No ha parado de salir en los medios hace una semana. El proyecto de ley que repone el aborto terapéutico que presentó junto al senador Fulvio Rossi (PS) trajo cola en su sector. Los más talibanes amenazaron con echarla del partido y ella cree que a sus espaldas muchos la llaman “abortista”. Es primera vez que una parlamentaria de la Alianza apoya una propuesta a favor de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. La historia de la periodista Mónica Pérez que a las 14 semanas de embarazo supo que su hijo no iba a nacer y tuvo que tenerlo por 5 semanas más en su vientre, la impactó. Tal vez sea la nueva derecha o los 20 años de carrete en el Congreso, pero Matthei -pese a que la Iglesia o algunos UDI o RN no lo quieran escuchar- no cree que el Estado deba obligar a la madre a seguir con el embarazo cuando pone en peligro su vida o en caso que el feto sea inviable: “Ella tiene derecho a decidir”, dice.

¿Cuando surge su preocupación por el aborto terapéutico?

Yo venía hablando de esto hace unos diez años con médicos católicos. Les preguntaba a ellos qué pasaba cuando la vida de la madre embarazada estaba en peligro, si se actuaba para salvarla o no. Y todos me decían que cuando la vida de la madre está en peligro tú debes salvarla y si al hacerlo muere el feto, esto no se considera aborto. Eso yo lo sabía hace rato, pero sentía que sólo los médicos con una gran formación ética se atrevían a actuar, mientras que la mayoría se abstiene o duda. Y aunque es obvio que se debe actuar, en ninguna parte de la ley sale que cuando la mujer está en peligro de muerte el médico debe salvarla aunque ello signifique la muerte del feto. Y la primera parte del proyecto deja establecido eso.

Usted ha mencionado que eso ya lo había dicho el Papa Pío XII.

Lo dijo hace 60 años. (Saca un papel y lee:) “Si la vida de la futura madre exige una operación quirúrgica u otro tratamiento médico que puede tener como efecto secundario, de ninguna manera querido o procurado, pero inevitable la muerte del feto, en este caso este acto no puede caer bajo la denominación “de ataque directo de la vida inocente”, con estas condiciones puede permitirse la operación como otras operaciones médicas semejantes, presumiendo siempre que un bien de gran valor como es la vida está en peligro y no es posible esperar a que nazca el niño ni emplear otro remedio efectivo… (deja el papel y retoma)”. ¡Esto hace 60 años que está aceptado por la Iglesia Católica!

Pero fue su hija, que estudia Medicina, quien le comentó que hay mujeres que sostienen embarazos hasta el final donde los fetos no tienen cerebro.

Efectivamente, me enteré por conversaciones con mi hija que pasó a segundo año de Medicina. Ella me dijo “¿cómo es esto que cuando los niños vienen sin cerebro hay que tenerlos hasta el final?”. Y yo le dije “¡¡¡Qué!!!”, porque pensaba que se abortaban, espontáneamente. Entonces, me mostró láminas y me causó mucha preocupación porque hace 20 años, cuando fui electa diputada, me involucré en la ley de transplante de órganos, donde dice que un adulto que tiene muerte encefálica es considerado muerto. Entonces, me pregunté: ¿por qué un feto que no trae cerebro no es considerado muerto? Para mí ese niño está muerto y la madre con su organismo lo está manteniendo con vida artificial. Fue ahí cuando empecé a pensar no puede ser que sigamos con este tipo de normas y de leyes, cuando en realidad el feto no es viable y no tiene forma alguna de vida. Entonces, vino lo de Mónica Pérez y ese fue el impulso para decir “ya, esto se acabó”.

Es impactante cuando Mónica Pérez cuenta que su hija le tocaba la guata y el hermano estaba muerto. Y ella no sabía qué decir. ¿Por qué a los pro vida ese tipo de historias no los conmueven?

A mí me molesta mucho ese término “pro vida” porque yo también estoy por la vida. Creo que esa gente no quiere que se discuta el tema de la interrupción del embarazo porque temen que tú empieces por casos muy puntuales y termines con una interrupción del embarazo que lo pueda tener cualquiera cuando quiera. La preocupación principal de ellos debe ser esa. Porque la verdad que los dos casos que nosotros planteamos con el senador Rossi son tan obvios, que no puedo creer que una persona razonable pueda oponerse a ellos.

¿Usted también perdió una guagua?

