Si Leonardo Farkas tiene asesores, y esos asesores lo aconsejaron en ajustar la suma que donaría a la Teletón, entonces esos asesores deben estar despedidos, o por lo menos se llevaron una puteada mil veces más grande que la billetera del ruliento millonario. Porque donar mil millones gritándolo a los cuatro vientos, alardeando contra todo principio de anonimato que dicta la caridad, diciendo frases tan desafortunadas como “con tal de que mis hijos sean sanos” (en otras palabras: prefiero regalar una fortuna inconmensurable con tal de no tener un hijo discapacitado), recibiendo la frialdad y el desprecio de Mario Kreutzberger como agradecimiento, para luego ver subir al escenario a un tipo quitado de bulla, de sombrero medio huaso medio vaquero, descendiente árabe (Farkas es judío) que sin grandes aspavientos dona otros mil millones, esta vez celebrados por Don Francisco como maná caído del cielo, es para cortarse un coco. O los dos.

José Luis Nazar se llama el jinete pálido que le arruinó la jornada a Farkas. Vive en EEUU hace más de treinta años, es dueño de Lexicon, una empresa de cursos de inglés para inmigrantes (“Inglés sin fronteras”, que tuvo de rostro a Cristián De la Fuente) y todos los años se pone con un dólar por cada asistente al Estadio Nacional en el cierre de la jornada teletónica. Pero esta vez venía recargado. No iba a dejar que un estrafalario aparecido le quitara el cetro de “el más generoso”, en el pervertido concepto de generosidad que promueve la Teletón, y en vez de colaborar con los modestos 80 mil dólares correspondientes, se puso silenciosamente con los mismos mil millones de pesos que minutos antes Farkas gritó desvergonzadamente como marca irrompible.