Luis Rojas Silva, carnicero de La Vega: “Yo le enseñé todos los garabatos a la señora Evelyn Matthei”

Hace 15 años trabaja vendiendo chunchules, guatitas, panas, patas, sesos y criadillas en un puesto en la Vega central. Una de sus antiguas clientas es la candidata por la Alianza, a quien le ha vendido lengua fresca y callos, y de quien habla maravillas.

La Vega se está echando a perder. ¿Y sabe por qué se echó a perder? No tenemos cortador de carne. La culpa la tienen los mismos patrones. Contratan puros ramones, o sea, puros huevones. Si se contratara gente buena para trabajar, andaríamos mejor. Y me tengo que sacar la mugre trabajando. Trabajo los 362 días del año. No me tomo vacaciones. Los únicos tres días que no vengo son cuando La Vega está cerrada. Yo acá llego a las seis y media de la mañana, y me voy a las ocho de la noche. Porque hay que trabajar. Esto que está aquí genera muy poca ganancia. La guata surtida vale 1698 y de costo, porque no trabajo clandestino, me cuesta 1400 pesos. Al día para hacerme sus pesos tengo que vender 40 kilos y los vendo. Pero tengo que trabajar más allá que cualquiera. Aquí lucho en este medio para no caer en el precipicio. Y tratar de mantenerme en mi posición como persona. A lo mejor no soy tan educado o culto. Pero este trabajo me ha dado muchas cosas. Si tuviera tiempo para escribir un libro los dejaría con la boca abierta a todos.

Podría contar la historia desde que nace el vacuno hasta que muere. Tengo muchas anécdotas para contar, incluso, en la Unidad Popular. Aún tengo una foto donde sale “no hay vacuno, esto es el marxismo” que yo mismo puse en una carnicería en la que trabajaba en Nataniel con Coquimbo. No es que estuviera en contra de Allende, pero su gobierno le entregó puestos a gente analfabeta y el que repartía la mercadería era el portero, poh. Y como con mi patrona no éramos de su partido, nos convidaban un animal chiquitito. Y eso nada qué ver. Yo conozco todo este rubro. Es lo mismo que una persona que ha vivido en la calle que se las sabe todas. ¿Ha leído el libro “La sangre y la Esperanza” de Nicomedes Guzmán o “Hijo de Ladrón” de Manuel Rojas? Yo sí. Y eso es la universidad de la vida. Por ejemplo, nosotros tenemos un cuadrante encachado en Recoleta. Aquí no necesita matrícula, no tiene subvención y usted aprende. Si quiere aprender vaya a Independencia, Dávila, Patronato, da la vuelta al río Mapocho y llegue acá. Es la universidad de la vida. Aquí tiene que estar atento a la jugá: a cruzar la calle, que al gallo del camión no le vayan a robar, que no le vayan a robar el paquete, aprende a conversar, a conocer a la gente. Es la universidad de la vida, la más barata de todas. Un escritor no te escribe de esto. Te escribe de puras cosas lindas. Esto es lindo, pero sacrificado. Y ahí está el problema.

Me interesa la política. Pero no estoy inscrito en ningún partido político, pero nunca votaría ni por un demócrata cristiano ni por un socialista. Son los traidores más grandes que tenemos en Chile. Y son traidores con la gente trabajadora más encima. Yo no soy comunista. Tenía razón Augusto Pinochet. Estaban esperando a que saliera él, porque estaban faltos de billete y terminaron apernándose en el poder. Y no ayudaron nunca al trabajador. Mire toda estas calcomanías, todas las que tengo pegadas aquí y que son de centros de rehabilitación, ¿quiénes los ayudan? ¡la gente! Yo admiraba a Pinochet y lamentablemente no fui al funeral porque estaba trabajando. Lo admiro porque nos evitó una guerra civil. A lo mejor hizo cosas malas e hizo cosas buenas, pero fíjese una cosa: se habla del 73 en adelante, pero por qué no hablamos diez años atrás para ver cómo era el gobierno y cómo dejaron el país. ¿Por qué cree que trabajamos el día domingo? Averigüe como periodista. ¡La democracia cristiana nos hizo trabajar!