Sí, pero eso es algo común y corriente, que a mucha gente le pasa. Lo que sí, es que creo que todo esto da mucha pena. No creo que la gente ande abortando porque sí y te quiero señalar que mi mamá se hubiera muerto después de haberme tenido a mí.

¿Ella se practicó un aborto terapéutico?

Lógico, porque su vida estaba en peligro. Esto fue en el año 55 cuando era legal. Y el recuerdo que tengo es que mi mamá a los 4 meses de embarazo tenía el volumen de un feto de 9 meses. Debe haber sido un embarazo molar, porque aquellos embarazos tienen la característica que el vientre crece anormalmente rápido y puede terminar matando a la madre, ya sea por el embarazo mismo como también por el cáncer o por las hemorragias espantosas que puede provocar. Yo, realmente, creo que mi mamá tomó la decisión correcta. Su vida estaba en peligro. Y nos iba a dejar huérfanos a mi hermano y a mí. Lo que pasa es que hay gente que cree que en el minuto que hay un óvulo fecundado ya hay vida humana. Y yo creo que cuando esa vida humana no trae cerebro no se puede hablar de vida humana.

Usted hace la diferencia.

Claro, no es posible la vida humana sin cerebro. Si el cerebro es parte esencial de la vida humana. Y en segundo lugar, cuando por ejemplo viene un feto con 69 cromosomas, eso es una aberración de la naturaleza. No es vida humana, es un accidente. Y si alguien quiere tenerlo hasta el final, no hay problema. Porque en realidad nadie lo va a obligar a interrumpir el embarazo, pero si una persona como Claudia Pizarro, que sale hoy en La Tercera, siente que su vida está en peligro y no tiene sentido su embarazo porque tampoco va a ningún lado, la sociedad no tiene derecho a obligarla a seguir con ese embarazo. No tiene. Creo que ha habido un abuso contra las mujeres que tiene que parar.

¿Ella tiene derecho a decidir?

Ella tiene derecho a decidir. Está bien que el feto por nacer tenga derechos, pero la madre también, pues. O sea, ¿me van a decir que van a dejar morir a la madre por un feto que no tiene ningún futuro? ¿Sencillamente porque hay unas células que se están dividiendo y creciendo? Si ese es un caso de anencefalia, donde no hay cerebro.

¿Qué le indigna más?

Me indigna que a la mujer la tienen casi como un reproductora. Y es la misma pelea que estoy dando con el post natal de 6 meses. Yo no quiero un post natal de 6 meses para mí y entiendo que una mujer que tiene un trabajo duro y no tiene posibilidades de una nana que le ayude en la casa, que no tiene auto, requiera 6 meses. Pero para mí yo no lo quiero. Y no veo por qué me obligan. Yo, por ejemplo, quise empezar a trabajar muy pronto después de haber tenido a mi segundo hijo y estaba prohibido. Me acuerdo que Jacqueline Van Rysselberghe quiso ir a trabajar con su guagua al lado y no la dejaron. Entonces, la verdad es que siento que muchas leyes que han sido hechas por hombres ven a la mujer casi como una vaca reproductora, vaca lechera. Y me indigna.

EL DERECHO A DECIDIR

¿Qué cree que es lo que más molesta de su proyecto?

Que hayamos puesto este tema en el tapete y que, justamente, haya sido una senadora de la UDI con un senador socialista, porque hasta ahora era la izquierda la que presentaba estos proyectos.

Claro, el mismo Fulvio Rossi en el 2003. Las diputadas Adriana Muñoz, Antonieta Saa el 2005.

Y todo el mundo decía “¡no, es que las abortistas!, “¡las de extrema izquierda”!

¿La han tratado a usted de abortista?

Estoy segura que me tratan de abortista a mis espaldas. Porque a mí nadie se ha atrevido a decírmelo. Ahora lo que hace la diferencia del proyecto que tenemos con Fulvio Rossi es que se trata de un proyecto muy modesto, acotado y hecho además con extraordinario cuidado para no herir suceptibilidades que no es necesario herir.

¿Usted todavía sostiene que este proyecto no abre la posibilidad de conversar sobre despenalización del aborto?

Bueno, perdón, ya lo abrió.

Pero yo le había escuchado decir que esto no abría una puerta para aquella discusión y creo que sí la abre.

No, no. Si lo que yo estoy diciendo es que no abre la puerta de par en par como todo el mundo cree. En el fondo, la interrupción del embarazo es un aborto, pero cuando hablamos con Fulvio Rossi de interrupción del embarazo en el caso de un feto que viene sin cerebro, eso es practicar un aborto, pero no puede ser penalizado porque el feto está muerto.

