Foto: Alejandro Olivares

Luego de premiadas obras de teatros y recopilaciones de relatos, Leonart aparece con una nueva novela, “La Patria”, donde ficciona alrededor de la figura del ex vocero de Pinochet, Francisco Javier Cuadra. Y anuncia una nueva novela donde los personajes son -o se inspiran- en Hernán Larraín y Magdalena Matte.

Leonart (1970) no sabe qué vino primero, pero las cosas empezaron a encajar. Hace tiempo tenía ganas de escribir una obra de teatro con personajes como el de Francisco Javier Cuadra. Vio películas que le abrieron ciertas ideas. Luego, escribiendo un cuento, aparecieron los personajes que dan forma a “La Patria”: una pareja, dañada por una pérdida, que se sale de su cotidianidad para ir a encerrarse a un departamento en calle Miraflores, espiar y confabular contra quien vive al otro lado del muro: el ex Ministro Secretario General de Gobierno entre 1984 y 1987.

¿Por qué esa decisión de poner a Cuadra con su nombre?
-Es como una operación de inteligencia al revés. Yo tengo 42 años, por lo tanto cuando yo tenía 15, este tipo era quien manejaba los circuitos de mi vida macro. Desde los libros y revistas que podía o no leer, los toques de queda, los estados de sitio. Mientras más tú has vivido fuera de eso, se torna más aberrante el haberlo vivido. Este tipo manejaba la información, la vida privada de la gente. Cada cierto tiempo volvía a salir a la palestra como rector de la Universidad Diego Portales, por ejemplo. Yo decía: no puede ser, si este gallo hizo esto esto y esto. Hasta que dio la entrevista en el diario Siete + Siete donde dice, respecto a la detención de Lagos y otros por parte de Investigaciones tras el atentado a Pinochet, “nosotros detuvimos a esta gente para que no la matara (la CNI)”. Eso no era parte de la imaginación, sino de la realidad.

¿Y?
-Y con esa parte de la realidad había que explicitar de alguna manera la operación de inteligencia. He averiguado cosas, sé cosas y las presento dentro de una ficción absoluta. En la novela hay una estructura totalmente imaginaria. El personaje nunca se presenta en términos objetivos, sobre todo en las cosas más escabrosas, más privadas, que se presentan como ficciones, elucubraciones posibles de un posible personaje. Y sobre eso está plagado de datos reales, por eso puse esa nota al final que dice que todo lo comprobable es real y lo no comprobable no lo sé.

¿Qué te llama la atención del personaje?
-Es como una especie de némesis imaginaria. Yo me lo he topado en la calle y le he dicho un par de cosas.

¿Qué cosas?
-Facho de mierda. Pero claro, el tipo claramente es una némesis mía, de mi imaginación. Una de las cosas que más me preocupé de poner en el libro es que era un chivo expiatorio injusto que se ocupa en la novela. Porque me llama la atención que gente tan abiertamente antidemocrática, que participó articulando una dictadura feroz -yo vi el Cometa Halley y me acuerdo claramente de la Virgen de Villa Alemana-, que alguien así mantuviera en la actualidad una cuota de poder tan importante, como ser rector de una universidad prestigiosa. El tipo era el rector y todos sabíamos las mismas cosas que después supimos en esa entrevista. Lo que pasa es que en esa entrevista él comete una torpeza que lo pone en la discusión pública, pero se sabía. Y hoy hay gente que está en conspicuos puestos. Pero este tipo tenía una connotación especial porque el personaje es bien particular y bien odioso.

¿Él está enterado?
-Yo creo que no. Se puede enterar ahora.

¿Qué harías si te llamara?
-No estoy interesado en hablar con él. Lo que yo hago es un texto literario, una novela. Son actos que tienen una connotación altamente personal. Generalmente yo escribo tele, donde no hay nada de personal. Pero en teatro y en literatura la cuestión es personal. Pero con el personaje no me interesa discutir. Todo lo que digo lo digo en la novela.

¿Hay algún afán de polémica incluyéndolo a él? Porque podría haber sido otro, ¿o no?
-No. De alguna manera a mí este personaje me llamó. Hay mucha gente que yo veo en la tele y me da rabia verla hablando con impunidad de cosas cuando yo los vi marchando en Chacarillas. Me acuerdo de haber tenido siete años y que me interrumpieran los monitos con cadena nacional para dar el acto de Chacarillas. Yo partí mi adolescencia y prácticamente la terminé con Cuadra.

