“Los conservadores, los homófobos y los xenófobos están cagados de susto”

Fue el vocero de la familia de Daniel Zamudio durante toda la agonía del joven gay. Ha sido parte, también, de esa generación de recambio del Movilh, y como tal se ha paseado por la TV y los programas de radio, pregonando en favor de los derechos homosexuales. Eso en su familia –dice Parada- molesta y genera quiebres. Como el que ocurrió hace tres meses, cuando terminó un sicoanálisis de cuatro años que lo llevó a concluir que un abuso sexual del que fue víctima, por parte de un amigo de la familia, lo había dejado traumado.

Foto: Alejandro Olvares

El día en que a Daniel Zamudio lo fueron a enterrar, Jaime Parada vestía de terno impecable. Durante esa mañana, él hizo de maestro de ceremonia en el acto que la familia Zamudio Vera y el Movilh quisieron hacer antes del sepelio, tal como lo ve en la foto. Durante los 24 días de agonía del joven gay, Jaime se convirtió en el vocero de la familia y en uno más de los que posicionaron el caso como un símbolo para la reivindicación de los derechos humanos y civiles de los homosexuales: “si los padres de Daniel no hubiesen llegado a nosotros el caso Zamudio sería un caso policial más” –cuenta Parada.

Así fue como la muerte de Daniel Zamudio se convirtió en un emblema que ocupó las principales páginas de los diarios y que hizo desfilar en la Posta Central a ministros, subsecretarios, diputados, senadores, y hasta Sebastián Piñera se juntó con la familia en La Moneda. La muerte de Daniel Zamudio, con una velocidad vertiginosa, también permitió ponerle urgencia a la Ley Antidiscriminación, que ya lleva siete años discutiéndose en el Congreso. Entre medio -entre la discusión de la ley y del espacio que se ha ido tomando el tema homosexual en el país- Jaime Parada pasó por un sicoanálisis de cuatro años, que le permitió reencontrarse con sus trancas del pasado. Hace tres meses terminó su terapia.

¿En qué momento te diste cuenta de que eras homosexual?
Todos los procesos son distintos y el mío fue reparticular. Fui abusado durante siete años de mi vida por un hueón amigo de la familia, un hijo de un ideólogo de la dictadura. Cuando tu sexualidad se desenvuelve de esa manera no estay bien seguro si tu homosexualidad es natural o fue inducida. Durante un tiempo pensé que había un “pecado”, un estigma de origen. Pero después del sicoanálisis me di cuenta que no, porque tengo dos amigos que fueron abusados y hoy son heterosexuales.

¿Tu homosexualidad no tiene que ver con el abuso?
No tiene nada que ver, pero mientras no te formes el convencimiento, la homosexualidad sigue siendo un estigma si viviste un abuso. Yo me traté de arrancar, considerando mis antecedentes familiares.

¿Cuáles antecedentes?
Soy hijo de una familia ultrapinochetista. A mí me criaron yendo a misa en latín. Marcel Marie Lefebvre, el obispo francés que se negó a incorporar las reformas del Concilio Vaticano II y fundó una especie de iglesia conservadora, cuando venía a Chile se quedaba con nosotros. Mi mamá quiso que hiciéramos la confirmación con él a los 11 años, porque se podía morir. Mis viejos son muy muy fachos, muy pinochetistas. Durante mi adolescencia las palabras que más escuché fueron maricón, roto y comunista, y esas son las palabras que más desprecio en mi vida. Pero, independiente de eso, fui capaz de salir solo de mi situación de abuso y me sentí un súper hombre. A los 19 años mi mamá me dijo: “dime lo que me tienes que decir”. Yo le dije: “para qué quieres que te diga lo que ya sabes”, y así mi homosexualidad salió del clóset.

¿Tu familia sabía de este abuso que sufrías?
En mi familia se sabía, pero nadie la hablaba. Por eso le tengo tanto desprecio al conservadurismo y a la moral católica, porque la viví en mi familia.

¿Qué explicaciones encuentras frente a ese silencio?
Que las cosas es mejor callarlas, que fue mejor para ellos hacer vista gorda. Según mi familia, ellos no se dieron cuenta, pero es imposible que no lo supieran.

