Todos-los-hombres-de-Ponce-Lerou
Julio Ponce Lerou nació en La Calera el 13 de noviembre de 1945 bajo el signo de Escorpión. Su padre, el médico Julio Ponce Zamora, natural de Nogales, estudió en la Universidad de Chile y trabajó en el antiguo hospital San Borja de Santiago hasta que en 1943 se radicó en La Calera. Se casó con la enfermera Alicia Lerou y se transformó en director del hospital local y en jefe de los servicios asistenciales de la Fábrica de Cemento Melón S.A.

El niño Julio estudió en los Hermanos Maristas de Quillota, luego en el Liceo de Hombres de esa ciudad y concluyó sus humanidades en el Internado Nacional Barros Arana, en Santiago. Sus padres y sus cuatro hijos veranearon siempre en Maitencillo, donde tenían como vecinos a los miembros de la familia Pinochet Hiriart. El compañero de juegos preferido de los jóvenes Ponce era Augustito.

No se sabe con certeza de dónde provino el interés por los negocios que desde muy niño tuvo Julio Ponce Lerou. Algunos piensan que hubo influencia de su tío Víctor Ponce Zamora, quien se inició comercialmente en la firma Blume, Ponce y Cía. en Santiago, y más tarde decidió independizarse, dedicándose a la compra de frutos y a la exportación de ajos y cebollas. También fue dueño de una planta de fibra de cáñamo y de una barraca que procesaba madera. Algunos habitantes de Quillota y La Calera aún recuerdan los graves problemas que tuvo Víctor Ponce cuando triunfó la revolución cubana, en 1959, y Fidel Castro cortó abruptamente la compra de ajos y cebollas procedentes de Chile.
Un año más tarde, Ponce Lerou ingresó a la carrera de Ingeniería Forestal en la U. de Chile, en Quinta Normal, tras un frustrado paso por Medicina en la Universidad de Concepción. La facultad sufrió severos daños y se trasladó a una casona de calle Seminario, donde conoció a Daniel Contesse González, el hermano mayor de Patricio Contesse, quien con los años se transformaría en su gran amigo y aliado en múltiples negocios. El mismo que acaba de ser despedido por el directorio luego de 25 años como gerente general de la compañía.

Conaf y sus grupos forestales
Julio Ponce hizo su práctica profesional en Canadá. De vuelta a Chile a fines de los 60’ trabajó en Industrias Forestales S.A. y luego en la planta de Concepción de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, CMPC, la emblemática empresa del grupo Matte. El joven ingeniero conoció a Verónica Pinochet cuando ella tenía 15 años. Fueron novios media década y se casaron en 1969, en Iquique, donde el suegro era ya general y comandaba la Sexta División de Ejército.

Los cuatro hijos del matrimonio Ponce Pinochet son: Julio César, de 44 años, ingeniero comercial; Alejandro Augusto, empresario agrícola; Francisca Lucía, que se casó en mayo de 2007 con el nicaragüense Juan Carlos Porta Pallais, sobrino de un diputado de ese país centroamericano; y Daniela Verónica, la menor, que hasta hace poco seguía viviendo con su madre. Los tres mayores se incorporaron a los directorios de las sociedades Cascadas a partir del año 2005.

En 1972 Ponce Lerou se fue a Panamá como ejecutivo de un aserradero. Volvió a Chile tras el golpe militar de 1973 y su suegro lo nombró director de la Corporación Nacional Forestal, Conaf, cargo que asumió en julio de 1974, manteniéndose en él hasta diciembre de 1979. Conaf tenía a su cargo los predios expropiados por la Corporación de Reforma Agraria (Cora), que había que privatizar. Ponce creó el DL 701, que bonificaba la plantación forestal y consiguió que la masa silvícola creciera a un millón de hectáreas en solo un lustro, siendo esa la base de la multiplicación de la riqueza de grupos forestales como los Angelini y los Matte. También tuvo a su cargo el traspaso a privados de las tres empresas forestales que estaban en manos estatales: Celco, Arauco e Inforsa. Las dos primeras pasaron a manos del grupo que dirigía Manuel Cruzat Infante; la tercera quedó en poder del grupo de Javier Vial en 1976.

