Por Pepe Lempira

Existe en el mundo la Cinta de Möbius. Aunque usar la palabra “existe” es, quizá, mucho decir. Porque esta quimera, que cualquier escolar puede hacer en casa con una tira de papel lustre y un poco de pegamento*, ha nacido sólo gracias a la imaginación del matemático August Ferdinand Möbius, quien la “descubrió” junto a un colega (olvidado, como tantos ayudantes) en el año de 1858. Una fecha marcada en el calendario, para regocijo de los artistas del estilo del autor de la lámina que acompaña esta columna, Maurits Cornelis Escher, y muchos otros de gustos similares, que rindieron culto a la ilusión óptica y la paradoja circense.


La cinta de Möbius (Moebius), según Escher.

La Cinta de Möbius sería del único cuerpo geométrico tridimensional que tiene una sola cara. O por lo menos, el único que yo conozco. Supongo que debe haber otros cientos de ellos ocultos por allí, esperando que la ociosidad humana los despierte y eche a rodar sobre su única faz. Será cosa de tiempo.

El asunto con la Cinta de Möbius es que, como sugiere Escher, una hormiga la puede recorrer hasta volverse loca (eso, asumiendo que el insecto estaba cuerdo al comenzar la marcha), pues llegará una y otra vez al punto de partida. He allí la “belleza” de este cuerpo geómetrico. Una belleza basada en la cruel idea de una carretera que se va torciendo imperceptiblemente hasta llevarte de nuevo al jardín infantil y sus babas inherentes.

“La verdad es belleza; la belleza, verdad”, dijo John Keats. Y el papa actual, Joseph Ratzinger, quiso apostrofar esta frase célebre con reflexiones, que suenan especialmente sado-maso si imaginamos a su niño interior (miembro de las Juventudes Hitlerianas) pronunciándolas: “La belleza de la verdad comprende la ofensa, el dolor, y el oscuro misterio de la muerte”. Buaaaa. Buena poh, Bela Lugosi disfrazado de merengue.

Yo agrego mi propia frase: “malditos germanos”. Sólo ellos podían imaginar y dibujar un campamento de tortura psicológica para hormigas. Todo basado en una cinta de papel lustre que flota en el espacio. Y aun así se define a la cinta en cuestión, decíamos, como la quintaescencia de un cuerpo geométrico “bello” e intrigante.

Muy bonito. Pero -le desafío- intente usar una Cinta de Möbius como correa transmisora en el motor de un automóvil… Hasta donde alcanza mi imaginación geométrica, eso no funcionaría. La famosa quimera de una sola cara terminaría por trabarse más temprano que tarde.

En resumen, la Cinta de Möbius se podrá recorrer hasta la locura, pero difícilmente puede transmitir fuerza motriz.

Y FREI… Y PIÑERA

Hace unos días estaba sentado almorzando con dos viejos lobos esteparios del periodismo; de esos que descassettan, entrevistan, escriben libros de investigación y recuerdan nombres o fechas como si su honra dependiera de ello. Les llamaré Pablo Tragaldabas y Vicho Primoide. Entre los tres comenzamos a sacar cuentas sobre la circularidad enloquecedora, que al estilo de la Cinta de Möbius, liga toda la vida de Eduardo Frei Jr. y Sebastián Piñera.

¿Cuándo empezó esta historia que acaba de coronarse con la elección de Piñera como abanderado presidencial derechista? En rigor, habría que retroceder unas cuatro o cinco décadas y veríamos a los pequeños Frei Jr. y Piñera Jr. matando el tiempo y espiando a sus ambiciosos mayores. Ambos, en una esquina de una reunión de políticos en el domicilio de Eduardo Frei padre, en la calle Hindenburg. Casa que ahora es un museo, a pito de no se sabe qué.

Pero en realidad basta con sólo retroceder a 1989, año en que un millonario y especulador exigió ser candidato a senador de la Concertación (más exactamente de la Democracia Cristiana) por Santiago Oriente. Acababa de echarse la suerte de la dictadura de Pinochet en el plebiscito del 88 y tocaba hacer listas parlamentarias. Entonces el millonario cercano a la DC, que no era otro que Piñera, parece haber estado muy convencido de que tenía ganado un puesto en el hemiciclo.

Supongamos que, desde su propia perspectiva, tenía todo lo que se requería para legislar: Era millonario, financista de otros candidatos y había declarado tímidamente que votaría por el “no” en el plebiscito. Pero tenía el cuidado de aclarar que lo hacía sin desmerecer toda la labor refundadora del “gobierno militar”. Su razonamiento (igual que ahora) se basaba en la excusa de la “alternancia”. No era que la dictadura estuviera equivocada o hubiere cometido crímenes y excesos. Se trataba sólo de que sería buena onda ir variando las caras cada tanto.

