A pesar del tiempo y las capas de pintura, las paredes del Estadio aún conservan escritos que los ex presos políticos hicieron con piedras y clavos: canciones de los Beatles, fechas con números romanos, iniciales y lápidas mortuorias. Hace años que se planea hacer un museo. Y en ese proceso han participado desde escultores que hacen cráneos hasta documentalistas, ex presos, arquitectos que hablan en francés y autoridades con miedo. Acá, la historia de las letras que los militares no borraron y que la Concertación no fue capaz de recuperar.
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Las escotillas del Estadio Nacional son ocho accesos que tiene el coliseo para que la gente circule hacia las graderías. Sólo durante septiembre y noviembre del ‘73 aquellos espacios -oscuros y amplios- fueron utilizados como celdas improvisadas por Pinochet. Hoy las fotografías de los ex presos -que fueron alrededor de 12 mil- están en Internet. Se les ve sentados en las graderías, resguardados por militares armados; o agolpados en las rejas de las escotillas, asustados.

Es sábado 9 de octubre y camino por la escotilla 8 junto a un grupo de universitarios invitados por la Agrupación Metropolitana de Ex Presos y Presas Políticas a recorrer el Estadio. En febrero pasado el Consejo de Monumentos Nacionales aprobó el proyecto de museo “Estadio Nacional, Memoria Nacional” presentado por la agrupación, que además de la creación de memoriales, propone otorgarle valor histórico a diez sitios representativos del horror que allí se vivió.

Uno de ellos es la escotilla 8 en cuyas paredes aún hay escritos de los ex-prisioneros políticos. Al fondo, justo en la muralla que da a las graderías, se ve una inscripción en inglés:

HEART BREAKER N3
DONT LET MY DOWN
BEBO 16/IX/73”

Han pasado 37 años y nadie sabe quién fue Bebo. Salvo que mientras esperaba para ser interrogado, torturado, o fusilado sonaba en su cabeza aquella canción de amor inventada por John Lennon. Cuesta descifrar la inscripción. La luz que circula por la escotilla es mezquina y sobre la pared blanca hay rayados futboleros en negro. Después del ‘73 las escotillas volvieron a ser accesos del Estadio. Luciano Rojas, el administrador, dice que antes de considerarse “sitio protegido” la escotilla 8 era ocupada por “Los de Abajo” durante el entretiempo de cada partido. “Iban al baño (cada escotilla tiene uno) y rayaban mucho. Sobre todo durante el ‘97, justo cuando se aprueba la ley de violencia en los estadios”, dice Rojas.

Las paredes fueron desmanchadas y pintadas de nuevo en innumerables ocasiones. Recién se supo por primera vez de los escritos en el documental “Estadio Nacional” de Carmen Luz Parot. En plena entrevista Eduardo Hernández, ex Mapu, vio que las inscripciones seguían ahí.

-Fue increíble su emoción -dice Carmen Luz-. Él era de esas personas que no contaba lo que le había pasado porque no les iban a creer. Ver esos escritos era decir “¿ve que lo que digo es cierto?”.

Al teléfono, la voz de Hernández suena como la de un abuelo. Dice que sus compañeros escribían con piedras, clavos, monedas, e incluso con hebillas de cinturones. No recuerda una escena específica. Pero Fernando Villagrán, periodista, ex preso del Estadio, sí.

-Me acuerdo de un preso brasilero, que estaba a muy mal traer producto de las torturas, y que intentaba, porque no sé si lo logró, marcar desesperadamente algo en un muro.

La agrupación se ha interesado en rescatar esos testimonios y el 2008 contactó a Luciano Escanilla, un restaurador chileno que vive en Suecia desde los setenta. Allá trabaja conservando obras de arte antiguas y quitando grafittis de esculturas callejeras. Escanilla viajó a Chile a recorrer la escotilla 8 y aprovechó de mirar la escotilla 1 donde encontró textos mucho más nítidos: las iniciales RJJ 12 IX 73, el dibujo de una lápida con las iniciales JCTS 16 IX 73 al interior; un pergamino que tiene en el centro una llave de música y la firma SSE 16 IX 73.

Si los militares, realmente, se hubieran preocupado de borrar esas inscripciones- afirma Escanilla- deberían haber reestucado las paredes. En cambio, pintaron apurados por el partido eliminatorio que jugaría Chile con Rusia a principios de noviembre. Algunos prisioneros fueron liberados y el resto trasladados a otros centros de detención. La imagen del gol del “Chamaco” Valdés en un arco vacío es conocida. Rusia jamás llegó “y en vez de censurar para siempre las paredes, la capa de pintura ayudó a conservarlas. Fueron muy ignorantes estos tipos”, se ríe el restaurador.

