Carlos Alberto Délano
Quiso ser futbolista. Quizás por eso cuando el equipo de sus amores, la U, se abrió a la bolsa en el año 2008, Carlos Alberto “Choclo” Délano (66) adquirió de inmediato el 7,19% de la concesionaria Azul Azul, empresa controladora del club que lo tuvo hasta 2013 como uno de sus directores. Ese año decidió vender sus papeles -que ya se empinaban al 14% – en más dinero que el robo del siglo en el aeropuerto: $6.155 millones.

Quiso ser futbolista, pero nadie sabe si el ingreso al negocio pelotero del Choclo lo motivó su pasión por el balón o el espíritu oportunista que ha marcado su carrera y que lo ha elevado como uno de los empresarios más poderosos de Chile.

Según el ránking de la Universidad del Desarrollo (entidad en la que participa), Penta, grupo del que es propietario junto a Carlos Eugenio Lavín García-Huidobro, figura en el puesto 14 en el escalafón de la riqueza nacional. Desde ayer Penta también es, tras la denuncia del Servicio de Impuestos Internos (SII), una de las organizaciones investigadas por fraude tributario a través del uso de boletas de honorarios falsas para rebajar impuestos.

Pero en su niñez, antes de la ambición y las transacciones millonarias y polémicas, antes de ser samurai de Joaquín Lavín y estratega de Sebastián Piñera, Délano era un pequeño niño de una familia ABC1 poco agraciado que quería ser como Pelé. Lo recordó en noviembre del año pasado, cuando recibió el premio “Best Old Georgian” del Saint George College.

“Lo primero que quiero decirles, es que nunca recibí un premio, en los 12 años que estuve en el colegio (…) En las premiaciones escolares, siempre miraba a mi alrededor, y pensaba que todos mis compañeros los merecían más que yo. Hoy, miro nuevamente a mi alrededor, y sigo pensando lo mismo, ¡Salvo en el fútbol! En la historia del Saint George, fuimos los primeros campeones interescolares de fútbol, en la categoría superior”, dijo la noche en que fue reconocido entre sus pares.

Ahí reveló también el origen de su apodo, que en el círculo político siempre se atribuyó, erradamente, a su dentadura. “Yo era un palomilla (medio rubio/medio colorín, y por eso me pusieron Choclo…) y seguramente en la actualidad me habrían diagnosticado déficit atencional, y más que seguro, me habrían recetado Ritalín (…) Era de esos pinganillas que veían pasar una mosca y ya se estaba riendo”, confesó.

EL ORIGEN

En las investigaciones periodísticas de María Olivia Monckeberg, el “Choclo” es un personaje recurrente: el ingeniero comercial de la UC aparece, entre otros, en el “El Saqueo de los Grupos Económicos al Estado chileno” y en “Con fines de lucro”, en que devela las redes de poder de las universidades privadas. En las indagaciones de Monckeberg, el “Choclo” no sale bien parado.

Se enriqueció, como muchos de su generación, en dictadura. Fichó primero en el grupo económico de Manuel Cruzat. Allí conoció, en 1975 en Consorcio, a su socio Carlos Eugenio Lavín García Huidobro que llegó a ocupar el cargo de gerente general. El Choclo era el gerente comercial en la empresa y se hicieron inseparables. Echaron a andar juntos el negocio de seguros de vida y la AFP Provida a principios de los 80.

En un reportaje de mayo de este año en la revista Capital , Délano recordó esa época en que reclutaba colaboradores e inició su fortuna. “Como no había exámenes sicológicos, le ofrecía cigarros y si me los aceptaban, decía este gallo no quiere mucho la pega. Tenía buen ojo”. Allí cuenta también cuando el 1 de mayo de 1981 se dio inicio al negocio de las AFP y lanzó una campaña con Don Francisco, Julito Martínez y la Gabriela Velasco con la que atrajeron en una semana a 30 mil afiliados. “Le dimos paliza a los competidores, porque capturamos el 40% del mercado”, relató.

En ese tiempo, gerente y todo, Délano era un empleado hasta que decidió independizarse.