¿Le contaste esto a un cura durante alguna confesión?
Sí, y un cura me dijo que la homosexualidad no era un pecado, pero los actos homosexuales sí, así que tuviera cuidado. No le conté que esto era un abuso, porque en ese tiempo no podía verbalizarlo, recién el año 2007 se lo pude contar a mis amigos y el 2008 entré a un sicoanálisis. Allí me di cuenta que había pasado de ser un súper hombre a un huevón muy débil, que tenía un trauma. Me hicieron un test de Rorschach y una de las cosas que vi fue una hiena con un pedazo de carne sanguinolento colgando de su boca, al borde del precipicio y con una pata en una rama afuera del precipicio. Ahí me dijeron: “usted está completamente traumatizado”.

Aceptaste tu trauma.
Sí, y eso me generó mucha violencia hacia mi familia y al sistema de valores que ellos me legaron. De pasar de creer de que mi familia era la raja, que fue lo que le conté a mi sicóloga en la primera sesión, en un mes sentía que mi familia era una mierda, que su moral católica valía callampa, que el tipo de valores que yo representaba era una gran falacia, que un hijo de un ideólogo de la dictadura había abusado de mí… se me produjo un corte súper grande y por eso me defino como un desclasado. A mí me criaron como un pendejo de clase media alta y tuve una muy buena educación. Mi papá era profesor de la U. de Chile y mi mamá era galerista. Tuve una educación muy rica, pero tomé conciencia de que eso estaba teñido de una moral muy falsa. Durante 29 años de mi vida anulé este trauma sintiendo que había logrado reconstruirme aun siendo un homosexual, pero ahora que terminé mi terapia me siento una buena persona porque soy homosexual. Durante este tiempo, además, he vivido un duelo respecto de mi familia, porque uno no debe querer a la gente por default, sino que hay que hacerlo sólo si esa gente te demuestra afecto, y yo me sentí un hueón desafectado.

HOMÓFOBOS, CLASISTAS Y PINOCHETISTAS

¿Ahora estás distanciado de tu familia?
Tengo la menor relación que puedo. He buscado familias sustitutas, mis amigos son mis hermanos, he tenido padres sustitutos, como mis ex suegros.
Pero imagino que tu familia te llamará por teléfono cuando apareces en la TV.
No, yo creo que les molesta. No me lo expresan, pero estoy seguro que lo desprecian, sobre todo porque me fui contra la Iglesia. Yo fui el que dijo que Ezzati no visitó a Zamudio y sí lo hizo con Karadima, y sé que a mi familia eso le debe dar entre vergüenza y molestia. No sé si ellos se han puesto más radicales, pero he tratado de hablar del tema homosexual con mi mamá, y ella insiste en que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, y evita que mi padre vea las cosas donde aparezco.

¿Has sentido homofobia de parte de tu familia?
Cuando te digo que las palabras que más escuché en mi infancia fueron maricón, roto y comunista, es porque hay homofobia, clasismo y pinochetismo.

¿Eso también lo veías en los amigos de tu familia?
Sí, una vez recagué de la risa, porque The Clinic publicó una entrevista que como epígrafe tenía: “El facho más facho que ha entrevistado The Clinic”. Bueno, ese era Max Griffin, el tío Max.

¿Era tu tío ese hueón?
Era muy cercano a mi familia. Me cagué de la risa po’, porque ese es el sentimiento. Un ejemplo, el más cercano de mis hermanos, que era un hueón muy hippie, que me apoyaba y que quería que fuera el padrino de su hijo, cuando ganó plata y se fue a vivir en un dúplex en el Parque Bicentenario, me dijo que no quería exponer a sus hijos a mi relación. ¿Cachai?

Heavy…
Ese es el duelo que estoy viviendo. Otro ejemplo: la mayor cantidad de mis primos hermanos se dividen entre Legionarios de Cristo y Opus Dei. No tengo ningún familiar de izquierda, así que no tengo por donde haber adquirido esta matriz de izquierda, anticlerical, anticonservadora y muy progresista en toda dimensión, pero me la he ido formando a través de mis convicciones personales.

