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“Los asaltantes eran altos, se veían regios ¡Me encantaron!”, comentó al Canal 13 una testigo de un asalto a una sucursal Vicuña Mackenna del Banco de Londres el 20 de agosto de 1969. El asalto, que había sido perpetrado por un comando del MIR, dejaba en claro una definición muy popular en la época que los consideraba como la vanguardia más sexy de América Latina. Hoy, lejos de aquel glamour revolucionario pero al amparo de la misma bandera, son varios los grupos que se sienten herederos del legado de Miguel Enríquez. Muchos de ellos, un tercio para ser exactos, en la actualidad forman parte de la Confech.

Medio en broma, medio en serio, aseguran: “Siempre va a ser más cool ser mirista que ser comunista”.

– El mirismo es súper seductor y también muy fetichista. Tiene el fetiche de la lucha armada aunque no exista, amante de los fierros, de los himnos, del rojinegro, de las banderas. Pero no de una forma superficial, si no en directa relación con la identidad- comenta un militante de uno de los colectivos de la Confech.

Al igual que antes son muchos los que prefieren el anonimato. Clandestinidad, aún le llaman. “Lo clandestino nos permite trabajar. No es que juguemos al escondite, pero no queremos ser fichados. Hoy, declararse como parte de una matriz mirista te marca distinto a decir soy de izquierda. Es cosa de tiempo que nos empiecen a achacar asaltos de bancos”, dice una estudiante militante de la Juventud Guevarista.

Los guevaristas, una de las fuerzas más radicales de la Confech, forman un bloque rebelde junto a otros grupos de orientación neomirista que compiten por derribar el liderazgo de la Nueva Acción Universitaria (NAU), el sector más moderado o “social demócrata”, y el denominado bloque de “conducción” conformado por el Frente de Estudiantes Libertarios (FEL), la Izquierda Autónoma (IA) y la Unión Nacional Estudiantil (UNE). El bloque rebelde está compuesto, además de los guevaristas, por el colectivo Para Todxs Todo (PTT), Consejos Estudiantiles (CC.EE), Fuerza Universitaria Rebelde (FUR), Movimiento Universitario de Izquierda Estudiantil Revolucionario (MUI-er), entre otros.

Lo cierto es que estos grupos -que a ratos parecen estar en guerra por las siglas- tienen en común sentirse parte de una matriz político cultural que busca conseguir, bajo diversas estrategias, el mismo fin: la revolución socialista.

-Lo común entre los que formamos la matriz mirista, es la identidad. Los colores, la alternativa política, la revolución. Pero es importante que se reivindique sin revivir. Sin formar caricaturas que nos afecten como bloque– comenta Felipe Quezada, Presidente de la Federación de estudiantes de la Universidad de Concepción y miembro del colectivo Para Todxs Todo.

Si bien el MIR original no existe, muchos son los estudiantes que reivindican la ética del antiguo grupo armado. Marco Álvarez, Coordinador de Libres del Sur, un grupo neomirista que apoya a las distintas facciones que están en la Confech, asegura que “ser mirista hoy es estar a la altura de los acontecimientos históricos”. Una dialéctica que hoy los tiene promoviendo transformaciones en el plano estudiantil.

-En el MIR había una gran valentía revolucionaria con el pueblo, porque planteó construir desde la ética, la dignidad y la disciplina, la transformación. Por lo mismo, es una evolución natural que los estudiantes giraran, desde el 2011, hacia opciones que promovieran un cambio de sociedad en vez de matices al modelo neoliberal– comenta Álvarez.

El retorno a una izquierda de ribetes revolucionarios es el paradigma que prevalece en estos grupos. “Mucha gente no entiende cómo la izquierda revolucionaria volvió a nacer sin que nadie se diera cuenta”, comenta un militante de base de Fuerza Universitaria Rebelde. Esta afirmación, aunque parezca extemporánea, no es una mera consigna. El bloque de neomiristas hoy es la tercera fuerza del Confech y han accedido al control de varias universidades del país como la U. de Concepción, la UTEM, La U. de La Serena, La Católica del Norte y el ex Pedagógico. “Es una evolución natural hacia la radicalización”, afirman. }

Esta evolución natural, según el nuevo bloque rebelde de la Confech, viene incubándose hace casi 14 años. Primero con “El mochilazo” del 2001, luego la “Revolución pingüina” del 2006 y posteriormente, en el 2011, con la antesala del movimiento estudiantil como articulador de la gran meta que se propuso: educación pública, gratuita y de calidad.

Si bien la aspiración de la izquierda revolucionaria es alcanzar estos mismos desafíos, su irrupción en la Confech ha sido mucho más radical: “No hay reforma educacional sin participación de los estudiantes y no hay diálogo mientras no se cumplan las demandas históricas del movimiento estudiantil”, fue lo que planteó el sector en la reunión de la Confech del 18 de mayo.

