Llegó a la entrevista con un impermeable amarillo y un casco blanco estilo Guerra de las Galaxias para darle tono a las fotos. Es el Loco Edwards, un amigo de The Clinic que aquí presenta los dos libros que, gracias a una herencia que recién recibió, acaba de publicar: una antología de textos de locos y una suerte de autobiografía en verso. Hablamos de sus autores favoritos, de la elección del delirio como forma de vida, de su neopacifismo relativo, de su intención de ser portavoz de los locos acallados y de los años en que con una polola hedionda y cochina provocaban a los pacos.

Partamos con un pensamiento o reflexión del autor.
-Estos libros están dedicados a los locos que saben cuidar su libertad. Y a los locos que no saben y están en las cárceles u hospitales. Y también quiero decir que ahora en los libros estoy poniendo no sólo agradecimientos y dedicatorias, sino también repudios.

¿Contra qué?
-En este diario pondré un repudio al Hospital Psiquiátrico de Avenida La Paz por no aceptar ni publicar los libros de los locos y por mantener en secreto a los locos, totalmente encerrados en su inteligencia, sin poder salir para afuera de su mente.

¿Cuál es tu teoría de la locura?
-Loco es todo aquel que atenta contra la dictadura social, por lo cual lo encierran. Y el juez de la dictadura social, el psiquiatra, lo condena con un diagnóstico psiquiátrico, sea de esquizofrénico, de bipolar o de neurótico.

Y la dictadura social, ¿qué vendría siendo?
-Es indefinible. Es una ética y moral que está presente en el arquetipo colectivo, con las normas de los tribunales, del poder ejecutivo y judicial, un consenso. Si yo mato a mi mamá, voy contra las normas de la dictadura social, pero puedo obtener una causal, como le pasó al Danilo.

¿Y qué pasó con él? En esta “Antología de la locura” –donde recoges su historia–, hay una carta que él le escribe a una jueza pidiendo su libertad porque sino, dice, volverá a matar a palos.
-Le llevé infiltrado un psicólogo a la cárcel cuando estaba en crisis. Y él tiene, según el psicólogo, un argentino, discípulo de Osho, hermano espiritual, no me acuerdo cómo se llama…

¿Silo?
-No, era lacaniano. Y él dijo que el Danilo tenía falta de padre y madre matriarcal. Y le agrego un completo complejo de Edipo. La madre lo tenía aquí, apretado, con la economía. Él no sabía trabajar, estaba desesperado. Y finalmente le dio la bronca y la mató. Todavía lo veo permanentemente. Es un discípulo mío. Tiene un tremendo cargo de culpa, que no se lo puede sacar. Y nadie lo perdona. Está preso en un hospital judicial, interdicto, no puede tener economía, nada. Pero él tiene un problema mucho más grave: se toma un vino tinto, una copita chica de navegado, y ya se cura. Y se pone violeeento, tremendamente ¡¡¡violeeeento!!! Es horrible lo que le pasa. En el libro tengo dos psicópatas asesinos, con dos o tres muertos que murieron en el camino entre la primera y la segunda edición.

MI LOCURA

Con la “Breve reseña de mi locura” entras de lleno en la escritura literaria. ¿Cómo te sitúas en ese campo? Conociste a Juan Luis Martínez…
-Tomé clases con él y vivíamos en los cafés muchos años. Tengo las obras completas de él y ahora me llegó el DVD que le hizo el Tevo Díaz, ese donde salen Armando Uribe, Volodia y Miguel Serrano, a quienes conozco muy bien, aunque no tanto a Uribe.

Más allá de quienes conozcas, ¿dónde te sitúas en la literatura chilena? Porque no eres el único Edwards. ¿Qué piensas, por ejemplo, de Jorge?
-No tengo mucho contacto con él, porque se hizo fascista. Eso mismo me pasó con Vargas Llosa, del que me alejé espiritualmente. Lo único que me gustó de Jorge fue “Persona non grata”. Puedo tener diferencias ideológicas, pero el viejo escribe bien. Además es re simpático. En la “Antología de la locura”, en la primera edición de 1994, puse que hubo un maestro que me enseñó literatura, el maestro Gregorio Paredes, un anarquista viejo de Valparaíso. Y también me metí con otros viejos anarquistas de la SECH de Valparaíso, como con un ex marino, que estuvo en la rebelión de los marinos en la época del año del pico. Y gente así. Ellos me indicaron ciertas lecturas y me cultivé en la literatura surrealista, de la cual no sabía nada, porque tenía una formación clásica, conservadora y neofascista que, eso sí, me sirvió mucho.

¿La formación clásica?
-Sí. Porque fueron mis cimientos literarios, filosóficos y poéticos: Hesiodo, Homero, Heródoto, Platón, Sócrates, todo lo bueno.

