Un vecino de La Reina ve entrar a un supuesto ladrón a su casa de noche. Saca su arma de fuego, legalmente inscrita, y recordando todas las veces que disparó en un polígono de tiro a plena luz del día, apunta y dispara certeramente en la cabeza al asaltante, que cae muerto.

La imaginación febril del alcalde José Manuel Palacios seguramente soñó eso, la mañana en que se levantó y firmó un convenio para que sus vecinos se entrenaran en el uso de armas con un conveniente descuento. El argumento del edil: tener un arma y no saber usarla es más peligroso que no tenerla.

Sin embargo, esto es completamente falso: tener un arma en la casa, la sepa usar o no, es arriesgado para mi familia y mis vecinos.
En Chile hay 788 656 armas en manos de personas naturales, más de la mitad, 430.184, están inscritas para defensa personal. Sin embargo, las estadísticas internacionales, muestran que este uso es muy peligroso. Cifras de Estados Unidos señalan que por cada vez que un arma es usada en legítima defensa, cuatro veces es disparada accidentalmente, siete veces se desembucha para cometer un crimen y otras once para un intento de suicidio. (Injuries and Deaths Due to Firearms in the Home,” by Arthur L. Kellermann et al., in Journal of Trauma).

Es más, no existen ejemplos en el mundo de países donde la delincuencia y los asaltos hayan disminuido dando armas e instrucción en su uso a la población. En general, es al contrario puesto las armas domiciliarias son robadas, cayendo en manos de delincuentes que cometen crímenes. En Nueva Zelanda, la mitad de los heridos o muertos en disputas domésticas, fue a manos de personas que portaban armas debidamente registradas. En Australia, que tiene una legislación modelo, hasta 20% de los asesinatos son cometidos por personas que perpetraron su primer crimen con un arma registrada.

Es decir, si en un país con el mayor control de las armas se cometen crímenes violentos con pistolas inscritas: ¿cómo no esperar que suceda lo mismo o de peor manera en Chile?

Tener un arma y saber usarla requiere entrenamiento constante. Como cualquier técnica, no basta haberla aprendido una vez y volver a repetirla en 10 años. Más aún, las situaciones que podría enfrentar un vecino son múltiples y difícilmente podrían ser entrenadas en un polígono: ¿Recibirá entrenamiento con visión nocturna para atacar al ladrón frente a un portonazo de noche? ¿Qué pasará si debe enfrentar a más de un tirador o a tiradores con armamento de mayor calibre? ¿Recibirá entrenamiento para una situación de rehenes o para uso de chaleco antibalas? Evidentemente son tantas las posibilidades, que correctamente se ha asumido en Chile que el monopolio de la violencia armada deben tenerlo aquellos que se entrenan regularmente en su uso.

Por último, si el alcalde ve un problema de delincuencia en su comuna, debería exigir más políticas sociales y apoyo policial de parte del gobierno central. Al mismo tiempo, asumir su propia responsabilidad fortaleciendo, por ejemplo, las policías comunales y su coordinación con los propios vecinos.

Promover que la población se arme es una irresponsabilidad social y política sin ningún fundamento científico, que sólo va a tener un resultado posible: muy pocos asaltos prevenidos y muchos niños y adultos inocentes muertos, en forma accidental o violenta con armas debidamente registradas. 

Por Juan Carlos Said – Medico Universidad Católica, médico internista Universidad de Chile. Miembro Comisión de salud Horizontal.