¿Cómo?
Te doy un ejemplo. Yo pololeé con una persona que había sido adoptada y que vivía en el barrio alto. Él seguía teniendo relación con su familia biológica, y yo lo acompañaba dos o tres veces a la semana, durante los cinco años que estuvimos juntos, a verlos a Puente Alto. Eso me fue formando cierta conciencia respecto de la pobreza, de la injusticia social. Hay gente que me critica y me dice: “es que tú has cambiado tanto”. Para mí eso es un valor, haber cambiado tanto es precisamente lo que yo valoro de mí. Es darse el derecho a cambiar el sistema en el que fuiste criado, y que no te gusta, para reinventarse después.

¿Cómo eras cuando chico?
Era muy bien portado, un niño lector. Somos cinco hermanos, y con Lucho, este hermano cercano que te digo, éramos niños ejemplares. Además, yo reproducía muy bien los discursos familiares, era un hueón discriminador y roteaba a mis compañeros. De hecho, ahora de grande, a los que he podido les he pedido disculpas por si los ofendí. Además, era acólito de la misa en latín y durante seis meses me traté de vincular a Fiducia, porque mi familia era muy profiducia.

Y por tu tío Max Griffin también…
Fui hasta Brasil y conocí hasta al fundador de Fiducia.

Plinio Correa…
Plinio Correa de Oliveira. Cuando estaba en primero medio conocí hasta los príncipes que este viejo había formado, los herederos del trono imperial de Brasil. No recuerdo la fecha, pero en Brasil hubo un plebiscito para consultar si volvía la monarquía y uno de esos que estaban vinculados a Fiducia, Bertrand de Orleans-Braganza, iba a ser el rey de Brasil… ¡imagínate la locura! Con ellos estuve en Brasil, hasta que me di cuenta, durante el viaje, que estos hueones estaban más locos que una cabra. Fue un desastre. Es que sabí qué, conozco todos los espectros de la moral católica, todos. Desde lo más liberal, cuando un cura de mi colegio me decía que el alma pasaba de un cuerpo a otro, hasta los católicos de Fiducia y los lefebvristas que son lo más duro de lo duro. Probablemente me tocó conocer a los católicos más duros del siglo XX gracias a mi familia.

¿Cuál es el elemento común entre los católicos liberales y los conservadores?
Su falsa moral, su incapacidad para criticar a su falsa jerarquía. Este falso concepto de que ustedes son la Iglesia, pero nosotros ponemos las leyes. Hay una cobardía, además, del feligrés católico promedio. Ese falso dogmatismo es el que rechazo de la Iglesia, y lo rechazo porque lo conozco de adentro.
Además fuiste alumno y profesor en la universidad Finis Terrae, que hoy es de los Legionarios de Cristo.
Pero nunca me trataron de adoctrinar, por eso trabajé allí.

¿Nadie te preguntaba en la universidad si eras homosexual?
Había gente que sabía… hay gente a la que le enseñé, a mi jefe, por ejemplo. Tuvimos un proceso pedagógico donde yo le dije qué era ser homosexual, que no era como él me lo comentó la primera vez: “¿no son todos como Pedro Lemebel?” –me dijo. Ahí se produjo un proceso en él y, me carga la frase, pero se dio cuenta que los homosexuales son tan normales como cualquiera.

HOMOSEXUALES DE GÜETOS

¿En algún momento reprimiste tu homosexualidad?
No reprimirla, pero sí callarla. Este es un proceso común de todos los homosexuales, que en la medida de que no nos sentimos libres para hablar de la homosexualidad tenemos que reprimirla, porque siempre está el miedo al rechazo. Uno nunca sabe cómo van a reaccionar los padres, y por miedo muchas veces uno no cuenta. Lo mismo pasa en el trabajo, a mí todo el mundo me decía: “no le digai a tu jefe porque es un homófobo, que sepa todo el mundo menos él”. Entonces, uno muchas veces tiene razones para no contarlo. Pero es necesario crear un ambiente y me siento responsable de decirle a otros que se expongan, porque si nos seguimos ocultando nadie va a aprender a convivir con nosotros. Por ejemplo, si la vieja del frente me ve tomado de la mano con mi pareja y se espanta, a la cuarta o quinta vez ya no se va a espantar. Tendrá que acostumbrarse y nosotros tenemos que empezar a tomarnos la calle.

