Por Álvaro Díaz

HUASOS QUINCHEROS
“Los Quincheros Internacional”, 1973

Si alguien cree que Los Huasos Quincheros alguna vez fueron otra cosa, se equivoca. Sus escenarios habituales eran el Casino de Viña y en el Sheraton, y sobre ellos caían todo tipo de calificativos, no muy distintos a los de ahora: cursis, retrógrados, momios. “Si ser momio significa no dejarse barba ni usar ponchos ni medallones…¡somos momios!”, declaraba por ese entonces un juvenil Benjamín Mackenna, quien negaba, eso sí, todo vínculo con la derecha política. “Yo protestaría contra la falta de respeto, la indisciplina, la grosería, la anarquía y también contra la autonomía de la mujer”. El ´73, Los Quincheros llenaron varios teatros del barrio alto y este disco, que incluía canciones tahitianas, japonesas y rusas, se vendió como pan caliente.

TUMULTO
“Tumulto”, 1973.

Aunque su nombre evoca recitales de heavy metal en el gimnasio Manuel Plaza a mediados de los ochenta, junto a grupos como Feed Back y Arena Movediza, los orígenes de Tumulto se remontan al último año allendista, cuando Poncho Vergara (bajo y voz), Sergio Del Río (guitarra y voz) y Rodrigo Iribarra (batería) editaron este disco homónimo, influenciado claramente por Woodstock y toda su marihuana. De este long play se editaron mil copias y el single elegido fue “Prefiero tinieblas”, donde destaca la guitarra “a lo Santana” de Del Río, uno de los pioneros del rock chileno, integrante de Los Jockers en los sesenta y luego de Aguaturbia.

GIOLITO Y SU COMBO
“Más Giolito”, 1973.

Manejo varios datos inexactos de José Arturo Giolito: lo tengo como dirigente del básquetbol del Estadio Italiano y como dueño de una manzana de casas y locales en Cerrillos. Datos improcedentes, de todas maneras, porque aquí nos interesa el percusionista, el mismo que siempre reclama porque no lo invitan a Viña, que trabajó para la campaña del Sí y que se lucía con su hijo Bruno haciendo fantasías a dos baterías en Sábados Gigantes. Este disco es uno de los primeros de su carrera, que comenzó en Concepción en 1970, y trae su clásico de siempre: “Este muerto no lo cargo yo”, original de la colombiana Graciela Arango de Tobón, autora también de “Me voy pa´Macondo”.

ROBERTO INGLEZ
“Siempre…”, 1973

Roberto Inglez llegó a Chile proveniente desde Inglaterra como pianista de Lucho Gatica a principios de los cincuenta, y se estableció, primero, como director de la radio Portales, y luego, como responsable del sello Alba, nombre que se le dio a IRT después del golpe. Desde esos cargos fue el impulsor, para bien o para mal, de la carrera de numerosos artistas, como Tito Fernández y Nino García, y grabó este disco junto al grupo Los Rockets, con versiones orquestadas de clásicos de la época, como “El Padrino”, “Fresa Salvaje”, de Camilo Sesto, “Song Sung Blue” de Neil Diamond, y “Prometimos no llorar” de Palito Ortega”, con voz del locutor radial y papá de “Chavito”, Alejandro Chávez.

GLORIA BENAVIDES
Con Sergio Arellano y su orquesta, 1972.

El nombre de Gloria Benavides no sólo evoca a “La gotita”, los años dorados del Japenning con Ja y a la Cuatro Dientes. También recuerda uno de los episodios más sórdidos del final de la dictadura, cuando su ex marido Joaquín Molina, funcionario de la CNI, cayó muerto en su propia casa por los balazos que le disparó su descontrolado yerno Mamito Contreras después de un carrete. Pero en 1973 sus tragedias eran menores: debió operarse de nódulos en las cuerdas vocales tras sufrir una afonía total en una actuación en el hotel Carrera, después de un mes ininterrumpido de presentaciones, y además terminaba por esos días su relación con el cantante Villadiego, asunto que se prestaba para el comidillo de la prensa rosa. Punto aparte: el Sergio Arellano que dirigió la orquesta en este disco no es el mismo que luego dirigiera las masacres de la caravana de la muerte.