Dentro del aborto inducido también hay un caso a caso y ojalá esa sea una discusión que más adelante se pueda dar.

Yo veo que el horno no está para bollos. Quizás en 10 a 15 años más pueda ser, pero ahora no creo que haya posibilidad alguna de un proyecto así.

Usted es la primera parlamentaria de derecha que estaría potenciando los derechos sexuales y reproductivos.

No sé si soy la primera que está a favor o soy la primera que lo ha dicho en forma pública.

¿Pero de eso estamos hablando, de derechos sexuales y reproductivos?

Sí, de eso estamos hablando.

Porque cuando usted visibiliza la madre, cuando me relata la historia de Mónica Pérez, estamos hablando de las mujeres, del derecho a decidir y eso es lo que han planteado por muchos años las feministas cuando hablan de aborto.

Sí, lo que pasa es que una cosa es el derecho a decidir cuando tu vida está en peligro y otra es el derecho a decidir cuando el feto es inviable y otra cosa es el derecho a decidir cuando en realidad no tenís ganas porque ahí uno dice bueno, si no tenís ganas por qué no usaste la píldora. Hay un tema, a mi juicio, de responsabilidad o irresponsabilidad que uno no puede sencillamente largar. Porque hay muchos métodos para prevenir embarazos. Entonces, entiendo que  en una violación la cosa es distinta, pero no creo que uno tenga que bancarse las irresponsabilidades sobre todo cuando está la vida de otro ser de por medio.

Hace un rato usted dijo algo que la mayoría de las personas que están a favor del aborto mencionan: nadie aborta porque quiere y esa realidad tampoco se conoce.

No, no se conoce. Pero quiero señalar que tengo una opinión bien fuerte al respecto, porque creo en la responsabilidad de todas las aristas de la vida y habiendo métodos de anticoncepción que alguien me venga a decir “ah, es que estoy embarazada y no quiero la guagua, quiero abortar”, no. Porque si es suficientemente madura para tener relaciones sexuales, deberá ser madura para cuidarse.

Pero para ese juicio sería necesario que existiera una buena educación sexual.

Absolutamente, y yo he sido muy clara en que una persona mayor de 14 años tiene derecho a que ciertas materias no se las cuenten a sus padres; tiene derecho a ir a la matrona y que le digan qué píldora puede tomar y cómo se toman y que otro método puede utilizar. Si una persona a los 14 años es responsable en lo penal, creo que también a esa edad puede ser responsable en cuanto a su vida particular.

ESOS FANÁTICOS

¿Ha escuchado ese grito que tienen las feministas que dice “alejen sus rosarios de nuestros ovarios”?

No.

Eso habría que cantárselo a Carlos Larraín y a varios más.

Ja, ja, ja. Yo quiero señalar que no concuerdo en muchas cosas con las feministas. Yo pondría más énfasis en el tema de la responsabilidad. Pero creo que las cosas se han llevado a un extremo inaceptable. Creo que se han pasado a llevar los derechos de las mujeres de una manera brutal. Y yo por lo menos no estoy dispuesta a que esto siga pasando. Uno lee el caso de la Mónica Pérez, de Claudia Pizarro y uno dice “¿sabes qué más? ¡Esto es un abuso infinito hacia esas mujeres!”

El obispo Chomalí dice que su proyecto pone la vida de la madre como si fuera más importante que la del feto.

Yo creo que Monseñor Chomalí no ha leído el proyecto, a menos que crea que el Papa Pío XII estaba equivocado. No contesto más.

Pero qué piensa sobre ese grupo de católicos fanáticos que se le han acercado. Usted dijo que había recibido amenazas.

Bueno, lo que hace Gustavo Hasbún es una amenaza. Esto de querer llevarme al Tribunal Supremo, de decir que debiera salirme del partido. Esas son amenazas y amedrentamientos. Ahora, comprenderás que a estas alturas no me siento amedrentada de ningún manera, pero esa es una forma muy típica de reaccionar de gente que es muy fanática y a mí ese tipo de reacciones no me agrada.

Cuando usted hablaba de fanáticos, yo pensaba que la había llamado Ximena Ossandón de la Junji para hablarle del demonio.

Ja, ja. No me ha llamado.

