FRANCISCO AGUERO

¿Cómo ha operado la delación compensada?
Surgió hace unos 30 años en Estados Unidos para tratar de romper acuerdos secretos. La eficacia no fue inmediata, porque no estaba claro si a los delatores los iban a perdonar o no. Se hicieron ajustes y los tribunales se llenaron de denuncias. En Chile, esta práctica ha ayudado. Sin estos “soplos”, no habríamos descubierto algunas de las colusiones grandes que se han detectado, la del papel higiénico o la de las navieras. Pese al tema cultural que está presente, la traición permite recuperar mucha plata por estas distorsiones.
¿Qué lleva a un empresario o a un ejecutivo a traicionar a otro con el cual en su momento se puso de acuerdo para cometer un delito?
Acá se aplica la teoría del juego y básicamente se habla del dilema del prisionero: o se traicionan o mueren en la rueda. La delación compensada genera un incentivo a desconfiar que hace que los empresarios corran a delatar. Se supone que el primero en hacerlo no recibe una sanción, el tema es que a nuestra cultura no le gustan los acusetes: los delatores son personajes despreciables.

¿Cuánto influye la endogamia de la elite para no traicionar?
Influye. Efectivamente las élites son pequeñas, gente que ha ido a colegios y universidades más o menos parecidos y que probablemente profesan la misma religión, pero el repudio a estas prácticas va creciendo. Recuerdo que cuando apareció el tema de las farmacias, algunos accionistas de otras compañías decían que los de la otra cadena eran traidores. Ahora, sin embargo, estamos viviendo un cambio cultural. Aunque tengas mucha plata y seas de la élite, aun así hay un reproche, como lo que le pasó a Eliodoro Matte.

¿Han subido los índices de delincuencia económica?
Pareciera que hay más, pero es porque se están descubriendo y no porque hayan aumentado. La percepción es que estamos llenos de delitos, aunque la verdad es que antes estábamos con más.

¿Por qué crees que los delitos de connotaciones económicas se tratan de manera tan distinta al resto? En la cárcel hay un dicho: “acá estamos los que robamos poco”.
Antiguamente yo creo que había mucha impunidad, ahora cada vez menos. Naturalmente esto es una transición, el sistema penal se está ajustando a la libre competencia. Antes, las multas eran muy bajas, si uno mira la resolución del primer cartel de las farmacias, en la década del noventa, tuvieron que pagar como 50 millones de pesos cada una, un monto bajísimo. Los temas de colusión antes no eran tan transcendentes como lo son ahora, donde la sociedad entiende que esto es como un robo hormiga a gran escala. Actualmente, hay una demanda social por sanciones más altas, estamos viviendo una modernización que probablemente pone a la legislación en sintonía con las normas de países como Estados Unidos, Brasil, y algunos de la Unión Europea. El tema de la competencia y de los consumidores se ha transformado en un nicho político, es cosa de ver la cantidad de proyectos que se presentan en esta materia.

Acá aún faltan ciertos hitos. Todavía no ha caído preso ningún ejecutivo o empresario que se haya coludido.
Claro, estamos avanzando de a poco en materia de delincuencia económica. Un ejemplo: algunas sentencias tras la crisis bancaria de la década del ochenta, estuvieron cuarenta años después, cuando mucha de esa gente ya había muerto. Eso era impunidad. En esa época, para los tribunales era difícil entender esta situación, y no es que ahora sea más fácil, sino que hay más especialización y los juicios avanzan más rápido. Como la justicia está siendo más oportuna eso disminuye la impunidad.

¿Qué tan sofisticado se han puesto los carteles?
Cada vez vamos a ver menos correos electrónicos en cuánto a estas prácticas, porque sabes que la fiscalía puede interceptar tus comunicaciones y tus computadores. O el uso de servicio de mensajería como whatsapp y otros más confidenciales. Probablemente va a costar cada vez más encontrar las pruebas. Por eso es necesario fortalecer la delación compensada. Para eso hay que tener incentivos, porque si los ejecutivos creen que por hablar van a terminar en la cárcel, no van a decir nada. Corea del Sur y Estados Unidos, no solo garantizan medidas especiales para los delatores, sino que también te premian. Es decir, además de liberarte del garrote, te dan una zanahoria. Esa zanahoria a veces se traduce en plata, en una recompensa para el traidor.

¿Tienen un comportamiento mafioso?
Esto tiene una naturaleza de crimen organizado, porque requiere coordinación y de un liderazgo, pero también funciona como un club. Es por eso que las formas de detectar las colusiones son las mismas que se ocupan para desbaratar organizaciones delictuales.

¿Qué tanto creen en el libre mercado los que se coluden?
No mucho. Adam Smith decía que cuando dos o más competidores se juntaban, rápidamente terminaban conversando de precios. No es raro, la competencia hace desaparecer compañías y el cartel busca la tranquilidad que tiene el monopolista.

Hay algunos empresarios que defienden estas prácticas diciendo que lo importante es dar trabajo, el mismo argumento que usan los narcos para defender su negocio diciendo que emplea a jóvenes como soldados.
Es verdad, y por lo mismo necesitamos sanciones penales que nos permitan calificar a los coludidos como delincuentes. Ha habido un esfuerzo de los últimos gobiernos. La gente califica a la colusión como una lacra, lo peor de lo peor. Ahí hay un reproche social y ético que demuestra que la gente desconfía y que espera que el sistema funcione, aplicando penas ejemplares para todos.

¿De qué manera las compañías se están resguardando ante la colusión?
Hoy las empresas están incorporando manuales de libre competencia donde les dicen a sus ejecutivos lo que pueden o no hacer. ¿Pueden tener amigos en la competencia? Sí, se pueden juntar, jugar fútbol, curarse, pero nunca conversar de negocios, porque eso puede terminar en un cartel.