POR MARCELO MELLADO

Voto nulo en la primera y en la segunda vuelta y que salga el hijo de la gran… dilocuencia que tenga que salir, a mí poco me importa. ¿Hay que dar razones? No, no es necesario, pero si alguien insiste en solicitarlas, podemos decir que hace rato que las elecciones en Chile no expresan la voluntad ciudadana, y que para participar de ese mercado, en las actuales condiciones, hay que tener apellidos y capital financiero. En San Antonio hay unas cuantas organizaciones culturales y políticas cuyos integrantes van a hacer lo mismo que yo. Incluso a mí me pidieron que escribiera unos discursos para un supuesto personaje llamado Nulo candidato. Nulo da cuenta de una ciudadanía sin opciones reales o que simplemente opta por la farándula política. Por otra parte Nulo se queja amargamente de que la izquierda, lateralidad cívica a la que él pertenece, ya no es capaz de encarnar esa superioridad moral que tenía sobre la derecha, y que la cúpula del PC y Arrate representan un continuismo “sin novedad en el frente” que quiere aferrarse marginalmente al sistema partidario con la miserable estrategia de los cupos. A Nulo le irrita Arrate por representar, frescamente, a ese progresismo oportunista e impostor que nunca quiso desarrollar políticas de construcción de ciudadanía cuando estuvo en el gobierno, en ese caso Frei queda mejor parado porque asume desde adentro la perspectiva de un modelo agotado. Arrate sería el símbolo de una farándula sofisticada que incluye academia y campo artístico literario, ese que se sustenta en prácticas de jerarquización estética –y que obviamente le conlleva la otra jerarquización (siempre ligada, subsidiariamente, al gran capital que invierte en decoración sofisticada, en glamour y en escena lúdico social) .

Recuerdo que para el No y el Sí yo vivía en Chiloé y Arrate apareció por Ancud en tareas de coordinación, en esa oportunidad él dijo que los equipos que se formaron para asegurar la legitimidad de aquel evento eran un capital que no debía desaparecer. Y lo que hicimos en esa ocasión –ese sector no menor de ciudadanía que participó– fue un gran acto de estética política. Y todos sabemos lo que pasó después, cuando se impuso la democracia “en la medida de lo posible” y nos mandaron a todos para la casa (a la chucha, me corrigen).

Nulo Candidato, por otra parte, desprecia profundamente a las rucias de poto negro de la UDI que se candidatean por todo el largor territorial con poleras con pezones y harto escote, y que reparten mercadería y hasta alojan en la casa de los rotos para darle verosimilitud al engaño, odia también a los socialistas platinados sin identidad política y a todos los chucha de su madre que creen que un CUPO es la plataforma para el estrellato principesco.

Nulo, en vez del mercado electoral, plantea avocarse a la construcción del país Otro, ese que no debe estar regido por una administratividad tradicional. Estamos hablando de un país auto sustentado, de una ciudadanía independiente capaz de generar políticas públicas, diría él. Esto incluye gobiernos provinciales y regionales, y recursos propios. Y, por cierto, hay que hacer otro plebiscito no sólo para cambiar el panorama electoral, sino para alterar radicalmente el statu quo (restringir el poder de los partidos, distanciar la política de los negocios y desmunicipalizar el territorio, y subir los impuestos a los ricos, y promover las prácticas económico colectivas y las micro empresariales, etc). Y nada de esto les interesa a los candidatos, porque están preocupados, fundamentalmente, del mercado electoral y de su peguita bien pagada, y quizás, de hacerle regalías a su clientela (no electores) o de renegociar su capital electoral. El concepto de política que ellos tienen es la de la escena representacional en cambio, Nulo minimiza el voto y privilegia la acción ciudadana.

Todavía en provincia se puede ver al viejo ciudadano que se viste de punta en blanco para ir a votar y que no puede entender a estos team de carnes bamboleantes, chacoteando y bailongueando sobre un camión, y repartiendo volantes. Esta justa electoral es vergonzosa, como las otras que hemos padecido desde los noventa hasta ahora. Nulo insiste en que la única elección posible es un plebiscito. Todo lo demás es un acto de picantería y ordinariez que sólo beneficia a la derecha.