por Miquel Jordana * / Las Veladas

Escucho desde mi departamento a Piñera hablar de oportunidades, unidad y de ser el presidente de todos los chilenos. Tres segundos después, lo veo decir las mismas palabras en la televisión. También puedo ver a sus hijos abrazados en el escenario, con cara de sueño cumplido, de orgullo ingenuo, creyendo que de verdad están haciendo historia y que el país va a cambiar para siempre gracias a su papá.

La gente da vítores y sus gritos y chillidos se hacen más fuertes y agudos cuando se escuchan las palabras “delincuencia” y “narcotráfico”, como si éstos fueran los problemas más graves a los que nos enfrentamos. Piñera le agradece a Dios, “por la maravillosa patria que nos ha dado”, y me digo que nuevamente han prevalecido las frases hechas y los slogans en esta campaña. Piñera tuvo mejor marketing, y ofreció cosas pensando más en ganar las elecciones que en si realmente eran realizables.

Hace más de 50 años que la derecha no era elegida democráticamente en Chile, y ésta es la primera vez en la historia en que es elegida mediante sufragio universal (la última vez aún no podían votar los analfabetos). Piñera convenció a medio Chile de que era necesario “un cambio”, y éste es discurso que repiten hoy hasta el cansancio militantes y dirigentes de derecha, adherentes, simpatizantes. El problema es que plantean el cambio como un valor en sí, sin más. Como si el cambio fuera bueno por ser cambio, cuando, en mi humilde opinión, un cambio no existe si no sabemos lo que significa, lo que implica. Y así es: nadie sabe realmente qué es el cambio que tanto “quiere la gente”.

Y la Concertación, preocupada por la ventaja que llevaba Piñera en las encuestas hace varios meses, jugó entonces su peor carta: Frei. Hace 10 años, desde la elección que Lavín perdió con Lagos, que la derecha venía machacando con el cuento del cambio, y algún resultado le estaba dando. Y la Concertación no encontró nada mejor, para enfrentarse a eso, que proponer a un tipo que ya fue presidente, hace más de 15 años, y que se caracteriza por una falta de carisma y una fomedad (aburre) fenomenales, casi increíbles para un político que ha alcanzado alguna vez la presidencia. En resumen, un símbolo de no-renovación.

La Concertación leyó la elección de acuerdo a una visión antigua y poco acertada: Frei, por ser más de centro o conservador que un socialista como Lagos o Insulza (otros posibles candidatos de la Concertación), tendría más capacidad para “quitarle” votos a Piñera. Sucedió al revés, porque la mayoría de la gente que votó por Piñera no lo hizo por verdaderas convicciones ideológicas, sino que porque él representaba alguna renovación y que no querían ver de nuevo al mismo tipo aburrido de hace 15 años en el gobierno. Al final, Frei trató de convencernos de que él era “renovación y continuidad”, y, con razón, casi nadie le creyó. Los que votaron por él lo hicieron contra la derecha.

Un amigo que votó por Piñera me escribió bromeando “no hay mal que dure 100 años, y esto son 4 nomás”. Por ahora, sólo nos queda esperar que en estos cuatro años no hayan grandes retrocesos en los verdaderos temas en que Chile necesita mayor desarrollo: la educación y la salud públicas, la concentración de las riquezas y la protección e inclusión social. Avances, lo dudo.

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* Politólogo por el Instituto de Estudios Políticos de París – Sciences-Po Paris – con especialización en estudios latinoamericanos.

**Reproducimos este artículo desde el sitio argentino Las Veladas, bajo licencia Creative Commons.