Todavía, pero ella dice que el aborto y las guerras son la maldad personificada. Es bien fanática y ha salido bastante hablando de la maternidad. ¿Qué le parece?

Yo, en general, no me puedo sentir menos representada por la Ximena Ossandón. Prácticamente, en todo lo que ella dice yo opino en sentido contrario. A mí por lo menos no me ha gustado ninguna de sus declaraciones y ya dije que la primera vez le habría pedido la renuncia. Pero ese es un tema mío, yo no soy el gobierno…

Hablando sobre la Iglesia de este último tiempo, del destape de los abusos sexuales, de Maciel, de Karadima. ¿Considera que deben tener una posición tan extrema sobre estas materias cuando su discurso es bastante contradictorio?

Sí, tienen derecho porque una cosa es la Iglesia y otra son los miembros de la Iglesia. Porque tú no puedes exigirle a ninguna institución que el 100% de sus afiliados o de sus miembros sea sin fallas. Ahora respecto de Maciel, no estamos hablando de cualquier párroco de barrio, estamos hablando del fundador de una orden importante respecto del cual además existía algún tipo de señales hace mucho tiempo, entonces, creo que el grado de escándalo que hubo fue, justamente, porque los temas no se enfrentan. No se conversan, se ponen debajo de la alfombra. Uno ahora empieza a saber que respecto de Karadima hubo muchachos que quisieron hacer denuncias hace muchos años, pero nadie los escuchó. Y, probablemente, ellos sufrieron el mismo tipo de amedrentamiento que han tratado de hacer conmigo. La diferencia es que tengo 57 años y 20 años de parlamentaria y a mí no me amedrentan, pero a un cabrito de 18 años probablemente, sí. Entonces, hago un paralelo con este miedo a conversar temas como los que planteamos con el senador Rossi, que es el mismo miedo que uno ve cuando se trata de enfrentar temas internos de la Iglesia, por ejemplo, sobre los abusos sexuales o actitudes absolutamente inaceptables por parte de ciertos sacerdotes.

Es matonesca la actitud

En el caso mío, no puedo hablar de matonesco porque a mí no me tocan  demasiado, pero cuando uno lee lo que ha sucedido con personas abusadas por sacerdotes uno sabe que hubo actitudes matonescas. No, necesariamente, de otros sacerdotes, pero sí de gente muy ligada a la Iglesia que en el fondo se preocupó de que no dijeran nada.

¿Usted es católica?

Sí lo soy, mi madre era católica, pero mi marido y mi padre son luteranos. Pero yo además he leído bastante sobre el budismo y en mi casa no se da esta actitud de “yo soy el único que tengo la razón”,  porque hay gente que profesa otras religiones. Por lo tanto, si hay algo que me violenta es la gente que cree tener siempre la razón y el derecho a juzgar a los demás.

¿Qué le parece la opinión que dio Jacqueline Van Rysselberghe sobre su propuesta en Radio Concierto? Ella dijo “que era preferible que el hijo muriera en los brazos de la madre o adentro, a desarmarlo a pedacitos, con cucharas abortivas que descuartizan la guagua”.

Nuevamente, creo que ella no ha leído el proyecto. Porque no sé si Jacqueline Van Rysselberghe prefiere que se muera la madre y el hijo. Ahora yo no quisiera convertirme nunca en una fanática del liberalismo. Creo que es tan inaceptable lo uno como lo otro. Lo único que pido es que la gente se informe antes de opinar.

SENADORA UDI

¿Este tribunal al que la quería enviar Gustavo Hasbún implicaba su expulsión definitiva?

No, porque si me hubieran llevado habría ido, me da lo mismo. Y me habría defendido y hubiera ganado. Porque lo que planteo es tan razonable que nadie puede decir lo contrario.

Esas facciones de la UDI le reclaman que su proyecto atenta contra el derecho a la vida que planteaba Jaime Guzmán.

El derecho a la vida está muy bien, pero lo que pasa es que acá no están defendiendo la vida, están condenando a morir a una mujer. Entonces, los que han hablado en esos términos no han leído el proyecto y el proyecto tiene media página no es ni tan largo. Ojalá se dieran el pequeño trabajo de leerlo antes de opinar.

¿Le parece un apelativo interesante esto de la “nueva derecha”, esto de ser “liberal, liberal”?

Cuando entré a la UDI, yo les advertí que era liberal, que iba a votar a favor del divorcio, les dije que si eso no les acomodaba mejor que no entrara. Me dijeron que no había problemas, que ellos respetaban y que era buena la diversidad

Pero cambiaron de opinión.

