Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Mundo

24 de Mayo de 2011

La increíble lucha de una chica esclavizada en un prostíbulo

Contó su caso a cada “cliente” hasta que la liberaron. Llegó de Paraguay con la promesa de un trabajo de mucama y terminó encerrada en un cuarto donde la obligaban a tener sexo con entre 7 y 10 hombres por día. “A todos les contaba mi pesadilla”, dijo.

Por
Compartir

Debía tomar una decisión que la marcaría por siempre. Y se animó: seducida por los relatos y las promesas de una prima, tomó el colectivo en Asunción con rumbo a La Plata, donde su pariente la esperaría con un puesto de mucama y la perspectiva de una vida alejada de la pobreza extrema.

La chica no había cumplido los 18 años cuando llegó con apenas un bolso y mucha ansiedad a la terminal de ómnibus platense, a principios del mes pasado. Como era menor, para pasar la frontera tuvo que mostrar el documento de su hermana, 10 años mayor que ella . Los controles de Gendarmería la cargaron de tensión, pero finalmente pasó como si nada . El peligro la estaba esperando en otro lado. Instalada en la Argentina, su pariente, quien se hacía llamar Lucía, le había prometido un combo dorado parecido a la panacea: trabajo, casa y comida .

Sin embargo, en cuanto bajó del micro la llevó a un departamento del centro de La Plata que pronto resultó un infierno para la muchacha paraguaya.

Allí la tuvieron 15 días recluída, obligada a prostituirse. Le quitaron todo. Mientras estuvo en La Plata, nunca pudo salir de ese lugar. Ni por un minuto . Vivió encerrada en una habitación oscura, sin ventilación, y con casi nulas posibilidades de higiene.

La transformaron en una esclava sexual: debía sostener los placeres de entre 7 y 10 hombres por día , que pagaban algo menos de 100 pesos por los encuentros con M.M. (como la identificaron en la causa judicial).

“Ahí (en esa casa) recibía a los clientes desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche. Yo lloraba todo el día, quería escaparme, pero no podía porque me dejaban todo el tiempo encerrada con llave. Me obligaban a hacer de todo . Yo intentaba negarme pero ellos (los “clientes”) me decían que pagaban, que no entraban gratis…”, contó M.M. a la Justicia. Pero no se dio por vencida: durante su cautiverio, le contó a cada uno de los hombres que pasaban a verla la situación que estaba viviendo . Así llegaron los allanamientos que permitieron su liberación.

Ver nota completa

Notas relacionadas