La cuestión chanchos en Freirina es una buena metáfora del funcionamiento de esta cagada de país, los purines (la mierda) y su hediondez nos deterioran, nos contaminan, hacen nuestra vida miserable. Lo del provinciano mall Costanera Center, en otro registro, también nos habla de lo mismo, de grandes volúmenes, de magnitudes, de mega proyectos, de mega eventos que nos cagan la calidad de vida. La planta más grande, el edificio más grande. Paullman no hubiera tenido problemas con Lagos o con la Michelle, cualquiera de ellos asistiría a la inauguración de su boliche. Piñera o Golborne son demasiado cercanos. Guillermo Teillier estaría encantado de que lo invitaran, acompañado de Lautaro Carmona, para verificar su inserción política. Al Hugo Gutiérrez no, porque está muy ocupado con su tema predilecto, el placer de ser parlamentario.

A la derecha le ha bastado hacer lo que la Concertación no pudo o no quiso hacer. Lo del canal de Chacao (obsesión del DC Ascencio –¿te acuerdas cuando éramos vecinos en Ancud?–) me parece increíblemente populista. Una zona del sur privilegiada hasta el paroxismo por el poder político, incluyendo relatos épicos charchas como Tantauco, en desmedro de otras zonas cercanas increíblemente aisladas, como las que hay en la quinta región. Situaciones parecidas a lo de Freirina ocurren a una hora y media de Santiago, con los cerdos Agrosuper o con los pollos Ariztía.

Cuando se habita un pueblo abandonado por el canon urbano administrativo o por la razón política dominante, que es lo mismo, suele surgir el dispositivo R de resistencia. En mi caso un proyecto de escritura crítica que capitaliza la precariedad como sustrato ético. Enerva el sólo hecho de padecer un puerto no regulado en que los camiones y sus respectivos contenedores transitan por toda la ciudad, y en cuyo centro cívico hay estanques de ácido sulfúrico, más diez silos graneleros y en que a varios kilómetros a la redonda uno puede ver el efecto de los granos mal estibados u otras sustancias tóxicas regadas por el suelo, además de los olores, o cuando un jardín infantil debe ser evacuado por la cantidad de ratas. Ahí te quiero ver cabrito. Lo importante es tener claro que hubo una municipalidad involucrada, que dio permisos, un concejal mojado que no hizo su pega fiscalizadora, para qué decir un alcalde manipulado por un senador o por un ministro. Varios informes que legitiman y validan situaciones imposibles.

En ese intersticio que determina la disfuncionalidad institucional que padece Chile (porque las instituciones pico que funcionan) un operador de escritura se sumerge y construye su ficción. Registrar el momento en que en post dictadura se construyen los aparatos, todo con registros documentales administrativos (o al menos en memorándums) de la perpetuación de la misma (la dictadura). Por mí que Chile siga yéndose a la chucha. Al menos su población parece haber optado, en términos generales, por asumir el abuso, a pesar de las loables resistencias que se verifican. Las encuestas no dicen mucho de eso, porque sólo se refieren al mercado electoral, pero la sensación de entrega ovina a la gran manipulación del capital, hipotecando dignidad y pudor, es absoluta.

Lo más paradojal de todo esto, ahora en el campo artístico y como parte de la desmovilización estratégica, es cuando la derecha cultural se hace cargo del tema DDHH y del contexto político desde el correlato historizante, y en clave ética más encima, cuando la novela u otro sistema narrativo hace de decorado de la historia política (según la añeja teoría del reflejo leninista). Lo he visto en un par de novelas y películas recientes. Lo primero avalado por un académico conservador de (centro) izquierda que escribió un libro sobre las novelas de la oligarquía chilena en que no sólo le presta ropa al proyecto de derecha de contar la historia, lo legitima. ¿No será igual que cuando la UDI decidió disputarle el mundo poblacional a la izquierda, invirtiendo muchos recursos de inserción? El problema es que la partida la terminó ganando el narco, ¡qué paradoja!