentido de sobrevivencia. Van a gobernar en quince días más y no les queda otra que ponerse de acuerdo. Pero yo no sé si haya mucha convicción en lo que están votando mayoritariamente. Yo creo que hay más bien dudas en si son correctas las decisiones que están tomando como propuesta constitucional. Yo creo que la verdadera izquierda apareció mucho más en las votaciones en particular, donde hay muchos artículos que se fueron rechazando porque no hay convencimiento de que sean normas que beneficien a la propuesta constitucional.

-¿Cuáles son las siguientes grandes batallas de la derecha al interior de la Convención?

-El gran desafío nuestro es tener una Constitución lo más razonable posible. Y no digo razonablemente buena, sino lo más razonable posible. Y soy de los que creen que el capítulo constitucional hay que cerrarlo, y cerrarlo bien. Porque no sirve de nada sacar adelante una propuesta de Constitución que se apruebe en el plebiscito, y al día siguiente todo nuestro sector esté trabajando para cambiar esa Constitución. Eso significaría repetir el mismo error de la Constitución del 80: una Constitución que hicieron unos pocos, con una mayoría circunstancial en este caso, y en ese minuto con el poder total. Y lo único que hizo fue generar un debate permanente hasta que se llegó a esta etapa. Repetir esa situación es perder el tiempo. Entonces, nuestros esfuerzos tienen que estar puestos ahí, y la izquierda, que es la mayoritaria, tiene que mirar más allá de la contingencia, del ombligo, y mirar el desafío constitucional hacia los próximos cien años.

“En lo específico, en cada una de las comisiones tener la mejor propuesta y lo más razonable posible. En el caso mío, en la comisión de Sistema Político, ojalá proponer una forma de gobierno con una coordinación entre el ejecutivo y legislativo lo más consensuada posible dentro de la comisión. Hasta el minuto ha sido complejo, sobre todo en el Poder Legislativo, pero creo que se va a lograr una propuesta lo más consensuada posible”.

«La verdadera izquierda apareció mucho más en las votaciones en particular, donde hay muchos artículos que se fueron rechazando porque no hay convencimiento de que sean normas que beneficien a la propuesta constitucional».

-¿Qué postura tiene respecto al plan B o “tercera vía” que algunos de su sector, como Pablo Longueira, han propuesto para enfrentar el dilema constitucional?

-Yo creo que el único plan hoy día es trabajar en estos cuatro meses que quedan para que la nueva Constitución salga de la mejor manera posible. Para eso nos eligieron, ése fue el mandato ciudadano. Yo no vi a nadie haciendo campaña ofreciendo un plan B cuando fuimos candidatos a la Convención. A nadie lo vi diciendo “voten por mí para que haya una tercera vía”. Una vez que esté lista la propuesta de Constitución se tomarán las decisiones políticas y ciudadanas en torno a si va a haber un Apruebo o un Rechazo. Pero hoy es música pensar en terceras vías. Porque, además, no pasa por nosotros, pasa por el Congreso. Y por como se ha tratado al Congreso, no creo que estén muy entusiasmados de otorgar nuevo plazo, de generar terceras vías o de reelegir una nueva Convención, como he visto por ahí.

-¿No ve ahora entonces el Rechazo como una posibilidad?

-No, y creo que sería un error garrafal. Pensar en una alternativa de ese tipo cuando hemos tenido dos tandas de votaciones, no sabemos cuál es el texto, es perder el foco. Nadie fue candidato para trabajar por un rechazo en el plebiscito de salida. Al revés, si la opción del rechazo crece como espuma no es mérito de la derecha, es culpa de la izquierda, que no fue capaz de interpretar más allá de sus narices a la ciudadanía que quiere una Constitución lo más amplia posible.

-El convencional Martín Arrau dijo que todos los días se preguntaba qué está haciendo en la Convención. ¿Empatiza con ese cuestionamiento?

-Creo que en muchas ocasiones a muchos de los nuestros se nos ha ninguneado, a algunos en mayor profundidad que a otros. Nuestras propuestas no se toman en mucha consideración. Ahora, también hay que poner de nuestra parte y hacer esfuerzos por dialogar, tener habilidades blandas, recoger las propuestas del resto. No entender que las propuestas de la izquierda son pésimas y las nuestras una maravilla. Y lograr ciertos consensos.

“Pero sí, yo creo que la izquierda podría hacer un esfuerzo mucho mayor por incorporar en el debate a quienes pensamos distinto. Y no solamente nos ocurre a nosotros, sino que también a muchos de los integrantes de la Lista del Apruebo, es cosa de conversar con Agustín Squella, Felipe Harboe o Andrés Cruz del Partido Socialista. Yo los he escuchado que están totalmente ausentes de la toma de decisiones porque la izquierda que va cortando el queque no los incorpora”.

“Creo que esas actitudes generan un error garrafal, porque eso puede llevar a pensar que tengamos una nueva Constitución que la ciudadanía la apruebe por un margen estrecho, y eso lo único que va provocar es que el debate constitucional no se cierre. Y todo ese grupo político que dejaste fuera del debate va a trabajar desde el día uno en cambiar lo que se confeccionó. Y eso no le hace bien al país”.

«En muchas ocasiones a muchos de los nuestros se nos ha ninguneado, a algunos en mayor profundidad que a otros. Nuestras propuestas no se toman en mucha consideración».

-¿Y crees que hay sectores de Chile Vamos que deberían hacer un mea culpa por tomar una posición más atrincherada?

-Al principio hubo cierto grado de temores, desconfianzas, pero yo soy muy objetivo en eso: todos los que estamos en la coalición de Chile Vamos desde un tiempo a esta parte hemos intentado dialogar, hemos presentado nuestras propuestas, que a lo mejor no les gustan, y hemos intentado incidir en el debate. Yo no he visto en el trabajo de comisiones de los últimos dos meses un atrincheramiento, sino más bien ganas de dialogar, de participar, de asistir a las comisiones, presentación de indicaciones, y lo que he visto es que nos escuchan poco. Inicialmente sí hubo desconfianza, atrincheramiento, molestia, discusión y debate político contingente. Pero hoy día, donde entramos en el debate de fondo, yo no he visto esa actitud. Lo que pasa es que no se nos escucha mayormente.

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