LOS GALOS
“Entrega total”, 1973

Al igual que Los Angeles Negros, el grupo fundacional chileno del estilo “Moody Blues”, Los Galos son buenos para escucharlos un rato. Un rato corto. Después de la cuarta canción, todo es más o menos lo mismo. Los Galos eran menos sofisticados que Los Ángeles Negros y la voz de Lucho Muñoz está un escalón más abajo que la de Germaín De la Fuente, pero pese a todo, tenían sus virtudes. No por nada, tras la salida de Muñoz del grupo, en 1974, las peleas por el nombre y los derechos de las canciones han sido constantes. Incluso en Argentina unos falsos Galos grabaron sus temas. En “Entrega total” viene “Canción para una esposa triste”, donde Lucho Muñoz se manda un recitado memorable, que provoca el llanto de su despechada mujer.

LOS GOLPES
“Cuatro Cirios”, 1973

“Con la mano en la Biblia”, tercer tema del lado B de este disco, fue uno de los grandes éxitos del ’73. Guitarras eléctricas con wha-wha y sonido de spaguetti western para una canción que ha caído en un injusto olvido. Los Golpes, al igual que Los Ángeles Negros y Los Galos, fueron otra banda melódica que vivió sus días felices a principios de los setenta. Originarios de Tocopilla, tocaron en sus inicios en un prostíbulo de Pueblo Hundido, y conquistaron Santiago con su himno “Olvidarte nunca”. Pero, al igual que sus bandas contemporáneas, tras la separación comenzaron la decadencia y las peleas. Rubén Alegre, vocalista y baterista, murió de cirrosis en Argentina, mientras que antiguos managers, sellos y el resto de los integrantes continúan litigando por un nombre y el derecho de canciones que ya nadie recuerda.

TITO FERNÁNDEZ
“El Temucano”, 1971

La vida de Humberto Waldemar Asdrubal Baeza Fernández, Tito Fernández para los amigos, da para hacer una película larga y extraña, con episodios tan disímiles como sus primeros años de artista en el sello Dicap (Discoteca del cantar popular), su supervivencia intacta y prolífica durante el gobierno de Pinochet, y cosas más raras como el encuentro con extraterrestres y su trabajo de escritor de libros de autoayuda y ciencia ficción. El problema de hacer la película es que hay que leerse su diario de vida, que hasta la fecha consta de 39.500 páginas, cosa poco atractiva.
Grabado en 1971, este disco fue el gran éxito de la Nueva Canción Chilena, sobre Quilapayún, Víctor Jara o Inti-Illimani, al vender en su momento más de 60 mil copias. “La casa nueva”, el tema más conocido, fue escrito por Fernández en honor a un viejo vecino que con su jubilación por fin podía cumplir el sueño de la vivienda propia. Con las ganancias del disco, El Temucano también se compró su primera casa.

ANTONIO ZABALETA
“Grande es el amor”, 1972

Pasarán los años y las generaciones, pero la fama de facho a Antonio Zabaleta no se la va a quitar nadie. Desde que cantará con más entusiasmo que ninguno “El pueblo y usted”, himno de la campaña del SÍ, junto a otros desaparecidos miembros del artistaje, que su nombre es sinónimo de malas juntas. En 1973, en cambio, su buena fama iba en aumento: en una votación organizada por la revista Ritmo, el público lo había nombrado el artista más popular del año anterior, y era número seguro en cuanto festival había. En este disco vienen sus dos excelentes versiones de sus clásicos de siempre, que originalmente interpretaba junto a su hermano Miguel en los Red Juniors: “Al pasar esa edad” y “Piensa”.

ARTURO MILLAN
“Arturo Millán”, 1970

Creo que incluí este disco, fechado en 1970, por su carátula. Jamás imaginé que ese caballero de peluquín y algo decrépito que en el Festival de la Una cantaba apenas una canción llamada “Dancing in Paris”, en otro tiempo hubiese cultivado un look a lo Delon. En los ochenta, la frase “tiene más años que Arturo Millán” era común. Nacido en 1926, en los sesenta ganó el Festival de Benidorm con la canción “Comunicando” y a principios de los setenta aún gozaba de relativa popularidad, gracias a “Yo tengo fe” y “El flojo”, dos temas que cantaba junto a su grupo, los Millancitos.

