“Veinte para las diez de la mañana siento que suena el timbre. Va a atender Joao, el tipo que trabaja abajo, y entran dos personas; una mujer y un hombre. La mujer llamó el viernes y se identificó como Paola, dijo que venía a buscar pelucas y entró con un chico que traía una mochila. Se veían súper normales. Los dos eran jóvenes. Los hago pasar al camarín y cuando le estoy mostrando la peluca, el hombre abre su mochila, saca una pistola y dice esto es un asalto. Todos al suelo. Me pone la pistola en el pecho y luego nos amarran. Yo le dije que no teníamos plata y me respondieron que no querían plata, que no me preocupara. La chica me pide las llaves, fue a abrir la puerta y entran dos tipos armados, cubiertos con pasamontañas, mochilas y bolsas de basura. Si no me hubieran amarrado, subo al segundo piso, saco mi escopeta y la pistola y pa!, pa! pa!. Los cago. Está claro. Habían dos buscando pelucas en la terraza y agarran un paquete. Yo le hago una señal a mi asistente con el ojo y empiezo a simular un infarto. Ella le dice a los ladrones que se lleven todo lo que quieran y se larguen. Se empezaron a poner nerviosos y le pide que me traigan el inhalador. Al final me traen una aspirina. Yo les grito el inhalador, por favor, el inhalador. Ahí sueltan a mi asistente, sube corriendo a buscarlo y aprovechan de arrancar. Joao los siguió en un taxi. Fue la mejor actuación de muerte que he hecho en mi vida. Después llegó la coronaria. Me revisaron y estaba perfecto. Tenía dos chances: hacerme el muerto o subir arriba y decir donde tengo plata y matarlos. Me entendí.

Al final me robaron 200 prótesis de hombre, que fluctúan entre 300 y 500 mil pesos cada una, y alrededor de 48 pelucas de mujer. Algo así como 110 millones de pesos. No hay seguros comprometidos porque cuando se me quemó el negocio, no pagaron, cuando se me anegó la casa, tampoco. Me asaltaron cinco veces antes y no pagaron, porque según la letra chica estaba la puerta abierta y entraron.

Para mí no fueron lanzas comunes, ni rateros. Mi análisis va por los servicios de inteligencia y grupos armados de mi país. Ustedes pueden opinar lo que quieran pero yo tengo una teoría. Yo sé lo que se viene. Todos los políticos, los servicios de inteligencia y los extremistas se están vigilando unos a otros. Camuflados. Lo único que faltó fue que me robaran la peluca mía nomás. La otra alternativa es que hayan decidido contrabandearlas a otros países. Una peluca mía, del tipo que hago, valen en España 3 mil euros y en Colombia mil dólares. Y si fue la mafia, se entenderá conmigo.Yo sé lo que es la mafia judía, la mafia siciliana y la casta blanca, que es la más poderosa y está compuesta de maricones.

Ahora ando cargado día y noche con una escopeta. Le dije a los pacos y a los tiras que no la tengo registrada porque a mi edad no me dan permiso. Si me llevan preso no importa.

La otra vez, a las tres de la mañana, me hicieron volar dos cristales, la piedra me pasó por al lado de la cabeza. Fue el viernes pasado. Esto venía de antes. Son pruebas para asustarme. Pero yo no tengo miedo. No es primera vez que tendré que reinventarme. Lo he hecho mil veces. Pese a todo estoy re bien. Esta casa me la van a comprar. Vendieron la del lado, están comprando la de más allá y yo estoy al medio. Vino a verme la constructora con el dueño de la casa del lado. Le dije que no vendía porque aquí estaba mi vida, mi historia. Cuando se quemó mi negocio en San Antonio 360, que eran 60 años de mi vida, lo acepté. El judío que quiere comprar mi casa me dijo que todavía no habíamos hablado de plata. Yo sé que todos los hombres tenemos un precio. Soy hijo de siciliano y lo tengo claro. Los del lado de mi casa vendieron en 450 millones. Yo les pedí 700 millones más un local y un departamento para mi hija. El judío lo está pensando. Si acepta me voy a tomar un año sabático.

Volveré a recorrer los 78 países del mundo que conozco pero, antes, invertiría en China 100 millones para que las generaciones que vengan tengan productos, por si no vuelvo del viaje. Iría a Estados Unidos a buscar una hembra que me ha querido toda la vida, que debió haber sido la madre mis hijos, la llevaría a Las Vegas y después a París. Con mi asistente iría a Argentina, Brasil y otros países que ella quiera. Recorreríamos. Lo que más me gusta es París, la bohemia, recorrer el Moulin Rouge, el caballo loco, ¿cómo se dice en inglés? Crazy Horse. Sentarme en una de las mesas del Moulin Rouge a comer ostras japonesas, un buen champagne y ver pasar el mundo. Observar a la gente. Estar tranquilo. No pensar en negocios. Vivir el presente. Graba bien lo que te voy a decir: me dejaron pelado, me robaron todo, pero soy el ave fénix. De mis cenizas, como buen dragón de metal, resucitaré. Volveré a ser el rey de las pelucas”.