Pero te faltaba conocer la parte moderna, como Artaud.
-Artaud me fascinó, me leí todas sus obras, y también todo Breton. Me encantó todo eso, pero recién el año 90 me contacté con mi primer personaje, el Veterano de Vietnam, que venía de una escuela de California y había tenido contacto con Nicanor Parra cuando recién llegó a Estados Unidos.

¿Es sólo un personaje de tu libro?
-Sí, pero que fue real y murió hace dos años. Y se contactó con Gregory Corso, con todo lo bueno. Y gracias a él, los leo muy bien. Ahora me recompré muchas obras de ellos para leerlos: a Kerouac y muchas cosas más de Ginsberg. Ellos fueron los únicos que recibieron a Parra en Estados Unidos, porque lo consideraron “beatnik”, que era anterior a los jipis. Y después con los jipis, yo tocaba música de Jimmy Hendrix y seguía a Woodstock cuando recién había llegado a Chile en discos, en long play, de este porte, grandes y bonitos. Tengo una onda con ellos, como la que tengo por otra parte con Rimbaud, como la que tengo con unos anarquistas y surrealistas españoles.

¿Cuál es tu onda con Rimbaud?
-Más que con su obra literaria, es con su vida. Me leí las biografías, el tráfico de armas, el tráfico de camellos y la onda con las drogas y los gay.

¿Pero qué te atrae de esa vida de Rimbaud?
-Esos escritos me dicen que no es necesario escribir poemas con papel y lápiz. La poesía es un modo de vida. Y creo que hecho sin querer queriendo -y queriendo también, porque he insistido- un modo de vida poético. Y los libros que hago, las conversaciones que tengo, como la conversación de horas que tuve con una amiga de poesía y restoranes chinos, es nada más que un vómito de lágrimas, un vómito del alma.

FARMACIAS

Eres un articulador de distintas voces, las cuales haces circular en esta antología.
-Claro, porque soy un líder social. Pero ¿por qué lo soy? Porque soy un líder entre los locos. Hoy día pensaba traer un par de locos para demostrarles que soy un líder entre ellos, un gurú.

Tú les das voz.
-Les doy eso, les doy voto, les doy comida y les doy trago.

¿Cuál es tu onda con los lacanianos de Mendoza?
-Tengo una amiga, que ahora está en Viña y es feminista. Es estupenda, de mi edad. Tiene toda una onda. Demandó al papá de su hijo, se ganó millones y un día me fue a ver y me dijo “oye, Miguel, te traigo tetas nuevas para que pruebes, ¡teeetaaas nueeevaaaas!”.

¿Y las probaste?
-Sí, estaban ricas.

En tu “Breve reseña de mi locura” tienes unos textos sobre tu lucha contra las farmacias.
-Gané plata ahí. Compro medicamentos muy caros y me enteré del círculo que estaba peleando contra las farmacias en el Paseo Ahumada. Y me incorporé y luchamos. Y con mi colectivo le ganamos a la Farmacia Ahumada y recuperé 55 lucas en un vale vista… Porque soy bien ordenado con mis boletas, a pesar que no lo parezco. Mi pieza es un caos, pero sé que está cada cosa en su lugar.

¿Y las farmacias?
-Cuando vino el juicio, separé las boletas por cada marca de farmacia donde había comprado mis medicamentos. Y cuando vino la posibilidad de luchar contra la Ahumada, yo tenía todo ordenado.

Pero aparte de las lucas ganadas, haces una crítica a las farmacias.
-Es que hay un abuso, un monopolio de los precios. Hay farmacias más alternativas, como la del Doctor Simi, pero tienen un problema también. Los laboratorios son pésimos, pura basura, no tienen químicos potentes…

¿Tomas mucho remedio?
-Yo tomo Armonyl, como agregado a mis medicamentos psiquiátricos que son el zyprexa, más barato que la olanzapina, pero no es lo mismo. Soy crítico de la psiquiatría, de la química y de un montón de cosas, pero llegué a entender en un momento dado, gracias a mis hermanos, que era fármaco-dependiente, porque alguna vez entré en la red con los electroschoks y los remedios a fines de los 80 y cagué para siempre. Si no me tomo mis remedios, sicotizo y me baja la paranoia.

¿En qué consiste esa paranoia?
-Problemas con la policía, con el terrorismo, con el fascismo, con los pacifistas, con los violentistas: ¡todo el mundo me persigue! Es una paranoia similar a la que tiene “El hombre de la mente brillante”, pero tengo más controlados los personajes que se me aparecen, no como él, que los tenía descontrolados. Pero vivo múltiples realidades, tengo múltiples “yo”, y eso no lo niego. Soy esquizofrénico, esquizoafectivo, bipolar y paranoico, pero todo cada día más leve. He recuperado mi cordura, he aprendido a imitar a los cuerdos, pero íntimamente sé que soy loco, porque quedé marcado.