RESENTIMIENTO

Cuando estaba terminando su libro de cuentos “La educación”, publicado este año, el último cuento, llamado “La Patria”, Leonart decidió no incluirlo. A cambio desgajó el relato y amplió el drama de una pareja hasta convertirlo en lo que hoy es su segunda novela.

-Me pareció importante tomar el tema del resentimiento, ni político ni social, sino el resentimiento de la mera suerte. Una pareja que ha tenido sus vaivenes y que de pronto tiene un golpe de mala suerte. Y con esa vida destruida, en los márgenes de la historia, piensa: “Este tipo -Cuadra- no ha pagado nada”. Lo que ellos buscan es una especie de revancha. Cuando pensábamos que la dictadura se iba a acabar, la esperanza que tenía mucha gente era la revancha.

¿Qué te pasa cuando ves que muchos personajes civiles de la dictadura todavía están dando vuelta impunemente, algunos en cargos del Estado?
-Escribo una novela, ja. No, la indignación es bien grande. Yo vi la campaña del SÍ. Sé quienes aparecieron ahí. Mucha gente que estaba ahí y ahora es como “buena onda”. Cuando tú te equivocas tanto, cuando Edipo Rey descubre que él es el causante de la catástrofe en Tebas, lo que hace es sacarse los ojos. No dice, “sorry, yo no sabía, cachai, miremos el futuro sin revanchismo”.

¿Qué piensas de los escritores de tu generación, crees que se han tratado estos temas?
-No es que no se traten. Se tratan; a veces peor, a veces mejor. Hay gente que no los trata y uno de repente no los entiende, por qué no les interesa lo que pasa o pasó en Chile y sí les interesa lo que pasa con la estrella de rock en Cuernavaca. En teatro, por ejemplo, Guillermo Calderón lo ha tratado. Lucho Barrales no lo ha tratado pero habla de actualidad, que también es potente. Y está la Ximena Carrera, que escribió “Medusa”, una obra sobre las tres informantes de la Dina.

¿Y en la literatura?
-Viene muy de cerca, pero la Nona Fernández en sus tres novelas trata sobre la dictadura de una manera casi monotemática, pero con un componente súper personal. No es una cuestión exógena. Zambra también. Alejandro Cabrera, “Los soldados perdidos” es una subterránea pero gran novela que no toca directamente el tema, aunque en realidad sí. La Alejandra Costamagna en algunas de sus novelas. Álvaro Bisama escribió sobre la virgen de Villa Alemana, aunque no desde una mirada muy política.

Más bien pop.
-Claro, es que ahí hay algo, no sé si en mi generación, aunque las generaciones duran como dos años. Cuando yo digo mi generación pienso en la Nona, Zambra, Andrea Jeftanovic, Alfredo Sepúlveda. Los otros son más chicos, y son más pop.

¿Por qué crees que tienden al pop?
-Pasa un poco por la tele. Hay una cuestión de la influencia de la tele, el cable, la media. Les interesa como fenómeno. Yo trabajo en la tele, pero mi manera de ver el mundo no pasa por la tele. Tampoco leo grandes procesos sociales a partir de la tele. No me interesa hablar sobre el libro, sobre escritores. Soy escritor y me encantan los libros, pero me interesa más de qué tratan los libros, no los libros en sí. En la generación anterior a la mía, la de la nueva narrativa chilena, ahí sí está el tema del golpe. En una visión más grandilocuente. Y a veces más mentirosilla.

¿Mentirosilla?
-Porque existe un lugar desde el que uno escribe y esa es la principal cualidad de la literatura. Entonces si tú escribes una novela sobre la Flaca Alejandra, por ejemplo, y eres Arturo Fontaine, yo digo, ¿dónde está la novela del hijo del director de El Mercurio? Esa novela quiero leer yo. Si te conflictúa algo, esa es la agonía que quiero leer. Para saber cuál es el proceso. Pero hacer eso tan exógeno, ver como el bicho raro al delator, no me interesa. Porque no es impune el lugar desde donde uno lo hace.


LA PATRIA
Marcelo Leonart
Tajamar Editores
2012, 164 páginas