Gerardo Parra, más conocido como el Mago Oli, se pasea con una carpeta con su nombre en un logo colorido. El Mago que alguna vez quedó atrapado en un tarro de leche se presentará en el festival Lollapalooza donde espera llegar a una audiencia de niños que sólo han sabido de él por las repeticiones de la tele.

Hace cuatro años que el Mago Oli decidió alejarse de la pantalla. Por un lado, ya no le gusta tanto, y por otro, está chato de que repitan tanto el error del tarro de leche. De hecho, en su sitio web hay una sección dedicada al episodio donde explica lo que pasó. Pero el mago sigue vigente, trabajando con empresas y en eventos privados. Todo gracias a Dios, dice él, porque Gerardo es católico practicante.

¿Y que dice la iglesia de la magia?
La encuentra fantástico, si lo de nosotros es una magia blanca, aquí no tratamos de engañar a nadie. Por eso da lata cuando se trata de convencer a la gente que esto es verdad. Esto es sólo ilusionismo, de hecho nuestro patrono es San Juan Bosco que también era mago. Le gustaba entretener a los niños enfermos, a los pobres. La iglesia no tiene problemas con este tipo de magia.

¿Y con qué magia tiene problemas?
La magia negra, todo lo que tenga que ver con querer imitar a Dios.

¿La magia blanca no trata de imitar a dios?
No, porque detrás de esto no hay ningún poder especial. Sí usamos mucho la psicología. Yo soy psicólogo, porque si tú puedes manipular la mente puedes crear cosas en la mente de la gente.

¿Nunca trabajó de psicólogo?
Pasa que cuando terminé la carrera me di un año sabático, y en ese tiempo me dije que haría magia más profesionalmente. Yo pensé que iba a ser un rato, pero me empezó a ir bien y no paré. Hasta ahí llegó mi carrera de psicólogo.

¿En los años ’70, dónde trabajaban los magos?
He estado en casi todos los escenarios de Chile. Estuve en muchos programas de televisión, mi competencia no eran otros magos sino los cantantes, los humoristas.

¿Nunca lo pifiaron?
No, pero sí he tenido detractores.

¿Por qué?
Porque hay gente que cree que los magos deben ser más serios. Yo antes hacía magia como Gerardo Parra, pero un día en la tele no sé qué les pasó y me dijeron ‘¿sabi que? Haz lo que querai’. Hice una rutina con humor y me fue muy bien y me empezaron a presentar como el mago más “oli” de Chile.

¿Qué significa eso?
Oli viene de una palabra que es oligofrenia, es un término que tiene que ver con una disminución intelectual, y en ese tiempo se decía Oli a cualquier cosa que fuera media loca. Me presentaron como el mago más Oli y yo creé un personaje a partir de eso. Cuando opté por hacer ese personaje yo sabía que iba a ver gente a quien no le iba a gustar.

Yo pensaba que el nombre se lo había puesto don Francisco.
Pasa que una vez Mario me presentó como “el mago más oli de Chile”. Y la gente me empezó a decir por la calle “hola Mago Oli” y ahí lo patenté porque pegó. Quizá hay gente que no me ha visto nunca, pero sabe que existe el Mago Oli.

¿Cómo se lleva con Mario Kreutzberger?
Tenemos una relación muy formal, pero curiosamente mi papá y abuelos eran muy amigos de sus papás. Mi familia eran comerciantes y ellos tenían una industria de ropa. Mis abuelos que tenían una tienda en San Antonio le compraban mucho a ellos. Y eran todos emigrantes.

¿Cree que tener buena onda con él es beneficioso para estar en la tele?
Obviamente, el programa de Mario, Sábados Gigantes era el programa que se veía toda la tarde el día sábado. Duraba de 2 a 9, y después de las noticias venía Noche de Gigantes. Era la vitrina que había en ese momento. Mantenerse en el programa era lo complicado.

Igual era complicado salir en esa época, había toque de queda, la gente tenía más miedo, ¿eso no habrá sido un factor para que la gente viera más tele?
No, porque el programa empezó como el ’60 y el toque de queda el ’73. Aparte habían otros programas y otros canales y la gente seguía viendo a Mario. Y su programa nunca tuvo una connotación política de ningún lado, yo creo que la gente se relajaba con él.

¿Y usted alguna vez se metió en política?
Lo mío es un trabajo para todos. Tengo mis posturas, mis cosas. Pero mi trabajo es para todos.

Tele mala leche
El Mago Oli estuvo en la televisión prácticamente cuando esta comenzó, a finales de los ’60. Dice que la gente cree que es más viejo por eso, pero que la primera vez que apareció en la pantalla tenía 13 años. “Estoy menos viejo de lo que la gente cree”.

De ahí hasta entonces, la tele ha cambiado mucho. Al Mago Oli no le gusta la farándula ni el periodismo alarmista, el mismo que para él se encargó de exagerar el jamás olvidado episodio del tarro de leche.

¿No hay algún programa donde le gustaría estar?
Me han llamado de estelares y he rechazado. Es que siento que después los canales se apropian de tu rutina y la repiten tanto que la matan. Y llegar a una rutina que funciona no es de un día pa otro, tanto pa magos como humoristas.

¿No le mataron el truco del tarro de leche de tanto repetirlo?
Si me hubiesen pagado un peso por cada vez que han repetido eso, sería millonario.

¿Lo volvió a hacer?
Lo hice la última vez en un programa donde me llamaron. Lo hice pa matar la prueba.

¿No habrá sido morbo? Como ver si se equivocaba de nuevo…
Yo no había querido repetir la rutina, pero quería matar esa cuestión. Fue un programa de Felipe Camiroaga, con quien empezamos a trabajar en canal 11 cuando él andaba cargando cables. Después a Felipe le fue muy bien en todo, a excepción del accidente… Esa vez lo hice y salió bien. En la farándula decían “que bueno lo logró”, porque esto es como el penal de Cazsely, y en la farándula decían “ojalá Cazsely hubiera tenido otra oportunidad”. Pero a la semana siguiente volvieron de nuevo al video del ’85 y ahí me entregué. Me dije “yo no puedo ir contra esto, la gente se va a seguir acordando”.

¿Le da lata que le pregunten por el tema?
Me da lata que estén aún con la idea… he escuchado a periodistas diciendo puras tonteras. Yo nunca trabajé más que después de eso, y hubo gente que dijo que yo me retiré de la magia después del tarro. Me da lata que muestren y hablen lo que no fue.

¿No sacó ningún beneficio?
Nunca quise armar una leyenda alrededor del tarro.

¿Hay otro truco por el que le gustaría ser recordado?
Me gustaría que la gente me recuerde porque la hice reír.

¿Algún truco que le gustaría poder hacer de verdad?
A ver, a mí me encanta Superman. Hay mucha gente que me va a tildar de mojigato porque Superman es un mojigato, es el boyscout que vuela, y mi sueño de toda la vida ha sido volar sin alas.

¿No hay trucos para volar?
Sí, por supuesto. Pero son trucos. Yo quiero volar de verdad.