A la fecha, los únicos escritos que están protegidos son los de la escotilla 8, que integra el proyecto de museo. El resto de las escotillas fueron pintadas producto de la remodelación y nada asegura que las barras bravas no rayen ahí. En un tiempo más la llave de música, o la lápida de la escotilla 1 podrían desaparecer. Para tener registro, Luciano le pidió al escultor Daniel Yáñez que hiciera copia. En la pared de la escotilla 1 Daniel puso una capa de arginato, un material que ocupan los dentistas para hacer moldes de dientes. Daniel además usa el arginato para hacer moldes de cráneo, corazón
y brazo que les vende a los doctores y a los estudiantes de Medicina. Jamás pensó que ese elemento le serviría también para rescatar testimonios históricos de los que ni siquiera sabía.

-Fui en mayo en plena remodelación y los maestros me iban ayudando a encontrar escritos. Algunas rayas eran tiritonas y otros marcaban de manera más profunda -dice el escultor y continúa:- Había uno que escribió su nombre chico y puso una flecha arriba, como diciendo “aquí estoy yo”.

Pero los militares también escribieron. No fue en las paredes ni menos con piedras, recuerda Eduardo Hernández. Fue en la espalda de un preso con un cuchillo. “Recuerdo que decía: “el MIR es vende patria, firmado Chile”.

UNA SOLA PLACA

Luego que Carmen Luz Parot grabó el documental sobre el Estadio, quiso poner una placa recordatoria. Ni ella ni los ex presos que entrevistó podían creer que no existiera una. Le escribió una carta a Arturo Salah -el entonces director de Chiledeportes y actual entrenador de Huachipato- pidiendo autorización. La idea era poner una placa en la Caracola Sur, donde torturaban a los presos y otra en la entrada de Avenida Grecia.

Pero Salah jamás respondió. Y fueron las dirigentas Mireya García y Flor Hernández, de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, quienes la animaron a poner la placa de Grecia sin autorización del gobierno de Ricardo Lagos.

El acto se realizó el 29 de octubre del 2001 justo al mediodía.

-Fue un bajón. Yo decía “¡cómo el gobierno no apoya esto!” y ellas me miraban con cara de que inocente paloma, que huevona –recuerda Parot.

La placa la costeó ella y con un taladro casero el marido de Flor Hernández la instaló en altura para que nadie la sacara o la robara. La poeta Stella Díaz Varín escribió el texto. Los ex presos jamás supieron de la falta de apoyo estatal. Por eso, al finalizar el acto uno de ellos se acercó a Carmen Luz decepcionado y le dijo: “tan pequeña la placa y tan grande el sufrimiento”.

Según el Informe Valech, a lo largo del país existieron 1.132 recintos que fueron ocupados como centros de detención y tortura. De ellos, sólo 12 son monumentos nacionales. El primero en ser declarado fueron Los Hornos de Lonquén en el año ‘96. Luego vendría el 2002 José Domingo Cañas, el Estadio Nacional el 2003 y, posteriormente, Villa Grimaldi, Nido 20, Londres 38, la Casa de Tomás Moro, el Patio 29, el Estadio Víctor Jara, Pisagua y el año pasado, Isla Dawson.

A pesar que la relación entre ciudad y memoria es reciente, ya tiene detractores. Pedro Sabat -el alcalde de Ñuñoa- amenazó con demoler el Estadio meses antes que fuera declarado monumento nacional. Decía que el coliseo estaba a punto de derrumbarse; que era un terreno ideal para hacer edificios. Su petitorio no fue acogido y el 22 de agosto reaccionó en Las Últimas Noticias:

-La declaración de Monumentos Nacionales es tan subjetiva que se le ha dado incluso a sitios eriazos donde supuestamente hubo tortura; por eso, a estas alturas uno puede esperar cualquier cosa. El Estadio Nacional tiene méritos de sobra independiente si fue o no centro de detención.