Me gusta la gente que nos da trabajo. Y son los de derecha los que nos dan pega. No pagan muy bien, pero lo que nos pagan nos sirve para darnos gustos. Yo nunca de torrante he sido de izquierda. Y no estoy aquí por política. Yo tengo 65 años de vida. Salí egresado de la escuela industrial Número 1. Me tocó hacer la práctica en Rancagua y lo primero que me preguntó el imbécil de la práctica era de qué partido era yo. Ahí mismo que me aburrí. A mí no me gusta la política cuando se ríen de la gente. Por algo no votaron siete millones. Yo voté. Y lo hice por la señora Evelyn Matthei. Como dicen “soldado que arranca sirve para otra guerra”, la señora Bachelet arrancó para el terremoto, dejó la cagada, todo botado, y ahora vuelve en gloria y majestad. ¿Por qué? Porque los imbéciles no se dan cuenta lo que está sucediendo en este país. Yo pensé que era inteligente, pero no lo es: si hubiese sido inteligente no estaría acá.

Y la señora Evelyn Matthei es otra línea de persona. Una persona culta, demasiado inteligente y si la dejaran ser presidenta le aseguro que estaríamos todos bien. Aquí a la gente le gusta que le den todo gratis: salud gratis, educación gratis, todo gratis. Pero es mentira eso. Me gustaría bastante que fuera gratis, pero no se puede. Aquí hay cinco familias que tienen plata. Si los gallos no mueven la plata, ¿qué va a pasar? ¿quién va a pagar los impuestos? ¡Nosotros los que trabajamos en locales chicos! Yo pago más que el Jumbo en impuestos. Parta de esa base. Si a lo que nosotros nos falta es más cultura de niño, ¡de niño en adelante! ¿Cómo sería esta cultura? Jardines infantiles con buenas parvularias, gente que se le pague bien, ahora tendría que haber una asistente social muy buena para que visite las casas, porque de diez niños sale uno bueno. Hay que formar a la gente. Porque mejoramos la raza. Yo he escuchado a chilenos tan estúpidos que dicen “vamos hacer anticucho peruano”. Y el anticucho es más viejo que yo. Y es más chileno. El anticucho peruano no existe. Eso es de ignorante. Yo soy muy chileno pa mis cosas. A un peruano lo mando a freír monos a Guayaquil. Le cuento una cosa: el peruano es una persona que vino a Chile a hacer su dinero, juntar plata y chao. No me gusta que estén acá. Acuérdese usted cuando los chilenos iban a Tacna a trabajar. A los chilenos le tiraban orina con excremento. Los chilenos no podían andar solos en la calle. Si el chileno se preocupara de hacer bien su trabajo, le aseguro que no tendríamos la necesidad de tener extranjeros. De eso se trata: que el chofer maneje bien, que los pasajeros paguen su pasaje.

A mí me gusta la Evelyn Matthei más dama para sus cosas. Me gustan las damas damas. No las que son buenas para las chuchadas. Aunque yo le enseñé los garabatos a la señora Evelyn Matthei. Yo se los enseñé cuando vino aquí, claro. Yo les enseñé todos. Y no me dijo nada. Sólo escuchó. Es que acá uno de repente echa sus garabatos. No se los puedo reproducir porque son subidos de tono. Ella venía a comprar lengua fresca de vacuno y callos para hacer callos a la madrileña a mi local. A ella le tiraban piropos. Pero no tanto. Porque es una dama y cómo se le ocurre que le van a estar tirando piropos a una dama. Se le echaba el ojo de lejos, nomás. La señora Evelyn Matthei es buena onda, es como usted que está conversando en buena onda, no es agresiva, no es rota. Ella ha venido como cuatro veces. Venía antes de ser conocida. Porque después cuando se hacen conocidos, la gente los acosa y nos los deja hacer nada: qué la fotito acá, que allá. Por eso dejan de venir.

Y, bueno, si sale Bachelet va a quedar la cagada con el socialismo. A mí me da lo mismo si legisla sobre el matrimonio homosexual, porque cada uno hace lo que quiere, pero que vayan a adoptar, no. Eso está mal. Porque podrían criar a niños homosexuales. A mí me preocupan los conflictos. Si no mire cómo está el socialismo en Argentina, lo mal que están en ese país.

No me gustan los debates. Yo no sé cómo piensan que todos somos estúpidos. No todos los chilenos somos estúpidos, pero lamentablemente este país está enceguecido. Por algo los cabros jóvenes han caído en la porquería de la droga. Por eso no veo debates. No veo tele. Ni tampoco me gusta la farándula. No veo la tontera. Hay que mejorar, como le digo, la cultura desde kínder para que no vean Yingo ni nada de esas tonteras. Para mí todo eso es prostitución. Solo prendo la tele para ver películas de cowboy antiguas que compro pirateadas en la calle. Y eso es todo.

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