Especial Hugo Chávez: Los huérfanos de la revolución bolivariana en Chile

Bajo una marea de banderas burdeo y la cara triste de cientos de adherentes, la embajada venezolana en Providencia fue el lugar donde se congregó el pesar por la muerte del Comandante que presidió por 14 años en Venezuela. Con la metástasis de un cáncer en la pelvis liberando rumores sobre su deceso hace varios meses, el fallecimiento nos pilló debatiendo por la permanencia del director del SII y la canción en inglés de Lucho Jara, pero cambió de inmediato la agenda hacia la figura más polémica y carismática de los últimas dos décadas en América Latina. A continuación un especial de The Clinic Online por el fallecimiento del redentor del sueño de Bolívar.

Con Piñera con la aprobación más alta desde que estalló el conflicto estudiantil en 2011 (38% según Adimark), las redes sociales preocupadas por la continuidad de Julio Pereira en el SII y de Lucho Jara cantando en inglés, la tarde del martes 5 de marzo se tragó tras un llanto venezolano predecible: Nicolás Maduro, su vicepresidente, afirmaba entre lágrimas que Hugo Rafael Chávez Frías había muerto a las 04:25 pm, hora local.

De inmediato medios de todo el mundo se colgaron a señales venezolanas, constatando el desenlace de acaso el Jefe de Estado más importante, influyente, querido y odiado a lo largo de todo Latinoamérica.

Chile no fue indiferente. En Bustos 2021, donde reside la embajada de la República Bolivariana de Venezuela, la noticia caló al punto de no emitir declaraciones aún con las cámaras pendientes de una reflexión oficial por el fallecimiento del Comandante.

Ahí, mientras los venezolanos aún desorientados se congregaban en las calles del país a llorar y manifestarse por la muerte de Chávez, en Chile las reacciones se multiplicaban vía twitter y el presidente Piñera declaraba lamentar el deceso de “su amigo” Hugo (al parecer el jefe de Estado chilenos administra con facilidad la amistad). En Providencia, en tanto, los carabineros y las vallas papales fueron los primeros en llegar a una cuadra de la plaza Pedro de Valdivia, poco antes de que los más afectados por la muerte del líder venezolano comenzaran a aglutinarse.

Así, uno a uno fueron apareciendo los retratos del recién difunto, las velas y las banderas verde, azul y rojas, que ya cuando cayó la noche quedaron en minoría frente a la marea burdeo del Partido Comunista. Un fervor que a algunos asistentes hizo recordar noviembre del 2007, cuando el ahora fallecido presidente largó un discurso de hora y media bajo un sol incesante en el velódromo del Estadio Nacional.

Antes de eso, una joven de polera amarilla con la leyenda “Chávez en mi corazón” lloraba portando su retrato, a un costado de la entrada principal de una embajada silente y con la bandera a media hasta.

Paloma, nacida en Venezuela por el exilio de sus padres durante la dictadura chilena, llegó hasta la corta calle de Providencia, muy afectada por el deceso del líder a demostrarle su cariño y admiración por él. Esa fue la tónica de los gestos que se repitieron hasta casi la medianoche.

La espada de Bolívar

Antes de que casi no se pudiera caminar por la calle cerrada, un grupo de apoderados del Colegio Francisco de Miranda también llegaron con una bandera venezolana a demostrar el pesar que se vivía en varios hogares chilenos con la muerte del Comandante.

Un entrevero protagonizado por un venezolano de buzo térmico con los colores de su bandera y un chileno que mostraba un corazón de papel con los mismos colores fue la única discusión entre los asistentes, aunque con manotazos y tironeos incluidos. Sólo la intervención salomónica de una carabinera terminó con la trifulca.

Pero fue lo único complicado. Hasta mucho después de la llegada de cientos de militantes de las JJCC, liderados por su secretaria general Karol Cariola, los únicos gritos que interrumpieron el predominio de la Jota fue el de una decena de miristas que recordaron a Miguel Enríquez. Hasta ese momento el semi-silencio sólo fue sobrepasado por el himno de la Internacional Socialista, los “Compañero Chávez Presente” y los “Alerta, alerta, alerta que camina, la espada de Bolívar por América Latina”.

Las flores y las velas se comenzaron a apoderar de la vereda, la que al pasar la hora vio como única intervención del personal de la embajada bolivariana la de pedir espacio para armar un camino de entrada a la casona para dejar un saludo en los libros de condolencias.

Avanzada la noche, se dejaron caer los vendedores de banderas y la gente comenzó a agolparse en la ventanilla de Sandwich City, el local de comida rápida al frente de la embajada que aceleró la entrega de té y café para los más friolentos.

Al final, con el primer libro de condolencias repleto antes de la medianoche y la información en diarios online de que la muerte del Comandante fue anunciada nueve horas después de su deceso real, unos pocos adherentes se mantuvieron en el lugar mientras la televisión y el comentario obligado de taxistas, bares y livings chilenos era la muerte del presidente de Venezuela.

Un ejemplo o un dictador, la muerte fruto de un cáncer del líder que presidió Venezuela durante 14 años dejó a varios huérfanos de la revolución bolivariana en Chile.

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