-¿Qué has pensado de toda la polémica que en torno a la serie?
-La verdad no sé. Yo creo que no hay mucha vuelta que darle a la cuestión. Lo que me llamó la atención después de lo que dijo Carlos Larraín es que no salió nadie de su sector a cerrar filas con él en torno a esta supuesta aberrración de que con plata de todos los chilenos se está intentando retratar una historia que no fue así. La derecha siempre se encierra en sus propios dichos. Pero no hay más vuelta que darle. La serie ya está. Es una buena comunión entre cine y televisión y es una excelente oportunidad -yo creo- porque la televisión tenía una deuda pendiente con este tema. Algo hizo Los 80…

-Pero son distintas.
-Hay una diferencia fundamental: esta es una serie político-policial y la otra es una historia político-costumbrista.

-Era más naif…
-Claro. Aunque igual pasaban cosas. Sobre todo en la última temporada, pero había una cosa más romántica. Los Archivos del Cardenal, en cambio, es más político-policial: se tomaron ciertos casos emblemáticos y se enmarcaron en una ficción. El caso de ayer es el de los Hornos de Lonquén, el del primer hallazgo con el que se comprobaron los crímenes que había cometido la dictadura entre el 73 y el 78. También vamos a ver algo sobre Tucapel Jiménez.

-¿Y qué se ve sobre la iglesia?
-Esto está enmarcado en la historia de una familia que simboliza el riesgo, el coraje de la gente que trabajó en la Vicaría. Entre paréntesis, esta serie le viene de perillas a la Iglesia porque vamos a ver su mejor cara. Los postulados cristianos en terreno. No es lo que hemos visto ahora último con Karadima y toda esta basura. Acá se ve el gran rol que cumplió la Iglesia durante los 17 años de la dictadura criminal de Augusto Pinochet. Porque si ibai a la justicia ordinaria teníai tantas posibilidad de ser desaparecido como la persona por la que hubierai ido a reclamar. Si no hubiera estado la Iglesia habrían sido 300 veces más los crímenes en Chile porque fue una forma de contener esa violencia.

-¿Crees que se va a generar más polémica de la que ya hay?
-Sí porque esto va al hueso. Porque la fuente de inspiración son los archivos de la Vicaría y los informes son duros. Son duros de verdad. Y se van a ver cosas. Se va a ver cómo operaba la policía política, qué pasaba con estos restos que se encontraron en medio de un marco jurídico que era totalmente adverso.

-¿Qué impacto crees que tiene al emitirse en un gobierno de derecha?
-Yo creo que en este gobierno, si bien es un gobierno de derecha, es bastante variopinto. Aunque yo no voté por Piñera -pero también estoy desilusionado de la Concertación- podría decir que, por ejemplo, el día del estreno estaba Bulnes. A Piñera le creo que votó por el No. No tengo por qué no creerle. Y sé que hay gente con la que se puede dialogar. Conozco al papá de Pablo Larraín (Hernán), el cineasta, y es una persona con la cual se puede dialogar aunque tiene ideas políticas bastante distintas a las mías. No va a ser como Larraín, el otro, que opina de la serie si no ha visto nada. Yo no he leído “Memoria de un soldado” de Augusto Pinochet -aunque me huelo lo que puede haber- pero si no lo he leído y me preguntai te digo: “Sabís, no sé, dame unas semanas y te opino”. Pero esto apresurado es como andar oliendo comunistas por todos lados. Me huele a esa cosa de derecha de que los comunistas se comen las guaguas.

-¿Y qué es lo que realmente les complica?
-Yo no creo que les complique mucho la serie en sí. Lo que les va a complicar es que a sus hijos y a sus nietos les va a quedar patente, al ver la serie, que muchos de los que están en el Gobierno, en el Senado, en el Congreso, miraron pa’l lado cuando esto pasaba en Chile. Y eso, yo creo, es lo que los tiene muy jodidos. Es gente que tiene mucho miedo porque un cabro va a ver la serie en la noche y le va a gustar y va a decir: “Oye, pero este gallo que está en el congreso era ministro acá”. Porque las cosas están: podis mirar el informe Valech, hay libros sobre el tema en la biblioteca, pero este es un producto de televisión. Es un producto masivo. Y todos lo van a ver.