Doris

Fue con un correo electrónico ficticio en el que se hicieron pasar por una gran inmobiliaria interesada en los terrenos de la Maestranza San Eugenio, que el grupo de pobladores del movimiento Ukamau comenzaron a edificar su más anhelado sueño: la casa propia.

Tras apuntar a un predio olvidado hasta hace unos años en plena comuna de Estación Central y obtener el patrocinio del destacado arquitecto Fernando Castillo Velasco, los pobladores del movimiento Ukamau -que en aymara significa “así somos”- lograron la expropiación del terreno abandonado de la Empresa de Ferrocarriles del Estado y erigirán 424 casas con características especiales y un parque con anfiteatro para continuar la organización popular.

Así, aunque no comenzaron con más expectativas que las de formar un comité, hoy se han transformado en un referente de autogestión popular, con acciones que van mucho más allá de las manifestaciones, tomas y cortes de calles a primera hora en la Alameda, y que apuntan a reconocer el derecho a la vivienda en la Constitución, reutilizar los terrenos industriales abandonados y participar activamente en los planos reguladores para decidir cómo serán sus barrios y ciudades.

La voz cantante en el grupo de pobladores hoy la tiene Doris González. La trabajadora social de 33 años es la vocera de una organización que lideró la movilización nacional del pasado sábado y que ahora apunta a sentar precedente en esta materia. “Nos dijeron que estábamos locos y aquí estamos y lo hemos hecho posible”, dice.

El derecho a la vivienda no está contemplado en la Constitución. ¿Por qué debería ser considerado un derecho básico?

Como tú dices, la Constitución en Chile no reconoce el derecho a la vivienda como tal. No existe pronunciamiento frente a esto y los pronunciamientos sobre vivienda solo hablan de “allanamiento de vivienda”, lo cual deja mucho que desear. Y la problemática de vivienda no es sólo para las familias que el Estado o un gobierno dice que son más vulnerables que otras. Tiene que ver con una construcción de sociedad, de las ciudades y sobre todo pensando en la segregación social que existe en nuestro país. Entonces, las comunidades las constituyen personas y sujetos que viven en ellas y construyen su vida y sus viviendas también pasa a ser algo importante para poder construir una sociedad más igualitaria y más justa. No es solo la vivienda del más pobre. Por el contrario, la vivienda del más rico hasta la del más pobre tiene que ser garantizada y tiene que estar establecida dentro de nuestra Constitución y como una política de Estado, no solamente como una política de gobierno que se rige por decretos presidenciales y que cambian cada cuatro años según el gobierno de turno y las voluntades políticas que tengan cuando asuman. Eso deja al arbitrio una vez más del mercado los suelos para construir, y así se construyen las ciudades sin una planificación urbana adecuada. Aquí a los únicos que se escuchan en definitiva es a los empresarios, a las grandes constructoras, a la Cámara Chilena de la Construcción y las organizaciones que estamos luchando por el patrimonio y por mejores ciudades, no somos escuchadas.

Chile enfrenta el problema de los sin casa con una política de subsidios habitacionales y la construcción de viviendas sociales en la periferia. ¿Cómo se cambia eso?

Bueno, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos a la cual adscribe Chile, el artículo 25 habla de que el derecho a la vivienda debe estar garantizado por los Estados. Y eso no se está respetando. El nivel de hacinamiento de las familias que viven de allegadas es gigantesco, el nivel de endeudamiento de muchas familias que han tenido que endeudarse con un crédito hipotecario porque no tienen otra alternativa también. Porque el sistema de medición que tenemos en este país para ver si tú eres beneficiario, que es la ficha de protección social, está caduco. Dice que somos muy ricos para el Estado y muy pobres para los bancos. Entonces, ahí no hay un sentido de buscar una solución sino que más bien es hacer que la gente siga postergando sus necesidades y muchas veces pasa que sus viviendas, después de años de pagar y habitarla, de vincularse a un territorio, sean rematadas y sean expulsados. No hay un trato adecuado de cómo queremos rescatar nuestra memoria histórica y de cómo se han ido construyendo los barrios.

Muchas veces la gente cree que los movimientos de pobladores “quieren que les regalen las casas”.

