Le preguntamos a Jaime Bayly si le parece cierta y fundamentada la acusación de espionaje que el gobierno de Alan García le hace a Chile. Además, le pedimos su opinión sobre la demanda de Perú contra Chile en La Haya.

-Alan García ha hecho populismo y demagogia con el tema del espía. Si capturaron a un espía peruano, debió reunirse en privado con la presidenta Bachelet, contarle el caso, darle las pruebas y pedirle que ella investigase discretamente el asunto para saber quién había contratado al espía, quién le pagaba. Pero lanzar la acusación en la cumbre de la APEC y luego cancelar una reunión con la señora Bachelet fue un acto calculado para hacer escándalo (que además parecía sugerir que la propia señora Bachelet había contratado al espía o sabía del espía, lo que no es para nada seguro y me resulta a mí bastante inverosímil: lo más probable es que algún militar chileno contrató al espía, sin que el gobierno estuviera al tanto de ello) y, sobre todo, para ganar popularidad en Perú, donde todo el que agita el fantasma del chileno enemigo queda como un héroe popular.
-Alan García ha dicho cosas absolutamente deleznables e indefendibles: que como había un espía (peruano) vendiendo información a algún chileno, entonces Chile “es una republiqueta”. Ha dicho también que “sólo espían los países débiles y acomplejados”. Ha dicho que “espiar no es digno de un gobierno democrático”. Todo esto es pura demagogia barata. Los países más poderosos del mundo (comenzando por Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, España, Rusia e Israel) espían todo el tiempo, sistemáticamente, a sus enemigos y a veces también a sus amigos. ¿Se atrevería a decir el deslenguado señor García que los Estados Unidos son “una republiqueta” porque tiene miles de espías de la CIA agazapados por todo el mundo, incluyendo seguramente el Perú? Por otra parte, es una necedad decir que los países que espían no son democráticos y son débiles y acomplejados. Espían los países fuertes y democráticos como espían los países menos fuertes y dictatoriales.
-Es comprensible que Chile vea con preocupación y recelo a Bolivia y Perú. Bolivia exige una salida al mar, la devolución de los territorios perdidos en la guerra del Pacífico. Perú ha puesto en entredicho los límites y los ha llevado a una corte internacional. No hace mucho, el entonces jefe del Ejército de Perú declaró que “chileno que entra a Perú, regresa en bolsa o en cajón, pero no sale vivo”. Uno de los candidatos presidenciales, Ollanta Humala, es agresivamente antichileno y podría ser presidente de Perú el 2011. Por lo tanto, es comprensible y razonable que si Chile tiene vecinos hostiles (que eventualmente pueden llegar a tener presidentes mucho más peligrosos que García: ese general peruano que quería matar chilenos también quiere postularse), tome la precaución de comprar armas para preservar una supremacía militar sobre esos vecinos y eventualmente quiera saber cuáles son los planes militares de esos países.
-El señor Alan García se ha escandalizado porque los peruanos han pillado a un espía peruano espiando contra el Perú. No debiera escandalizarse tanto. Primero, porque en la campaña electoral de 1989 y 1990, cuando él era presidente y Vargas Llosa candidato y su enemigo, él montó una oficina para espiar telefónicamente a Vargas Llosa y financió un pasquín para difamarlo, Segundo, porque el espía es peruano, es oficial de la Fuera Aérea Peruana, lo que revela que quienes confiaron en él son unos ineptos y que él no estaba calificado para desempeñar esa función de alta confianza. Y tercero, porque el caso del espía no revela, como ha dicho el demagogo de García, que Chile es “una republiqueta, un país débil y acomplejado”: lo que revela en todo caso es que la Fuerza Aérea Peruana es lo bastante desorganizada e incompetente como para que algún extranjero le contrate espías a precio módico.
-Mi conclusión de este incidente es la siguiente: tanto en el tema de los límites marítimos, como en el tema del espía, el señor Alan García ha demostrado que sigue siendo un demagogo, un populista y un politicastro capaz de cualquier desplante histriónico con tal de ganar simpatías entre los peruanos. No fue un estadista en su primer gobierno: fue un charlatán y un incompetente que dejó al Perú en ruinas (el Perú a fines de su primer gobierno sí que parecía una republiqueta). Y por lo visto recientemente, no ha aprendido todavía a ser un estadista. Porque un estadista hubiera manejado el tema del espía presumiendo la buena fe de la señora Bachelet y no insultando su gobierno y a su país.