El millonario en cuestión era, además, una joya de la corona en la familia democratacristiana. Como un primo extrovertido y con mucho dinero, nunca estaría demás en la lista de invitados a los matrimonios, porque seguro iba a hacer algún ridículo en la pista de baile y traería un regalo a tono con su billetera.

Los medios de comunicación de la DC (Radio Cooperativa, Revista Hoy y Jaime Celedón) ocupaban al especulador como comodín cuando se caía un entrevistado. Y era así desde el año 1982, cuando al reciente prófugo por el caso del Banco de Talca, se le pedía su pública opinión sobre la mejor manera de enfrentar la depresión económica. Entonces nadie de ese círculo de prensa decé le hacía siquiera una pregunta acerca de sus líos judiciales y acusaciones de fraude. Habría sido muy descortés tratar así a una persona rica cercana al partido.

Para el año de la lista parlamentaria -1989- Piñera era una cara que se repetía, aunque no alcanzaba a ser una celebridad nacional. Pero se esforzaba bastante y parecía poner al tope de su agenda cualquier entrevistilla por miserable que fuera.

En virtud de su mucho dinero y su ubicuidad ideológica (esa acomodaticia equidistancia entre Mario Papi y Pablo Rodríguez Grez), también podía invitársele sin demasiadas aprensiones a cualquier programa de conversación que saliera al aire en la televisión, aun en aquellos años intervenida por los censores de Dinacos.

En esas circunstancias, Piñera tropezó en su proyecto senatorial con un obstáculo de lo más inesperado: el opaco y desconocido hijo del único presidente de la República electo por la DC a la fecha. Ese mismo merme que había visto confundido contra la escenografía de la calle Hindenburg. Era Eduardito Frei Jr., quien salió de las sombras del negocio, pues no tenía más pergaminos que simplemente ser socio de varias empresas, entre ellas (oh, reiteraciones) de Radio Cooperativa.

Y aunque no era muy brillante, ni se acercaba a ser tan rico como su rival, Frei Jr. se las ingenió para escamotearle la presa -el cupo de senador DC por Santiago Oriente- al especulador extrovertido.

Suponemos que se basó en el parecido físico con su padre biológico, que debe haber hecho chochear a los viejos tercios del partido de entonces. Sin considerar que esa misma opacidad de su genio lograba que el empresario seseador no fuera una amenaza real para nadie. Una trucha ideal para un estanque lleno de tiburones.

Y así empezó todo. Porque Piñera, ni corto ni perezoso (aparentemente creyendo que ese escaño senatorial tenía -por misteriosas razones- su nombre tallado), se puso al habla con Renovación Nacional. Y sin dificultad obtuvo su añorado cupo, ahora como candidato de la Derecha; emprendiendo ese mismo día el camino que lo llevó tan conscientemente a investirse mandatario.

No hubo ideales, ideología o siquiera partidismo de por medio. Solo dos hinchas de sí mismo y una lucha por un cupo a la que nadie puso especial atención. En esa disputa, los que realmente pelearon por la democracia tuvieron muy poco que decir ante los dos aparecidos.

Luego el sistema binominal hizo el resto y ambos salieron electos. Piñera con un 22%. Los compañeros de lista de cada cual, María Elena Carrera y Hermógenes Pérez de Arce, fueron sólo fantasmales comparsas.

CONMUTATIVIDAD

Avanzando por la Cinta de Möbius surge la pregunta. ¿Y si le hubieran dado el cupo de senador de la DC por Santiago Oriente a Piñera?

Fácil. Lo más probable es que hubiese sido presidente de la República en 1994, como efectivamente aconteció con el aparecido n° 2 (Frei Jr.). Y todo habría sido igual. Se hubiera tratado, justo como sucedió, del periodo concertacionista más rabiosamente pro empresariado. Tal vez se habría robado el presidente la mitad del Estado en la ocasión. Y todavía nada sería muy diferente.

Extremando la hipótesis, el 2010 Piñera hubiera terminado perdiendo en su intento de volver a ser elegido presidente, encarnando en sí toda la inercia y los vicios de la vieja Concertación. Su contrincante habría sido buscado por la Derecha lejos del pinochetismo clásico. Y hasta podrían haber reclutado a Eduardo Frei Ruiz-Tagle para representar el necesario papel del hombre que se ha hecho a sí mismo al margen de componendas o cuoteos.

Pero aquí yo me bajo de la Cinta de Möbius… El país, si quiere, puede quedarse con la sensación de que avanza al recorrerla. Yo sigo sin captar la belleza de esta figura geométrica de una sola cara.
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*Tome una cinta de vértices ABCD. Una los puntos A con D y B con C. Y listo.