Sabat ha tenido que convivir con las velatones que desde los noventa se realizan a las afueras del Estadio cada 11 de septiembre. Este año, sin embargo, por primera vez la ceremonia se hizo adentro. Wally Kunstmann, presidenta de la agrupación que desarrolla el proyecto de museo, consiguió los permisos. En ese mar de nuevas butacas rojas unas velas iluminaban 350 graderías de madera. Además de la escotilla 8 donde están los escritos, la agrupación pidió conservar intactas -dos años antes de la remodelación- aquellas graderías donde los ex presos veían al encapuchado del Estadio seleccionar a las próximas víctimas de la tortura. Misma petición hizo para el túnel del velódromo donde se hacían falsos fusilamientos, la Caracola Sur, el camarín 3 y el camarín norte de la piscina, donde estaban las mujeres.

La protección especial impide a los deportistas utilizar aquellas instalaciones. Roland López -ex presidente de la Federación de Tiro con Arco- está en desacuerdo. Ellos entrenan en una cancha cercana al camarín de la piscina, que no tiene baños ni un espacio para guardar sus cosas. Les han robado varias veces. Por eso, el 2008 propuso al Consejo de Monumentos Nacionales darle uso a ese camarín y poner una placa recordatoria. Su petición fue rechazada y todavía cree que ese espacio se está perdiendo.

-Nadie lo visita. Nadie toca la puerta para decir “mire, quiero venir a recordar donde yo estuve recluida”. Si la Esmeralda sale afuera a navegar y también hubo detenidos desaparecidos, ¿por qué ese espacio no se nos puede ceder?

Le explico que las ex presas señalan que una de las paredes externas del camarín era un paredón de fusilamiento; que aún hay un agujero que podría ser de bala. López lo pone en duda:

-Puede ser que hicieran una simulación y se les habrá salido un tiro. Puede haber suposiciones, pero no hechos concretos.

De ahí la importancia del museo, de los escritos de las escotillas, de las pruebas tangibles. Bien lo sabe Santiago Cavieres, ex preso, comunista, escritor y abogado; abuelo de María Música (la estudiante que le lanzó el jarro de agua a la ministra de Educación). Cavieres estuvo recluido en el camarín 3 junto a 18 bolivianos, a quienes un día les avisaron que se los llevaban.

-Nadie sabía para dónde -recuerda Santiago-. Entonces uno de ellos, el poeta Duran Ledger, pidió papel para escribir un poema de despedida. Pero no había papel y yo, que había llegado al Estadio muy caballerito como siempre, saqué el pañuelo que todavía conservaba en el vestón y se lo pasé.

El boliviano escribió con fecha del 9/X/1973:

“Adiós / ya nos vamos / Volveremos al punto de partida de un 11 de septiembre, no / Ya nos vamos hermanos chilenos / que nadie siembre alegrías sobre la sangre caliente de las calles de Santiago / ya nos vamos / de aquí / de este encerrón colectivo dentro de nuestro corazón boliviano dos manos se dan la mano y el hambre hecho dolor abrió una zanja profunda y nuestros pechos hermanos se dan un abrazo de adiós, chilenos y bolivianos”.

Durante todos estos años, Cavieres conservó el pañuelo. Se lo pasó a su esposa antes de ser trasladado a Chacabuco. Hace poco lo donó al Museo de la Memoria. Hoy sólo conserva una fotocopia plastificada.

LA IDEA

En su departamento, Wally Kunstmann- una señora mayor y de pelo rojo- me habla del pañuelo. Dice que el “compañero” fue chueco al no donárselo a su agrupación. Desde el 2002 ella dedica todo su tiempo al Estadio. No estuvo presa ahí, pero gran parte de su agrupación, sí. Por eso, Sebastián Insunza -asesor legal de la entonces diputada Carolina Tohá- y Paula Vergara, periodista; motivados por el documental de Carmen Luz Parot y los escritos de las paredes, la invitaron a una mesa de trabajo para declarar monumento nacional algunos sitios del Estadio.

La mesa fue integrado por ellos, La Funa, Hijos Chile y dos arquitectos jóvenes Marcelo Rodríguez y Claudia Woywood; hijo y nieta respectivamente del arquitecto desaparecido Alejandro Rodríguez. En abril de 2003, informaron al Consejo de Monumentos que trabajaban en la declaratoria del Estadio y también en dos proyectos de museo: el “Museo abierto sitio de Memoria y Homenaje” y el “Museo Educativo por los Derechos Humanos”.

Pero días después, los arquitectos Rodríguez fueron expulsados de la mesa y en mayo de ese año presentaron solos la propuesta formal al Consejo. El 11 de septiembre el Estadio fue declarado monumento nacional a solicitud – según dice en el decreto- “de Doña Claudia Woywood y Don Marcelo Rodríguez, adjuntando informe técnico; quinientas cartas de apoyo, aproximadamente, presentadas por Don Sebastián Insunza en nombre del Comité Proyecto “Estadio Nacional, Memoria Nacional”.

