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Opinión

29 de Mayo de 2010

Bloqueo y castración

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POR DR. OCTAVIO ROJAS G.
En febrero de 1962 EE.UU. decretó un embargo comercial, económico y financiero en contra de Cuba. El proceso se habría iniciado parcialmente en 1960 cuando comenzaron las nacionalizaciones contra empresas y propiedades norteamericanas en la Isla ordenadas por el gobierno revolucionario. Eisenhower, quien inicialmente había reconocido a las nuevas autoridades tras la salida de Batista, rompe relaciones diplomáticas el 3 de enero de 1961. En octubre de 1992 se recrudece aún más el bloqueo mediante la Ley Torricelli. En 1996 contrario a toda lógica, con el Muro de Berlín vendiéndose en pequeños cubos de reliquia, se decreta la Ley Helms-Burton que impedía a terceros países con filiales estadounidenses sostener vínculos comerciales con Cuba y además prohibía que los barcos que atracaran en Cuba tocaran los muelles de EE.UU. durante 6 meses.

Nuestro matrimonio con la Unión Soviética duró 30 años hasta 1992. De ese amor poco quedó, eso sí nos compraron azúcar y nos vendieron petróleo a precios muy preferentes. Por primera vez en nuestra historia nos quedábamos sin metrópoli, pero tampoco éramos una República. En uno de esos giros increíbles nos contactamos nuevamente con nuestro mar y entregamos nuestras playas al mundo prohibiendo e incluso encarcelando a cualquier cubano que se apareciera por un hotel.

El bloqueo contra Cuba ha sido condenado 18 años consecutivos por todos los países que conforman la ONU con las lógicas excepciones de EE.UU. e Israel (otro especialista en Muros) más algún que otro país necesitado de amor o de favores. Tras 48 años se ha convertido en el bloqueo más prolongado de la Historia y ha contribuido con creces al empobrecimiento y a la desgracia de un país de 11 millones de habitantes. El mecanismo más probable de esta aberración radica en una perversión política: el estado de Florida es vital en las elecciones norteamericanas, existe un poderoso lobby de senadores cubano-americanos que apoyan el embargo. Tanto republicanos como demócratas con distintos matices cada 4 años han ido a Miami a obtener esos votos y todos han dicho “éste sí será el último año de la Castrocracia”. No sólo ha sido inefectivo políticamente, sino que forma parte intrínseca de la separación de la familia cubana, de las muertes en el mar y de las extensas privaciones de toda índole que padecemos en la Isla: cultura, información, tecnología, intercambio financiero y comercial.

A pesar de esto y por distintas vías alternativas el intercambio comercial con EE.UU. es altísimo sobre todo en el sector agrícola, aportando más del 90 % del arroz que se consume en Cuba y gran parte de los productos avícolas. Muchas fuentes ubican a EE.UU. como el quinto socio comercial de Cuba, eso sí son compras en efectivo y no existe ninguna posibilidad de crédito. Las remesas que llegan a la Isla desde Miami superan los 1000 millones de dólares anuales. Las sanciones por el no cumplimiento de las leyes del embargo incluyen penas de cárceles y estratosféricas multas. Los estados agrícolas del sur de EE.UU. han presentado innumerables peticiones de levantamiento del embargo por ir en contra de sus intereses económicos.

Lo que no es entendible es la asociación que hace el gobierno de Fidel Castro con la limitación de las libertades en Cuba y el bloqueo. Tampoco su reversa estadounidense: se levanta el bloqueo si se democratiza la Isla. Este es el mecanismo de la castración del pueblo cubano. La nación traumatizada de occidente, impedida de saborear las bondades del siglo 21.

La propuesta de Fidel es hacer de Cuba un país socialista (acorde a su idea no al significado universal del término) que incluya una semejanza estoica, un David contra Goliat, pero sin consulta popular real. No hay ningún obstáculo en liberar a los presos políticos, en autorizar la formación de agrupaciones políticas distintas al Partido Comunista de Cuba, en autorizar la libertad de prensa, en permitir que cualquier cubano que quiera viajar y tenga los medios lo haga sin ningún tipo de restricción. Tampoco existe una relación entre el embargo y que Fidel Castro autorice sin excepciones que los exiliados que él mismo generó puedan regresar a su país de visita, incluso aunque sean sus opositores. Tampoco hay relación con verbalizar a los cuatro vientos que en Cuba sí existe propiedad privada, pero los dueños no pueden ser ciudadanos cubanos.

Mínimas cuotas de libertad y de permeabilidad cívica terminarían generando espacios más flexibles y de diálogo entre La Habana, Miami y Washington des-castrando al pueblo cubano.
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Médico-Psiquiatra, radicado en Chile desde 1995.

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