El año cinematográfico 2009 partió con buen pronóstico. Lo prueba el primer estreno de calidad de la temporada: “Quémese después de leer (Burn after reading), de los hermanos Joel y Ethan Coen.

Había curiosidad por saber lo que harían los Coen luego de conquistar Hollywood con su magistral “Sin lugar para los débiles”. Y pocos pensaron, probablemente, que su nuevo filme sería una película de perfil netamente político. “Quémese después de leer” contradice todas las recetas de los grandes estudios, fulmina el maltrecho “sueño americano” y además le pone la lápida a la administración Bush.

Porque, antes que todo, ésta es una ácida despedida a los EE.UU. de George W. Bush. Por si quedara alguna duda, la acción se sitúa en la capital, Washington DC, y entre los personajes que cruzan la pantalla hay agentes de la CIA, alusiones tristes al FBI, un creciente y sombrío perfume a Guerra Fría y un ambiente de pocas luces a todo nivel, que repercute en la sensación general de que estamos frente a una cinta protagonizada por auténticos idiotas. Sin embargo, si miramos la película más en detalle, veremos que el único personaje realmente descerebrado de la historia es Chad Feldheimer (Brad Pitt, divertidísimo), personal trainer en un gimnasio donde también trabaja, como administrativa de casi nula autoestima, Linda Litzke (una descomunal Frances McDormand). Ambos, tan necesitados de dinero como de un buen consejo, encuentran por casualidad un CD con información confidencial que involucra al ex agente de la CIA Osbourne Cox (John Malkovich, sólido). Se forman entonces dos líneas de relato que corren paralelas, que atentan directamente contra la teoría del conflicto central (esa odiosa fórmula que opone a protagonista y antagonista y hace que todas las películas de Hollywood sean iguales). El filme tampoco posee una estructura tradicional ni embellece a los galanes del elenco, por lo que el espectador siente que pierde pie y pasa por más de un desconcierto. Más aún cuando alrededor de estos tres personajes ya nombrados circulan varios otros, como el adicto al sexo casual (George Clooney), su esposa escritora (Elizabeth Marvel) y su amante (la tremenda Tilda Swinton), más sus respectivos cómplices de infidelidades.

Lo interesante es que en esta ronda de equívocos y extravíos afloran temas de fondo sicológico, como la soledad que se suple con citasvía internet,las falsas ideas de éxito rápido, la paranoia acechante de estos tiempos y la falta de aceptación de las propias carencias, que conduce a que ninguno de los protagonistas pueda establecer una auténtica comunicación con la persona que tiene al lado. Los Coen describen aquí un vértigo de afectos superficiales y mentirosos, como si esa misma sociedad que busca con urgencia respuestas sencillas en best-sellers como “El secreto”no fuera capaz de darse cuenta ni
por un segundo de nada con verdadero sentido emocional.

Lo bueno de “Quémese después de leer” es que ninguno de estos conceptos está expresado de forma retórica. El arte de los Coen, cineastas talentosos ya suficientemente maduros, pasa antes por la puesta en escena y el montaje que por los diálogos. Es impecable la forma en que avanza la narración a dos bandas y cómo, al entrelazarse, hace aflorar nuevas ideas al tiempo que intensifica el humor; cómo una situación (los autos que espían las acciones de los personajes) cambian de significado durante la cinta, y, sobre todo, cómo una serie de situaciones independientes y descabelladas llegan a formar un retrato social tan contemporáneo como corrosivo.

Quémese desPués de leer
dirección: joel coen y ethan coen
ee.uu., 2008
mayores de 14