-Nosotros somos la verdadera ultra. El FEL, los Autónomos y la UNE son reformistas que usan el rojinegro de adorno. Hay que preparar la ofensiva, zamarrear a los que se creen Miguel Enríquez y no son capaces ni de levantar la voz- comenta una delegada universitaria presente en la ocasión.

Miristas proletas
Una diferencia fundamental entre el origen del MIR en los sesenta y los colectivos que existen hoy en día, es el origen socioeconómico de sus miembros. A diferencia de Miguel Enríquez que estudió en el exclusivo colegio Saint John’s de Concepción, hijo del médico y ministro de Educación de Salvador Allende, Edgardo Enríquez Frodden, los revolucionarios de hoy se sienten parte de una clase trabajadora que “ha sufrido todos los maltratos del sistema”.
-No todos somos hijos de miristas o de familias de izquierda. Lo que vivimos hoy es una reacción contra el sistema que nos tiene endeudados y le hace la vida miserable a las familias. Los nuevos miristas estamos cada día más pobres, somos mucho más proletas– cuenta un militante de base de la Universidad de Concepción.

Si bien el nuevo mirismo está dividido sobre los mecanismos o medios para alcanzar la revolución, todos concuerdan en que la Confech es solo el comienzo para empezar a conquistar más espacios.

-Si la Confech la tuvieran los grupos revolucionarios, el movimiento avanzaría hacia distintas cúpulas, intentando concentrar un plan unificado nacional– cuenta el Presidente de la Federación de estudiantes de la UTEM, Patricio Jáuregui.

Felipe Quezada de la Universidad de Concepción comparte el diagnóstico de Jáuregui: “Si tuviéramos la hegemonía, elaboraríamos un proyecto desde la gente y no prefabricado por el gobierno”. La visión, compartida por la Dirección de la Juventud Guevarista, es la misma que han aplicado en la Confech. “Están las condiciones de la lucha de clases en Chile como hace décadas no estaba. Nuestra apuesta, que antes podría haber recibido 10 votos, hoy recibe miles y eso no podemos olvidarlo. Tenemos una oportunidad histórica”, comenta Cristian, estudiante y militante de la Juventud Guevarista.

Guevaristas
El 18 de mayo se produjo un hito clave en la Confech. Los roces y críticas desde el bloque revolucionario hacia la vocería de Naschla Aburman se expresaron con fuerza y el petitorio final incorporó varias propuestas planteadas por el sector disidente, incluso más allá de lo estrictamente educacional, como evitar la precarización laboral evidenciada a través del subcontrato.

Casi de manera unánime se criticó también la forma en que la mesa directiva abordó la reforma educacional, dejando que las autoridades crearan un proyecto propio sin una participación activa de los estudiantes. Además, distintas federaciones de la autodenominada izquierda revolucionaria, volvieron a advertir su molestia con la agenda que encabeza el movimiento al no incorporar a otros movimientos sociales. Una reflexión que los guevaristas, cercanos al trabajo territorial de base, han intentado extender en la cúpula universitaria.

La influencia de los guevaristas en la Confech está amenazando con romper el status quo. A pesar de tener sólo un año de existencia, han conquistado presencia nacional, desde Antofagasta a Concepción, con más de cuatro federaciones universitarias. Entre sus consignas destacan sus llamados a no votar en las últimas elecciones presidenciales, el rechazo a la reforma educacional, la reivindicación del concepto de poder popular y el fomento de la conciencia de clase en estudiantes y trabajadores.

– El Fel y la Izquierda Autónoma claramente dijeron que no había reforma sin ellos. Nosotros no estamos de acuerdo porque ahora es tiempo de confrontación, no violenta sino política. Dar el mensaje al gobierno que nosotros estamos en una vereda distinta– comenta Cristián, parte de la Dirección Regional de la Juventud Guevarista.

Al igual que otros colectivos de izquierda revolucionaria, la Juventud Guevarista comparte la crítica respecto a la conducción de Naschla Aburman en la Confech, al nivel de ser interpelada por sus nexos con Miguel Crispi de Revolución Democrática, quien hoy trabaja en el ministerio de Educación.

-Nos unimos a la crítica hacia Naschla, porque el movimiento estudiantil es un sector de lucha que tiene mayores niveles de conciencia. Por eso el discurso más duro y confrontacional. No hablamos solo de radicalidad en proyectos, sino también de los proyectos políticos– afirma Salvador, otro miembro de la dirección regional que prefiere omitir su apellido.

La Juventud Guevarista nació el 2012 luego que un grupo de estudiantes que militaban en Convergencia Estudiantil, otra organización de tinte marxista, decidiera abandonar su antiguo proyecto político. A diferencia de otras organizaciones, los herederos del Che Guevara, no tienen reparos en reconocer sus raíces miristas, aunque admiten que su orientación revolucionaria traspasa las fronteras nacionales, sintonizando con otros grupos revolucionarios de América Latina.