PACOS ORDINARIOS

También en tu “Breve reseña de mi locura” aparece el tema de la educación, muy en el tapete hoy día.
-La educación es sacar el alma del alma. No es instrucción.

No es capacitación.
-Esa palabra no la uso en mi diccionario. Pero la instrucción es repetir y repetir cosas de memoria. La educación debería despertar la creatividad, la inteligencia, sacar la esencia. Y a partir de eso, cimentar con dialéctica socrática y platónica.

Tú te defines como anarquista, neoindividualista y neopacifista.
-Soy neopacifista hasta que me pisan la cola y me pongo violento. Como soy un provocador, todo es relativo. A los que me provocan, los provoco. Y hay algunos que me provocan anticipadamente, sin provocarlos yo.

¿Por ejemplo?
-Por ejemplo, estoy vendiendo libros hace 15 años en la puerta del Cine Arte de Viña, donde por cada libro vendido me tomo una cerveza y un café. Y llegan dos pacos de civil, ¡picantes los hueones, ordinaaariooos!, deben haber sido mucho menos que cabos. Y me dicen que no podía hacer eso, porque estaba evadiendo los impuestos… Les dije que lo sentía, que tenía el derecho de autor, que era de la Sech y que por último “soy loco y te muestro mi carnet del Psiquiátrico y no tengo cómo ganarme la vida con esta pensión cagona”.

¿Y qué te dijeron?
-Que me iban a cagar. Y volví, y volví, y volví. En ese tiempo, tenía una pareja con la que provocaba a los pacos con sólo la presencia. Era una morena, bien flaca y esquizofrénica. Era cochina, hedionda, sucia, pero lo pasábamos muy bien. Y siempre llegaban los pacos a echarnos. Ahora el Psiquiátrico está enojado conmigo, porque dicen que saco provecho de la locura, que la locura vende. Y vaya que vende. Pero, por otro lado, no es un negocio para hacerse rico, sino que lo es en el sentido de darle voz a los locos y para darles presencia en la literatura y en la intelectualidad. Para que alguna vez respeten al loco con su creatividad, como a Van Gogh y Artaud.

¿Qué le dices a esa gente que piensa que estás capitalizando la locura?
-La poesía es una empresa mística. Puedes entrar a otros mundos. La locura te puede hacer llegar a entender, a través de la meditación, y en eso me apoyo en el budismo zen, porque estuve en un monasterio zen, además de los monasterios krishna. Tomamos una respuesta o una interrogante, de manera eterna, a los tres grandes problemas del hombre: enfermedad, vejez y muerte. Y eso lo buscamos a través de Nietzsche, que tiene un libro espectacular, “Así habló Zaratrustra”, delirante. Mis libros son delirantes. Los libros que escriben en el psiquiátrico están empastillados, por eso no deliran. Y yo quiero que deliren y hagan catarsis, que aprendan nuevamente a danzar. Yo opto por el delirio, pero también opto por el silencio.

¿Y qué significa optar por el delirio?
-Es llegar a unos niveles de conciencia espiritual tan profundos que superas todo, y te iluminas.

NO SEXUAL

“No sexual, pero erótico, no alcohólico, pero bohemio, no/ fanático, pero estudioso pero no fanático”; así te presentas en tu nuevo libro.
-El término sexual, que es sólo la eyaculación y la penetración, no basta. Lo erótico es cuando el orgasmo puede ser en una conversación, cuando tú sientes los puntitos, una vibración de la punta del dedo gordo a la punta de la nariz, eso es erótico. Es mucho más profundo, más completo, más orgásmico, que la sola idea de llenar de semen una vagina.

Quieres ser director de la SECH, ¿por qué?
-Hay muchos escritores pobres, que no tienen idea, que no tienen tema, que no tienen columna vertebral, que no tienen ideología, que escriben puras hueás. Yo puedo postular al Nobel, al Nacional y al Altazor, ¿por qué?, porque estoy asentado en mis raíces, en mi país y mi ciudad, como Neruda lo hizo. Y comparto con él nuestro pseudo comunismo. Pero tengo buena onda también con los anarquistas.

¿Qué te parece que los hayan detenido?
-¡Me dio una pena! Y tengo miedo porque tengo amigos anarquistas geniales y pueden caer.

¿Y cuál es la genialidad del anarquista?
-Poner bombas no es bonito siempre, pero está bien. El anarquismo que predico yo tiene que ver con el surrealismo, la literatura, la libertad, el desarrollo personal. Si vas al psiquiátrico, todos dirán que soy anarquista, pero no me siento muy anarquista finalmente. ¿Entienden?

BREVE RESEÑA DE MI LOCURA
Miguel Edwards
Kawel Kelun Editores, 2010.

ANTOLOGÍA DE LA LOCURA
Miguel Edwards
Kawel Kelun Editores, 2010.
(Ambos libros están disponibles en las librerías Metales Pesados, Prólogos o directamente con la editorial: 7859180)