Es que a veces se mal entiende el tema de la vivienda. Nadie está pidiendo que le regalen una vivienda, queremos que se garantice un derecho y que todos podamos acceder de una u otra manera. Las familias cuando postulan a una vivienda social tienen que ahorrar una cantidad de dinero en una cuenta de un banco, tienen que organizarse, tienen que postular, tramitar su vivienda. Entonces tampoco es un regalo. Y muchas veces el subsidio, que se entrega desde el año 78, una herencia de la dictadura, los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría no han podido cambiarlo. No tienen otra lógica más que esa de focalización. Piensan que ese es el regalo que nos pone el Estado, pero eso es también devolución de los impuestos que también pagamos. O sea, cada poblador, pobladora, sujeto que está en esta sociedad tiene que pagar a veces dos o tres veces por un mismo producto. Entonces de una u otra manera se tiene que devolver esta ganancia de parte del Estado.

¿Y cómo se cambia este sistema?

Nuestra propuesta es principalmente que escuchen a las organizaciones de pobladores las necesidades que tenemos hoy día en pleno siglo XXI, que no son las mismas necesidades que tenían en el año 50, 60. Las políticas se tienen que ir adaptando a las demandas que tienen hoy día los ciudadanos, pensando también que las familias tampoco están constituidas como hombre mujer e hijos o los jóvenes profesionales que estudian en la universidad y terminan endeudadísimos pagando sus carreras y tampoco pueden acceder a una vivienda y terminan siendo los arrendatarios crónicos. Eso también es un problema de vivienda que no ha sido visualizado. Nosotros tenemos muchas propuestas que ya hemos puesto sobre la mesa de la autoridad sobre la política de suelos. Porque hoy día está en manos de los privados, sigue siendo un negocio para ellos. Y por eso también a los pobres se les expulsa a la periferia de la ciudad porque en los centros de la ciudad no se están construyendo viviendas sociales. Acá se pretende seguir haciendo caja por las inmobiliarias y se construye pensando en oficinas en arrendatarios más que en buscar una solución real al problema que tenemos hoy día en Santiago; viviendas que no son sociales, pero que tienen problemas como si fueran viviendas sociales.

¿Los guetos verticales?

Claro. Acá tenemos varios ejes en la ciudad como Santa Isabel, el mismo General Velázquez con la Alameda, donde se levantan torres y torres de departamentos que no sabemos quiénes las van a habitar. Ahí no hay construcción de comunidad, tampoco ensanchamiento de calles, de alcantarillado. Entonces termina siendo un problema además que muchas de esas construcciones y esos edificios hoy día tienen problemas de agua porque las bombas impulsoras no funcionan bien, no tienen estacionamientos adecuados para la cantidad de habitantes. El tema de la congestión vehicular. Eso genera otro tipo de cuestiones sociales que vienen amarradas. Por eso es tan importante pensar en cómo vamos a construir y que exista de verdad una planificación urbana para lo que se necesita hoy día. Hoy en Santiago se construyen las poblaciones verticales, que son unas moles gigantescas de miles de departamentos. Entonces, cuando te entregan el subsidio y tienes que salir a buscar en el mercado, las pocas oportunidades que te entrega este modelo, es bien difícil que la gente no se frustre. Y después, al final, cuando tienes el subsidio, no tienes posibilidad. La única es mandarlos a la periferia, donde no existe nada. Eso es lo que queremos cambiar.

Ukamau

¿Por qué crees tú que el derecho a la vivienda queda tan relegado detrás de otros derechos que son reclamados por la gente en general? Parece ser que se queda a la cola.

Creo que hay varias cosas que influyen. Lo primero es la focalización de ayuda a las personas con subsidio a vivienda social o a la clase media emergente. En muchos de los casos te obligan a buscar una alternativa de manera individual. No se ve como algo colectivo, como una demanda colectiva. Además que las organizaciones que hemos venido levantando la voz sobre el derecho a la vivienda hemos sido bastante marginadas en los medios de comunicación, de los espacios más institucionales y quienes hemos ido levantando esta consigna somos los sectores más populares. No son las capas medias, como por ejemplo en el espacio medioambiental, donde tienen más acceso y están más ligados a la academia y los medios de comunicación. En el ámbito estudiantil es lo mismo. Las organizaciones estudiantiles han logrado levantar sus demandas, pero tiene otra connotación. Son los sectores populares los que han sido marginados constantemente los que hemos venido levantando esta consigna y no ha sido relevada a lo que se debiese. Creo que tiene que ver con eso. Nos han instado a buscar una alternativa individual dejando lo colectivo de lado y además marginando mucho esta demanda. Te pongo un ejemplo muy gráfico: La gente del Andha, con su reivindicación totalmente consciente, lo que ellos reclamaban estaba bien. O sea, ¿por qué tienen que pagar tantos intereses cuando otras familias ya pagaron el valor de su vivienda y lo único que terminaron pagando fueron los intereses que los bancos le ponían, pero igual les remataron la casa? Persiguieron a la Presidenta, molestaron, hincharon, se colgaron de ventanas y puentes, cortaron calles y ¿qué fue lo que hicieron los medios de comunicación y las autoridades? Los satanizaron. Porque al final terminaron diciendo que lo que quería esa gente era que les regalaran la casa.

