El debate de la política tradicional parece mostrar dos posturas contrapuestas respecto al proceso de reformas del actual gobierno en educación superior. Mientras Sebastián Piñera promete echar pie atrás en nombre de la libertad de los estudiantes y sus familias, la Nueva Mayoría ha decidido cuadrarse con el gobierno para empujar su agenda legislativa actual, más allá de cualquier crítica que se planteen verbalmente.

Tanto las propuestas y alegatos de la derecha, como las defensas de la Nueva Mayoría en sus variopintas caras llaman la atención. Ronda un verbalismo reformista que en la práctica abraza los mismos principios. En el caso de la Educación Superior, la ministra Delpiano presentó una reforma dividida que en su contenido no es muy diferente del Gran Acuerdo Nacional por la Educación (G.A.N.E.) y en su compromiso de iniciativa sobre el Crédito con Aval del Estado (el reemplazo del CAE por un nuevo instrumento crediticio), la propuesta no se ve lejana a la que hiciera el destituido ministro Harald Beyer. Así lo muestra el estudio comparativo que trabajó el equipo de educación de la Fundación NODO XXI.

El GANE, fue la propuesta educacional impulsada por el gobierno de Piñera en respuesta a las multitudinarias movilizaciones estudiantiles del año 2011. En su contenido podemos destacar la creación de una superintendencia de Educación Superior, algunas modificaciones al sistema de acreditación y un sistema de financiamiento mixto basado en el crecimiento de becas. Todas estas propuestas, sin diferencias demasiado sustantivas, son hoy rescatadas en el proyecto de reforma del actual Gobierno.

El vínculo orgánico de la concertación y la derecha con el empresariado, han permitido que al momento de presentar, debatir y aprobar reformas, independientemente del espectáculo de críticas que públicamente se lancen, los matices que se aleguen y las “diferencias” que intenten construir, la continuación del modelo que bien les ha funcionado para construir un Estado que en vez de garantizar derechos para todas y todos, les garantiza cuantiosos negocios y privilegios, los ordene. Las reformas profundizan al mercado educativo y afianzan al modelo subsidiario en materia de derechos.

Las fuerzas de cambio no podemos titubear ni confundirnos por el fuego de artificio en torno a la reforma, pues en la práctica nos amarran a más Estado Subsidiario y privatización. Tampoco podemos ser el escudo defensor del proyecto concertacionista y sus reformas frente al chantaje del avance de la derecha en su oposición burocrática, porque ésa derecha en sus ideas ha gobernado y sigue gobernando. El retroceso del mercado educacional es posible, si es que decididamente ponemos en el centro del debate y de la reforma a la educación pública, de la mano de los actores que lo han hecho posible.

Francisco Figueroa
Camila Rojas
Precandidatos a diputados por Izquierda Autónoma.