Desde entonces Wally dice que los arquitectos les “robaron el proyecto”.

Pero en casa de los Rodríguez la versión es opuesta. Claudia me saluda con dos besos. Viene llegando de París donde está haciendo un doctorado en urbanismo. Estudió en la Alianza Francesa al igual que el ex asesor de Tohá, Sebastián Insunza, con quien se reencontró a fines de 2002 en un asado de curso; justo cuando unas diligencias judiciales arrojaron que su abuelo había estado en Villa Grimaldi.

-A raíz de eso y también influenciados por el documental de la Carmen Luz pensamos hacer algo con Marcelo en el Estadio y ahí me encontré con Sebastián y quedamos de hacer algo juntos.

Los Rodríguez se abocaron al desarrollo del Museo Abierto; que proponía resguardar algunos sitios del Estadio y ubicar en la antesala de ellos “túneles” que trasladaran al visitante del presente hacia el pasado.

Para Wally los conflictos comenzaron porque los Rodríguez solían desestimar el trabajo del resto del grupo. Marcelo, por su parte, dice que había diferencias porque a ellos les importaba más la difusión del proyecto que la declaratoria en sí. “Se habló de hacer un megaconcierto, de traer a Sting”, dice y Claudia lo interrumpe: “de hacer chapitas con la cara de Pinochet. Ese era el tema que traían a la reunión”.

Los Rodríguez desmienten a Wally diciendo que la idea de declarar el terreno total del Estadio, es decir, las 60 hectáreas, es de ellos, al igual que el Museo Abierto.

Ambos grupos se perdieron de vista hasta que Chiledeportes anunció un rediseño del Estadio que incluía construir su edificio institucional, llenar de parques y lagunas artificiales. El plan conocido como “Parque de los Deportes” fue objetado en un principio por el Consejo de Monumentos porque no incorporaba, entre otras cosas, la protección de los sitios de memoria.

Wally -según dice- “soñó” que la caracola sur y el camarín de la piscina serían demolidos. Ciertamente, hay una cláusula en el decreto respecto a que ambos espacios “se podrán memorizar los graves hechos históricos sucedidos allí, mediante un proyecto de puesta en valor que tendrá como plazo final el 31 de diciembre de 2005”.

Como el Museo Abierto aún no se concretaba, Wally buscó a los asesores de Tohá, pero habían desaparecido del mapa. Ayudada por un arquitecto amigo presentó una propuesta de intervención para ambos espacios. “¡¿Donde estaban los Rodríguez?!”, reclama.

Marcelo dice que ellos estaban conversando con las autoridades para que el Estado asumiera el Museo Abierto. Por eso, el Consejo le pidió que expusiera el proyecto a Chiledeportes.

-Luego nos enteramos que Wally Kunstmann había hecho otra presentación -dice.

Cada proyecto empezó a correr por separado. A Wally la recibió el entonces Ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar, y los Rodríguez fueron contactados por el diputado Tucapel Jiménez, quien presentó un proyecto de ley para la ejecución del Museo Abierto.

-Por primera vez en Chile iba a haber fondos -dice Claudia-, había 100 millones de dólares que eran una combinación de presupuesto del BID, de la SUBDERE.

Pero Wally llegó hasta la Cámara de Diputados a contar su versión. El conflicto se hizo vox populi y antes de seguir adelante con el Museo Abierto, María Luisa Sepúlveda, la asesora de Bachelet en materia de derechos humanos, citó a ambos grupos a una reunión el 2008 para aclarar las cosas.

-La reunión terminó con una ex presa llorando y diciendo “yo estuve en los baños”, ustedes no son nadie para hacer un proyecto en ese lugar” -recuerda Claudia.

Agotados, los Rodríguez se marginaron. Wally, en cambio, presentó el proyecto de museo que fue aprobado recién en febrero de este año. Óscar Acuña, secretario ejecutivo del Consejo de Monumentos, considera que en estos casos es mejor deponer los egos:

-Porque al final ¿qué es lo importante? ¿Qué se ponga en valor el monumento o que digan que la puesta en valor la hice yo? Quien lo haga es una disputa pequeña, que habla de los celos y envidias, que llevan a que no pase nada.

