POR DIAMELA ELTIT

    Foto: Alejandro Olivares

¿Cómo sería posible imprimirle otros movimientos a este siglo nuevo y corregir algunas de sus insensibles faltas sociales? Se podría partir por denunciar lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu llama “el poder hipnótico de la dominación”, que se realiza mediante violencias simbólicas que se vuelven imperceptibles aún para sus víctimas. Sucede así porque el conjunto de los poderosos discursos sociales naturalizan la violencia para conseguir mantener sus dominaciones y conservar íntegros los controles sobre la población.

Y se efectúa, desde luego, una forma de violencia simbólica cuando se produce lo que el mismo sociólogo denomina “efectos de realidad”, es decir, no es que determinadas situaciones sean reales ni menos verdaderas, sino se genera esa condición mediante la intervención de los poderosos discursos públicos. Los medios de comunicación y sus intereses económicos y corporativos tienen un lugar preponderante para conseguir el éxito de estas construcciones.

La desigualdad económica y social chilena nos habla de una concentración de bienes sin precedentes. Pero esa concentración de bienes posee, entre sus múltiples haberes, numerosos medios de comunicación del país: televisión, radios, periódicos que velan porque esa concentración se mantenga. Los medios producen “efectos de realidad” para capturar no sólo a los auspiciadores sino también a sus lectores o espectadores. Porque los “efectos de realidad” están diseñados para favorecer al capital, para incrementar las ganancias y gratificar a los grandes consorcios de los cuales los medios forman parte.

La violencia simbólica que ejercen actualmente la mayoría de los medios de comunicación muestra una marcada inclinación a favorecer un capitalismo intensificado. Un buen ejemplo lo constituye el debate presidencial y su violenta “reescritura” por parte de algunos medios que lo promovieron, lo cubrieron y lo calificaron.

Sólo uno o dos días después del debate se precipitó una abierta y marcada intención por desarticular el escenario político que un conjunto mayoritario de chilenos presenciamos. La violencia simbólica que se ejerce y el “efecto de realidad” que ha buscado construir parte de los medios, radica en hacernos creer que no vimos lo que vimos, sino que vimos lo que los medios (a través de sus disciplinados comentaristas u opinólogos) dicen que vimos.

¿Qué dicen los medios que vimos?

Un debate innecesario, anecdótico, incorrecto y hasta inmoral en la medida que Frei mencionó que el candidato-empresario Piñera fue sancionado internacionalmente por sus malas prácticas en relación con sus acciones de Lan. Hay que consignar que el empresario-candidato pagó sin chistar la multa asignada por su irregularidad. De manera multifocal, las publicaciones dicen que se trata de un debate que no cambia las composiciones y los porcentajes que los mismos medios han construido.

Un comentarista dominical aseguró que el candidato que yo apoyo (en política yo me comprometo con opciones y no con maridos), Jorge Arrate, parecía un profesor de liceo. Lo señaló con un matiz profundamente irónico, clasista y despreciativo hacia los miles de miles de profesores chilenos de enseñanza media de colegios municipalizados de los que yo misma he formado parte. Pero indicó también, agraviando el intelecto de la teleaudiencia, que Arrate “no dijo nada”, es decir que Arrate no planteó que hay que renacionalizar el cobre, que las pymes deben tener mercados propios, que el BancoEstado tiene que volver a ejercer sus funciones de Banco “del” Estado, que Televisión Nacional tiene que ser financiada por el Estado, que la ciudadanía homosexual y transexual debe tener los mismos derechos plenos que los ciudadanos heterosexuales. Dijo eso y mucho más. Pero capaz que en la reescritura veloz de los hechos por parte de estos medios se produzca “un efecto de realidad” y nos convenzan que Arrate no afirmó que es socialista y que representa la opción de izquierda para las próximas elecciones.

Y para completar este interesado “efecto de realidad” que favorece a la sensibilidad neoliberal, capaz que se termine por afirmar que Arrate ni siquiera estuvo presente en el debate.

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* “Pero se mueve”, frase adjudicada a Galileo Galilei (en alusión al movimiento de la Tierra que había debido negar), después de ser juzgado por los tribunales de la Inquisición en el siglo XVII.