Foto: Agencia Uno

Lo que hoy vemos es una agonía que se extiende, más allá de lo soportable, en los partidos políticos. Están desmembrados, como buscando el motivo para vivir.

¿Q.E.P.D? Puede ser.

La ley de los partidos políticos quedó obsoleta. Mientras los ciudadanos quieren intervenir en las decisiones y que sus representantes los escuchen día a día, los elegidos están demasiado enfrascados en las cuatro paredes.

El claro ejemplo son las manifestaciones por Hidroaysén. También lo fue el Transantiago. Cada gobierno con su carga y una misma respuesta, está faltando oído.

Si existiesen los espacios de representatividad, no llegaríamos a que marcha tras marcha unos miles se desesperaran a gritos. No hablo de los que tiran piedras y se aprovechan de las oportunidades para descargar ira e incluso ensordecer a los que pacíficamente protestan.

Lo peor es que los medios de comunicación – la mayoría- se acercan a los que no tienen nada que decir. Pero no nos desorientemos por unos pocos. Oigamos a los que con información se quieren pronunciar.

Cuidado… no vaya a ser que por dejarlos fuera, los políticos terminen por ser los expulsados. Recordemos que escuchar atentamente es la única manera de mantener la paz social.

Al parecer, algunos desconfían en la participación, creen que el poder dado por el voto es suficiente para decidir siempre por la mayoría. No nos equivoquemos.

Las consultas ciudadanas en países europeos y aquí mismo, como por ejemplo en Las Condes, han demostrado la importancia de la participación. Hoy vemos que la o-p-i-n-i-ó-n está cada vez más cerca de las personas comunes y corrientes, que con twitter o a través del email expanden su mensaje y juntan a cientos o a miles.

Tienen canales que antes no existían. La televisión, incluso, está ya un paso atrás. Las redes sociales tienen el control de la inmediatez, la conversación y la energía aglutinadora. Tiene al ciudadano que quiere representarse.

Las comunicaciones se han vuelto horizontales y no hacen tanta falta los medios tradicionales como la TV, la radio o la prensa escrita. Es igual de fuerte y más masivo aún en la red. Y ahí está la voz más auténtica de lo que está pasando.

El mundo cambia a pasos agigantados y hay temas que resolver: medioambiente y transporte- por nombrar los que serán más difíciles de solucionar-, y las personas, los habitantes, interesados en vivir y crear su mundo, quieren estar en las determinaciones relevantes. Agradezcamos que sea así.

He ahí la importancia de la participación activa. Los partidos, las autoridades y el Estado deben ser los facilitadores y entregar propuestas y la información adecuada, señalando las opciones y lo que significa optar por una cosa u otra.

De lo contrario, ni la Concertación, ni la Alianza, ni los parlamentarios, ni el Gobierno vivirán momentos fáciles: no cumplirán su función de representar adecuadamente a la ciudadanía.