“Cuando me puse ese jeans, le vendí mi alma a la gorda vanidosa, que se tragó todo el miedo y me lo devolvió en forma de una máscara posible para resistir los insultos, las miradas que te juzgan y las numerosas formas de discriminación. Mostrar el culo, las piernas con celulitis, la panza estriada y mis brazos como alas de grasa colgante me liberaba de un prejuicio sobre mi cuerpo que no sentía correcto. Así, la gorda vanidosa entró a la peluquería y en un acto punk rocker, y aboliendo el símbolo de ‘femineidad’ que es el pelo largo, se hizo una cresta ochentosa e iluminación. Ese día comenzó mi rebelión corporal contra el sistema opresor que me venía vigilando desde mi más tierna infancia”. Esa es una de las íntimas experiencias que Lux Moreno (31) relata en ‘Gorda Vanidosa’ (Planeta, 2018), un libro que aborda los miedos y contradicciones de una mujer gorda que habita una sociedad hostil, capitalista y que tiene al cuerpo como principal objetivo de vigilancia y castigo.

Con su jopo y su jeans ajustado, Lux se rebeló contra el desprecio que le hacían sentir por su cuerpo. Pero, ¿por qué ponerse un pantalón puede convertirse en una hazaña? Porque, siguiendo su planteamiento, cuando te has odiado toda tu vida por no encajar en las normas físicas que el mercado impone sobre tu cuerpo, lograr calzar una de estas prendas no tiene que ver sólo con la talla: tiene que ver con cambiar la mirada que tienes de ti misma.

-El libro surge de la necesidad de visibilizar al activismo gordo como una forma de la diversidad corporal, pero, al mismo tiempo, del deseo de generar una herramienta vital y teórica para aquellos que se encuentran atormentados por estas normativas corporales.

¿Cuál fue tu necesidad personal de escribirlo?
-El libro es la compilación de una serie de experiencias vitales que se encarnan en mi hacer como investigadora. Se podría decir que la necesidad personal que mueve al texto es la de explicitar una filosofía vitalista del cuerpo. En este caso, de mi cuerpo dentro de los colectivos de las disidencias corporales.

¿Por qué crees que la sociedad castiga a las personas gordas?
-Las personas gordas en general y sin discriminar su elección sexo genérica, son uno de los chivos expiatorios de la sociedad de consumo. Esto quiere decir que las personas con corporalidades gordas aparecen en un doble juego: son invisibilizadas por no cumplir con los estereotipos corporales y desechadas del mercado del deseo. A su vez, son visibilizadas para ser señaladas como desvíos de esas normas. Es decir, al gordo cualquiera puede señalarlo violentamente como aquel que no ha logrado llevar adelante los mandatos corporales, ofendiéndolo, denigrándolo, con total impunidad.

En tu libro planteas que ser gorda no es una experiencia accidental, sino un “collage” atiborrado de experiencias de exclusión y discriminación.
-El collage tiene que ver con una serie de experiencias que vivimos día a día las personas gordas. Desde no encontrar talla de ropa, hasta no entrar en los asientos estandarizados del transporte público. Esto muestra que hay una conjunción de dispositivos de control (entiéndase como maneras de disciplinar) que van desde belleza estereotípica, la industria de los alimentos dietéticos y el fitness, hasta las representaciones culturales vigentes que circulan acerca del cuerpo.

¿Y qué pasa con el deseo? Es es un tema que abordas ampliamente.
-El deseo en sí mismo es un concepto arduo, por todos sus derivados teóricos. En lo personal, creo que los espacios de deseo deben ser disputados para que las personas gordas podamos dejar de ser excluidas. Esto significa que los gordos debemos ocupar sin complejos nuestro espacio en el mundo y a desear y ser deseados sexualmente, como cualquiera. Ese en sí mismo es el deseo del libro.

¿Las mujeres gordas quedan fuera como sujetos de deseo?
-No solo las mujeres gordas. Diría que todas las personas con corporalidades diversas que se encuentran fuera de esos estereotipos o normas corporales que el mercado marca como “apropiadas” y se traducen en “deseables”. En ese sentido, la belleza que norma estos estereotipos es la pauta para ser o no deseados. En el caso de las mujeres, el asunto es más sanguinario aún, ya que la historia de los movimientos de mujeres ha desenmascarado una serie de prácticas sobre el cuerpo de la mujer. Es decir, las mujeres se han transformado en objetos de consumo hipersexualizados por una serie de sujeciones que propaga la cultura heteropatriarcal. Por ejemplo, el uso de mujeres rubias, flacas y sin arrugas, modificadas con el uso de photoshop, para vender desde medicamentos a autos.