No, si son dos o tres. La mayoría de la gente puede votar a favor o en contra, pero no son de esos intransigentes

¿Y esto pasará porque la UDI está de capa caída? No lo digo yo, lo dijo el mismo Kast cuando fue candidato en las primarias con Coloma. Decía que los principios de Jaime Guzmán se habían perdido, que ahora importaba el cálculo político.

Te diría que cuando los partidos se hacen más grandes, naturalmente que al interior hay más diversidad y se hace todo más desordenado. Ahora, para mí la diversidad es algo que uno debiera buscar porque solamente cuando escuchas a gente que tiene distintas visiones, profesiones, pasados, vivencias, puedes analizar de mejor forma un determinado problema. Yo creo que es fantástico que la UDI esté más desordenada.

Era hora.

Sí, antes, cuando el partido eran 11 diputados, todos amigos de Jaime Guzmán, era posible tener a un grupo pequeño sumamente cohesionado y homogéneo, pero cuando eres el partido con la mayor cantidad de parlamentarios ya no puedes pretender tener esa homogeneidad que tenías cuando estabas recién partiendo.

Larroulet dijo que su propuesta no es parte del plan de gobierno de Piñera y Mañalich dijo que le parecía una discusión apresurada, e inoportuna de algún modo. Me parece que este gobierno tampoco está cambiando demasiado en lo valórico.

Yo no sé si Larroulet leyó el proyecto ni si Mañalich lo leyó

Mucho se habla de la nueva forma de gobernar, pero parece que no hay un nuevo fondo.

Perdóname, pero tú viste cómo un grupo importante se fue en contra del Presidente por aumentar los impuestos. Y cuando se fueron encima de él por incluir una pareja de homosexuales en su franja.

Sí, pero el 21 de mayo no incluyó el proyecto de Unión Civil como parte de sus anuncios.

No habló de eso, pero el proyecto de Allamand y Chadwick se va a discutir y se va a aprobar y yo voy a votar a favor. Ahora, uno tampoco puede pretender que la gente tenga un vuelco en sus creencias de un día para otro porque es gobierno, eso no ocurre. Ahora, creo que el Presidente Piñera es mucho más liberal que las personas que, tradicionalmente, estuvieron en la UDI y Renovación Nacional.

¿Le hace bien a Piñera que el presidente de su partido sea completamente opuesto a él, un conservador acérrimo?

Es que lo que te quiero transmitir es que a mí la diversidad y el disenso no me asustan.

A usted, pero pareciera ser que a mucha gente de la Alianza sí.

Bueno, problema de ellos. Pero me preguntas a mí y Carlos Larraín es un tremendo aporte y en otras cosas pienso diametralmente opuesto a él. Ahora, en este caso, te aseguro que no ha leído el proyecto, porque Carlos Larraín es un tipo culto y cuando sepa que lo que estamos diciendo no constituye aborto va a decir, “pero, obviamente, no constituye aborto”. Porque acá no se trata de permitir el aborto terapéutico. Lo que se dice es que no es aborto cuando actúas para salvar la vida de la madre. No es aborto aquí ni en la quebrada del ají.

¿Por qué ahora opina sobre estos temas?

Porque cuando entré en la política los medios, solamente, me invitaban a hablar con otras mujeres sobre el aborto y el divorcio. Y yo sentí que me iba  encasillar en algo que no era la razón por la que había entrado en política. Yo entré en la política como economista, no como feminista. Y, por lo tanto, bastante al principio decidí que no iba a hablar nunca de estos temas porque al tiro te meten en la comisión de familia y tu voz como economista sencillamente no existe. Y la verdad que para mí fue un agrado cuando me empezaron a invitar a la televisión con gente como Camilo Escalona, Carlos Ominami, a hablar de economía. Mira, fui la mejor egresada de mi promoción de economía de la Universidad Católica, pero me costó años para que la gente se diera cuenta que hablaba de economía porque de verdad sabía y no porque mi marido me lo soplaba. Las mujeres en ciertas áreas tenemos que trabajar mucho más que los hombres hasta tener credibilidad. Entonces, fue una opción no meterme en temas femeninos y me alegro de haberlo hecho porque a estas alturas ya estoy validada en el tema económico, la gente sabe que estudio las cosas y, por lo tanto, siento que tengo toda la libertad para meterme en estos otros temas ahora.