EL COMPUTADOR VIRTUOSO
1973

Este disco es una verdadera maravilla. Realizado a principios de 1973 por el Grupo de Investigaciones en Tecnología del Sonido de la Universidad de Chile, dirigido por el profesor José Vicente Asuar, es uno de los primeros intentos de hacer música a través de computadores en el país, asunto que Asuar venía ensayando desde 1958. Se diseñaron dispositivos especiales que permitieran conectar al computador, del tipo PDP-8, con el sintetizador, y se desarrolló un sistema que permitiera introducir al computador los datos de manera expedita. En el lado A viene una exposición sobre sonidos electrónicos y música con computadores, y en el B, piezas de Debussy, Bach, Chopin, Ravel y De Falla interpretadas por el magnífico cacharro.

JOSÉ ALFREDO FUENTES
“Supongamos”, 1973

En 1973, el Pollo Fuentes se fue a España por unos meses, en busca de su consagración definitiva. Quería dejar atrás su imagen de ídolo juvenil alcanzada a fines de los sesenta y asentarse como un artista maduro, cosa que no funcionó del todo. Su caballito de batalla era la canción “Dirladada”, que debe haber provocado más risa que admiración entre los hispanos. “Supongamos” el disco con que regresó a Chile, es bastante aburrido, y ninguno de sus doce temas pasó a la historia. Como curiosidad, se puede escuchar al Pollo cantar en inglés, en “Brisa de otoño”(“Autumn breeze”).

PALMENIA PIZARRO
“Palmenia en México”, 1973

A Mario Kreutzberger se le acusa directamente de haber declarado “yeta” a Palmenia Pizarro. La cantante debió auto-exiliarse por 25 años para que la maldición del animador prescribiera. Palmenia partió primero a Nueva York, en 1972, donde trabajó en un tugurio en Queens llamado “El Patio”, propiedad del chileno Peter Vera. Luego, a principios de 1973, se fue a Ciudad de México, donde al poco rato fue invitada al programa de Raúl Velasco y grabó este disco, el primero de muchos allá, que trae dos temas calados: “Cómo deseo ser tu amor”, de Los Galos, y el clásico ranchero “Volver. Volver”.

MÚSICA PARA LOLOS
Vol. 6, 1973

Estos compilados se vendían como locos en los setentas. Editaban uno nuevo a cada rato y en ellos venía una mezcla de los más variados éxitos radiales. “Música para lolos, volumen 6” comienza con la versión que Buddy Richard hizo para el clásico “Ata una cinta amarilla al viejo roble” y termina con el eterno “Oiga, Don Francisco”, original de Galvarino Villouta, interpretada por el mismísimo Mario Kreutzberger y su fiel Mandolino. En el tema, Mandolino le pide a su jefe que graben una canción en conjunto, a lo que don Francisco se niega terminantemente. “Oíga, don Francisco, creo que este disco puede convertirse en gol, si se le coloca lo que más provoca: ¡Hágame una foca, por favor, uh, uh!”, y don Francisco le responde: “Deje de molestarme, Mandolino, por Dios, yo no voy a prestarme para su grabación”.

OSVALDO DIAZ
Osvaldo Díaz, 1973

Osvaldo Díaz se perdió en la noche de los tiempos. Es el único artista de esta selección del que no encuentro nada, salvo su juvenil disco, que debe haber pasado inadvertido para la prensa de la época. Lo único que recuerdo de Díaz es que participaba en los actos del No y que olvidaba las letras de las canciones, por lo que se vio obligado a desaparecer de los festivales y programas de televisión que frecuentaba, como el “Chilenazo”. La última vez que lo vi fue en una nota que hizo en un evento cualquiera Carolina Delpiano, en el Canal 2: Carolina le preguntaba cualquier cosa y Díaz respondía cantando. Parecía un loco