La historia es conocida: compró un sitio en La Reina, construyó diez casas y las vendió -como el experto en marketing que es- en un fin de semana. Se entusiasmó y adquirió 20 hectáreas en La Florida y pagó US$20 dólares por metro cuadrado. Allí construyó, junto a Lavín García-Huidobro y otros tres socios -de ahí el nombre “Penta”- 120 casas. De esas sólo vendió 20 y el precio del metro cuadrado bajó a 1 dólar.

Con su familia, ya estaba casado con Verónica Méndez y tenía seis hijos, hoy tiene nueve, se recluyó en Malloco y empezó a pagar las millonarias deudas hasta que en 1982, Manuel Cruzat, como ha sido su sello, tuvo una crisis y empezó a vender papeles de Consorcio.

Délano y Lavín García-Huidobro adquirieron, tras vender el sitio cacho, el 5% de esa empresa y fueron parte de la interventora Comisión Progresa que en 1986 traspasó Consorcio Seguros de Vida y la AFP Provida al Bankers Trust, en una de las primeras operaciones de conversión de deuda externa. La dupla de los Carlos incluyó sus acciones dentro del paquete de venta y obtuvieron 1,5 millones de dólares. A sabiendas de que Bankers Trust sólo iba a adquirir Consorcios Seguros de Vida y no Seguros Generales, Délano y su socio compraron esta ala de la empresa a un valor bajísimo y parte de las ganancias las usaron para, sostiene Monckeberg, adquirir el 7% de las acciones de la AFP Cuprum a los trabajadores del cobre.

En 1988, los hombres de Penta fueron nuevamente favorecidos con la privatización del Instituto de Seguros del Estado, cuyo control adquirieron en 5 millones de dólares, para luego venderlo, a un precio más alto al grupo francés AGF.

En el ’91, Penta adquirió el 50% de la Isapre Vida Tres y luego vino la diversificación. Hoy Empresas Penta tiene presencia en el negocio financiero, de seguros, inmobiliario y salud. Han cerrado buenos tratos: en 2000 Penta vendió a los Luksic su parte del Banco de Chile en 400 millones de dólares; el año pasado, Cuprum se transó en mil millones de dólares. Hoy Penta tiene, por ejemplo, participación en la Clínica Santa María, la Clínica Dávila, Banmédica, Vida Tres, Help, Vida Integra y la Clínica Las Condes; además es parte de inversión inmobiliaria y participan en la fundación que administra la Universidad del Desarrollo, cuya creación se remonta a las postrimerías de Pinochet en el poder.

Fue, relata Monckeberg en “La privatización de las univer$idades: una historia de dinero, poder e influencias”, el 23 de enero de 1990, cuando los estatutos de la casa de estudios quedaron “oficialmente” depositados en el ministerio de Educación para ser aprobados el 14 de febrero de 1990.

Los dueños eran Federico Carlos Valdés Lafontaine (ingeniero civil industrial); su padre, el ingeniero civil Alfredo Federico Valdés Herrera; y los ingenieros comerciales Luis Ernesto Silva Bafalluy (fallecido en 2011), Cristián Larroulet Vignau y Joaquín. Todos ellos eran, a su vez, propietarios de la inmobiliaria Ainavillo, propietaria de la casa matriz de la UDD en Concepción.

“Esta figura de la inmobiliaria ‘anexa’ es el principal mecanismo que han encontrado las universidades privadas para saltarse la disposición legal que teóricamente impide a fundaciones y corporaciones tener fines de lucro. El caso de la Universidad del Desarrollo es ilustrativo, pero es sólo una muestra de lo que ocurre en este negocio que mueve millones de dólares al año”, escribió Monckeberg en alusión al costo del arriendo de estos inmuebles.

En 1993 se inauguró el “primer gran edificio propio en Concepción”, en la calle Ainavillo. La inmobiliaria experimentó una modificación legal en 1994 y las sociedades de papel reemplazaron como socios a las personas naturales. Allí entró el Choclo, y Lavín García-Huidobro, a través de Administración e Inversiones Penta, quedándose con un 16,6% de la propiedad; Estudios Económicos Limitada, la sociedad de Joaquín Lavín, con un 17,1%; Inversiones El Otoñal SA, de Cristián Larroulet, con un 20 por ciento; Inversiones Sydarta Limitada, de Ernesto Silva Bafalluy, con un 22,7 por ciento; Inversiones El Estribo, de Federico Valdés, con un 13 por ciento, y Feval, de Alfredo Valdés, con un 10,4%.