Desde Conaf, Julio Ponce también dirigió la liquidación del Complejo Forestal y Maderero Panguipulli, en la precordillera de Valdivia; y de la Hacienda Rupanco, en Osorno. El complejo, de unas 450 mil hectáreas, propiedad de Corfo, pretendía transformar a la industria forestal en el segundo sueldo de Chile, detrás del cobre. La hacienda Rupanco, sin ir más lejos, propiedad de 800 socios, era la principal productora de leche del país, y la segunda de carne. Ponce, sin embargo, las remató sin ningún escrúpulo. Hasta hoy no se conocen los documentos de aquellas enajenaciones, pese a los innumerables reclamos de los afectados. Sí se sabe, en cambio, quienes son los actuales propietarios de esas tierras: los Luksic, los Von Appen, los Elberg, los Petermann, los Ibáñez y los Matte, entre otros poderosos empresarios.

En octubre de 1980, poco después de dejar la Conaf, Julio Ponce formó la Sociedad Ganadera y Forestal Martell Ltda., en asociación con Javier Vargas Nielo, gerente agropecuario del Complejo Forestal y Maderero Panguipulli. Esta sociedad llegó a disponer, entre otros, de los fundos “Tres Palos”, “El Caulle”, “El Manzano” y “Hoyería”. Para entonces, Ponce tenía en sus manos la presidencia en los directorios de la Compañía de Teléfonos y la Industria Nacional Azucarera (Iansa). Además, integraba el directorio de la Empresa Nacional de Minería (Enami).

En 1981 Ponce compró los fundos “El Pafi” y “Río Bonito”, de 1.820 hectáreas, en 18 millones de pesos. De ellos sólo pagó tres millones. Un protagonista de aquella operación fue el compadre de Ponce, el ingeniero Carlos Stutz, quien a la fecha de la compra, era ejecutivo de Soquimich y de la Compañía de Teléfonos. La escritura de compra fue redactada por el abogado y fiscal de Conaf, Armando Gutiérrez. El presidente de las tres instituciones estatales era nada menos que el mismo Julio Ponce Lerou.

El 27 de mayo de 1983 el entonces yerno de Pinochet pidió un préstamo de 780 mil dólares al Banco Andino de Panamá, entidad ligada a Javier Vial, el mismo a quien el ex director de la Conaf había vendido el complejo maderero Inforsa. Por ese tiempo Ponce arrendó en solo 20 mil pesos mensuales un predio —el fundo “Quenchumalal”— de nueve mil hectáreas, de propiedad de la Caja de Empleados Públicos. El avalúo fiscal del predio era de 15 millones de pesos.

Ese mismo año formó una nueva sociedad: la Compañía de Inversiones Agroforestal FRAJ Ltda., que en junio de 1983 figuró constituyendo, en asociación con Alberto Reyes y Ramiro Soffia, la Inmobiliaria El Cuadro Limitada, formada para “la explotación agrícola, forestal y ganadera de predios propios o ajenos”. En FRAJ, Ponce aparecía con su hermano Gustavo, en ese entonces representante diplomático en Japón. Esta sociedad se mostró muy activa desde el principio. En marzo de 1983 ganó en licitación la hacienda “Nueva Etruria”, que tenía 11 mil hectáreas y pertenecía a Conaf.

Carrera al éxito
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Su prolongado peregrinaje por las empresas estatales, incluido su paso por la gerencia general de Corfo, le sirvió a Ponce para fijar su mirada en Soquimich y decidir que allí se quedaría. El salitre, el yodo y el litio serían sus principales rutas hacia la riqueza y el poder.

En 1979, los ejecutivos de Corfo señalaban que Soquimich era una empresa deficitaria, que perdía más de 20 millones de dólares al año. Ya había sido cerrada la Oficina Victoria y el posible cierre de María Elena era un rumor que rondaba los campamentos mineros. En 1980 entraron a Soquimich Julio Ponce Lerou y Patricio Contesse.

