La conservadora primera dama que inquieta a Egipto

Naglaa Ali Mahmud representa a las mujeres de clase media, pero también al islam más tradicional.


Fuente: El Tiempo
El primer presidente de Egipto elegido democráticamente, Mohamed Morsi, no es el único que marca un antes y un después en la historia del país. Su esposa, la nueva primera dama, también representa todas las incertidumbres que vienen con su elección.

Naglaa Ali Mahmud no se hace llamar señora Morsi, sino Umm Ahmed (madre de Ahmed, el hijo mayor del matrimonio), tal y como marca la tradición islámica.

Suele vestir el tradicional velo islámico que cubre la cabeza y el torso, por encima de una amplia vestimenta que envuelve todo el cuerpo, siempre en colores modestos. Su cara queda al descubierto, pero jamás maquillada o adornada.

Para los sectores occidentalizados y laicos de la sociedad egipcia, la nueva primera dama representa los miedos a una posible islamización y la imposición del velo para las mujeres, que tienen en Egipto problemas más acuciantes, como el analfabetismo o la mutilación genital, ambos muy extendidos.

La pertenencia de Naglaa Ali a los Hermanos Musulmanes (grupo islamista moderado en lo político pero ultraconservador en lo social) deja muchas preguntas abiertas, incluida su postura polémica y ambigua con respecto a la ablación del clítoris.

Muchísimas mujeres en Egipto llevan el mismo atuendo que Naglaa Ali, pero su aspecto no deja de sorprender, e, incluso, inquietar, al ser tan diferente del que presentaba su antecesora. Suzanne, la mujer del derrocado presidente Hosni Mubarak, era una señora elegante que no usaba velo.

Muchos no imaginan a Naglaa Ali recibiendo a los presidentes de EE. UU. y Europa, y se preguntan si, por ejemplo, podrá estrecharles la mano, gesto que rechazan los musulmanes conservadores.

“No creo que sus creencias representen un problema a la hora de relacionarse con hombres -dice a Amany Al Tawiil, directora del programa de mujeres del principal centro de investigaciones sociológicas egipcio-.
Pero ella parece rechazar tener cualquier rol público o político”.

Tawiil destaca el odio que despertaba la ex primera dama por su elitismo y, sobre todo, por su intromisión en la política y los asuntos de Estado.

Muchas dudas surgen sobre cómo podrá representar a las mujeres egipcias.

En Internet ya circulan imágenes de ella en comparación con otras primeras damas árabes que aunque lleven velo, lo hace con estilo y glamur, y algunos internautas incluso se han atrevido a decir que es “vergonzoso” que Naglaa Ali sea la imagen de la mujer egipcia en el extranjero.

Zeinobia, destacada bloguera y activista liberal, le dijo a este diario que esa es una actitud clasista, ya que “la nueva primera dama representa a las egipcias corrientes, las de la clase baja y media”, y eso es algo positivo para muchos ciudadanos, acostumbrados a que su presidente fuera un faraón intocable y su mujer, una reina egocéntrica.

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