De un cuasi infarto cerebral y de que a su juicio quedó loco con el tenis, habló el Marcelo “chino” Rios, en una entrevista en la Revista del Sábado de El Mercurio.

El deportista, otrora célebre por sus relaciones con la farándula local, contó sobre su salud: “Me hicieron exámenes y salieron malos. Tenía una vasoconstricción reversible. Eran unas arterias que se bloquearon y no pasaba sangre al cerebro. Ahí te viene el infarto. Entonces me dejaron internado, me hicieron exámenes y me mantenían con cuestiones para no tener dolor de cabeza. Lo raro, y lo que le preocupa a los doctores, es que en seis meses me haya pasado dos veces”.

Inquirido por sus dolores de cabeza y si están relacionados con su presión por haber sido tenista, Rios explicó que dicho deporte no pasa inadvertido.

“Nunca sentí la presión de haber sido tenista. O de haber logrado lo que logré. Pero obviamente la tenía. Creo que jugar a un nivel profesional te trae consecuencias. Siempre lo digo de broma: el tenis te deja hecho mier… Después del tenis quedas loco de la cabeza. Pero lo que yo tuve, lo que hablé con los doctores, no tiene nada que ver con lo que hice antes o lo que hago hoy”.

¿Te asustaba la muerte?- le preguntaron.

Y contestó: -Me asustaba quedar con secuelas. Quedar parapléjico, sordo, mudo, con un brazo sin movimiento. No es ninguna gracia a los 38 años quedar así. La suerte que he tenido con esto del infarto cerebral es que a mí me ha avisado. Las dos veces me ha avisado con dolores de cabeza.

En el diálogo Rios reconoció que dejó el cigarro, el copete y que después se dedicó a una vida sana; ¡unirse “al equipo de Copa Davis, hacer clínicas de tenis y dar charlas, es una respuesta al miedo, a pensar que te podría pasar algo”.

“Siempre me sentí invencible, es la verdad. Yo decía: a mí nunca me va a pasar nada. Entonces hacía tonteras. Decía que nunca iba a chocar. Me tiraba de cerros en mountainbike y me sacaba la cresta. Llegaba sangrando y decía: qué importa”, indicó.

E insistió:”Que me puede pasar cualquier cosa. Ahora estoy leyendo el libro del gallo este que le explotó la bomba en la maratón de Boston y se quedó sin piernas (Stronger, de Jeff Bauman). Entonces pienso que puedo estar en la calle y que me pueden asaltar. O que pueden entrar a robar a mi casa. Antes buscaba el peligro, vivía al límite. Pero ahora no. Ahora me siento vulnerable”.

Rios aseguró además que jugando tenis nunca fue feliz.

“Creo que en la vida que tuve como tenista no lo pasé nada de bien. No puedo decir que, como tenista, fui un tipo feliz. Obviamente que los triunfos y todo lo que viene detrás, como haberme asegurado mi futuro, hace que me sienta orgulloso. Pero en la vida del tenista, no encuentro a nadie que sea feliz. Yo iba del club al hotel y del hotel al club. Y todos piensan que no es así, que conozco todo París. Y no es así. No conozco lugares que debería conocer, porque aparte yo no era de conocer. Sería mentirte decir que fui feliz jugando tenis”.

Rios explicó que no le gusta jugar al tenis y que en alguna medida lo hizo obligándose. Hoy reconoce lo mismo y más aún entrenando con Lam y Garín para la Copa Davis.

“Lo único que pienso es agarrar mis huevás e irme para mi casa. No me da ninguna gana entrenar. No me dan ganas de jugar. Siempre fue así: cuando yo me siento jugando bien, es cuando me gusta entrenar. Cuando me siento mal, como me siento ahora, porque no jugaba hace cuatro años, no tengo ninguna motivación.

¿Ya no te gusta?, le preguntaron.

E indicó: “Sería muy fuerte, o quizás muy egoísta, decir que no me gusta el tenis. Pero no lo disfruto. Si alguien me dice vamos a jugar el sábado un rato, le digo “¿estás loco? No, qué lata”. Pero me gusta ayudar. Nunca pensé hacer la cuestión que hice en la Copa Davis: ayudar, estar ahí. Y me gustó”.

El ex top one dijo que vive estresado, aunque no tiene por qué. Al respecto explicó qué le tensa: “Salir a la calle. Ir a lugares públicos. Me estresa ir a un restaurante y que la gente me mire. Trato de no hacerlo. Lo que me ha costado asimilar es ir a lugares que no conozco. O estar con gente que no conozco. Esa es una de las razones de por qué me fui a vivir a Valle Escondido: porque ahí hay poco movimiento”.

El ex deportista habló sus manías, sus tics, sus obsesiones, algunas de antología: “No podía ir en la calle y que el semáforo no estuviera en verde. Si el semáforo estaba en rojo, paraba en rojo, retrocedía y tenía que volver cuando estuviera en verde.

¿Y en auto qué hacías?- lo inquirieron.

“Me daba una vuelta a la cuadra. Pero si pones esto van a pensar que soy loco. Que estoy mal de la cabeza. Pero era así. O cosas que tú piensas que si no pasan, te va a ir mal. Después empezó a pasar que miraba a la gente dos veces. Te miraba a ti y te tenía que mirar de nuevo. Tengo otros tipos de tics, pero no son más fuertes. Son más de locuras”.

Y empeoran: “Un tiempo me bajó hacer las cosas pares. Si tocaba la mesa una vez, tenía que tocarla dos veces. Si lo piensas, son estupideces porque te empiezas a enrollar en cuestiones que al final, si no las paras, te vuelves loco. No puedes vivir tranquilo. Pero hoy la que tengo, la que más se ve en mi casa, es que yo no puedo ver dos zapatillas juntas. Es una hue… Pero lamentablemente en mi casa hay muchos zapatos. Y no los puedo ver juntos. Si las niñitas los dejan juntos, tengo que separarlos. Pero es una cuestión mía, de yo sentirme bien, tranquilo. Tampoco ando revisando toda la casa”.

Y para coronar, buscó un por qué: “Una vez busqué Marcelo Ríos en Google y vi que un término asociado era Asperger. Marcelo Ríos Asperger. Yo creo que soy Asperger”.

“Varias cosas que tienen los Asperger. Como de 70 síntomas que salen, me siento identificado con 69. Es gente, no sé si autista, pero gente callada, reservada, de pocos amigos. Gente a la que le cuesta compartir con gente. Que cuenta pocas cosas. Que son genios en ciertas cosas. Como que ven la vida diferente. Como que no están en este mundo, sino que en otra cosa. Tú les puedes estar hablando y ellos está mirando para el otro lado, pero igual te están escuchando. Y son muy inteligentes”.