¿Cómo se arma el ‘amor propio’ en una sociedad que siempre lo ha atacado?
-Yo no hablo de amor propio, eso me parece una trampa. El capitalismo opera en los afectos con lo cual me parece que debemos reconstruir nuestra relación con el cuerpo descentrada de estas formas de normar las corporalidades que tiene nuestra sociedad actual. No se trata de “quererse” o “aceptarse” si no de terminar con los modos de violencia y opresión sobre las corporalidades diferentes. El amor propio es sin duda otra mercancía de mercado, una promesa exitista de la misma lógica.

¿Llegaste a normalizar la violencia, la opresión contra tu cuerpo?
-Sin duda la gordofobia es parte de la violencia que no sólo se ha normalizado, sino que se ha interiorizado. Todos somos policías de los cuerpos: tanto de los nuestros o de los de los otros, siempre estamos midiendo si corresponden o no a los estereotipos. La resistencia a esas prácticas está cuando empezamos a dar cuenta de cómo esas violencias sostienen jerarquías entre los cuerpos que hacen a algunos más o menos visibles en el espacio social. Creo que, como todo en la vida, tenemos momentos de más resistencia y a veces otros con menos fuerzas. Por eso, necesitamos generar comunidades político-afectivas desde las que podamos hacer lazos que nos permitan también descansar de esas violencias.

¿Sientes que escribiendo ‘Gorda vanidosa’ ayudas a otras mujeres? ¿De qué forma?
-No sé si ayudo a un grupo de las mujeres. Mi intención es más bien dejar una herramienta o, mejor dicho, un repertorio personal y filosófico donde se pueda ver que existen otras realidades posibles donde las personas gordas tenemos una vida digna.

¿En algún momento pudiste reconciliarte con tu cuerpo? ¿Pudiste poner punto a la violencia contra él?
-Creo que se acabó cuando me di cuenta de que las exigencias de los mandatos corporales nunca terminaban. Nunca se es lo suficientemente delgado o bello para este sistema de valores, con lo cual me parecía una tontería seguir presionándome. Mi cuerpo es una coyuntura que va modificándose y así también su interpretación del mundo, porque es ser-en-el-mundo, con lo cual la idea de reconciliarse no estaría bien planteada. Quizás lo que sí empecé a hacer fue experimentar el cuerpo en esas coordenadas.

¿Te volviste carne de cañón en tu país o comunidad por el tema?
-No. Al menos por ahora no he estado en situaciones así. Quizás es porque el tema lentamente se va instalando en un contexto donde la pregunta por el cuerpo se está dejando entrever.

En tu Instagram te hiciste una pregunta interesante. “¿Qué lugar de registro y de habitabilidad tenemos sobre nuestros cuerpos en el capitalismo?”… ¿Has podido identificar alguna respuesta?
-Es algo en lo que sigo trabajando. Hay una serie de registros posibles del cuerpo de las personas gordas en esta serie de mandatos que desencadenan en una muerte inminente. Que desde la medicina te digan que tu cuerpo va a morir por ser gordo, me parece atroz. En tanto se cancela la posibilidad de registros corporales distintos y porque la sociedad termina condenando a los gordos a la muerte, cuando las experiencias corporales son tan diversas que un cuerpo no funciona igual que otro. Tenemos que restaurar esta experiencia existencial con el cuerpo y sacarla de esta idea tan común de que el cuerpo es una mercancía más. Se trata de dar espacio a esa experiencia vital con el cuerpo en su relación con el mundo.

“En tanto se cancela la posibilidad de registros corporales distintos y porque la sociedad termina condenando a los gordos a la muerte, cuando las experiencias corporales son tan diversas que un cuerpo no funciona igual que otro”.

Entiendo que hace poco te hiciste un bypass gástrico por temas de salud. ¿Cómo se hace activismo gordo ahora? ¿Cambia con tu nueva realidad?
-El 10 de julio me hice un bypass gástrico por enfermedad de reflujo gástrico tan avanzada que se me estaban quemando las cuerdas vocales, el esófago y el estómago. No fue una decisión fácil, porque sabía que esta intervención cambiaría mi corporalidad. Pero el activismo gordo no significa que debemos portar un cuerpo gordo para dar cuenta de las normativas corporales. Así tampoco el bypass gástrico borra más de 20 años de tener una corporalidad gorda y aparte las poblaciones que se lo realizan tienen otras problemáticas que hacen al activismo gordo. En conclusión, si bien el bypass me trae un descenso de peso, no por eso me hace menos activista gorda. Al contrario, me ha dado aún más preguntas para resolver.

Gorda Vanidosa: Sobre la gordura en la era del espectáculo
Lux Moreno
Editorial: Editorial Ariel, publicada por Planeta (2018)
Número de páginas: 200