En 1981, con Julio Ponce Lerou a la cabeza de la empresa, llegó al departamento de ventas su hermano Eugenio. Dos años después Ponce sufrió un inesperado traspié en su veloz carrera al éxito. El empresario Ricardo Claro y algunos connotados dirigentes agrarios del sur denunciaron públicamente el presunto enriquecimiento ilícito del yerno de Pinochet. Se distribuyó profusamente –por correo y por mano- un escrito anónimo donde se enumeraban las irregularidades cometidas por el empleado público, transformado en poderoso empresario. Las mutuas acusaciones llegaron a los tribunales de justicia y el aludido debió renunciar a la gerencia general de Corfo, sumiéndose en un profundo hermetismo.

En ese momento, Ponce Lerou recibió ayuda del empresario peruano de origen alemán, Juan Rassmuss, quien aparentemente le facilitó medios para que empezara a comprar acciones de Soquimich, en ese tiempo en poder de sus trabajadores.

El nuevo Código Minero, diseñado por José Piñera desde el ministerio del ramo, estableció en 1983 que los nitratos y sales análogas, el yodo y los compuestos químicos derivados, ya no estaban reservados exclusivamente al Estado.

No obstante, el gobierno militar dispuso un período de seis meses para que Corfo y Soquimich fuesen los únicos que pudieran constituir propiedad sobre esos recursos. En marzo de 1984, Corfo otorgó poder a un grupo de abogados vinculados a Soquimich –entre ellos Armando Gutiérrez Nilo, asesor legal de Ponce Lerou en Conaf y encargado de adquisiciones de predios agrícolas en el sur- para que presentaran los pedimentos mineros a favor de Corfo sobre los yacimientos más importantes de salitre y yodo de las regiones de Tarapacá y Antofagasta, correspondientes al 90 % de los existentes en todo el país. Otro tanto hicieron con los depósitos de litio.

El 18 de marzo de 1983, Soquimich fue inscrita como sociedad anónima abierta en la Superintendencia de Valores y en junio fue admitida en la Bolsa de Comercio de Santiago. La Compañía Exportadora de Minas “Cemin”, de Juan Rassmuss, adquirió el 0,82 % de las acciones. También apareció como accionista Julio Ponce Zamora, padre del “yernísimo”.

El 1° de agosto de 1985, el Diario Oficial publicó una serie de aperturas de créditos a empresas nacionales por parte de Corfo. El mayor de todos, que tenía el número 2235, había sido otorgado a la Sociedad Ganadera Monasterio Ltda., propiedad de Ponce Lerou, por la suma de 135 mil UF, equivalentes a unos 344 millones de pesos de esa época y que hoy equivaldrían a más de 3.310 millones de pesos. De acuerdo al proyecto presentado a Corfo por Monasterio Ltda., el crédito sería usado para “adquirir 2.760 vientres bovinos crianceros, para desarrollar un amplio programa de producción de carne en tres predios ubicados en la zonas sur y central del país, que en total suman 4.614 hectáreas”. El proyecto nunca se llevó a término. Algunos aún creen que Ponce usó gran parte de esos recursos para comprar acciones de Soquimich.

Julio Ponce Lerou, en su calidad de gerente de empresas de Corfo, había propuesto la venta de acciones de Soquimich a través de la Bolsa de Comercio hasta un 30 % de su capital. La empresa empezó a tener utilidades y en 1986 se decidió aumentar la participación del sector privado hasta el 49 por ciento del capital social. El paso siguiente fue entregarles acciones a los trabajadores, a través de la recién creada sociedad Pampa Calichera, una de las cuatro empresas cascadas con que controla Soquimich. Luego, los trabajadores-accionistas fueron presionados de las más diversas maneras para que otorgaran poderes a diversos individuos, los que apoyaron a Julio Ponce y su gente en la elección y renovación de directorios. Más tarde, gran parte de los trabajadores vendería sus acciones.

