Un reportaje de la revista Sábado relata la historia del primer aborto legal en nuestro país, tras la aprobación de la ley bajo tres causales.

Desde Chiloé hasta el hospital San José de Santiago. Este el recorrido hecho por una menor que quedó embarazada tras una violación en Castro.

El relato de la historia es siguiente:

A las 8 de la noche sonó el teléfono del doctor Gonzalo Rubio de 34 años, al otro lado del teléfono el Ministerio de Salud. Le preguntan desde el mismo Ministerio si el hospital San José de Santiago dispone de equipo para efectuar un aborto, el doctor responde que sí y le dicen: “Tenemos el primer caso, una niña de Chiloé fue violada y la gestación es de 12 semanas”. El doctor Rubio aconseja no moverla de ahí, para no afectarla, pero le comentan desde el Ministerio que sus colegas se habían puesto pesados con el tema dada la ausencia de reglamentos para procedimientos de este tipo.

Finalmente el médico del San José acepta recibirla.

“¿Cuántos años tiene la niña?”, pregunta el doctor Rubio, “12 años” la respuesta ministerial.

A media mañana del día siguiente llega el informe y el doctor Rubio finge la sorpresa y afirma que no tiene objeción de conciencia. Si efectuara la operación.

Para entender mejor la postura del doctor Rubio, éste relata la historia macabra de cuando tenía 16 años y en el colegio le mostraron entonces un documental llamado “El grito silencioso” donde aparece algo llamado “dilatación y evacuación”. Se trata del momento en que hay que sacar el feto y fraccionarlo. “Algo útil a traumatizar niñas y niños en los colegios”.

Se preparan para la operación: disponen el personal, le reservan a la menor una sala personal en Maternidad donde no pudiese ver otras madres e hijos juntos. Ese día no llegó la menor a Santiago, tuvo problemas con el vuelo, llegaría solo el jueves.

El doctor Rubio va a dormir el miércoles por la noche pensando en evitar un escándalo y el resguardo de la privacidad de la niña.

No era el primer aborto que ejecutaba, hubo otros que el doctor Rubio efectuó en Ciudad de México, mientras estudiaba en la capital mexicana para acumular experiencia acerca del aborto mismo.

El día de la intervención, a las 11.00 hrs aparece en el San José la niña. Iba acompañada por su madre, una enfermera y, recuerda Rubio “un peluche de Winnie the Pooh entre los brazos de la menor”.

Tras haberle dado los fármacos necesarios para proceder con la operación, la acomodaron en posición ginecológica para desinfectar el cuello del útero y el equipo médico colocó las cánulas, que van conectadas al aspirador y vaciaron el útero. Nadie habló durante esta parte. Había una cierta tensión.

La operación fue un éxito. Al despertar la menor pidió su peluche, le tomaron los signos vitales y le dieron algo para comer.

Un pequeño paso para la medicina chilena, un gran paso para todo el país.