¿Es lo mismo que dicen de ustedes?

Lo mismo que dicen de nosotros. Cuando hemos cortado la Alameda a las 7 de la mañana, o cuando marchamos. Entonces, no hay una visión más allá de lo que queremos. Dicen que hacemos eso porque tenemos tiempo pa’ perderlo. Nosotros no tenemos tiempo pa’ perderlo. También somos trabajadoras y lo que hacemos es tratar de influir en cambios que tiene que hacer la sociedad completa, no solo un proyecto de vivienda particular o con una casa. Es algo que tiene que ver con la construcción social.

LA OBRA PÓSTUMA DE CASTILLO VELASCO

En este trabajo comunitario, Doris dice que se ha encontrado varias veces con portazos. De la municipalidad, del Serviu y de varias autoridades. Pero encontraron una forma de llevar adelante su proyecto, encontrándose en el camino con un apoyo impensado: el del fallecido arquitecto Fernando Castillo Velasco. Hoy la construcción del nuevo barrio de Ukamau es la obra póstuma de un político y académico destacado por su trabajo en la vivienda social.

“Nosotros estamos marcando un hito importante con la posibilidad de que los pobladores participen de las políticas públicas, llevando adelante un proyecto en el centro de la ciudad, en la comuna de Estación Central, justo en el límite de la comuna de Santiago y que siempre nos dijeron que era imposible. Eran terrenos de EFE y nos dijeron que estábamos locos cuando pensábamos en el proyecto y con la características que nosotros queríamos: un proyecto de autogestión, bajo el artículo 68 del Decreto 49 del gobierno de Sebastián Piñera; un proyecto elaborado por don Fernando Castillo Velasco, que es su obra póstuma, con 7 metros cuadrados más que lo normal. Y lo hemos hecho posible. Por la rigurosidad de la organización, por el nivel de lucha que hemos tenido y capacidad de respuesta ante la autoridad, que generalmente es negligente”, dice.

¿Cómo nació el proyecto de la Maestranza?

Para ser sinceros, cuando comenzamos no pensamos que el Ukamau iba a tener tanta convocatoria. Nosotros pensábamos que íbamos a formar un comité de vivienda de 80 a 100 personas y estábamos viendo terrenos en lo que es el cordón de 5 de abril con General Velásquez. Y ahí nos dimos cuenta que la demanda fue mucha. Llegaron más de 400 personas al Ukamau buscando una solución.

Pero el Ukamau ya existía.

Existía y siempre hemos sido igual. La lucha, los cortes de calles y organizarse, meternos en la política. La gente ya sabía cómo éramos nosotros. En la sede hay imágenes de Allende, del Ché y de Miguel Enríquez, entonces nadie podía decir que no nos metíamos en política. Ahí agarramos el plano de Estación Central y dijimos que había que agarrar un terreno grande y que dé cabida a más de 400 familias, que es lo que estaban con nosotros. Llegamos a los terrenos de la Maestranza San Eugenio, que estaba botada desde el año 92 o por ahí y dijimos ‘veamos en qué condiciones están los terrenos’. En ese tiempo todavía estaba latente los juicios hacia la gerencia de EFE, por el tema de los terrenos fundidos en el gobierno de Lagos y todos esos chanchullos que habían cometido. Entonces, lo primero que hicimos fue mandar una carta haciéndonos pasar por una inmobiliaria. Hicimos la carta que queríamos comprar una franja de terreno de la maestranza, que estábamos muy interesados en eso.

¿Cuál fue la respuesta?

La respuesta de Ferrocarriles fue muy buena, nos dijeron que a ellos también les interesaba y que iban a estudiar con el municipio por el cambio de uso de suelo. Vimos que había disposición a vender los terrenos y ahí mandamos la misma carta y solo le cambiamos el logo de la inmobiliaria por el del Ukamau. Ahí el portazo se escuchó hasta Punta Arenas jajaj. Nos dijeron que no, que no había ninguna posibilidad, que ellos no iban a vender. Lo conversamos con la gente y con la asamblea tomamos la decisión y nos fuimos a tomar la estación central de trenes. No dejamos entrar ni salir a nadie que quisiera bajar o subirse del tren. Y causamos conmoción con nuestros letreros. A los 15, 20 minutos ya teníamos una llamada de la gerencia de Ferrocarriles para negociar el terreno. Eso marcó un hito importante para la lucha del Ukamau. Si hubiéramos dicho que no nos iban a vender porque éramos pobladores, no habría pasado eso. Acá había una determinación. Tenemos argumentos políticos para eso porque nuestros abuelos llegaron a construir la comuna de Estación Central. ¿Por qué nosotros tendríamos que irnos de ahí?