MEMORIA TIMORATA

Pero no sólo el conflicto entre los grupos ha demorado la construcción del museo. Chiledeportes -el dueño del Estadio- jamás ha autorizado formalmente su ejecución. Consultada por el Consejo sobre el proyecto de la agrupación, la última subsecretaria de Bachelet, Marcela González, expresó por escrito en enero de este año que “existía voluntad” de apoyar el proyecto. El “pero” era un plan maestro que está en desarrollo y que contempla futuras obras con motivo de los Juegos Sudamericanos 2014, donde el Estadio es sede.

Esta postura ambigua de Chiledeportes durante los gobiernos de la Concertación es interpretada por los arquitectos Rodríguez como falta de voluntad política. Y para Claudia, el conflicto entre ambos grupos fue la excusa perfecta para disimular aquello.

-Los temas de derechos humanos generan mucho problema en la Concertación y por eso, a mi juicio, ellos deciden seguir con Wally Kunstmann porque es mucho más fácil autorizarlos a que pongan su fotito en su escotillita, que darle una verdadera visibilidad nacional e internacional al tema, como proponía el Museo Abierto -dice.

El arquitecto de la agrupación, Carlos Durán, también critica la actitud timorata de las autoridades: “Nadie se atrevía a cargarse por un proyecto, o por otro. Y ese tema desinfló la fuerza del proyecto”.

El Consejo de Monumentos también es cuestionado por la agrupación. Antes de aprobarles el proyecto -a juicio de Wally-, les pidieron cosas “insólitas”, como un catastro de todos los árboles del Estadio. También consideraron “explícita” la primera propuesta de intervención de José Balmes en la caracola sur, que consistía en siluetas de militares armados. El pintor, finalmente, sólo hará “siluetas”.

Gracia Barrios, por su parte, pintará a principios de diciembre a los ex presos en el túnel del velódromo con frazadas encima, tal y como estaban cuando los amedrentaban con falsos fusilamientos. Los materiales y el vidrio inastillable que cubrirá las pinturas lo donó la administración del Estadio. Mientras que el cierre de las graderías del coliseo -hasta el año pasado al menos- iba a ser puesto por el MOP.

Aún falta resolver como se financiarán para rescatar los escritos, hacer los memoriales y el resto de las intervenciones. Wally dice que ahora con el proyecto aprobado recién podrán buscar financiamiento. Sin embargo, queda negociar la autorización del proyecto con el actual Chiledeportes, que, curiosamente, les permitió hacer el acto del 11 adentro del Estadio y los invitó a la inauguración del renovado coliseo.

-La Concertación pecó de muchos miramientos para escarbar el pasado. Por eso, creo que el Museo de la Memoria no lo merecíamos. Fue casi una imposición de Estado porque la sensibilidad de la gente no está a ese nivel. Precisamente, porque la Concertación no hizo una política al respecto. Más bien trató de sacar el tema de las cabezas de la gente –afirma el arquitecto Durán.

Hay que tener en cuenta que la dictadura borró varias de sus huellas. El ‘89 demolió Villa Grimaldi y a Londres 38 le cambió la numeración. El edificio de Londres 40 fue ocupado por años por el Instituto O’Higginiano, que se resistía a vender. Mismo problema existió con la casa de tortura de la DINA en José Domingo Cañas; que era de Pablo Rochet, el dueño del afamado Castillo del Juguete. Apenas supo que el sitio sería nombrado monumento nacional, el empresario demolió la casa. Pero el gobierno compró Londres y el sitio eriazo de Ñuñoa; que este año inauguró un centro cultural. Laura Moya- de la fundación José Domingo Cañas- cree que si el gobierno hubiera apresurado la compra, la casa aún existiría.

Rescatar la memoria en democracia ha sido complejo. Pero no menos de cómo ha sido en Alemania, o en otros lados. Villa Grimaldi fue el primer sitio de conciencia recuperado en América Latina y Bachelet la primera Presidenta en hacer una visita de Estado a ese lugar.

En un bar de Providencia, tomando unas cervezas, Carolina Aguilera, 36 años, socióloga que trabaja en la Corporación Villa Grimaldi, me explica cómo ha entendido -a pesar de las críticas que comparte- el actuar de la Concertación.

-Me puedo poner en la cabeza de ellos y entender el miedo que tenían. El ‘99 fue el Boinazo, a Pinochet lo tomaron preso en Londres. Y después de la dictadura la gente empezó a portarse bien.

Racionalmente, se puede decir que se debería haber hecho más. Pero en concreto los que gobernaban vieron el horror de cerca y Pinochet seguía siendo el comandante en jefe del Ejército. Esa cuestión no hay que olvidarla nunca.