Vía Pijamasurf

En febrero de 1933 una estudiante japonesa de 21 años llamada Kiyoki Matsumoto se enamoró de una joven llamada Masako Tomita. Debido a la reprobación del amor lésbico que había en ese momento en Japón, la pareja viajó a la isla Izu Oshima, en donde Kiyoko Matsumoto se arrojó al cráter del Monte Mihara.

La historia de Matsumoto y su nota suicida fueron publicadas en los periódicos y se volvió una sensación mediática, incluso turística. La Compañía de Barcos de Vapor de la Bahía de Tokio abrió una ruta al Monte Mihara llamada “Punto de suicidio”. Algunos turistas iban a isla Izu Oshima para ver gente arrojarse al cráter.

Desde 1920 se habían registrado suicidios en el volcán Mihara, pero éstos incrementaron considerablemente a partir de la muerte de Matsumoto. El mismo año en el que la joven murió, se arrojaron 944 personas al cráter. Dos años más tarde se sumaron 350, y 1386 lo intentaron sin éxito. El suicido en ese entonces era legal en Japón, por lo que las autoridades no hicieron gran cosa por detener la ola.

Los medios polemizaron el suicidio de Matsumoto orientado la noticia hacia la preferencia sexual de la pareja. Hacia 1945, 45 parejas de mujeres se habían suicidado.

En 1956 Fumisuke Onodera y Chieko Numakura, de Tokio, intentaron suicidarse en el volcán Mihara tras enterarse de la tuberculosis de Numakura, pero cayeron en un borde a 10 metros de la lava y reconsideraron su decisión. Onodera intentó escalar con Chieko a cuestas, pero al ver que no podría llegar a la cima de esta manera, subió solo y logró salir, por lo que pudo conseguir rescate para Chieko. Ambos sobrevivieron, aunque gravemente quemados.

La ola de suicidios en este volcán terminó una vez que pusieron las medias de seguridad necesarias y se volvió ilegal comprar un boleto de ida sin regreso a la isla Izu Oshima.