Mapa Maestranza Ukamau

¿Qué ocurrió después?

Después fuimos a ver a alcalde que no nos quiso recibir por dos semanas. Después nos tomamos la municipalidad y nos recibió a los cinco minutos. Pero él también nos decía que estábamos locos. De hecho, cuando le dijimos que íbamos a comprar el terreno de la Maestranza, se rió y dijo que él iba a comprar la torre Entel. Así que nosotros le dijimos que lo hiciera. Y después de varios años, tengo entendido que todavía no compra la torre Entel y nosotros sí tenemos el terreno, el proyecto, los planos… tenemos todo.

Lo lograron empujando.

Esto es un precedente para las organizaciones no sólo para conseguir un departamento, una vivienda, sino que para también construir una comunidad donde van a habitar. La organización es algo fundamental para eso y el aprendizaje de las personas que se agrupan en esta organización es lo que permite llevar adelante luchas como éstas y no cualquiera venga y le meta el dedo en la boca. Si nosotros no hubiéramos tenido la convicción no habría sido posible.

¿Cuánto pesa en el proyecto de ustedes contar con el apoyo de alguien como Fernando Castillo Velasco?

El proyecto de don Fernando sin la organización del Ukamau o la organización del Ukamau sin el proyecto de don Fernando no hubiera sido lo mismo porque de verdad sirvió mucho poner sobre la mesa también su nombre. Nosotros no somos cualquier cosa, por decirlo así. Tenemos un arquitecto de renombre que está con nosotros, que son hombres y mujeres que salen a cortar la Alameda y que marchan hacia el centro de Santiago, con los estudiantes, con las mujeres. Que se movilizaron contra la reforma laboral, las AFP. Porque nosotros no nos disfrazamos de algo que no somos. Somos una organización que utiliza todas las formas de lucha que sean necesarias para llevar el objetivo adelante. Y eso don Fernando lo sabía y estaba dispuesto a trabajar con nosotros por lo mismo. Sabía de la disposición de llevar adelante este proyecto, que es algo más que la Maestranza, es un proyecto país. Pero claro, cuando llegamos con él, había asesores del Serviu que habían sido sus alumnos. Ellos decían ‘¿por qué don Fernando anda con estos locos?’ Le daba y le da todavía un plus al proyecto.

El proyecto además, tiene características específicas para ustedes. ¿Cuáles son?

Este proyecto está hecho a la medida del Ukamau. Es un proyecto que se construyó en base a las demandas y las necesidades de esta comunidad. Son departamentos que fueron trabajados con los pobladores en sus asambleas. Acá se buscaron las mejores fórmulas, se hicieron presentaciones, la gente aprobó o desaprobó las propuestas de los arquitectos y las perfeccionó. Los espacios públicos, donde se va a desarrollar la comunidad, tiene un gran parque y anfiteatro que va a permitir que la organización siga funcionando como tal. La misma gente, quienes participan de la organización, fueron quienes consiguieron que el terreno se expropiara por parte del Serviu y se han hecho cargo de que todos y todas colaboren en el proyecto con sus opiniones. Las costureras, los maestros carpinteros, la dueña de casa, el feriante. O sea, todos han aportado. Y no solo la estructura física.

Me contaron que en los planos de las viviendas, la cocina también tiene un lugar especial.

Históricamente hemos sido las mujeres quienes hemos llevado la lucha por la vivienda sobre nuestros hombros. Hombros y hombres jajaja. Y eso no se había visto reflejado porque esta cultura machista nos hacía siempre elegir más a los hombres como dirigentes porque ‘ellos están más capacitados’. En cambio aquí no: somos más mujeres y más mujeres estamos en la dirigencia, vocería y los cargos. Y el tema de la cocina, claro, fue una discusión. La cocina siempre estaba en un rincón de la casa y un lugar cerrado, donde la mujer está haciendo las labores que debe cumplir ‘su rol histórico’. Acá no po’, está ubicada en el espacio común de la familia y no tiene muros que la dividan del espacio de encuentro. Porque no podemos quedarnos relegadas a lo que la sociedad quiera que hagamos. La cocina es parte de lo que es el living comedor, como lo que llaman ‘cocina americana’. Entonces, estamos abriendo espacios para que la mujer tenga el papel primordial y fundamental que tiene dentro de la sociedad también. Es un pequeño ejemplo.