Tres años de investigación le costó a Maite Alberdi dar con un protagonista que se ajustara a la historia de “El Salvavidas”, su primer largometraje documental. La joven realizadora, que con esta suma su tercera película, buscaba un personaje que aplicara reglas en un momento donde nadie quiere reglas: el verano y la playa. Después de pasear por el litoral y entrevistar a más de 100 personas, dio con Mauricio, el guardacostas que protagoniza el documental del mismo nombre.

Mauricio, un hombre joven que se pasea por El Tabo con el traje rojo del rescatista, lentes de sol y dreadlocks que le llegan a la cintura, es el paco de la playa, el que impone una ley que suena absurda en medio del verano: no beber, no hacer asados, usar traje de baño y no calzoncillos como se encarga de aclararle a un hombre que se pasea con slips blancos. Y más importante que nada, respetar el mar.

En medio del Tabo, una playa que sube todos los días la bandera roja, Mauricio que es disciplinado y riguroso choca con Jean Pierre, el salvavidas de la torre vecina que aún siendo más descuidado y menos disciplinado, es el rey de la playa porque hace lo que Mauricio no hace: se mete al agua.


La película trata sobre la tensión entre estos dos personajes, pero también sirve como un retrato de la vida que se desenvuelve en la playa, con personajes transitorios. Y también es un retrato del mar.

Maite Alberdi, la realizadora de 28 años que egresó el 2007 de la Universidad Católica y actualmente hace clases ahí, no tenía una relación previa ni con su personaje ni con El Tabo. En su proceso de investigación, ella sale a buscar hasta encontrar el personaje que le sirva para contar lo que quiere contar. Y esa búsqueda se ha centrado en personajes pequeños, en historias mínimas que ocurren en lo más burdo de la vida.

Su próxima película, que se encuentra en proceso de edición, se llama “La Once”, y trata sobre un grupo de mujeres que se junta todos los meses hace 50 años a tomar el té.

“Encuentro que es súper difícil en el documental tener personajes extraordinarios o una historia alucinante porque es difícil tener acceso a historias de ese tipo. La vida cotidiana te sorprende mucho más que cualquier ficción que podría ver. Y esos personajes sólo hay que encontrarlos y para mí están asociados a situaciones del día a día”.


¿El Tabo te llamó la atención por alguna razón particular?
-Me interesaba un lugar donde la gente corriera riesgo y donde la pega de salvavidas fuera importante para los veraneantes.

¿Y la relación que tiene Mauricio con Jean Pierre, el otro salvavidas, estaba en tu guión?
A Mauricio lo elegí porque tenía un conflicto, podía narrar algo, él tenía conflicto con el otro salvavidas y estaba dentro de la idea. En el guión preliminar estaba toda la línea dramática con Jean Pierre, que son las tensiones que se producen por la manera de ejercer el trabajo que puede estar en cualquier orden de cosas. Un trabajador que no hace mucho en el día pero cumple finalmente, y frente a eso, surge el otro que hace más pega pero no necesariamente es la estrella. El mejor trabajador es una mezcla de los dos personajes, de eso también se trata la película.

Además de los salvavidas, la película se rodea de personajes secundarios que sirven como retrato de la vida en la playa. Pero para Maite Alberdi nada es casual. Todos sus personajes son buscados y responden a una lista de personas que se suelen repetir en el litoral: la abuela que cuida al nieto, los jóvenes que toman copete a escondidas, las mujeres que juegan cartas. “Mientras grabábamos, alguien hacía investigación paralela y cuando los encontramos los grabamos varios días o varias semanas seguidas”.

El documental que trabaja Alberdi es un documental de observación, donde el autor no aparece explícitamente, pero se muestra en la posición de la cámara, en los temas que se tratan y en los diálogos de los personajes.

¿Y cuál es la intención que quieres marcar?
En “El Salvavidas”, la marca de la cámara está súper clara, es una película donde no se ve el mar. Es un retrato de los veraneantes y la cámara registra a las personas como un espejo, tratando de sentir el mar fuera de cuadro a partir de lo que la gente habla de ese espacio. Quería mostrar cómo hablamos del otro, de lo que pasa, del mar también. Eso que no se ve se hace presente a partir de los textos.

¿Por qué tomas la opción de no aparecer en cámara?
Aparecer en un discurso explícito me parece bastante facilista y más relacionado al periodismo. Mis desafíos son marcar una intención, que se noten los temas sin decir nada como directora. Y creo que se logra porque todos hablan de la película las mismas cosas que yo quería poner sobre la mesa.

¿Es complicado para un documental mantenerse en cartelera?
Es fuerte porque tiene presencia en el extranjero pero los cines no están dispuestos a arriesgarse por documentales y la gente no está muy acostumbrada a ver documentales. Entonces es un problema y cuesta porque no hay mucho público. La gente tiene que aprender a ver otro tipo de documentales y no asociar el documental sólo al docurreality televisivo.

¿Cuál sería una solución a ese problema?
Creo que es un tema de generación de audiencias. En Chile no hay mucha cultura de ver cine chileno, hasta las cifras de “No” (de Pablo Larraín) son bajas. Si los únicos que pueden ser éxito son películas como la de Kramer. Creo que la gente se tiene que acostumbrar a que hay variedad de películas y cineastas nacionales. Que no te guste una película no quiere decir que no te guste el cine chileno porque hay una gran cantidad de directores y corrientes.

¿Y por dónde pasa esa solución?
Creo que hay que mejorar muchas cosas a nivel político. Como cambiar la ley de donaciones culturales para que los privados puedan financiar cine y no sólo fundaciones solidarias. Además hay otros países que tienen cuota de pantalla y el gobierno obliga a tener cine nacional al menos en una de las salas, que es algo como lo que aquí se hace en la televisión. Pero hay que asegurar que la gente siempre tenga una opción. Pero lograr que la gente vea cine chileno es un trabajo a largo plazo.