¿Tú sales con tu pareja de la mano a la calle y le das besos libremente?
Sí, hay desde gente que nos ha mirado con cara de poto, hasta una señora que nos tiró un beso y nos dijo: “¡Qué viva el amor!”. Mi sensación es que ya nadie te puede decir nada, es el fenómeno Jorge Reyes, di algo e inmediatamente la opinión pública se te va a ir encima. Yo tengo un hashtag en el Twitter que dice “#tómele la mano a su pareja del mismo sexo”.

¿Cómo se aterriza este discurso de “tómele la mano a su pareja homosexual” en los sectores más bajos, en estos lugares donde los gay de pobla son el chiste de los vecinos?
El Movilh ha ido sembrando, lentamente porque este es un país muy conservador, pero se han logrado avances. Desde hace mucho tiempo que el Movilh viene pidiendo que se mejore la educación en los colegios con relación a la diversidad sexual, de hecho se publicó un manual para educar en la diversidad, para que los profesores y alumnos entiendan cómo se aborda este tema en el colegio. No hay que generar sólo cambios culturales mediáticos, sino que también hay que hacer cambios profundos. Por eso es que hemos sido tan tajantes en decir que la ley antidiscriminación, como salió del Senado, sin el acápite de políticas públicas, no sirve. Gracias a la campaña y presión que hemos puesto, el gobierno puso un veto y reintrodujo estas políticas públicas que habían sido cercenadas por el Senado. Los homosexuales pobres van a seguir siendo discriminados por un tiempo, pero nosotros tenemos que esforzarnos para que eso no pase y se respete de la misma manera también a los transexuales, que son los más desprotegidos de todos. Entre otras cosas, el Movilh ha tratado de convencer al Estado de que tiene que haber una política pública para los transexuales, y hoy se está a punto de conseguir que el Estado financie operaciones para ellos. Eso significa generar cambios.

Pese a esos cambios, los gay hoy siguen juntándose en guetos.
Eso no podría criticarlo, porque han habido tantas manifestaciones de homofobia en este país y hay tanto susto a manifestarse públicamente homosexual, sobre todo después de lo que le pasó a Daniel Zamudio, que me parece razonable que los gay se encuentren en guetos. Chile nos ha impulsado a eso. Pero a la vez se ha generado un discurso potente como para atrevernos a salir, porque no se puede tener una relación homosexual puertas adentro. La homosexualidad no sólo se vive en la cama, se vive en la calle, expresándole el afecto a mi pareja cuando quiero hacerlo, la homosexualidad no es algo privado. Nuestra generación va a abrir las puertas para que al resto se les haga más fácil.

Pero es súper común que hoy las nuevas generaciones homosexuales prefieran juntarse en parques que andar en la calle demostrándose amor. Ese era el grupo que Daniel Zamudio frecuentaba.
Si buscas un parque es porque quieres expresarte públicamente, pero no te atreves a entregar afecto en la calle misma. Esta segregación tiene que ver con homofobia y con clasismo, y estoy seguro que es más fácil ser un homosexual de clase alta que ser un homosexual de clase baja. Al final la gente pobre se lleva lo más duro.

El homosexual de clase baja es dos o tres veces más discriminado que el de clase alta.
Eres discriminado porque eres pobre, porque tienes un apellido mapuche y porque eres homosexual… Tienes todas las posibilidades de ser discriminado y si ellos quieren juntarse en guetos los justifico y los respeto. Pero cuando uno se mueve en un circuito social que tiene conciencia del respeto y que incluso, vamos a decir esta palabra de mierda, es más tolerante, los gay tenemos una cierta obligación de mostrarnos, aunque los amigos se alejen o los hermanos te traten patológicamente. Tenemos que estar dispuestos a asumir esa pérdida, porque al final se gana en honestidad. Vivir en la mentira pesa mucho y no es que uno quiera hacerlo, es que te empujan a eso. Somos una generación de transición y probablemente cuando tenga 40 años existirá un acuerdo de vida en pareja y cuando tenga 45, un matrimonio homosexual, pero para eso tiene que haber un ambiente, porque no se va a generar solo.