-No somos calco ni copia. Recogemos mucho del mirismo, pero también del sandinismo y la experiencia cubana. No queremos hacer un nuevo MIR, porque está clarísimo que en Chile hay varias interpretaciones. Pero sí creemos en una revolución socialista. En la importancia de construir poder popular más allá del estudiantil– cuenta Cristian, dirigente de Juventud Guevarista.

Respecto a su organización los guevaristas explican que prefieren no tener vocería y trabajar en cordones con direcciones regionales, comisiones políticas, congresos y plenos, según la cantidad de militantes por región. De números prefieren no hablar.

-No podemos dejar de reconocer que el ejemplo de izquierda revolucionaria en Chile es el MIR. Pero no somos el décimo octavo intento de fuerza con características miristas. No queremos desempolvar la bandera, buscamos una frescura y por eso hablamos de guevarismo- agrega Cristian.

La Juventud Guevarista reconoce la importancia de la revolución cubana en Latinoamérica como el mismo MIR antes de dividirse en tres facciones a fines de los ochenta: el “MIR militar”, liderado por Hernán Aguiló, el “MIR Histórico” por Andrés Pascal Allende y el “MIR Renovación”, liderado primero por Nelson Gutiérrez y hoy de manera casi vitalicia por Demetrio Hernández y Mónica Quilodrán.

Dos de estas facciones, el MIR militar y el MIR-R, fueron quienes comenzaron a reclutar jóvenes. El MIR-R generó la Surda (origen de la Izquierda Autónoma, que hoy no se reconoce como parte de una izquierda revolucionaria) y el denominado MIR rana (vigente y con representación estudiantil en la Federación del ex Pedagógico). El MIR militar, por su parte, generó un nuevo aparato llamado MIR Ejército Guerrillero de los Pobres-Patria Libre (MIR EGP-PL), de donde vienen la mayoría de los grupos que pertenecen a la matriz mirista que hoy forman el tercer bloque en la Confech.

-El mirismo en Chile no está muerto, aunque sí hay grupos que lo hacen tomando interpretaciones posmodernas del mirismo, como esos miristas mutantes del PRO, o del partido socialista o incluso otros colectivos. Hoy existe un mirismo disperso, diverso y que organizadamente no se va a unificar en el corto plazo– cuenta Cristian de la Juventud Guevarista.

Mario Contreras, presidente de la Federación de la Universidad de La Serena, es militante del MUI-er (MUI estudiantil revolucionario) que es una excepción dentro del bloque mirista que hoy forma parte de la Confech. El MUI-er nace el 2011 como consecuencia del trabajo que distintos estudiantes hicieron en el MIR controlado por Mónica Quilodrán y que actualmente tiene la Federación del Pedagógico. Pero la estructura vertical de la organización hizo que prefirieran desligarse y trabajar autónomamente. “Fuimos víctimas de una sobre ideologización que estaba lejos del pueblo, y un revolucionario no puede no apegarse a las masas. Los grupos miristas en Chile tienen que mirar más allá, recordar a Miguel, pero dejarlo ir porque ahora los desafíos no se logran con romanticismo”, afirma Mario Contreras.

Si bien el MUI-er hoy se encuentra en conversaciones para conformar alianzas con distintos conglomerados que consideran “hermanos en la lucha” como la Juventud Guevarista, el FUR, y otros grupos políticos autónomos de Valparaíso y Santiago, sigue pensando que lo mejor es avanzar paulatinamente hacia una revolución socialista.
-Buscamos generar las convicciones con un cambio de conciencia. Pensemos en vencer la desigualdad antes de plantearse el socialismo. Necesitamos primero una sociedad que se despierte con la opción anticapitalista – comenta Mario Contreras.

El presidente de la Federación de estudiantes de la Universidad de Concepción, Felipe Quezada, asegura que es fundamental que la izquierda revolucionaria se enfoque no solamente en el trabajo de bases estudiantiles, sino que también amplíe sus expectativas.

-Nos importan los problemas del estudiantado pero también el problema social del modelo neoliberal. Nosotros entendemos que la lucha de clases está más en boca que nunca y si no somos capaces de construir alternativas políticas, es imposible que podamos ser la alternativa anticapitalista– remata Quezada, quien asegura que Guillermo Petersen, hoy asesor de Camilo Ballesteros en Dirección de Organizaciones Sociales, DOS, jamás militó en Para Todxs Todo.

Gran parte de los grupos neomiristas tiene una agenda a corto plazo que contempla incorporar a nuevos sectores a sus filas, básicamente, aquellos ligados al movimiento secundario. La razón: entienden que el sector es permeable a sus ideas.