El 18 de noviembre de 1986, Soquimich pasó mayoritariamente a manos privadas. El mayor impulso para que ello ocurriera fue cuando las AFP pudieron invertir en la empresa, gracias al diseño elaborado por José Piñera y Hernán Büchi. A partir de ese mismo año, varios connotados ex integrantes del gobierno militar se integraron a los directorios de las AFP. El primer presidente de Provida, del grupo Cruzat Larraín, fue el ex ministro de Hacienda, Jorge Cauas Lama, y allí estaba también Alfonso Márquez de la Plata; en Santa María figuraba el ex ministro de Justicia, Miguel Schweitzer Speisky; en Summa, propiedad de los grupos Angelini, Luksic y Matte, destacaba el ex ministro de Economía, Fernando Léniz, y así sucesivamente.

El 24 de septiembre de 1987, Soquimich comunicó a la Bolsa de Comercio dos renuncias del día anterior: la del presidente del directorio, el ministro secretario general de la Presidencia, brigadier general Sergio Valenzuela Ramírez, y de un director, el ministro de Odeplan, Sergio Melnick. En la misma sesión fue designado como nuevo presidente del directorio, Julio Ponce Lerou y, como vicepresidente, Abel Valdés Sáenz. Los dos renunciados fueron reemplazados por Patricio Contesse González y Verónica de Luca Alday. En el directorio también estaban Enrique Valenzuela Blanquier –ex ministro de Minería- y el brigadier de Ejército Guillermo Letelier, ex vicepresidente de Corfo, más tarde director de Famae y compañero de viaje del general Augusto Pinochet en sus andanzas tardías por América del Sur y Europa.

Un mes antes, Ponce había comprado dos millones de acciones de Soquimich, pagando un valor cercano a los cuatro millones de dólares. Su padre, el doctor Julio Ponce Zamora, era el principal accionista individual de la empresa; su hermano, Eugenio Ponce Lerou, era el gerente de Ventas; su otro hermano, Gustavo Ponce Lerou, había ascendido hacía poco de consejero comercial a embajador de Chile en Japón. Quizás por una casualidad, el consorcio japonés Kowa, a través de su filial en Chile, Kochi S.A., recién había comprado otro millón de dólares en acciones de Soquimich. Julio Ponce se veía radiante.

En 1990, ya bien entrado el gobierno de Patricio Aylwin, en distintos ámbitos políticos, económicos y sindicales, crecían las expectativas por ver qué haría el gobierno de Aylwin con las empresas estatales privatizadas por Corfo. A mediados de octubre, el nuevo ministro vicepresidente de Corfo, René Abeliuk, dejó entrever las intenciones de la nueva administración:

-En caso de enriquecimiento ilícito ¿cabría la posibilidad de revertir alguna de las privatizaciones?-, le preguntó una periodista.
-En mi opinión personal, no se va a revertir ninguna de ellas, por varias razones. Primero, son juicios complejos que tomarían mucho tiempo y el resultado, para la empresa, sería que mientras tanto quedaría en una situación incierta que la paralizaría-, fue la escueta respuesta del ministro.

Ponce Lerou se abocó entonces a preparar el asalto al control accionario total de la empresa y a tejer las redes necesarias en la Concertación y en la derecha para defender a Soquimich de cualquier intento por revertir la privatización. Incorporó sucesivamente al directorio a varios de los principales ex ministros de la dictadura como Hernán Büchi, a quien habría financiado en su campaña presidencial del año 89 y a connotados representantes de algunos grupos económicos. Paralelamente, empezó a avisar cotidianamente en la revista HOY, propiedad entonces de Marcelo Rozas, muy cercano a Gutenberg Martínez y Soledad Alvear. En las dos décadas siguientes fue sumando a miembros de otros partidos y a colaborar con fondos para las periódicas campañas electorales. El resultado de estos vínculos es lo que hoy tiene a la empresa en la mira de la Fiscalía.