LEY ZAMUDIO

¿Por qué a la derecha le molesta tanto la ley antidiscriminación?
Los conservadores, los homófobos y los xenófobos están cagados de susto, porque el mundo que conocieron se les derrumba. Tienen miedo de que sus hijos vivan en una sociedad frente a la cual ellos no han sido capaces de adaptarse. Y no lo han hecho porque son tan poco críticos frente a los discursos jerárquicos que tienen instalados, que no se imaginan otro mundo. Para ellos la fe se antepone a la razón, a los Derechos Humanos y a los civiles.

¿Cuál es la imagen que la derecha tiene del homosexual?
No lo reconocen públicamente, pero creo que realmente piensan que somos enfermos y pervertidos. O sea, se quedaron antes del año 1974, que fue cuando se reconoció que la homosexualidad no era una enfermedad

¿Si Daniel Zamudio no hubiese muerto en qué pie estaría hoy la ley antidiscriminación?
Si consideramos que la ley antidiscriminación ha tenido 21 urgencias simples y 6 urgencias suma, lo más probable es que estaríamos nuevamente en una urgencia simple perdida. Pero el caso de Daniel Zamudio remeció a la sociedad y eso generó un cierto consenso en los políticos de que esta ley debía ser promovida. Creo que hay una genuina convicción de parte de Sebastián Piñera de que hay que mejorar las condiciones de los derechos humanos y civiles de los homosexuales, cosa por la cual nos han destruido como Movilh, porque dicen que somos agentes del oficialismo. Pero nosotros somos de la postura de que en la medida de que haya gente dispuesta a hacer cosas por los temas que a nosotros nos interesan, nosotros vamos a estar ahí.

¿Cómo llegó el caso Zamudio al Movilh?
Llamó una tía y nos contó que le habían sacado la cresta a Daniel, y decidimos juntarnos con ellos, quedamos muy conmovidos. Cuando nos empezamos a enterar de los detalles, y cuando vimos a Daniel Zamudio, dijimos que esto no podía quedar así… es que Daniel Zamudio podría haber sido cualquiera de nosotros, podría haber sido un indigente, un peruano, o un hueón que se está fumando un pito en un parque.

¿Cuáles fueron los logros?
Logramos cosas para la familia, logramos que el caso de Daniel se transformara en un símbolo, que las autoridades se pronunciaran, que la sociedad se sensibilizara, y no porque quisiéramos imponer nuestra agenda homosexual, sino porque esto era una causa de derechos humanos.

¿Qué te pasó con las declaraciones de Ezzati, cuando dice que ustedes se están aprovechando del caso?
Ezzati, y la jerarquía de la iglesia, me parecen de un doble estándar inconmensurable. Cuando le dijimos a Ezzati que había ido a ver a Karadima y no a Daniel Zamudio, él dijo que había actuado a través del Vicario Para la Esperanza Joven, pero la familia nunca tuvo conciencia de que algunos de los curas que se acercaron venían en representación de él. Es mentira que la Iglesia acompañó en todo momento a la familia, fuimos nosotros los que hicimos eso. Ezzati no estuvo, no fue a visitar a los Zamudio, probablemente por lo que ellos consideran que es un homosexual: un tipo desviado, un pecador.

También estuviste con la familia haciendo todos los trámites funerarios.
Sí, tuvimos que conseguirnos plata para comprar el nicho, y hubo entidades de gobierno que ayudaron a comprarlo. Una funeraria, incluso, nos donó todo el servicio fúnebre. Tuve que ir a cotizar tumbas, a inscribir al Registro Civil a Daniel Zamudio como fallecido, y eso fue súper doloroso.

¿Has repensado tu historia familiar después de ver la actitud de los padres de Daniel Zamudio?
Sí, cuando se murió Daniel estaba muy afectado y dije que Iván y Jacqueline se transformaron en los padres de la comunidad homosexual y de todos los ciudadanos decentes que queremos circular por la vida libremente.

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