VIVA EL CAMBIO
Délano no milita en la UDI. En el partido reconocen que es un conocido financista de campañas, que siempre está ahí para “dar ideas”, pero que no hay ningún papel que lo matricule como militante. Según sus cercanos, es afín al Opus Dei y de hecho su única hija -los otros ocho son varones egresados del Verbo Divino- se educó en el colegio Los Andes, perteneciente al movimiento religioso del que Joaquín Lavín, íntimo del Choclo, es numerario.

Dicen también que cada vez que alguien necesita una idea vendedora para una campaña, lo llama, porque desde que patentó el “Viva el cambio”, que casi lleva a Lavín a la presidencia frente a Ricardo Lagos, e hizo debutar la segunda vuelta en los comicios en Chile, es el marquetero oficial, aunque el “Alas para todos”, también de su autoría, haya sido uno de los peores eslogan políticos de la derecha.

Como sea, el Choclo influye. Fue uno de los samurai de Lavín, el que decidió que el “gallito de pelea” -frase de Délano que Lavín usó cuando quiso ser diputado y perdió en Las Condes ante Evelyn Matthei- se recluyera en el municipio de Las Condes para armar desde ahí una plataforma que lo llevara a La Moneda. No fue un mal plan el de Délano, aunque luego Lavín se desinfló y otro de sus amigos, Sebastián Piñera, aprovechó el aventón.

Délano fue testigo y protagonista en esa historia. En el libro “Piñera, historia de un ascenso” de Loreto Daza y Bernardita del Solar, se consigna que en 2001, en medio de la negociación de la plantilla municipal, Pablo Longueira fue sorprendido por la bajada de Piñera, a petición de Lavín, de la sentaturía en la Quinta Costa. El acuerdo se había sellado, a espaldas del entonces presidente de la UDI, en una cena en la casa del Choclo.

Había en esa oportunidad, pese a la tensión, confianza. Con Piñera, el Choclo tenía una amistad histórica: la primera vez que el ex Presidente invitó a Cecilia Morel a salir fue a una fiesta a la casa del Choclo.

QUIEBRE Y RECONCILIACIÓN
La relación con Piñera sólo se quebró en mayo de 2005, cuando el ex Mandatario dio en un Consejo General de RN un golpe de Estado y se alzó como candidato.

Un histórico UDI recuerda que el Choclo “se sintió defraudado. Lo vio como una traición y se distanció de Piñera”.

De hecho, cuando Lavín retornó ese fin de semana de Osorno, donde se enteró de que ya no era el candidato único de la Alianza, fue en la casa de Délano donde intentó organizar la resistencia junto a Longueira, Cristián Larroulet, Jovino Novoa, Alberto Espina y Andrés Allamand. Los dos últimos notificaron de que debían cuadrarse con Piñera.

El Choclo también estuvo presente cuando el domingo 11 de diciembre de ese año, Lavín redactó su discurso de apoyo a Piñera en su casa del barrio San Carlos de Apoquindo.

“Lavín le tiene un cariño y una gratitud entrañable”, afirma un diputado de la UDI.

Con Piñera se reconcilió y fue figura relevante en las sombras durante toda la fase de preparación del candidato de 2005 a 2009. En el momento clave, sin embargo, Rodrigo Hinzpeter lo sacó de escena. Fue en julio de 2009, cuando el entonces jefe de campaña decidió profesionalizar el comando, contrató como jefe de publicidad a Hernán Larraín Matte y Délano se fue…a la campaña senatorial de Lavín. En octubre, Piñera le pidió que le diera ideas para la inminente segunda vuelta, ninguna de ellas fue considerada.

“Pero el Choclo las entregó, porque él es así, súper colaborador”, asegura un cercano a quien además es Presidente del Directorio Teletón.

Un UDI, en tanto, agrega que “una virtud tremenda de Carlos es que siguió siendo un hombre sencillo, nunca cambió, siempre ha sido una persona simple, pese a tener mucho dinero”.

¿Y cómo se explica que alguien con tanta plata esté investigado por una boletas truchas de su esposa para rebajar impuestos?

“No es un misterio que a los empresarios no le gustan los impuestos”, destaca esta fuente sobre el niño que quería ser futbolista y terminó jugando golf.