Fiesta y resaca en Plaza Italia

Texto y fotos: Alvaro Díaz

Son las 14:30 y por Monjitas un paco se lleva un tipo esposado a la parte trasera de su moto. El detenido al parecer estaba rompiendo alumbrado o señalización pública y el paco quería darle un escarmiento antes de despacharlo a la inoperante justicia. Lo arrastra media cuadra y el detenido cae al suelo, rogando que no le den una paliza en la comisaría. Mi cámara está sin batería y no puedo fotografiar la escena, pero le digo al paco que su proceder no corresponde, aunque el antisocial haya quemado un orfanato. El paco me mira con cara de inyectado y me dice “salga de aquí”, cosa que hago de inmediato pues entiendo que soy el siguiente candidato a dar un paseo en la “moto de la humillación”. A estas alturas ya había gases lacrimógenos en el ambiente, piedras en mitad de la calle, hinchas aburridos de gritar y tocar la corneta y fuerzas especiales despejando la vía.
Dos horas antes llegó de todo a Plaza Italia, desde lumpen de primer corte hasta extasiadas lais. Griterío desordenado, intentos por cantar la canción nacional, manteos en la bandera, despachos desde móviles televisivos, empujones y dos dominadores de pelota contratados por Movistar para entretener a los que no se querían meter en el barullo. Los pacos partieron cordiales hasta que a alguien se le ocurrió tirarle una piedra a un zorrillo, y luego otra, “¡oye, paren, hay niños!”, y luego la historia que todos conocemos. Había que restablecer el tráfico, mandar a todos para la casa y ver el partido de España con Honduras, que por suerte para el orden público resultó favorable a los hispanos. De caso contrario, vuelta a celebrar, y ahí la cosa habría estado brava.

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